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La educación y la construcción de la paz

Magisterio
24/08/2016 - 15:45
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Foto de: Ángel Cantero. Tomada de: Flickr

 

El fin de la guerra con las Farc está próximo a llegar. Con la firma en los meses venideros del acuerdo final de paz terminará un enfrentamiento armado que anegó de muerte y sufrimiento por décadas a buena parte del territorio nacional. Este acontecimiento nos colma de alegría y esperanza, no solo porque cesarán las hostilidades y los actos violentos propios del conflicto, sino porque más de 10.000 combatientes dejarán las armas para regresar a la vida civil y a la actividad ciudadana productiva. Es de esperar que por el lado del Estado ocurra algo similar, es decir, que un número importante de militares, actualmente dedicados a perseguir a los alzados en armas, sean destinados a otras tareas más fructíferas para el país, como la seguridad ciudadana, por ejemplo.

 

Pero no podemos engañarnos, la terminación de la confrontación armada con la guerrilla de las Farc no significa la llegada automática de la paz. Aparte de que al país le quedan por resolver otros conflictos bélicos y superar las varias y cruentas violencias que lo sacuden, la paz sólida y permanente que anhelamos hay que edificarla, comenzando por la ejecución cabal de las tareas del posconflicto y la reconciliación, que incluyen, además de la reincorporación de los alzados en armas, la reparación de las víctimas, la aplicación de la justicia transicional y el restablecimiento de los derechos humanos a las poblaciones, grupos sociales y personas que sufrieron alguna vulneración. De manera paralela y simultánea, será imprescindible emprender las reformas económicas, sociales y políticas que el país requiere, e iniciar la construcción de una nueva cultura: la cultura de la paz.

 

A diferencia de la negociación, que ha estado bajo el resorte exclusivo del Ejecutivo, la construcción de la paz es un desafío que exige el compromiso real y efectivo de la inmensa mayoría de los colombianos y en particular de las instituciones políticas, sociales y culturales que nos representan. A la educación, de manera particular, le corresponde el gran reto de preparar la conciencia y los sentimientos de las nuevas generaciones para convivir de manera pacífica, es decir, enseñar a los escolares los principios y valores de la coexistencia armónica y solidaria.

 

La paz, tarea misional de la educación

 

La paz es una tarea misional de la educación y un compromiso ético de los maestros. La misión social por excelencia de la educación es formar para la convivencia respetuosa y pacífica, esto es, para la paz. Antes que atiborrar el cerebro de los estudiantes con un mar de informaciones y conocimientos, en muchas ocasiones superfluos, los maestros tienen el imperativo pedagógico de formar para la convivencia social pacífica y armoniosa. El compromiso de la educación con la construcción de la paz deriva de sus propios fines y objetivos, consagrados en la Constitución Política, los tratados internacionales sobre derechos humanos y las leyes de la república.

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Los conflictos armados y las guerras no son constitutivos de la naturaleza humana, son invención de unos individuos para someter, explotar, oprimir y gobernar a otros; por lo tanto, son evitables y solucionables cuando se presentan. La violencia es un instrumento de dominio de los poderosos sobre los débiles. En la medida en que sea proscrita, rechazada, deslegitimada y castigada, la paz entre los pueblos y los individuos podrá ser posible. (Conozca el libro Los pequeños ejércitos).

 

La paz, en cambio, es un valor ético de la humanidad; es un deber y un derecho de las personas, como lo prescribe la Carta Constitucional de Colombia. Es una condición para la vigencia plena de los derechos humanos, comenzando por el derecho a la vida. La paz es así mismo indispensable para el establecimiento del Estado social de derecho, es decir, para alcanzar el imperio de la democracia y de un orden social justo. (Conozca la colección Juegos de paz).

 

A la educación le corresponde, al lado de otras instituciones fundamentales de la sociedad, como los partidos políticos, los medios de comunicación, las iglesias y las organizaciones sociales, la misión histórica de contribuir con la enseñanza y las prácticas escolares a erradicar de la conciencia humana las concepciones erróneas y reaccionarias de la vieja cultura de la guerra y reemplazarlas por los principios, valores e idearios de la cultura de la paz.

 

Para el cumplimiento de esta misión, la organización educativa dispone de los centros escolares, que son sin duda las instituciones más potentes y eficaces con que cuenta la sociedad y el Estado para aclimatar la paz y cimentar los valores de la convivencia pacífica democrática, no sólo entre los niños (as), adolescentes y jóvenes, sino entre la comunidad en general. Los centros educativos cuentan a su vez con los maestros, quienes poseen los conocimientos, los saberes, la experiencia y el compromiso para asumir los desafíos planteados. Los maestros que tanto han luchado por el bienestar colectivo y que han padecido los rigores de la guerra tienen en esta coyuntura el desafío histórico de ponerse en la primera fila de la construcción de la paz. Para ello tienen que disponerse a superar sus limitaciones académicas y a cambiar sus concepciones y formas de ser frente a los niños, niñas y jóvenes, comenzando por reconocerlos como personas sujetos de derechos. Tienen la tarea de formarse en las teorías y métodos de construcción de la cultura de paz y el reto de convertir los colegios en territorios de reconciliación y convivencia pacífica. (Lea: La reforma del manual de convivencia)

 

La participación de la educación en la construcción de la paz no sólo es imprescindible por su capacidad para reconstruir la cultura. También lo es porque a través de la educación, asumida como un derecho fundamental de todos y todas y como un factor de desarrollo humano, social y cultural, y cristalizada en un escenario de libertad, democracia y convivencia pacífica, es posible avanzar de modo eficaz en la superación de los factores de segregación, discriminación e iniquidad social que históricamente han caracterizado a la sociedad colombiana.

 

 

Los acuerdos de La Habana y la construcción de paz

 

Con la firma de los acuerdos de paz de La Habana se pondrá fin a uno de los conflictos armados más largos y sangrientos de la historia nacional. Ese solo hecho es una ganancia trascendental para el pueblo colombiano. Pero además del conflicto con las Farc y el ELN, el país padece otros conflictos también violentos, aunque de naturaleza diferente, que es preciso resolver: las bandas criminales herederas del paramilitarismo; las mafias del narcotráfico; los contrabandistas; la minería ilegal; las bandas urbanas del microtráfico, etc. Además, soporta una serie de conflictos sociales que también son generadores de violencia, como los originados en la violación de los derechos humanos por parte de agentes del Estado, la disputa por la propiedad de la tierra, la carencia de vivienda, la vulneración de los derechos de los pueblos indígenas y otras etnias, etc. También hacen parte de este cruento cuadro la violencia de género y la violencia intrafamiliar, que se han extendido como una epidemia a todas las capas sociales.

 

La trascendencia de la firma de la paz con las Farc es que no sólo pone fin al conflicto armado con ese grupo guerrillero, que ha servido de pretexto para justificar toda clase de acciones violentas contra la población, sino que genera condiciones y posibilidades para atacar las causas que alimentan los otros conflictos que padece la sociedad colombiana, y para emprender la construcción de una cultura de paz fundada en el respeto a la dignidad humana, la libertad, la democracia y la convivencia armónica, esto es, para iniciar la construcción de una paz sostenible y duradera.

 

La terminación del conflicto armado con las Farc se convierte de esta manera en la mejor oportunidad para emprender las reformas y cambios institucionales, económicos, sociales y culturales que se requieren para hacer de la nuestra una sociedad pacífica, incluyente, pluralista, solidaria, democrática, participativa, con equidad, bienestar y justicia social.

 

Frente a los desafíos de la paz, el sector educativo está llamado a jugar un papel de primer orden: la inclusión de los reinsertados que lo requieran al sistema educativo; el restablecimiento del pleno derecho a la educación de las poblaciones rurales y urbanas afectadas por el conflicto; la reconciliación de los grupos confrontados; la construcción de una cultura de paz y el impulso de una reforma educativa para la paz. Así, la agenda educativa para la paz comprende tres tareas concretas: contribuir a la ejecución de las tareas del posconflicto; construir en los colegios y entre la comunidad educativa una cultura de paz y lograr una reforma educativa para la paz.

 

De las tres tareas señaladas, la construcción de cultura de paz es la prioritaria, la más vital y estratégica. Con la formación en una cultura de paz, se podrán alcanzar entre otros los siguientes objetivos: deslegitimar el uso de la violencia (armada, física, psicológica o verbal) para resolver discrepancias, controversias y conflictos; legitimar las instituciones y los procedimientos democráticamente establecidos para dirimir esas situaciones; erradicar la indiferencia; enseñar a actuar siempre con enfoque de derechos y de género, lo que implica, de un lado, el reconocimiento de los derechos de la mujer y de las minorías sexuales, y, del otro, educar para la erradicación de los valores del patriarcado, factores determinantes de la cultura de la violencia; cultivar el cuidado de la naturaleza, el ambiente y los animales; introducir el cariño y la ternura como elementos fundamentales en la formación de los hombres; lograr que los hombres dediquen más tiempo a los niños y a los viejos y a las actividades domésticas; cimentar la práctica del cuidado; protestar ante todo acto de injusticia y estar dispuesto a mediar ante un conflicto. (Conoza el libro Género y educación).

 

Cooperar en la ejecución de las tareas del posconflicto, promover la reforma educativa para la paz y contribuir a la construcción de cultura de paz, son los propósitos generales que orientan y persigue la Red de Colegios por la Paz, proyecto que impulsa Espiral Asociados y la Corporación Educación y Sociedad, con el apoyo de diversas organizaciones vinculadas a la Red de Educación para la Paz.

 

Foto de: Ángel Cantero. Tomada de: Flickr