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La evaluación auténtica. Una creatividad desbordante

Magisterio
30/10/2018 - 10:15
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Foto de Pixabay

L a costa oeste de Estados Unidos está llena de olas, cine, fresas y tecnología. California es una de las zonas más ricas y prósperas del mundo. Al visitar el instituto High Tech High de San Diego, no sabrás con seguridad si te encuentras en una escuela o, quizá, si te has equivocado y te has colado en Silicon Valley. Encontrar a algún profesor para que te acompañe te resultará una tarea difícil; todos están embarcados en algún proyecto asesorando a sus estudiantes. Más que un profesor, serán los propios alumnos los que te cuenten a qué se dedican, ya que buena parte de su trabajo lo deciden ellos mismos según sus intereses.

Sin embargo, por muchas explicaciones que recibas, no sé si saldrás de tu asombro al averiguar, por ejemplo, para qué sirve un robot que se mueve sobre cuatro ruedas y que, con aire divertido y patoso, sigue una línea amarilla pintada en el suelo arrastrando un manojo de troncos de madera.

En otra clase, distintos grupos de niños construyen prototipos de cartón. Todos los prototipos son diferentes, y sin embargo, a primera vista, parece que se trata de puentes. En mitad de tanta construcción, dos niñas entran en clase cargando lo mejor que pueden con dos pesas de diez kilos cada una. Las pesas son redondas y delgadas, recuerdan a los grandes donuts metálicos que levantan los forzudos de gimnasio. Las dos porteadoras forman parte de uno de los grupos, que ha construido una alargada maqueta de cartón que se alza suspendida entre dos mesas. El puente parece firme a los ojos de un niño que se afana con los últimos retoques tumbado en el suelo bajo el modelo. Sin embargo, no está tan seguro como para quedarse mirando mientras depositan las pesas sobre la construcción.

El puente ha sido bautizado a boli como Prototipe number 3. Con mucho cuidado, las dos alumnas colocan los cien kilos encima. Primero una pesa, suspense. Luego otra. El puente resiste un segundo, dos, tres... Comienza a instalarse una sonrisa en las expectantes caras del equipo cuando, a los cinco segundos, el puente cae aplastado sobre una colchoneta. El bueno tendrá que ser el Prototipe number 4. El profesor aplaude y el grupo se afana en recoger los restos. Cada cual mira con curiosidad los restos del desastre, ¡como si los pedazos de cartón pudieran hablar! Más tarde devuelven la atención a sus planes iniciales. ¿Qué habrá podido fallar?

De un lado a otro de la escuela puede verse a alumnos y profesores creando y compartiendo trabajo por igual. Si no fuera por la diferencia de edad, sería imposible adivinar quién es quién. Atendiendo sólo a su comportamiento es imposible distinguirles. Todos se muestran igual de motivados y activos en el desarrollo de los proyectos.

Manos y mentes llenas de realidad y creatividad

E l proyecto del instituto High Tech High se ha extendido a otras once escuelas en Estados Unidos. Los resultados hablan por sí solos. Gracias a este modelo, el cien por cien de sus alumnos logran superar los estudios de educación secundaria postobligatoria. Este es un dato muy positivo, pero lo es aún más cuando se observa con detenimiento. De todos ellos, el cuarenta por ciento pertenece a las clases sociales más desfavorecidas de la zona. Para muchas familias, estos alumnos forman parte de la primera generación que logra completar con éxito los estudios necesarios para ingresar en la universidad.

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El equipo directivo y el profesorado están convencidos de tres premisas clave que guían gran parte de sus decisiones sobre el modelo de aprendizaje por proyectos. En primer lugar, la mente y las manos deben formar parte de todo aprendizaje; esto es, deben integrarse pensamiento y práctica. En segundo lugar, la realidad debe estar dentro de la escuela y no fuera, y es necesario hacerla visible en relación con todo lo que ocurre en el aula. 

Por último, las clases y los horarios no están concebidos para organizarse en materias cerradas y en grupos de distintos niveles de dificultad; su filosofía de coordinación curricular pasa por conectar contenido, personas y realidad. Así, las áreas y los horarios se organizan de acuerdo a dos criterios básicos: según la afinidad y proximidad de contenidos −de acuerdo a los proyectos que se desarrollan− y a favor de la integración de todos los alumnos en el aula. La vida tal cual es dentro de la escuela, ni fragmentada en el conocimiento ni parcelada en la sociedad.

El aprendizaje basado en proyectos ha sido una de las principales palancas de cambio del instituto High Tech High. Esta metodología les animó, entre otras cosas, a cambiar materias, horarios y espacios. Tan es así que, en un día normal, en cada clase los alumnos solo trabajan con tres profesores: uno del área de matemáticas y ciencias, otro del área de humanidades, lengua y ciencias sociales, y por último un profesor del área artística, expresiva y de exploración y comunicación.

Título: La evaluación auténtica
Tomado de: Viaje a la escuela del siglo XXI.  Así trabajan los colegios más innovadores del mundo. Alfredo Hernan Calvo. 2015 Madrid. España. p.p 98-99.

Foto de Pixabay