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La evaluación como elemento de juicio pedagógico

Por Alberto Gromi
Magisterio
19/10/2017 - 15:45
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Foto de photoroyalty. Tomada de Freepik

El juicio es una actividad evaluativa que, aunque se pueda expresar con una proposición, también se puede expresar (y se expresa con mayor frecuencia) con distintas fórmulas verbales tales como reglas, normas, exhortaciones, imperativos, pareceres, consejos, conclusiones y, en general, con fórmulas que expresan una elección o un criterio de elecciones. […] Dewey ha considerado el juicio como la conclusión de una indagación y la solución efectiva de la situación que la provocó, según el modelo del procedimiento judicial. (Logic, 1939, cap. VII en Abbagnano, 2006: 278-279).

 

+Lea: Evaluar desde una perspectiva ética

 

Cuando habla del nivel de la conciencia responsable, Lonergan identifica tres operaciones fundamentales: la deliberación, la evaluación y la decisión. Creemos que estas operaciones deben considerarse atentamente porque, una vez más, pueden convertirse en instrumentos metodológicos significativos (Triani 1998: 130-131).

 

1. La deliberación: «consiste en proponerse, comparar, sopesar (discernir) diversos cursos alternativos de acción, en sopesar los pros y contras de estos cursos y en el preguntarse acerca de su distinto grado de importancia, de necesidad, de bondad, así como en interrogarse sobre nuestro propio grado de libertad. Con la operación de deliberación, se anima la conciencia del sujeto por efecto de las preguntas concernientes a la oportunidad, la necesidad y la bondad de un curso de acción». Esta operación hoy en día se denomina «discernimiento».

 

2. La evaluación: «a la pregunta le sigue una «respuesta», es decir: un acto de evaluación a través del cual el sujeto opera ciertos “juicios de valor”. Estos juicios son similares a los “juicios de facto” en cuanto a la estructura del juicio, pero son diferentes respecto al contenido. [En los juicios] de valor, a través de la razón, el hombre se aferra a la bondad (probable o absoluta) de algo».

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3. La decisión: «la evaluación remite a la decisión, es decir: a la elección de un curso deliberado y evaluado de acción. Sin embargo, el paso de la evaluación a la decisión no es cuestión de automatismos, sino de implicación afectiva y de libertad. En la decisión, experimentamos la libertad como la intervención activa que pone fin al proceso de deliberación, fijándonos en uno de los cursos de acción posibles y pasando a su ejecución». Para que la libertad se pueda experimentar efectivamente, debe aclararse que una decisión verdadera, real, no es aquella que nace sólo de un impulso improvisado, sino aquella que nace de un acto de comprensión, de un juicio y por tanto de una elección (que puede también ser improvisada, pero que se ha preparado a través de un largo trabajo de investigación y de reflexión) de un determinado tipo de bien.

 

+Conozca el libro Cómo evaluar el aprendizaje escolar

 

Estas tres operaciones tienen un valor que es, a la vez, metodológico y formativo. Hay tres expresiones que se repiten en las citas que acabamos de recoger: libertad, valoreimplicación afectiva. La serie de operaciones queestamosexaminando (y que son aquellas que, según la perspectiva lonerganiana, conducen al juicio) no son, pura y simplemente, mecanismos que activan una máquina que funciona de forma aleatoria en base a algoritmos. Como veremos en la segunda parte del libro, en loscapítuloscuarto, quinto y sexto con ejemplosextremadamente distantes, pero significativos,el juicio es útilen la medida en quecontribuye y sostienela actuación. Y, a la vez, a cada una de las acciones que nos acercan al juicio le corresponde un dinamismo interior que pone en juego toda nuestra personalidad.

 

En la base del acto de sentir, imaginar, indagar, comprender, formular y preguntarse si realmente las cosas son así, del poder aferrar la suficiencia de la evidencia y juzgar, se encuentra un sujeto humano y no una razón abstracta. Esto significa que el juicio es siempre una empresa personal. La actividad de juzgar implica al hombre por entero, aun siendo el resultado de un ejercicio crítico de la mente. (Danna, 2003: 329).

 

Si nos situamos en una perspectiva didáctica, debemos advertir que todo pasaje metodológico que nos acerque a la formulación de un juicio pone en juego la personalidad del alumno por entero (a la vez, también la personalidad del profesor, al menos para el profesor que se implica en su trabajo). Es una evidencia que el profesor debe tener muy presente: también para él, como para cualquiera, «decidirse por» conlleva inevitablemente un asentimiento, una asunción de responsabilidad y un riesgo.

 

+Conozca el libro Evaluar es valorar

 

Referencias

Danna V. (2003), Percorsi dell’inteligenza, Turín, Effatà Editrice

Triani P. (1998), Il dinamismo della coscienza e la formazione. Il contributo di Bernard Lonergan ad una «filosofia» della formazione, Milán, Vita e Pensiero.

 

Tomado de: Gromi, Alberto (2014) Saber Juzgar. Editorial Magisterio: Bogotá

 

Foto de photoroyalty. Tomada de Freepik