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La economía como fundamento en la democratización de la oportunidad educativa del futuro

Magisterio
28/09/2015 - 15:15
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Foto de Aitor Calero. Tomada de Flickr

En el contexto del desarrollo humano2, la formación de niños, jóvenes y adultos en el milenio, resulta ser la categoría de oportunidad educativa más significativa. Esta condición vital y significativa genera, y de hecho ha generado, no solo una inquietud investigativa muy grande, sino que fue el sentido de toda una línea de acción alternativa que condujo a identificar los factores que podrían fundamentar los nuevos procesos formativos de maestros formadores y estudiantes del futuro: uno de ellos, la economía.

 

Voy a atreverme a abordar este tipo de relación: entre la categoría conceptual y operacional de “oportunidad educativa” (en donde fundamentalmente se consideran los procesos de formación) y varios factores, como el de la economía, que tienen que ver con el sueño y la utopía del desarrollo de las personas, especialmente de los habitantes de los sectores más desprotegidos, las víctimas de la vulnerabilidad y con decidida predilección por los niños y los jóvenes en alto riesgo social. 

 

Palabras clave: Oportunidad educativa, procesos de formación, desarrollo humano, economía, formación, maestros formadores, esperanza.

 

Oportunidad educativa 

Esperanza es oportunidad y democratización de la oportunidad como contexto y como utopía, lo cual puede verse desde varios ángulos. La oportunidad educativa (como categoría social y como sector de la sociedad) tiene que ver con la secuencia de posibilidades, con el éxito formativo permanente y secuenciado, con la realidad de éxito formativo de cada persona en cada una de sus etapas de desarrollo. Es empoderamiento que posibilita definitivamente la inclusión. Si nos ubicamos en el terreno de las concepciones más avanzadas de desarrollo humano y de oportunidad educativa y, obviamente, formativa, lo socio-económico, en cuanto estructura social, participación, organización, nuevas formas de productividad, justicia y equidad, nos remite indefectiblemente a los hábitos de crianza, en lo que tiene que ver con: salud, nutrición, estimulación pertinente y desarrollo cognitivo pleno, y también a lo educativo, entendido como el desarrollo de procesos de formación pertinentes y eficientes. 

 

El presente artículo hace parte del proyecto de educación de futuro, del cual ya han aparecido dos números en Magisterio, como el de neurociencias (N. 68) y el de bioética (N. 71); ahora se incluye este, el de economía y procesos de formación, de acuerdo con las exigencias de futuro. 

 

+Lea: Enseñar economía en la educación media: ¿Cuál economía?

 

Es importante comenzar por entender lo que significa la dinámica de la democratización de la oportunidad, pues de ello depende que no solo se centre la atención en las condiciones que intervienen en la oportunidad en cada momento o etapa del proceso, sino, y esencialmente, en la relación entre los diferentes momentos o ciclos de oportunidad y su promoción a los siguientes ciclos o etapas. Es vital la comprensión de la oportunidad como un “todo dinámico” y también es preciso saber y obtener evidencias para entender la manera en que la oportunidad educativa incide de manera precisa y eficiente en cada una de las etapas de oportunidad formativa, (estructuras cognitivas, afectivas, sociales, etc.), con el fin de contrarrestar los efectos perversos de los estados de inequidad y vulnerabilidad que se expresan en el síndrome de la deprivación cultural, que es precisamente lo que impide a las personas formarse y aprender.

 

Este dinamismo se logra a través de un proceso que puede identificarse en cinco relativos momentos a saber: en primer lugar, las condiciones previas más favorables generadas desde los nuevos hábitos de crianza, en donde los avances de las neurociencias son muy útiles y en donde también se considera la salud y la nutrición como factor de oportunidad. Estar sano, nutrido y haber sido estimulado de manera pertinente antes de ir a la escuela es la primera condición de la oportunidad (Reimers, 2002). 

 

En segundo lugar, acceder a una educación en condiciones favorables y maestros muy bien formados y dedicados a la formación de los niños. Lo cual significa la pertinencia del proceso inicial y el éxito real en ese primer ciclo escolar que, por lo general, lo integran los antiguos grados escolares de preescolar, primero y segundo año. 

 

En tercer lugar, el dinamismo de oportunidad educativa tiene que ver con el logro de éxito (antiguamente rendimiento) en el siguiente ciclo de formación, que corresponde más o menos a tercero y cuarto de primaria. Si esto se logra, habrá con cierta seguridad una baja considerable en la mortalidad escolar y se asegurará una continuidad, que en esencia significa la oportunidad de avanzar.

 

El cuarto nivel de oportunidad se ubica en la posibilidad de agregados de valores culturales en la vida de los estudiantes, éstos deberán estar de acuerdo con sus entornos, sus necesidades de desarrollo y, sobre todo, con la implementación de políticas compensatorias y de discriminación positiva, en razón de las grandes diferencias de deprivación cultural entre los estudiantes. Es vital comprender esto con claridad, pues la homologación de un currículo en esas condiciones no solo genera deserción, sino desigualdades. 

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Por último el quinto nivel de oportunidad, en el cual es crítico el factor de la economía, pues tiene que ver con la inserción real y productiva de quienes se están formando. Una educación sin trabajo y sin productividad, genera altos niveles de frustración y delincuencia. Se trata de romper con todo tipo de discriminación y de empoderar a quienes se forman, ya no desde un currículo cerrado, arcaico y agotado como el académico formalizante y escolarizante, sino por medio de la generación de espacios dinámicos de formación, en donde se creen nuevas formas de asociación, de organización, de productividad, de canje y trueque. Una movilización política eficiente que lleve a cambios significativos y, en fin, a todo aquello que permita desarrollar un proyecto de vida.

 

Lo anterior no solo plantea un tipo de evaluación que permita a todos los estudiantes seguir aprendiendo y progresando, sino el diseño de todo el proceso formativo sobre dos ejes: el de complejidad y el de abstracción, que son precisamente los que permiten saber si hay progreso o no en los procesos de formación. A esto se le llama crear las condiciones para generar la oportunidad educativa.

 

Existen también algunos factores que se derivan de la concepción de oportunidad educativa y formativa; estos tienen que ver fundamentalmente con lo que los niños, los jóvenes y los maestros “hagan” efectivamente durante el tiempo de formación, especialmente en los nuevos espacios dinámicos de formación, pues tal vez en las antiguas aulas escolares no será posible lograr lo mismo, dada la arquitectura y el sentido de todo el sistema escolarizante. 

 

En términos económicos, podría decirse que estos factores están literalmente relacionados con la oferta y demanda, en el sentido de que los nuevos procesos de formación, o sea la oferta, están relacionados con las exigencias de las dinámicas de futuro, o sea la demanda. Esto puede iluminar un poco el panorama, pues permite saber qué es y en qué consiste el tiempo formativo, es decir, lo que “efectivamente se hace” durante ese tiempo, lo cual está necesariamente relacionado con lo que administrativa y políticamente significa la gestión de procesos formativos en el contexto del desarrollo humano.

 

Lo anterior lleva a una de las categorías más significativas y vitales de la oportunidad educativa: la economía del tiempo. Establecer la relación entre economía y procesos de formación de futuro, significa comenzar por la economía del tiempo formativo. Las nuevas interacciones entre maestros formadores y estudiantes que se forman ya no estarán mediadas por insulsas y caducas clases de asignaturas escolarizantes, sino por el diseño de situaciones de formación, coherentes y secuenciadas sobre dos ejes ya mencionados: de complejidad y de abstracción, pasando por el manejo eficiente de datos, la obtención y producción real de informaciones y el abordaje y generación de conocimientos, hasta llegar a las innovaciones; si éstas son disruptivas, el éxito será total. Entonces aparece otro de los criterios de tipo económico, el de la productividad del conocimiento, que se traduce en innovación y utilidad (Tecnología).

 

Ahora bien, observando uno de los factores negativos, como los modelos de desarrollo económico que hasta el momento nos han martirizado, éstos no han resultado ser sino un profundo fracaso social que ha dejado en desventaja a más del doble de la población. Nadie quiere un modelo de desarrollo que lo deje en desventaja. Tal modelo no sirve para nada. Todos sabemos que está arruinando pueblos en todas las latitudes.

 

Los círculos viciosos generados a lo largo de los tiempos hacen que no solo sea cuestionado el enfoque del modelo económico con que se han abordado estos problemas4, sino la misma estructura institucional responsable de solucionarlos. Mientras esto no ocurra, mientras los enfoques y las instituciones no sean replanteados y transformados, las consecuencias seguirán siendo factor determinante de desventaja, injusticia, miseria y muerte, es decir, inequidad. Un análisis desde este nivel, nos puede lleva a concluir que la democratización de la oportunidad ha resultado ser solo una ilusión.

 

Lo socio-económico 

Las cosas no han resultado como se esperaba: altos niveles de violencia, economía desastrosa, descomposición a todo nivel, corrupción a granel, asesinatos en masa, fuerzas polarizadas e intransigentes, gobiernos e instituciones débiles y dudosas; en fin, todo lo que sabemos y sufrimos. Las consecuencias son también conocidas. 

 

En medio de este panorama, las víctimas más inocentes y realmente destruidas son los niños, jóvenes y mujeres de estratos sociales marginados. Para comprobarlo basta con ver el fenómeno de desplazamientos por la violencia o las consecuencias y manejos de las catástrofes naturales; basta advertir los cinturones de miseria por todas partes, en donde los niños se vuelven jóvenes y, sin oportunidad, terminan formando pandillas, luego las BACRIM6. Frente a esta realidad, la democratización de la oportunidad resulta ser un mal chiste o, a lo sumo, un chiste cruel: “Si no tenemos un modelo político como contexto, la pedagogía como mediadora del proceso hacia la libertad no será posible” (Senge, 2000).

 

El marco en el que nos movemos no es el adecuado para el logro de los niveles de compromiso político de los ciudadanos y, por tal motivo, la libertad y la paz solo son palabras escritas en alguna parte. Sin un enfoque económico centrado en el desarrollo humano, la democratización de la oportunidad nunca será posible. Democratizarla debe ser un hecho incluido en las diferentes construcciones necesarias para hacer nación y, tal como se ha dicho anteriormente, requiere de condiciones de formación y desarrollo personal.

 

Democratizar la oportunidad para la productividad no es sino la suma de todo lo anterior, convertido en una fuente de potencialidad, creatividad y construcción. Significa poner en marcha la autonomía y el compromiso en nuevas y renovadas formas de producir en todo sentido, no solo bienes y servicios, sino también conocimiento, belleza, arte y bienestar. Es, en síntesis, volver la mirada y la acción formativa hechos inteligentes; hacerlos alternativas frente a las condiciones básicas del desarrollo y frente a las raíces mismas de las desventajas de las personas, para superarlas. Es desarrollar procesos formativos que generen grandes y verdaderas posibilidades en los niños, en los jóvenes y en los adultos. Se trata de la inclusión y la democracia.

 

Sin esta perspectiva o perspectivas similares, es imposible alcanzar los niveles necesarios de progreso humano en nuestra sociedad. No será posible quebrantar el injusto estado de desequilibrio existente y, lo peor de todo, no podremos encontrar el camino auténtico de una vida plena y productiva.

 

Resumiendo, la democratización de la oportunidad inicia por el cuidado de los factores primarios del desarrollo. Si estos se descuidan, encontraremos niños y jóvenes ya en desventaja desde su crianza y, por más que cuenten con algunos servicios a su alrededor, como escuelas, estos no podrán ser utilizados debidamente y la desventaja seguirá en ascenso. Solo lo externo se convertirá en bandera política: obras físicas monumentales, colegios, vs humildes escuelas, mucho cemento y poco desarrollo humano. La oportunidad es efectiva cuando el Estado y los diferentes gobiernos de turno, tienen como prioridad a las personas y a su desarrollo real; esto comienza con los cuidados iniciales, con recursos suficientes, eliminando desde la raíz los factores que generan la deprivación cultural. 

 

Lo educativo

La democratización de la oportunidad tiene muchísimas acepciones y enfoques en el marco de lo educativo, o mejor, de la educación, dependiendo de quién lo diga y del contexto en que se diga. Cuando hablamos de educación cada quien piensa algo diferente y esa confusión ha sido permanentemente explotada por los políticos, por los diferentes gobiernos y los sindicatos. Ya mencionamos los cinco niveles que podrían generar oportunidad educativa.

 

Como se aprecia rápidamente, este tipo de enfoque tradicional, y de definición oficial, que orienta definitivamente las políticas educativas nacionales, es eminentemente economicista y salvaje; no solo deja en el aire y en el olvido las bases de las desventajas, sino que oculta intencionalmente las auténticas causas de la inequidad, la desigualdad y la vulnerabilidad, yendo aún más allá, minimizando la responsabilidad del Estado, o mejor, de los gobiernos de turno, frente a ellas. No reconoce las causas estructurales de las desventajas de las personas, sino que las ubica en el terreno de la falta de educación y de destrezas para el trabajo (Nussbaum, 2006).

 

La pedagogía quedó reducida a una simple canción repetitiva, cantada por una pareja desgreñada, acompañada por un viejo piano desafinado. El desdibujamiento surgido en el perfil del maestro, ha hecho que solamente haya algunos, muy pocos músicos brillantes que pueden atreverse a interpretar nuevas partituras de la gran sinfonía de los procesos de formación para el milenio (Pilonieta, 2010).

 

Sin pretender entrar en un análisis exhaustivo sobre este factor estructural, sí vale la pena expresar la profunda contradicción de orden filosófico, y de coherencia, que entraña esta visión de la educación, que la ha convertido en un simple instrumento de éxito y eficiencia en un modelo económico fallido y perverso. Viéndola como simple capacitación o instrucción la ha limitado a una cualificación, coyuntural y transitoria, de destrezas que una persona requiere para defenderse de las envestidas del capitalismo salvaje e ingresar, con muy relativo éxito y poco conocimiento, al mercado laboral como base de la simple productividad. Léase la profesionalización tan aplicada hoy en las universidades. Colombia, la más educada, la peor formada. 

 

No hay evidencia científica, ni investigativa, que haya podido demostrar, más allá de las suposiciones y presunciones oficiales o políticas, la relación directa entre la educación y el crecimiento económico. Lo que sí existen son investigaciones que han probado ampliamente que la integración de las tradiciones familiares, de las realidades político-económicas y las categorías diferenciales históricamente construidas, amplía, pondera y potencia la mirada frente a un título académico, profundizando la diferenciación social. La educación transmite las relaciones sociales de poder, pues los profesionales se ven obligados a introducirse en las dinámicas de las oportunidades sociales a través de sus “marcas” de origen, los apellidos y la tradición del tipo de institución en la que se gradúan (Bourdieu, 1997).

 

Frente a este fenómeno, que es real, y mucho más frente a las visiones y enfoques que orientan los planes nacionales de desarrollo8, planteadas desde las estrategias del Banco Mundial, es preciso identificar algunas salidas importantes que funcionan como fuerza resiliente, necesaria para ir más allá de una mirada mercantilista de la educación. Nos remitimos de nuevo a los cinco niveles iniciales de la oportunidad educativa, que son definitivamente la fortaleza económica y social de un país.

 

El verdadero sentido de la educación es que debe estar ligada íntimamente a las estructuras reales de desarrollo integral de la sociedad; por ello debe generar dinámicas poderosas de formación de hombres y mujeres, en donde la dignidad humana, el compromiso y la bioética, sean los criterios fundamentales para la adquisición de otras estructuras cognitivas y de las demás habilidades que hagan competentes a todos para el crecimiento humano: “Democratizar la oportunidad significa abrirle un camino a la esperanza, en el terreno de la posibilidad de lograr personas autónomas gracias a procesos pertinentes de desarrollo personal y comunitario”.

 

Referencias 

Helg, Aline. (1987). La educación en Colombia. Una historia social, económica y política, 1918-1957. Bogotá: Cerec.

Max Neef, Manfred. (1999). Desarrollo a escala humana. Bogotá: Panamericana.

Nussbaum, Martha. (2006). Sin fines de lucro. Madrid: Katz.

Pilonieta, Germán. (2010). Modificabilidad estructural cognitiva y educación. Bogotá: Magisterio.

Reimers, Fernando. (2002). Distintas escuelas, diferentes oportunidades. Madrid: Muralla.

Senge, Peter. (2000). La danza del Cambio. (La quinta disciplina). Bogotá: Norma.

 

Foto de Aitor Calero. Tomada de Flickr

 

 

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