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La Educación Física informal como rescate de la autonomía en el proceso de desarrollo físico

Por Cristiane Tabach de Oliveira Duarte , Por Ramiro Andrés Alzate Lubo
Magisterio
14/03/2019 - 15:45
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Foto de Pixabay
La Educación Física Informal es una alternativa para pensar la educación física por fuera de los contextos escolares; es un proceso que se da de manera autónoma por parte de los individuos y que requiere el reconocimiento de cada una de sus habilidades y capacidades físicas y el nivel de desarrollo de éstas. Esto permite reflexionar en torno a la necesidad de la presencia del profesor de educación física para desarrollar dichas habilidades y cómo el sujeto se convierte en el gestor de su propio proceso de acuerdo con sus expectativas y  las necesidades que el contexto le plantea a lo largo de su vida.
Palabras clave: Educación física, educación informal, autonomía, desarrollo físico, adaptación.
En reiteradas ocasiones el ser humano, a lo largo de su existencia, experimenta y explora su cuerpo y su corporeidad entendiendo este concepto como la expresión netamente física, biológica del ser humano, en la búsqueda de un descubrimiento del verdadero potencial individual que le ha sido provisto. De esta manera, a lo largo de su proceso de crecimiento, se va encontrando con facultades, capacidades o cualidades que, en reiteradas oportunidades, no se es consciente de poseerlas y por este motivo no son explotadas adecuadamente para el beneficio personal individual y colectivo. Estas cualidades, si bien hacen parte de todo el paquete de información genética registrado desde el momento de la concepción, generalmente no se comienzan a hacer evidentes sino con el trascurrir de los primeros años de vida a través de actividades y procesos de comunicación, recreación, juego, aprendizaje y que,  osteriormente, se convierten en parte de la cotidianidad como el trabajar, competir, entretener o simplemente como parte de la ocupación del tiempo libre. Pero, detrás de todas estas actividades que se consideran como cotidianas, se esconde una serie de aprendizajes motrices que con el transcurrir de los años se van desarrollando y perfeccionando en beneficio propio y, muchas veces, porque el medio en el que se desempeña el sujeto así se lo exige. No es extraño en este sentido encontrar en la mayoría de territorios latinoamericanos –cuyas geografías muchas veces resultan similares– niños, adolescentes y jóvenes habitantes de las costas, sectores rivereños, lagunas u otros cuerpos de agua, se reúnan entorno a su cotidianidad con fines recreativos y lúdicos para competir en pruebas que den cuenta de su habilidades y condiciones en este medio, llámese atravesar un río con una corriente fortísima de caudal elevado, sumergirse en lagunas con altos niveles de profundidad, mares cuya violencia y potencia de sus olas pueden alcanzar enormes dimensiones, entre otras.
Si bien, para el sujeto común y corriente, habitante de las grandes metrópolis latinoamericanas o simplemente para los individuos ajenos a este tipo de prácticas y realidades, esta clase de actividades adquieren, por decirlo de alguna manera, el calificativo de “exóticas” y hasta consideradas como de alto riesgo para la integridad del hombre, en la cual el sólo hecho de salir sano y salvo de estas odiseas constituye una victoria; para este grupo de personas son prácticas totalmente naturales que forman parte de su realidad con grandes significados dentro del medio social en que se desenvuelven.
De esta manera, para muchas de estas comunidades presentes a lo largo del continente, estas prácticas se convierten en experiencias que van más allá de lo físico, que entrelazan aspectos simbólicos y prácticos y que representan diversas maneras de configurar su corporeidad en la medida en que se experimentan cada una de estas prácticas inherentes a sus grupos.
Pero queda un aspecto muy importante por resaltar: ¿Quién les enseñó a realizar tal travesía? ¿Cómo aprendieron a hacerlo? ¿Cuáles con las intencionalidades de dichas prácticas? Son preguntas frecuentes que rebotan en el ambiente educativo y ante las apremiantes discusiones de la necesidad de la “curricularización”, si cabe el término, de las prácticas físicas que tienen los diferentes grupos culturales, sociales, étnicos. Emerge, entonces, la posibilidad de una educación física basada en los procesos de autoconocimiento y la reflexión propia del individuo, en la que cada uno asume el reto de cultivar sus habilidades con el propósito de dirigir su propio aprendizaje, para que tome mayor conciencia de su forma de aprender y los factores que pueden incidir en este proceso de adquisición (Manrique 2004). Aprendizajes que surgen como consecuencia del enfrentamiento con un medio que él mismo ha decidido brindarse, dejando de lado el rol del instructor, entrenador o profesor de educación física como referente importante para el desarrollo de las cualidades físicas.
Este enfrentamiento con el medio supone un proceso de adaptación; en palabras de Correa (2000), “las teorías de Darwin han correlacionado tres conceptos explicando el éxito de la supervivencia: como primer concepto, se tiene el de la adaptación biológica, el cual enuncia que la adaptación es el estado de encontrarse ajustado al medio como una característica particular del ser vivo; el se¬gundo concepto tiene que ver con la adaptación fisiológica y fenotípica, la cual se relaciona con los cambios que se generan en el individuo frente a una situación en particular y, por último, el con-cepto evolutivo o de adaptación genotípica que considera la adaptación como un proceso que ocurre dentro de una población durante el curso de muchas generaciones”.
En este sentido se pone sobre la mesa de discusión el concepto de educación física informal que da cuenta de los procesos de desarrollo de las habilidades y cualidades físicas a través de un proceso autónomo y autorregulado que busca dar respuesta a una serie de demandas emanadas de las prácticas corporales socio culturales. Basta con remontarse en el tiempo y preguntarse acerca de las primeras experiencias motrices a las que nos enfrentamos y preguntarnos qué tan difícil fue para cada uno aprender a montar en bicicleta, en patines, en triciclo o a patear una pelota; no menos diferentes son las prácticas que se realizan en otros contextos y en el marco de un proceso socio cultural diferente como el lanzamiento con arco, la pesca de forma artesanal, el amarre y la caza que forman parte de la cotidianidad enmarcado en el significado del trabajo, reconocido como valor en muchas comunidades.
Desde los planteamientos del Ministerio de Educación Nacional (MEN) en el territorio nacional, la propuesta educativa se encuentra diferenciada en tres modalidades o categorías: la educación formal, la educación no formal y la educación informal, determinando a su vez lineamientos para el desarrollo de sus contenidos, principalmente en las dos primeras, generando unas formas estatales de “educar”, que son ratificadas e implementadas a partir de políticas y legislaciones dispuestas para este fin.
De la misma forma, la educación física informal, a través de sus procesos de reflexión, permite adoptar una perspectiva clara entorno al cuerpo el cual cruza todas las dimensiones y se constituye en eje central en la estructuración de lo llamado humano, por ende, la reflexión sobre él nos permite una comprensión profunda de lo que somos, no somos o queremos llegar a ser, de lo que hacemos como sujetos sociales, nuestras prácticas, y de la manera en que nos percibimos. Para Michael Bernard (1976) el cuerpo es
“la principal estructuración simbólica del hombre, y su esencia y su existencia constituyen la única posibilidad de permanencia en el mundo y trasciende el determinismo biológico para convertirse en integrador de las dimensiones del ser humano” (Bernard, 1976).
Por lo tanto, no es de extrañar que el fenómeno de la educación física informal se desarrolle en los espacios y los ritmos de la vida cotidiana del sujeto, insertándose en cada una de las rutinas a las que las personas se ven enfrentadas. En esta perspectiva la educación física informal surge como una faceta importante en los hábitos de vida de las personas, con un sentido objetivo, con una forma de encuentro y de comprensión de las necesidades individuales y colectivas de las poblaciones.
De este modo, este espacio puede ser asociado con un contenido que es libremente orientado para la realización de la persona ya que corresponde a la definición de cada una de las necesidades personales de acuerdo con sus intereses y expectativas encaminándose en el sentido de la auto-realización. Esto significa que los individuos quieren tener la capacidad de moldear su existencia de modo que se permitan explorar, desarrollar y utilizar sus capacidades físicas, al mismo tiempo que sus valores y sus intereses (Mota, 2001).
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Pero el proceso hasta aquí mencionado no es exclusivo de las primeras etapas de la vida de la persona, ni mucho menos de los espacios geográficos más alejados, lejos de la vida urbana, por el contrario, la educación física informal permite cimentar las bases para establecer procesos posteriores en cada uno de los grupos etarios de acuerdo con los intereses y la voluntad de involucrarse con su propio proceso de educación del cuerpo.
Basta con nombrar los procesos de la práctica de actividades físicas en las que encontramos características demográficas en cada una de las poblaciones incluyendo niños, jóvenes, adultos, adultos mayores, hombres, mujeres, personas en condición de discapacidad, entre otras, y que cada una presenta expectativas diferentes frente al proceso. La actividad física en cuanto fenómeno orientado para la realización del sujeto, parece ser un dominio donde la población tiene ganado un mayor grado de concientización. En esta medida, ella ha sido una de las protagonistas en el favorecimiento de algunos de los aspectos más elevados del nivel de calidad de vida del individuo y de su bienestar (Mota, 2000). 
Es así como en los últimos años se ha hecho irrebatible la necesidad de adentrarse en las prácticas corporales que se realizan por fuera de la escuela; no en vano ya se pueden ver algunos esfuerzos por parte de la academia que pretenden mostrar las formas de estructurar la corporeidad desde lo intercultural y el reconocimiento del otro. Durán (2009) menciona en este sentido cómo la educación del cuerpo en el Wayúu se caracteriza por tener prácticas que fortalecen la división de roles, siendo muy diferentes la formación del hombre con respecto a la mujer y que se presenta a partir de la transmisión de saberes desde la oralidad manteniendo la distinción de género. Esta educación no se aleja de la cotidianidad y el contexto natural y está acorde con las etapas del desarrollo biológico del niño y se concreta en el trabajo como valor de la comunidad.
En otro sentido, la educación física formal (compren¬dida dentro del sistema educativo) como lo menciona Durán (2010), se ha instalado como mecanismo social de reproducción cultural y, hege¬mónicamente, ha impuesto unas formas de ser y ha¬cer a partir de las políticas de estado; sin embargo, se reconocen tendencias de resistencia a esta forma única de concebir el ideal de hombre y la realidad. Si bien, se reconoce que la educación permite moldear las prácticas, los roles y los saberes del niño con el fin de articularlo de manera efectiva a la vida adulta, también se sabe que es un acto intencional y parcia¬lizado, por ende, se encuentra estrechamente ligado a la reproducción de la cosmovisión particular del individuo, mediado por la formación de la corporali¬dad y sus prácticas.
Pensando hacia el futuro…
En el mundo contemporáneo los retos son muy importantes en la medida en que el profesor de educación física necesita entender los contextos socio culturales en los que se llevan a cabo estas prácticas corporales de manera que permita identificar las verdaderas necesidades entorno al movimiento, y se convierta en un facilitador de experiencias que propendan por el mejoramiento de las cualidades físicas en la medida en que se forme un sujeto mucho más consciente de su cuerpo y su potencial. Parece relevante para este propósito, comprender las relaciones y las realidades vigentes en función de la sociedad y, por eso, percibir las potencialidades de las prácticas corporales de cara a los cambios sociales y culturales contemporáneos.
Así mismo, requiere potenciar el desarrollo de la autonomía en cada uno de los sujetos. Algunos autores como Kamil citada por (Manrique 2004), otorgan gran importancia y valor educativo a la autonomía (que ya Piaget había resaltado), destacando la idea del desarrollo de la misma tanto en el ámbito moral como en el intelectual de la persona. En este sentido es importante pensar, también, en un desarrollo de la autonomía en el ámbito de lo físico si se quiere, que permita al individuo gobernarse a sí mismo (esto incluye los tres aspectos, el moral, el intelectual y el físico) y ser menos gobernado por lo demás.
Así como la creación de una teoría nueva, según Kamil citada por Manrique (2004), es un ejemplo extremo de autonomía intelectual, la creación de nuevas formas de experimentar y de desarrollar sus habilidades físicas por parte de los individuos debe ser un ejemplo de los niveles de autonomía que otorga la educación física informal. Para no ir más lejos, la masiva acogida que tiene en el mundo contemporáneo la práctica de los denominados “deportes extremos” es el resultado de un proceso que se sale de toda lógica de las prácticas físicas cotidianas y validadas y son el producto de la exploración de nuevas formas de percibir el mundo y desenvolverse en él.
Es necesario, entonces, que la Educación Física por fuera de los currículos escolares esté en la capacidad de “enseñar a pensar” desde una perspectiva en la que Zuleta (1995) la llama como un reconocimiento al saber del estudiante y que el maestro se pregunte: ¿Cómo contribuyen mis prácticas a que los individuos desarrollen estos procesos de pensamiento, de manera que se apropie de su proceso de desarrollo físico?
En este sentido, y con el ánimo de recuperar la riqueza formativa de las experiencias propias de la cotidianidad, se pueden instaurar cinco pautas para tener en cuenta en el marco de lo que aquí se ha denominado Educación Física Informal:
Procurar una autonomía del sujeto que le permita la libre exploración de sus posibilidades.
Promover la búsqueda del placer, de la alegría y de la realización personal.
Alcanzar una vitalidad que permita garantizar el bienestar físico.
Propender la búsqueda de una armonía entre las cualidades físicas y mentales.
Por último, se pretende dejar presente una invitación, como lo menciona Freire (2004), al reconocimiento y al respeto por los saberes previos y por los conocimientos particulares de las personas, ya que estos saberes no son solo de carácter intelectual, sino que también se expresan en formas de movimiento y en una serie de experiencias que permiten acumular un sinnúmero de habilidades que se pueden entender como una serie de saberes entorno a su cuerpo y al movimiento.
Bibliografía
Bernard, M. (1976). El Cuerpo. Barcelona España: Paidós Ibérica.
Correa, J. E. (2000). “Reflexiones conceptuales de la adap¬tación biológica y su relación con el ejercicio físico”. En: Revista Colombiana de Rehabilitación, Volumen Nº 2.
Durán, V.H. (2009). Cuerpo y Educación en la Cultura Wayúu. Tesis de Grado Maestría en Educación. Universidad Pedagógica Nacional.
Durán, V.H. (2010). “Comunidad Wayúu – Educación y Cultura”. Em: Lúdica Pedagógica. Vol 2 Nº 15 (ene – dic 2010), pp. 169 – 177.
Freire, P. (2004). Pedagogia da autonomia. São Paulo: Paz e Terra S.A.
Guardia, C.V. (1994). Leisure and socio-economic development. In: New routes for leisure. Actas do Congresso Mundial do Lazer. Edições do Instituto de Ciências Sociais, Lisboa. pp: 443-455.
Manrique, L. (2004). El aprendizaje autónomo en la educación a distancia. Ponencia en: I Congreso Virtual Latinoamericano de Educación a Distancia, 23 de Marzo al 4 de Abril de 2004.
Mota, J. (2000). O idoso, a actividade física e a qualidade de vida. En: A recreação e lazer da população com necessidades especiais. Actas do Seminário. Faculdade de Ciências do Desporto e de Educação Física da Universidade do Porto. pp: 126-131.
Mota, J. (2001). Actividade Física e Lazer – contextos actuais e ideias futuras. Revista Portuguesa de Ciências do Desporto, vol. 1, Nº 1, PP. 124–129.
Zuleta, E. (1995). Educación y Democracia: Un campo de combate. Bogotá: Corporación Tercer Milenio &. Fundación Estanislao Zuleta.
Mg. Cristiane Tabach de Oliveira Duarte (Brasil). Doctoranda en Educación Universidad Pedagógica Nacional. Máster en Psicopedagogía Universidad de La Habana / Estácio de Sá. Especialista en Educación Física Escolar. Universidad Federal de Rio de Janeiro (UFRJ). Brasil. Licenciada en Educación Física. Universidad Gama Filho, RJ, Brasil. Profesora de planta del Colegio de Aplicación de la Universidad Federal de Río de Janeiro (CAP-UFRJ). Asesora del Ministerio de Educación y Cultura de Brasil (MEC). crisduol@ibest.com.br
Ramiro Andrés Alzate Lubo. Magíster en Educación Universidad Pedagógica Nacional. Especialista en ejercicio físico para la salud, Universidad del Rosario. Licenciado en Educación Física, Universidad Pedagógica Nacional. Docente e Investigador, Universidad Pedagógica Nacional. Docente, Decanatura del Medio Universitario, Universidad del Rosario. Investigador del Grupo de Colciencias Gestión y Pedagogía de la Actividad Física –GPAF–
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