Moneda

Síganos

Tu carrito

Tienes (0) productos $0
ANUNCIO
editorial_magisterio_cajiao.png

La etnoeducación se construye desde el Kuagro. En Palenque de San Basilio

Por Iván González García
Magisterio
03/12/2018 - 10:15
0
Foto de Pixabay

La idea de realizar este reportaje era encontrar a algunas personas, ojalá participantes en esta causa, que nos pudieran hablar con propiedad del proceso etnoeducativo desarrollado en Palenque de San Basilio. También queríamos encontrar quién nos hablara de los elementos de esa cultura presentes en la escuela, particularmente los Kuagro —estos últimos son una manifestación organizativa propia—; asimismo, queríamos conocer su vínculo con las prácticas pedagógicas del personal docente y con el aprovechamiento académico de los estudiantes.

Pero, cuando apenas iniciábamos el camino, buscando a esos personajes idóneos, nos encontramos con la figura de Dorina Hernández Palomino, quien ha estado como protagonista en casi todos los momentos significativos de este proceso. De inmediato, nos ofreció con sus palabras y experiencia un amplio recorrido por todo el proceso etnoeducativo, no solo en el Palenque de San Basilio, sino en todo el territorio colombiano.

Dorina es palenquera, licenciada en Administración Educativa, magíster en Educación Comunitaria, estudiante de Doctorado en Ciencias de la Educación, consultora y asesora en asuntos educativos y culturales, así como en étnica afrocolombiana. Dorina ha sido miembro del Movimiento Organizativo de Comunidades Negras de Colombia; sirvió como ponente de la Declaratoria del Palenque como Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad — en la UNESCO—; fue coautora de la Cartilla de la Lengua Palenquera, del texto Lineamientos Curriculares para la Educación en comunidades Negras y del libro Enfoque y perspectiva de la Etnoeducación y Cátedra de Estudios Afrocolombianos; ha sido miembro del equipo de investigación del libro Léxico Palenquero; se ha desempeñado como Coordinadora de Etnoeducación de la Secretaría de Educación Gobernación de Bolívar, Directora de cultura de la Secretaria de Educación Gobernación de Bolívar y Coordinadora Nacional de Etnoeducación Afrocolombiana del Ministerio de Educación Nacional de Colombia.

Palenque de San Basilio o San Basilio de Palenque, que es el nombre con el que está registrado, es un corregimiento del municipio de Mahates, en el departamento de Bolívar, ubicado en uno de los valles al pie de los Montes de María, a unos 100 metros sobre el nivel del mar. Limita con Malagana, San Cayetano, San Pablo y Palenquito. Cuenta con un número aproximado de 3.500 habitantes, agrupados en 435 familias repartidas en 421 viviendas. No obstante, con la alta población de palenqueros que se concentra en las ciudades colombianas de Cartagena, Barranquilla y el vecino país de Venezuela, la población total alcanza los 30 mil habitantes.

En palabras de Jesús Pérez Palomino, políticamente hemos utilizado el Palenque de San Basilio, aunque el nombre que está registrado es San Basilio de Palenque. Resaltamos la palabra “palenque”, a pesar de que es una categoría impuesta por el esclavizador para discriminar a los africanos o descendientes que organizaron pueblos en zonas de arcabuco. Además, porque para el esclavizador solo los cimarrones podían estar en los palenques. Es decir, el ganado salvaje "cimarrón". Todas esas categorías se han estado llenando de contenidos políticos y culturales para la reafirmación del ser en su sentido de pertenencia.

La etnoeducación es una vía, un camino, una luz hacia el reconocimiento que se construye desde la memoria colectiva de las comunidades

El vocablo “palenque” se define como el territorio poblado por cimarrones o esclavizados africanos, desertores del sistema esclavista durante el período colonial. A partir de ahí, se convirtió en sinónimo de libertad, ya que toda persona que llegaba a formar parte de un palenque era automáticamente libre. Tras más de cien años de enfrentamientos con las tropas españolas, el ejército esclavo cimarrón —liderado por Benkos Biohó— logró en 1793 la firma del Entente cordiale, uno de los primeros tratados de paz de la historia de Colombia y América Latina. Este documento reconoce a los palenqueros como el primer pueblo libre autónomo y soberano, con un territorio delimitado, con una forma de gobierno, justicia y economía propios. De los numerosos palenques existentes en la Colonia, San Basilio es el único que ha permanecido hasta nuestros días, librando permanentes batallas para conservar su identidad y sus elementos culturales propios. De modo que la existencia de esta población es un claro testimonio de la riqueza y trascendencia cultural africana en el territorio colombiano. En el año 2005, Palenque de San Basilio fue declarado Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.

Para ir a Palenque desde Cartagena, es necesario tomar la Carretera Troncal de Occidente, que comunica a Cartagena con Medellín, y se ubica a setenta kilómetros de la Ciudad Heroica. En el bus viaja un grupo de mujeres y hombres negros; por el hablar cantao’, se nota de inmediato que son de Palenque.
A la altura del poblado de Malagana, al ver que todos se ponen de pie, pido la parada, me bajo del bus y observo al grupo de palenqueros dirigirse y entrar al camino que conduce a Palenque: una carretera angosta asfaltada, con árboles frutales —sobre todo de mango— a lado y lado.
—¿A dónde van los doctores?
—¿Van para Palenque? —Nos preguntan dos mototaxistas que se nos acercan
—¿Está buena la carretera? —le pregunto, por decir algo.
—En perfectas condiciones, doctor —me responde uno de ellos.
—Vamos pues—les indico.
—¿Los dos? —indaga el otro.
—Si, los dos —le respondo.
—Vamos, pues.
—Vamos.

Palenque de San Basilio o San Basilio de Palenque, que es el nombre con el que está registrado, es un corregimiento del municipio de Mahates, en el departamento de Bolívar, ubicado en uno de los valles al pie de los Montes de María, a unos 100 metros sobre el nivel del mar. 

Lo primero que aparece de frente, cuando uno llega a Palenque, es la Plaza Central, con la imagen de Benkos Biohó lanzando su brazo de libertad al aire; se descubre, también, la escultura del líder cimarrón realizada por el artista cartagenero Alfredo Tatis Benzo, y al fondo, como el marco de un cuadro artístico, la fachada de la iglesia católica de San Basilio.

Apenas nos bajamos de las motos se nos acercaron varios muchachos, delgados, atléticos, que nos hicieron recordar al maravilloso Antonio Cervantes —Kid Pambelé—, nuestro primer campeón mundial de boxeo, nacido en este pueblo.

—Palenque es sinónimo de libertad —gritó uno, con una mezcla de orgullo y prepotencia.
—¿A dónde quieren que los lleve? —nos dice otro muchacho en bermuda, camiseta y chancletas, que se nos acerca para ofrecer sus servicios como guía.
—Aquí donde me ve, soy historiador de la universidad del Atlántico, y le puedo contar la historia del pueblo.
—Gracias, voy a la Institución Educativa Benkos Biohó. Solo indícame por donde puedo coger; yo llego sin problema, ya conozco, solo estoy un poco enredado porque hacía años que no venía.

Caminando bajo un sol picante por unas calles destapadas, con charcos de lluvias recientes y barro endurecido —las calles son desiguales y la mayoría de las construcciones son de bahareque con techo de paja, con cercos hechas de cañabrava—, llegamos hasta la Institución Técnica Agropecuaria Benkos Bioho de Palenque de San Basilio. Desde hace casi veinte años, esta institución implementó un nuevo diseño curricular, en función de la cultura palenquera, que se estaba perdiendo por vergüenza y miedo a la estigmatización de sus habitantes.

Al mirarla por encima, no se distingue mucho de cualquier institución educativa de alguno de los pueblos pobres del departamento de Bolívar.

—¡Pero si es diferente! —nos corrige enfáticamente la maestra Dorina Hernández.

La cosa sustancial no sucede dentro, sino fuera del aula de clases. En Palenque, la etnoeducación se construye en el Kuagro. Lo que llamamos la cultura del Palenque de San Basilio es bastante amplio e incluye prácticas sociales, médicas y religiosas, así como tradiciones musicales y orales, muchas de las cuales tienen raíces africanas. Esta es toda una visión de un mundo que vive de manera dinámica en la memoria colectiva de nuestra comunidad. La organización social de la comunidad palenquera se basa en las redes familiares y en los grupos de edad llamados ma-kuagro. La calidad de miembro implica todo un sistema de derechos y deberes hacia los otros miembros del grupo, pero también una fuerte solidaridad interna. Todos los miembros emprenden el trabajo diario y organizan conjuntamente los acontecimientos particulares. El Kuagro ha sido fundamental en la construcción e implementación de la etnoeducación palenquera.

Y es que Dorina ha hecho parte del proceso de desarrollo de la etnoeducación en Colombia desde sus inicios, desde finales de los años setenta.

¿Qué es para Dorina Hernández la etnoeducación?

La etnoeducación es una vía, un camino, una luz hacia el reconocimiento que se construye desde la memoria colectiva de las comunidades, teniendo en cuenta las particularidades de cada pueblo, para pensar el sistema educativo; es ahí donde el Kuagro juega un papel.

En Colombia, se viene hablando de etnoeducación desde mucho antes de que la Constituyente de 1991 discutiera, construyera y redactara la actual Constitución, que reconoce los valores étnicos como fundamentales para la identidad nacional, convirtiéndolos en derechos.

En Colombia se viene hablando de etnoeducación desde los años ochenta —al principio era una propuesta que se trabajaba solo con la población indígena

— siendo Ministro de Educación Manuel Francisco Becerra. Becerra potenció esta iniciativa por ser oriundo de una región con gran población indígena.
Otro elemento fundamental de la Cultura Palenquera, que tuvo gran influencia en el desarrollo de los procesos etnoeducativos, fue la lengua: la única lengua criolla de las Américas que concierta una base léxica española con las características gramaticales de lenguas bantúes. Esta lengua constituye un factor primordial, que refuerza la cohesión social entre los miembros de la comunidad.

¿Cuál es la relación de la lengua con los procesos etnoeducativos en Palenque?

En Palenque, nuestros niños se avergonzaban de su forma de hablar, porque los niños y, sobre todo, los maestros no palenqueros se burlaban y les decían que hablaban mal, “así como cantadito”; los señalaban y les hacían bromas por usar algunas palabras como “inventadas”, “que no están en el diccionario”, y los hacían sentir incomodos, “corronchos”, inferiores. Se les lastimaba la autoestima desde algo tan ligado a su humanidad y a su cultura, como el lenguaje propio.

Si se continuaba por ese camino, la lengua palenquera estaría en camino de desaparecer. Decidimos que no bastaba con investigar, sino que había que integrar de manera urgente la enseñanza de la lengua palenquera a las aulas de clase.

Pero, en principio, cuando llegábamos a los salones para enseñar la lengua palenquera, los niños nos rechazaban, porque, de acuerdo con lo que les habían enseñado los antiguos profesores, lo que nosotros estábamos enseñando era “a hablar mal”. Eso era lo que habían aprendido, que ellos “hablaban mal”, lo cual les bajaba la autoestima y los hacía sentir objeto de burlas.

ANUNCIO
inteligencia_emocional_v2_1.png

A raíz de estos problemas básicos y profundos, a mediados de los años ochenta, la comunidad palenquera adquirió conciencia y vio la necesidad urgente de rescatar y revivir no solo la lengua, sino la cultura palenquera en general. Para lograr esto, de una manera que hoy vemos como acertada, se pensó en ese momento en la escuela misma como herramienta fundamental para rescatar la lengua y no dejar perder otros aspectos culturales: la danza, la música, la religión. Se pensó en enseñar que lo que nosotros teníamos no era solo una manera diferente de hablar, sino otra manera de ver la vida, de comprender el mundo, y que esa era nuestra mayor riqueza. Esto fue todo un proceso.

Pero ¿Cómo fue todo esto? En la práctica ¿cómo se hizo?

El primer paso fue la creación de un método de investigación propio, que nos permitiera conocer los antecedentes de nuestras tradiciones y sacar conclusiones, pero desde la perspectiva propia, sin que tuviera la visión de personas que no hacían parte de nuestra comunidad.

Como resultado de ese proceso de investigación, se implementaron varias cátedras que reemplazaron a algunas que se imparten en los currículos básicos de cualquier colegio del país. Por ejemplo, acá se enseña lengua palenquera, historia de Colombia e historia afrocolombiana, y, en las clases de ciencias naturales, se dicta medicina tradicional, entre otras materias propias.

En la enseñanza de las matemáticas, por ejemplo, se enseñaba todo lo básico que enseña cualquier escuela del mundo; pero también se hace conocer que el número tres es para nosotros un número mágico, ligado a nuestra cosmogonía, que todo lo divide entre tres.

En Palenque de San Basilio, en cada tertulia callejera se evidencia el compromiso de su comunidad, que ha permitido rescatar y resaltar su identidad, mediante un trabajo que involucra a todos sus habitantes y que se refuerza en el escenario educativo, social, económico y cultural.

Han sido casi 30 años de discusiones, de investigaciones y de construcción permanente, marcados por la recuperación y el fortalecimiento de la identidad y la cultura, como parte del crecimiento y desarrollo educativo de sus habitantes en todas sus etapas de vida, en la vida cotidiana y en el entorno
A finales de los años ochenta, las dinámicas etnoeducativas obtuvieron el reconocimiento del Ministerio de Educación Nacional y el proceso se extendió, con la participación de la comunidad, no solo a los escenarios educativos, sino a la vida cotidiana de los habitantes.

Elementos como la lengua, la cultura y la música estaban cada vez estaban más presentes en las actividades de la comunidad. Acudir a la memoria colectiva fue un método definitivo para el resurgir de la identidad del pueblo. Los abuelos palenqueros fueron invitados a talleres y actividades de la escuela, para que les contaran a los más jóvenes sobre sus raíces africanas, su niñez, sus costumbres, su desarrollo como pueblo y su esencia cultural.

¿Cuál es la diferencia con una clase normal de historia o de física o de ciencias?

La diferencia es que estas son unas clases sobre el sentido de las costumbres, de los rituales, de la vida. Por ejemplo, el ritual del Lumbalú, que es la ceremonia funeraria tradicional, ha sido compartido por los abuelos en las aulas de clase, en busca no solo de conocer una celebración que les es familiar, porque hace parte de la vida de cada familia palenquera, sino sobre todo de comprender su sentido.

¿De qué manera se afecta el currículo escolar?

Lo afecta en tanto los currículos tradicionales muchas veces no son pertinentes ni significativos, y lo que nos hemos propuesto, lo que pretendemos desde Palenque, tiene su razón de ser en ser eso precisamente: en desarrollar una enseñanza con pertinencia y significado para el estudiante, en atender tanto al sentido como al significado del aprendizaje escolar.

Lo primero que hicimos para arrancar con este proyecto fue el diseño curricular de la primaria, agregándole elementos de etnoeducación y educación propia. Se relacionó la educación con el entorno, el territorio, la naturaleza, la medicina tradicional y la cultura propia, entre otros aspectos; asimismo, se desarrollaron prácticas en los patios, para la formación de los niños. En Ciencias Naturales, por ejemplo, llevamos a los estudiantes a los patios, para que conocieran las plantas medicinales y para enseñarles a usarlas de acuerdo con nuestra cosmovisión.

¿Se sale la escuela del aula?

Por supuesto, las casas y los centros comunitarios se convirtieron en lugares de transferencia cultural, en donde niños, niñas, jóvenes, adultos y adultos mayores participan aprendiendo y enseñando los elementos que conforman su identidad. Estos saberes propios se han trasmitido de generación en generación, para mantener en la memoria colectiva los saberes de sus ancestros.

La cosmovisión palenquera unida al diseño curricular está compuesta por tres mundos inseparables: el mundo material en el que vive el palenquero, es decir el territorio; el mundo del más allá, al que se dirigen los que mueren, y el mundo de la Mojana, a donde van quienes se portan mal y en el que sucede lo contrario a lo que ocurre en el de los vivos, es como un mundo al revés. Esto tiene que integrarse al currículo o los conocimientos que se adquieren no tienen sentido.

Pero los niños son los mismos en todas partes. ¿Son diferentes los palenqueros?

Las diferencias culturales, como todas las diferencias, se basan en una distancia específica. La diferencia es el camino entre mi manera de entender una cosa y la percepción que otra persona tiene de la misma cosa. La diferencia cultural puede ser una invitación a recorrer aquello que me distingue del otro y crecer, incorporando nuevos conocimientos.

Los niños son los mismos; pero, a la hora de estudiarlos para comprenderlos, los palenqueros tenemos nuestras propias etapas de desarrollo humano, diferentes a las de Piaget, Vygotsky o Freud. Vemos al niño desarrollándose de otra manera y en otros tiempos.

La diferencia es el espacio vacío entre mi percepción del mundo, la de mi cultura, la de mis ancestros y la percepción de aquellas personas con las que me relaciono: la brecha que nos separa y nos mantiene unidos a otros, como personas únicas. Nuestros niños son los mismos, pero vistos con miradas diferentes en sus etapas de desarrollo.

Estos ciclos de vida del palenquero se han venido estudiando por la Unicef y por el equipo de etnoeducación del corregimiento, en la investigación Palenque, laboratorio etnoeducativo, que ha identificado las etapas de Kuagro, muy relacionadas con la cosmovisión del habitante y la presencia de esta en su vida, la gestación y nacimiento, niñez, juventud, adultez y vejez.

Al abandonar Palenque y volverlo a recorrer, luego de escuchar tantas explicaciones apasionadas e ilustradas, junto con las voces de la gente común y corriente desde el momento en que llegamos, nos queda la sensación de que, en cuestiones culturales, Palenque ha estado a la vanguardia, sobre todo porque logró encontrar la forma de fortalecer la identidad y las manifestaciones tradicionales a través de la educación, y esto no es una tarea fácil.
Sin embargo, cuando uno camina por sus calles polvorientas o encharcadas y observa situaciones que indican pobreza económica, surge una pregunta: ¿por qué en Palenque no se nota el desarrollo? Pero, de inmediato, otra voz interior nos interpela: ¿desarrollo?, ¿qué es desarrollo?, ¿a qué idea de desarrollo te refieres? Porque tal vez me encuentro en ese espacio vacío entre mi percepción del mundo y la de los habitantes de Palenque, del que nos estuvo hablando la maestra Dorina Hernández.

Foto de Pixabay