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La evaluación en el proyecto pedagógico de innovación. La experiencia del Juan Ramón Jiménez

Por Claudia Gamba , Por Evangelina Carulla , Por José Pablo Jaramillo , Por Martha Bonilla
Magisterio
05/06/2017 - 15:00
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Foto de INEVAL. Tomada de Flickr

 

 Palabras clave: antiautoritarismo, evaluación, evaluación integral, evaluación por procesos, evaluación cualitativa, evaluación formativa, objetividad, intersubjetividad.

 

Introducción

En los inicios de la fructífera y revolucionaria década de 1970, Marta Bonilla y Manuel Vinent fundaron en Bogotá el Liceo Juan Ramón Jiménez, un proyecto en muchos sentidos innovador para Colombia. Buscaban asumir los desafíos de su tiempo y responder a las inquietudes que cada uno de ellos había cosechado de experiencias educativas anteriores: Marta había estado en México visitando proyectos innovadores en contacto con las reflexiones sobre la educación que se venían dando en Latinoamérica, y Manuel venía de la tradición europea y catalana, tan fuertemente impactada por el pensamiento de los visionarios creadores de la escuela activa y, para el caso de Cataluña, directamente influida por la experiencia revolucionaria del Institut Escola de Barcelona. Desde el comienzo comprendieron que era necesario hacer una propuesta de carácter transformador que implicara todos los aspectos del universo pedagógico. Que no se tratara meramente de un cambio metodológico, sino de una transformación estructural que contraviniera de raíz la educación tradicional en boga por entonces. Aún hoy ese tipo de educación tiene expresiones importantes.

 

Para desarrollar este artículo, se ha elegido hablar principalmente de la evaluación en el Liceo Juan Ramón Jiménez, para ver en ella las implicaciones de asumir en profundidad el modelo pedagógico creado por Marta y Manuel, el cual se ha venido repensando y revivificando con el pasar de los años. Se hará una descripción somera del cambio que se operó en la mirada evaluativa, del engarce entre evaluación y aula, y de cuáles son esos principios generales que animan al Liceo Juan Ramón Jiménez y a los que la evaluación también responde.

 

+Lea: Evaluación de calidad ¿Qué es, cómo, por qué y para qué?

 

Sobre la evaluación en el Liceo

En el Liceo Juan Ramón Jiménez se entregan de manera periódica informes escritos. Los profesores redactan un informe para cada estudiante. En el caso de primaria y preescolar, es el profesor del grado quien los escribe, y en el caso del bachillerato, cada uno de los profesores que trabaja con el chico ofrece sus apreciaciones. Asimismo, con regularidad, se hacen reuniones de maestros durante las que se conversa sobre cómo ven los profesores al estudiante.

 

Durante muchos años, los maestros han venido intercambiando ideas acerca de “en qué se ve” que un estudiante va conquistando o se le presentaron algunas trabas en sus procesos. Ello se ha constituido en una prolija experiencia intersubjetiva que alimenta la redacción de informes y alumbra el trabajo de aula. Asimismo, las categorías de observación sobre las que versan los informes han sido producto de consensos entre profesores.

 

No obstante, la evaluación desborda los límites del informe. Está presente de manera continua en las distintas manifestaciones de la vida escolar. Al momento de comentar un escrito o un producto artístico, al momento de guiar procesos de aula, al trabajar con las familias y los estudiantes en un tú a tú. Incluso, está presente en momentos en que se presentan conflictos y se busca de forma mancomunada cómo resolverlos.

 

+Conozca el libro La evaluación auténtica

 

Medir

La opción de medir a través de un número o una letra, o a través de un logro establecido como una conducta deseable para la mayoría, es concordante con una idea positivista del desarrollo humano y una visión propia de la sociedad industrializada que espera que todas las personas deben hacer y lograr de la misma manera y en el mismo tiempo. Creemos que no es posible ni recomendable medir de manera positivista el desarrollo integral y los procesos de un individuo o de su grupo. Optar por una evaluación integral y por procesos a través de mecanismos como la redacción de informes cualitativos y únicos para cada uno de los estudiantes es respetar profundamente las diferencias de las características y de los ritmos y tiempos en las construcciones del conocimiento y en los cambios de las distintas dimensiones de la vida de un niño o de un joven.

 

Evaluación integral

¿Cómo entender esa integralidad? Una comunidad educativa está formada por todos los que la habitan y están relacionados con ella, todos seres complejos que crecen de modo social y afectivo, que cultivan la mente y también el cuerpo, que se construyen en las manifestaciones artísticas, que cimientan comportamientos morales y principios éticos. Todos con un sentido gregario y social, que construyen la sociedad y la cultura. La evaluación en el liceo responde a la comprensión de que los seres tienen estas múltiples dimensiones y diferentes maneras de sentir y de interactuar en el mundo y con los demás.

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Se busca hacer yacer las apreciaciones evaluativas sobre estas concepciones.

 

+Conozca el libro Evaluación integral por procesos. Una experiencia construida desde el aula

 

Evaluación por procesos

La escuela es un espacio donde el individuo potencia el desarrollo de sus diversas dimensiones humanas. La propuesta del liceo, junto con su planteamiento de la evaluación por procesos y no resultados, permite al individuo caminar modelando esas dimensiones con libertad y fluidez. La evaluación por resultados, sean estos en pruebas, puntos de arribo preestablecidos, como es el caso de los estándares, metas por alcanzar, no se avienen con la atención a los procesos que propone el liceo. Así, por ejemplo, una prueba escrita es un ejercicio más entre otros, ya que son múltiples y amplios los horizontes que se conquistan en el trasegar de la vida escolar. Ello depende del individuo y también del grupo. Evaluar por procesos significa entender que el desarrollo del aprendizaje y formación es dinámico, siempre cambiante y variopinto. Es entender el aprendizaje y el desarrollo humanos como un fluir continuo, con avances y retrocesos pero, sobre todo, en un movimiento hacia mayores niveles de complejidad y de cualificación. ¿Cómo dar cuenta de estas realidades asignando un número o una letra, o estableciendo un logro determinado, que es recogido en una frase que se aplica de manera estandarizada a los individuos?

 

+Lea: 5 claves de la evaluación para el mejoramiento del aprendizaje escolar

 

Describir, apreciar, un evento de intersubjetividades

La evaluación que se aplica es cualitativa y se expresa en descripciones que aprecian y estiman cómo se están dando los procesos de los chicos. Se desprenden de observar y conversar acerca de las manifestaciones de las distintas dimensiones de desarrollo humano expresadas por los aprendices. Las descripciones de los maestros y de otras personas relacionadas con ellos están atentas a los ritmos y las características individuales y son sensibles a las diferencias de contexto en los terrenos cultural, ético, político, ideológico y estético. Asimismo, hacen consideraciones relativas a los grupos en los que está inserto el individuo.

 

No se busca expresar verdades objetivas, producto de una observación objetiva. Se es consciente de la dimensión intersubjetiva, contextual y relacional de la evaluación y por tanto de las descripciones de las que hay que servirse. Aquello que expresa el maestro o cualquiera de las personas que describe un proceso de desarrollo o algún aspecto del desarrollo de los estudiantes habla de lo que él o ella ve, como de dónde está situado y quién es el que describe. Y ello ocurre en un contexto determinado. Esta condición convida a que de forma continua se busque intercambiar puntos de vista, a que se converse en grupos de reflexión acerca de los procesos de los estudiantes.

 

Evaluar para transformar

Es evidente que la evaluación, así como todo el ejercicio pedagógico, tiene diferentes énfasis según las edades y según las características de cada uno de los estudiantes. Se trabaja para movilizar, para proponer transformaciones y para potenciar las conquistas alcanzadas a través del proceso. El patrón de comparación se tiene con respecto al proceso de cada uno de los estudiantes, no está referido a unos determinantes externos que podrían operar a la manera de listas de chequeo o desempeños de la media del grupo. Y en este sentido también se entiende que la promoción escolar es algo que tiene que responder a las necesidades y situaciones particulares de cada uno de los estudiantes. No hay un patrón definitivo que determine qué hacer frente a cada caso. En algunas oportunidades se juzga la importancia de que un estudiante permanezca en el grado que ha estado cursando dado que no ha logrado adquirir la madurez o los elementos de afianzamiento de sus lenguajes de manera suficiente. Esto, de nuevo, es un ejercicio en el que se involucra la mirada de múltiples personas, incluida la perspectiva de las mismas familias y, en el caso de los estudiantes de ciertas edades más avanzadas, la de ellos mismos.

 

En este sentido, y en respuesta a los retos que presenta el trabajo dinámico entre lo colectivo y lo individual, se han venido haciendo búsquedas y se ha encontrado:

  • El valor de trabajar en el mirarse a sí mismo para buscar elementos de transformación y consolidación (autoevaluación).
  • La búsqueda de las maneras de apoyar al otro en sus procesos, al tiempo que valorar sus conquistas y las formas en que puede aportarle en su propio proceso (coevaluación).
  • El proceso de hacer evidente cómo se llega y cómo se construye lo ganado (metacognición).

 

El aula

Es evidente que el correlato a este tipo de trabajo con la evaluación es el aula misma. Sería muy difícil decir qué influye sobre qué. Más bien se piensa acerca de que hay en la base un modelo pedagógico complejo que busca ser coherente en todas sus expresiones, herramientas y aspectos. Todas las prácticas cotidianas han de responder a los principios que alientan el modelo.

 

El aula está concebida como un sistema de relaciones que se construye entre pares y maestros, y en contextos específicos. El aula es, además, el referente de relaciones que sirven de vehículo a la construcción del cuidado de sí mismo y del otro. El conocimiento se cifra en relaciones, no en productos cosificados. Cualquier experiencia de conocimiento, sea en el encuentro con un libro o un producto virtual, sea en el encuentro con una propuesta de clase, está cifrada en una relación. Alguien con sus características y experiencias de vida comunica a través del lenguaje a otros con características y experiencias de vida diferenciadas entre sí. Y comunica en contextos determinados. El conocimiento existe en los vínculos que se establecen entre unos y otros universos, y cifrados en el lenguaje. Igual ocurre con dimensiones como la ética y la política. Subsisten en el mundo de relaciones, en el cuidado de sí mismo y del otro.

 

Este sistema de relaciones se transforma de forma continua y va respondiendo de manera sensible y dinámica a las preguntas movilizadoras que se generan dentro del aula. No se responde de manera preestablecida a un listado temático. Se deja guiar, se teje desde una intención fundamental: no propiamente el desarrollo de un tema sino la consolidación de los diferentes lenguajes.

 

+Conozca el libro Evaluar es valorar. Diálogo sobre la evaluación del aprendizaje en el aula para comprender el decreto 1290 de 2009

 

Las construcciones de conocimiento, del bien y la belleza, no son solo individuales, tienen un fuerte énfasis colectivo y esto se hace visible a través de múltiples actividades en el aula y fuera de ella. Todos hacen de manera diferente y todos aportan desde su perspectiva. En esto confluyen las actividades de la vida escolar, ejemplos de ello son el trabajo en grupo, la construcción colectiva de textos, las conversaciones y discusiones alrededor de los temas eje, los juegos, las elaboraciones estéticas, las resoluciones de situaciones de conflicto, etc. El conocimiento y la vivencia de comunidad son un ejercicio crítico que integra lo colectivo y lo individual.

 

La apuesta es a acompañar a unos individuos auténticos en el desarrollo de la perspectiva de que vivir en sociedad es aprender a convivir en la polifonía, a construir en la solidaridad, a ver en la diferencia la democracia. A fortalecer un espíritu solidario y cooperativo antes que un ánimo competitivo en el que se anula la diferencia. Asimismo, a entender que no hay verdades absolutas sino puntos de vista desde contextos específicos, y puntos de vista que pueden ser cuestionados y transformados.

 

Referencias

Liceo Juan Ramón Jiménez (2016). Proyecto Educativo Institucional. Versión revisada.

Liceo Juan Ramón Jiménez (2017). Documento Institucional de evaluación. Versión revisada.

Fullat, Octavi (1992). Filosofías de la educación. Barcelona: Paideia. Ediciones Ceac.

Primer Congreso Nacional de Pedagogía (1999). Gimnasio Moderno. Memorias. Bogotá.

Nussbaum, Martha C. (2010). Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades. Buenos Aires: Katz Editores.

Andersen, Tom (1994). El equipo reflexivo. Diálogos y diálogos sobre diálogos. Barcelona: Gedisa.

Santiago: Dolmen Ediciones.

 

Los autores

Marta Bonilla.  Estudió Filosofía en la Universidad Nacional de Colombia. Es fundadora y rectora del Liceo Juan Ramón Jiménez.

Evangelina Carulla. Licenciada en Ciencias de la Educación de la Universidad Pedagógica Nacional, Magister en Desarrollo social y educativo de Cinde. En la actualidad, es coordinadora del bachillerato básico en el Liceo Juan Ramón Jiménez.

Claudia Gamba. Bióloga de la Universidad Javeriana. En la actualidad es coordinadora de primaria del Liceo Juan Ramón Jiménez y coordinadora de convivencia escolar.

José Pablo Jaramillo. Estudió Filosofía y Pedagogía en la Universidad Javeriana. En la actualidad, es el coordinador pedagógico del bachillerato.

 

Foto de INEVAL. Tomada de Flickr