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La escuela ante el fenómeno del bullying: una apuesta por la formación en valores

Por Sandra Patricia Ordóñez Castro
Magisterio
27/06/2017 - 14:30
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Foto tomada de Revista Internacional Magisterio No. 59

Sandra Patricia Ordóñez Castro: ¿Qué aspectos socio-históricos determinan la manifestación del ‘bullying’ a escala de problema de salud pública en nuestras sociedades?

Cleo Fante: En primer lugar, debemos entender lo que es un problema de salud pública: significa que un problema afecta la salud de la población impactando a los individuos y a sus familias –como los años potenciales de vida perdidos, la extensión de la incapacidad, el dolor y la incomodidad, y el costo del tratamiento– y también, a la sociedad en su conjunto –morbilidad, mortalidad y costos de tratamiento–. Históricamente, el bullying fue visto como un juego inocente, propio de la etapa de crecimiento de los individuos. Sin embargo, los estudios de este fenómeno, que comenzaron en la década de 1970, vienen demostrando que el impacto en la vida de los estudiantes –especialmente víctimas y autores–, puede afectar negativamente no solamente el proceso socio-educacional, sino también la salud mental y física. El bullying se ha definido como un problema de salud pública, en la medida en que muchos de los involucrados necesitan atención médica, psicológica y asistencial, ya sea en términos de medicamentos o de hospitalizaciones. También está asociado al uso de sustancias químicas, comportamientos depresivos y delictivos, aumento de los casos de violencia, desempleo, asesinatos y suicidios, como ha ocurrido en escuelas de diversos países.

 

S.P.O.C.: Su respuesta caracteriza el ‘bullying’ como problema de salud pública. Ahora, ¿podría ahondar en su visión con respecto a las razones sociales e históricas que propician en América Latina el desarrollo de este problema a tal escala?

C.F.: La preocupación por el bullying en América Latina surgió como reflejo de los estudios europeos de finales de los años 90, cuando el tema logra captar el interés de la academia. Desde entonces se han divulgado los resultados de innumerables estudios en los medios de comunicación y han surgido publicaciones especializadas en el tema en diversos países latinoamericanos. Históricamente, tampoco en Europa el bullying era visto como un problema preocupante: era visto como algo natural entre los estudiantes. Sin embargo, los estudios fueron demostrando los impactos negativos del mismo en la vida de los involucrados, y el compromiso severo de su salud física y mental, llegando a considerarse un problema de salud pública. Los altos índices de bullying en las escuelas latinoamericanas pueden estar asociados a la desigualdad social y la violencia presente en las sociedades.

 

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S.P.O.C.: ¿Cómo interactúan y se vinculan los factores familiares, individuales y escolares con el fenómeno del ‘bullying’?

C.F.: El bullying ha sido señalado como resultado de múltiples factores, como el individual/psicológico, el familiar, el escolar y el sociocultural. No podemos comprender el fenómeno de manera aislada: todos estos factores están relacionados. Es preciso entender que el bullying es una de las formas en que se manifiesta la violencia en las escuelas, lo cual es un fenómeno complejo que refleja la violencia a nivel social.

 

Ningún niño nace violento, los que practican el bullying aprenden a manifestar ese tipo de comportamiento. Ese aprendizaje ocurre a través de las relaciones que tienen a lo largo de sus vidas, en los diversos contextos sociales. Ciertamente, tuvieron más oportunidades –experiencias y vivencias– de aprendizaje por medio de modelos agresivos o violentos que de modelos alternativos, basados en el respeto mutuo, la tolerancia, la solidaridad y la empatía.

 

S.P.O.C.: ¿Puede considerarse el ‘bullying’ como un problema de salud emocional?

C.F.: Sin duda. Por eso el Ministerio de Salud y otros organismos relacionados con la salud mental en muchos países están cada vez más empeñados en el trabajo articulado con áreas de educación y asistencia social por medio de la formación de Redes de atención al niño y al adolescente. El objetivo de las Redes es articular con las instituciones y actores sociales, gubernamentales y no gubernamentales la elaboración de estrategias de afrontamiento del fenómeno de la violencia, en sus diversas modalidades; capacitar profesionales para entender, atender y encaminar los casos de bullying; ampliar e implementar servicios y desarrollar políticas públicas de inversión en prevención.

 

El bullying afecta la salud mental en la medida en que las víctimas, expuestas repetidamente a situaciones abusivas y violentas, pierden su autoestima y su autoconfianza. Dependiendo de la gravedad e intensidad de la exposición, ello puede desembocar en trastornos emocionales –como de ansiedad, de sueño, de alimentación, depresivos, impulsivos, compulsivos–, e incluso en tentativas y casos de suicidio.

 

+Lea: 13 preguntas sobre el bullying y su manejo en la escuela

 

S.P.O.C.: En este sentido, ¿cuál considera el abordaje más adecuado?

C.F.: El abordaje más importante del bullying desde la escuela es el de la prevención. En ese sentido, es imprescindible entender que la prevención de un problema comienza por su conocimiento. Hay muchas imprecisiones que asocian el bullying con conflictos entre estudiantes y entre profesores y estudiantes, bromas inconvenientes, críticas y las agresiones puntuales… En cuanto comportamiento –caracterizado por actitudes agresivas, repetitivas, intencionales, contra una víctima que no hace nada para ser atacada–, precisa ser comprendido y afrontado de forma integral. El bullying no es una enfermedad, pero puede desembocar en enfermedades. Por ello, en cuanto la escuela perciba la existencia de casos que desborden los alcances pedagógicos, debe remitirlos a los profesionales de la psicología, quienes decidirán el abordaje pertinente.

 

S.P.O.C.: ¿Cuál sería el papel de la escuela en términos de prevención?

C.F.: La escuela, los docentes, deben desarrollar programas basados en valores humanos, que permitan a los estudiantes vivenciar valores y desarrollar actitudes compatibles con esos valores interiorizados, dando prioridad al respeto de las diferencias.

 

S.P.O.C.: ¿Se refiere a programas específicos, puntuales en el tiempo o a programas trasversales articulados con lo académico? ¿Cómo se implementarían en la cotidianidad de las instituciones?

C.F.: Los programas son específicos y deben estar vinculados al Proyecto Político Pedagógico de las escuelas, debiendo ser trabajados transversalmente e involucrar a toda la comunidad escolar: profesionales, estudiantes y familias. Los programas deben ser desarrollados a partir de un diagnóstico de la escuela, lo que permite conocer su realidad, como por ejemplo, índices de compromiso, lugar de incidencia, causas y consecuencias, entre otras posibilidades. A partir del conocimiento, la propia comunidad escolar debe sugerir estrategias de prevención e intervención, que deben ser implementadas paulatinamente, por medio de fases. Los programas deben ser validados periódicamente, lo que permite verificar sus efectos.

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S.P.O.C.: ¿Es posible considerar que la magnitud que ha cobrado el fenómeno del ‘bullying’ en la institución escolar sea sintomática de la necesidad de re-plantear los esquemas educativos en función de nuevos derroteros?

C.F.: Es preciso entender que el bullying es un fenómeno tan antiguo como la escuela. Es una forma de violencia que, a lo largo del tiempo, pasó desapercibida y cuyo impacto no fue medido. Sin embargo, la educación debe ser un proceso en continuo movimiento, que debe acompañar e irse adecuando a las nuevas realidades. Los espacios escolares deben ser inclusivos, seguros y de calidad, y deben dar valor a las diferencias sociales, culturales, físicas y emocionales y atender a las necesidades educacionales de cada alumno.

 

S.P.O.C.: Muy bien. Entonces, ¿Cuál sería el giro que debería dar una escuela así concebida hoy, cuando el ‘bullying’ ha cobrado relevancia como un problema transversal a su quehacer pedagógico?

C.F.: Un buen comienzo sería que las escuelas asumieran que bullying es violencia y como tal tiene que prevenirse, no con medidas paliativas o puntuales, sino con programas específicos, cuyas acciones sean trabajadas transversalmente. Con actividades pedagógicas desafiantes para los estudiantes, que impliquen y estimulen cambios comportamentales y actitudinales por medio de la construcción de valores.

 

S.P.O.C.: ¿Cuáles son, desde su perspectiva, los principios fundamentales de una educación para la paz?

C.F.: Los principios fundamentales de una educación para la paz son los valores humanos. La formación en valores humanos siempre ha estado vinculada a la acción educativa, pero, es preciso que las escuelas desarrollen programas de cultura de paz que involucren a toda la comunidad escolar –estudiantes, familiares y profesionales–. Es fundamental que las escuelas tengan nuevas perspectivas y pensamientos sobre las personas y el modo en que se relacionan; que los aprendizajes sean significativos; que los valores sean enseñados y vivenciados por todos. Los pilares de una educación para la paz deben asentarse en la verdad, el amor, la paz, la acción correcta y la no violencia.

 

Para Segundo Moreno (2010, pp. 112-117), los valores reflejan la personalidad de los individuos y son expresión del legado cultural, moral, afectivo, social y espiritual conferido por la familia, por la escuela, por los pares, por las instituciones y por la sociedad en que nos corresponde vivir. Una educación en valores personales, una educación para el cambio debe tener como principal objetivo la superación de los límites y condicionamientos impuestos por la cultura. Una educación en valores requiere una metodología compleja que tenga en cuenta desde los estímulos valorativos que se ofrecen al estudiante hasta la reflexión sobre el ser humano y su destino. Por lo tanto, los valores que deben ser enseñados y vivenciados en el aula deben basarse en lo que es verdadero, justo, honroso, amable. Los niños y los adolescentes necesitan ser orientados para desarrollar valores y actitudes, por medio de actividades pedagógicas contextualizadas, que incentiven la reflexión, participación, autonomía, emancipación. Que tengan como resultado transformaciones personales colectivas y sociales.

 

S.P.O.C.: ¿Sugiere esta reflexión una opción por las fórmulas pedagógicas colaborativas, quizá por la educación por proyectos?

C.F.: Sí, por ejemplo, el aprendizaje cooperativo, juegos cooperativos, proyectos solidarios, proyectos de investigación, espacios para la expresión de sentimientos y emociones, etc.

 

S.P.O.C.: ¿Cuáles son los indicadores a los que los educadores deben atender con el propósito de detectar los casos de ‘bullying’ e identificar los roles de los implicados?

C.F.: Los educadores deben estar atentos a las relaciones interpersonales y a las características individuales de los estudiantes. Generalmente, las víctimas presentan timidez exacerbada, retraimiento o pasividad, lo que dificulta su capacidad de reacción o de defensa. Sus características más comunes son: inseguridad, extrema sensibilidad, baja autoestima, ansiedad, rasgos depresivos.

 

Por su parte, los autores, normalmente presentan mayor fortaleza física, emocional o social que sus compañeros de clase y que sus víctimas en particular; pueden tener la misma edad o ser un poco mayores que sus víctimas. Demuestran necesidad de dominar y subyugar a sus pares, de imponerse mediante el poder y la amenaza. Pueden vanagloriarse de su superioridad real o imaginaria sobre otro(s). Se irritan fácilmente, son impulsivos y tienen baja resistencia a la frustración.

 

S.P.O.C.: La anterior es una caracterización muy detallada de los rasgos que hacen susceptibles a los niños de incurrir en este tipo de comportamientos. ¿Podría ahora, también, caracterizar los indicadores a los que hay que estar atentos y que pueden evidenciar una situación de ‘bullying’ en curso?

C.F.: Los educadores deben estar atentos a los cambios que ocurren en el comportamiento y las actitudes de los estudiantes. Aquellos que están siendo blanco de bullying, generalmente, se retraen o se aíslan de los demás compañeros. Pueden presentar comportamientos apáticos o agresivos, alteración del estado de ánimo, descuido de las actividades escolares, desmotivación para estudiar, faltas excesivas, bajo rendimiento académico, solicitudes de traslado a otro colegio, aspecto triste o deprimido; quejas frecuentes en relación con los compañeros, entre otros.

 

S.P.O.C.: ¿Se debe dar un tratamiento diferencial a víctimas y victimarios?

C.F.: Las escuelas no deben simplemente proteger a las víctimas y castigar a los autores, como suele suceder. Ambos deben recibir atención y orientaciones específicas. Las escuelas deben tratar el asunto con medidas pedagógicas, buscando identificar las motivaciones del comportamiento de los autores, tanto como el de las víctimas y desarrollar estrategias capaces de ayudarlos. Dependiendo de la gravedad del caso, los autores deben asumir su responsabilidad de acuerdo con las reglas internas de la institución educativa, lo cual puede implicar desde una advertencia verbal hasta el traslado obligatorio. Los padres de ambos deben ser convocados para ponerlos al tanto de los hechos y que participen en la solución del problema. También, deben ser orientados en cuanto al acceso a ayuda profesional en caso de que se perciba alguna alteración emocional o comportamental. Por otro lado, las escuelas deben ayudar a las víctimas y a los autores a exteriorizar sus emociones y sentimientos. Para eso, deben encontrar medios para incluirlos en actividades que ayuden a mejorar la autoestima, la autoconfianza, la asertividad, la canalización de la agresividad, el liderazgo positivo, las actividades de aprendizaje participativo.

 

S.P.O.C.: ¿Cómo deben abordar los diferentes agentes educativos un caso de ‘bullying’ en sus aulas, considerando que este es un fenómeno que se hace explícito en múltiples escenarios de la vida pública de los niños, que incluyen, por ejemplo, los entornos virtuales?

C.F.: Los agentes educativos deben tratar los casos de bullying valiéndose de su conocimiento sobre el asunto y de la ética profesional, sin poner en evidencia a los involucrados. En muchas situaciones la exposición pública es más prejudicial que la victimización. Los casos específicos deben ser tratados individualmente, contando con la participación de los involucrados y de sus familiares. Sin embargo, la temática del bullying debe ser tratada colectivamente, en las discusiones de aula. El abordaje debe priorizar los siguientes aspectos: lo que es el bullying y el cyberbullying; las diferencias entre bullying, juego y conflictos; quiénes son los involucrados; causas y consecuencias; qué hacer frente a los ataques, cómo denunciar y dónde buscar ayuda; elaboración de reglas antibullying; formación de grupos voluntarios para auxiliar a los compañeros dentro y fuera del aula; oír las sugerencias de los estudiantes y aplicarlas, cuando apliquen, entre otras posibilidades.

 

S.P.O.C.: Muy bien. Pero, en el abordaje de los casos específicos ¿cómo tener injerencia desde la escuela en otros espacios en los que el ‘bullying’ se manifiesta, como por ejemplo la calle o los entornos virtuales?

C.F.: Es imposible para la escuela manejar todas las situaciones de bullying, especialmente las que ocurren fuera de sus muros, como es el caso de las calles o el espacio virtual. Sin embrago, en cuanto se tenga cocimiento de ellos, estos eventos deben ser tratados también en la esfera escolar. Después de todo, los implicados hacen parte de la escuela y deben ser orientados sobre sus actos y posibles responsabilidades. Los padres deben ser convocados para resolver el problema y, dependiendo de la gravedad de los hechos, debe ponerse al tanto a las autoridades competentes, especialmente cuando hay violación de derechos. Por eso, los programas anti-bullying deben ser desarrollados acompañados por diversas instituciones y actores sociales, como la familia, el consejo tutelar, el ministerio público, ya que muchos casos trascienden el alcance pedagógico.

 

S.P.O.C.: ¿Considera que los sistemas penales y de salud deben tomar partido en el propósito de paliar este preocupante fenómeno social?

C.F.: El bullying debe ser tratado por los sistemas penales cuando los casos sean tan graves que constituyan infracciones adolescentes o cuando sean considerados crímenes, cometidos por mayores de edad. En cuanto a los sistemas de salud es imprescindible asociarse con los sistemas educacionales, en un sentido tanto preventivo como interventivo.

 

S.P.O.C.: ¿Cree que la institución escolar, caracterizada por su estructura rígida y fuertemente jerarquizada, puede entrañar un currículo oculto basado en la violencia (la ley del más fuerte) que explique el ‘bullying’ como fenómeno reactivo, o como eslabón de continuación de una cadena culturalmente determinada?

C.F.: Creo que hay dos factores que se deben considerar: el bullying puede ser resultado de instituciones caracterizadas por una estructura rígida y fuertemente jerarquizada, donde hay abuso de autoridad y no se aplican medidas pedagógicas restaurativas, donde las reglas no son claras, donde los valores no son enseñados y vivenciados por todos. Pero por otro lado, puede ser también el resultado de instituciones extremamente permisivas o que se hacen las de la vista gorda ante actitudes preconcebidas, intolerantes, discriminatorias, irrespetuosas o agresivas de los estudiantes. Un ambiente extremadamente tolerante puede ser terreno fértil para el surgimiento del bullying. Adultos que ignoran el sufrimiento de niños y adolescentes, que no actúan eficazmente, que no los protegen, están dando un mensaje a los autores de bullying de que sus acciones son aceptadas y no serán castigadas.

 

S.P.O.C.: Completamente de acuerdo. Pero, volviendo al asunto de las estructuras rígidas y jerarquizadas, la pregunta apuntaba a si no constituyen estas en sí mismas un mensaje de violencia implícita que desconoce la legitimidad de la participación desde la individualidad en las decisiones y dinámicas y fines del colectivo… Es decir, ¿la estructura escolar tradicional no es en sí misma violenta y por lo mismo incitadora de reacciones que entrañan la agresión al más débil como el ‘bullying’?

C.F.: No podemos generalizar, pero es una tendencia.

 

S.P.O.C.: ¿Sería posible contrarrestar la tendencia al ‘bullying’ desde una dimensión exclusivamente simbólica?

C.F.: No, si ello implica un análisis reduccionista del fenómeno. El bullying debe ser comprendido a partir de la integración de diferentes perspectivas teóricas, lo que permite abordar los diferentes niveles y variables de forma holística.

 

S.P.O.C.: ¿Cuáles serían esos diferentes niveles y variables, y cuáles las perspectivas teóricas que permitirían integrarlos?

C.F.: Una vez más, es necesario reconocer el bullying como violencia y para comprender el comportamiento violento es preciso buscar explicaciones en las diversas corrientes teóricas. Por ejemplo, las teorías activas defienden la agresividad humana como un impulso interno e innato, propio de la especie humana; las teorías reactivas, por su parte, proponen que la agresividad humana tiene influencia ambiental, o sea, es una reacción aprendida del ambiente.

 

Los diferentes niveles hacen alusión al desarrollo de las personas, si ocurre entre docentes, estudiantes, familiares... Las variables son los factores determinantes, sean biológicos, personales, familiares, sociales, cognitivos, ambientales. Es preciso reconocer, también, las dimensiones… si ocurre dentro o alrededor de la escuela. En síntesis, es preciso reconocer las causas que originan el bullying y las posibilidades de tratarlas.

 

S.P.O.C.: ¿Se trata el ‘bullying’ de una fórmula de violencia instrumental?

C.F.: No podemos generalizar y afirmar que todos los autores de bullying actúan planeadamente, a pesar de que sus actos sean intencionales. En algunos casos el bullying también está asociado a violencia reactiva. Por ejemplo, cuando una víctima no soporta más los ataques y alcanza un nivel elevado de tensión o de miedo, reacciona impulsivamente, en una descarga emocional. Es el caso de las víctimas-agresoras, aquellas que reaccionan al bullying y muchas veces hieren a sus compañeros o protagonizan tragedias en las escuelas. También hay que considerar que algunos estudiantes que practican el bullying, actúan reactivamente, en el sentido de evitar los ataques anticipándose, prefiriendo atacar a ser atacados.

 

S.P.O.C.: Entonces, ¿qué medidas tomar o qué políticas adoptar a nivel institucional, en los casos en los que el ‘bullying’ ya está instalado para llenar los vacíos emocionales o existenciales de los estudiantes y paliar este preocupante problema desde una visión pedagógica? ¿Qué transformaciones supondría en la escuela el encaminarse en este sentido?

C.F.: Cuando el bullying ya está instalado en la escuela, afrontarlo no es simple. La intervención es como un remedio amargo, pero necesario. Las medidas más eficaces son las que involucran a la comunidad escolar. Primero, es preciso identificar a los implicados, las causas del comportamiento del intimidador y del intimidado. Ayudarlos a superar sus dificultades, a lidiar con sus emociones y sentimientos. Para eso, es preciso que la escuela cuente con la ayuda de un equipo multi-profesional, y apoyo externo. Al interior de la escuela se debe involucrar a los padres en la solución del problema, responsabilizar pedagógicamente a los autores, y encaminar las situaciones que trascienden el ámbito escolar. La atribución de responsabilidades y sus consecuencias, debe hacerse de acuerdo con los lineamientos del reglamento escolar interno. Indiscutiblemente, es urgente desarrollar acciones pedagógicas que protejan a las víctimas e inhiban la acción de los autores. Es necesario el esfuerzo y el compromiso conjuntos. Sin embargo, la prevención es el mejor camino y ello implica la implementación de programas efectivos adaptados a cada realidad escolar y políticas públicas de inversión en capacitación profesional.

 

 

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 59