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La evaluación o la manera de corroborar si vamos por buen camino

Por Julián De Zubiría Samper
Magisterio
26/11/2018 - 16:30
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Foto de ananaline. Tomada de Adobe Stock

Hola, Señora Martínez. Mi hijo está muy mal y lamento decirle que no va a poder ir al colegio hoy. ¿Con quién hablo, por favor?, preguntó la profesora. Con mi padre… contestó el niño… A. Riviére

A diario, los individuos tomamos decisiones y en cada una de ellas se involucra la evaluación. La simple elección de cuál fruto comprar en la plaza, un examen médico, la promoción de grado de un estudiante, la elección de una película o una estrategia metodológica, implican un proceso evaluativo previo.

Evaluar es formular juicios de valor acerca de un fenómeno conocido, el cual vamos a comparar con unos criterios que hemos establecido de acuerdo a unos fines que nos hemos trazado. Por ello, en toda evaluación se requiere determinar los fines e intenciones que buscamos al hacerla, delimitar los criterios que usaremos al establecer las comparaciones y recoger la información para garantizar que el juicio emitido corresponda a la realidad. 

Mediante la evaluación, una institución escolar puede determinar el ingreso de un estudiante o docente entre un grupo de aspirantes, determinar la promoción al grado o el ciclo siguiente, diagnosticar el estado actual en el desarrollo de un proceso, indicar el nivel en el cumplimiento de propósitos, evaluar el impacto alcanzado por una política o mecanismo adoptado, o facilitar el proceso de aprehendizaje, entre otros

¿Para qué evaluar? ¿Qué evaluar y cuándo hacerlo? ¿Cómo y con qué? y ¿Cómo evaluar la evaluación? Son todas ellas preguntas pertinentes en la evaluación educativa. 

Una evaluación es un diagnóstico de algo para poder tomar una decisión. El comprador de celulares evalúa las diversas opciones del mercado para determinar cuál se acomoda de mejor manera a sus condiciones e intereses particulares. Un estado de pérdidas y ganancias empresariales permite describir la situación económica de una empresa, para facilitar la toma de decisiones en lo concerniente a futuras inversiones. ¿Cuáles son por lo tanto las finalidades de la evaluación educativa?

Mediante la evaluación, una institución escolar puede determinar el ingreso de un estudiante o docente entre un grupo de aspirantes, determinar la promoción al grado o el ciclo siguiente, diagnosticar el estado actual en el desarrollo de un proceso, indicar el nivel en el cumplimiento de propósitos, evaluar el impacto alcanzado por una política o mecanismo adoptado, o facilitar el proceso de aprehendizaje, entre otros. A excepción de esta última, en todas las anteriores se realiza un diagnóstico con el fin de tomar, a partir de allí, una decisión. Cuando se realizan controles de lectura buscando que los estudiantes lean, o exámenes para promover el estudio y facilitar la organización de las ideas del estudiante, la evaluación pierde su carácter diagnóstico y se convierte en una herramienta metodológica. En dicho caso, la evaluación no es utilizada para diagnosticar, sino para promover, estimular o facilitar el aprehendizaje. En todas las demás circunstancias, la evaluación educativa busca, mediante la realización de un proceso diagnóstico, cualificar la toma de decisiones.

Los teóricos de la evaluación educativa le han asignado a ésta tres grandes finalidades: diagnosticar, formar y “sumar” (De Zubiría y González, 1995).
La selección de aspirantes a ingresar a un colegio y la evaluación del cumplimiento de propósitos cumplen con una finalidad esencialmente diagnóstica, en tanto que la evaluación para determinar la promoción de un estudiante a un grado superior responde a un interés sumativo. Así mismo, se clasifica como evaluación formativa aquella que permita diagnosticar el estado de un proceso educativo con el fin de establecer la pertinencia de generar algunas modificaciones en él. Es la evaluación que en mayor medida cumple la función de retroalimentar el proceso. Faltaría, posiblemente, por incluir las evaluaciones que tienen una finalidad didáctica, en la cual el interés estaría centrado en que ella misma facilite el proceso del aprehendizaje.

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En educación el problema es bastante complejo ya que se deben trabajar las distintas dimensiones del ser humano y por lo tanto las finalidades tienen que ser más amplias, más integrales y más sociales. Entendiendo con Wallon al hombre como un ser que ama, piensa y actúa, es decir que se desarrolla en una dimensión valorativa, cognoscitiva y práxica, la evaluación educativa tiene que dar cuenta de cada uno de estos aspectos y de su integridad. Y en cada una de estas dimensiones deben tenerse en cuenta los desarrollos alcanzados. El reto es particularmente difícil para los docentes ya que no han sido formados para jalonar el desarrollo integral y, por consiguiente, no disponen ni de criterios ni de instrumentos que le permitan evaluar el nivel cognitivo, valorativo y práxico alcanzado. Y una evaluación sin finalidades, sin criterios claros y sin instrumentos  –así sea para seleccionar tomates– no puede ser una evaluación de calidad.

Resumiendo, podríamos decir que la evaluación es un elemento del currículo que le permite a la institución educativa realizar un diagnóstico para tomar una decisión. La calidad de la evaluación dependerá, entonces, de que los fines que se propone cuenten con unos criterios y unos instrumentos adecuados que garanticen que el diagnóstico conduzca a recoger de la mejor manera toda la información necesaria, y que gracias a ello se pueda elegir la mejor opción. Para ello es indispensable claridad y pertinencia en los fines y diversidad de fuentes, instrumentos y momentos. Sólo así se diversificarán las miradas y se mejorará la calidad de la evaluación. En equipo y con instrumentos y fuentes diversas se evalúa mejor. Pero ello solo es posible si se cuenta con criterios pertinentes para realizar las comparaciones.

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Título tomado de: Cómo diseñar un currículo por competencias. Autor: Julián de Zubiría. pp. 71-73

Foto de  ananaline. Tomada de Adobe Stock