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La formación de competencias socioemocionales para la convivencia

Por Jesús Salvador Moncada Cerón
Magisterio
25/01/2018 - 15:00
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Foto de Freepik. Tomada de Free Photo

“Es más fácil desintegrar los átomos que los prejuicios”.

A. Einstein

A lo largo de la historia de la educación se pensó que la práctica educativa, inscrita en el escenario formal, habría de articularse desde el rigor racional, sin sesgo explícito de emoción. Se consideró que ésta formaba parte de la vida privada de los individuos y que, incluso, habría de reprimirse en la práctica académica. Lo cierto es que a la luz de los nuevos conocimientos y de las nuevas circunstancias propias del mundo global, se ha entendido que la emoción no solamente permea todo acto educativo formal, sino que es esencial para su éxito o su fracaso.

A esta descripción se asocian tanto la salud emocional como la salud mental, y hoy se sabe que una sana emocionalidad es precursora de un bienestar general que ha de redundar en un estado de plenitud personal y productiva. Es verdad que las condiciones del entorno en muchas ocasiones no ofrecen condiciones para generar salud emocional, sin embargo, dentro de la utopía del mejoramiento humano, la comunidad educativa ha de realizar su tarea de mirar dentro de sí para que en un acto introspectivo se conozca y, a la vez, proponga una forma renovada de mirar al alumno.

+Lea: Ideas prácticas para el desarrollo de la Inteligencia Emocional

Formación de competencias socioemocionales

Para comprender los procesos que se suscitan en la formulación de una competencia, resulta fundamental entender cuáles son las características del pensamiento. En primer lugar, todo pensamiento tiene un objetivo: lograr un propósito de manera consciente o inconsciente. También, el pensamiento refiere un punto de vista propio, o enriquecido con la visión de los otros. Se basa, además en un conjunto de creencias que determinan las actitudes y las acciones. Sus consecuencias han de mirarse constantemente para saber cómo impactan en la vida personal y en la de terceros. El pensamiento, del que emergen conclusiones y conceptos, trata de responder preguntas o resolver problemas. La modificación de los propósitos, de las creencias, o de los hechos, debe propiciar un cambio en el pensamiento y en su accionar.

Los recursos cognitivos que han de fundamentar las competencias refieren un pensamiento comprensivo. A partir de él se compara, clasifica, analiza, sintetiza, averigua y se extraen conclusiones. El pensamiento crítico alude a la capacidad de investigar fuentes, hacer interpretaciones, predecir efectos y razonar deductivamente. El pensamiento creativo produce ideas e imágenes, establece relaciones, crea metáforas y emprende metas (Cfr. Sanz de Acedo, 2010).

Emprender forma parte de ese pensamiento creativo, el cual habrá de definir las acciones en torno al desarrollo. Para lograrlo media, además de la razón, el aspecto emocional, el que a través de la motivación avanza, de manera óptima, para obtener las metas formuladas. La proyección socioformativa da pie a la reflexión sobre la relevancia de las competencias socioemocionales como aquéllas que tocan aspectos como el amor y la bondad, en su mejor expresión, o el dolor y el enojo, en su representación menos afortunada.

El ser humano como especie, además de haberse convertido en el ser vivo más inteligente de los que pueblan el planeta, es también el más emocional. Nuestras diferentes formas de comunicarnos, nuestros comportamientos, nuestras diversas formas de relación implican inteligencia, que a su vez está impregnada por algún tipo de emoción. La Inteligencia Emocional es una conceptualización que vincula dos de las características más importantes que diferencian al ser humano del resto de animales. El desarrollo y evolución de ambos conceptos, inteligencia y emoción, a lo largo de los periodos más importantes de la historia de la humanidad ha sido dispar hasta la llegada a lo que hoy todo el mundo conoce como IE (inteligencia emocional). Si bien en la actualidad cobra importancia tal relación, las emociones siempre han sido consideradas como algo completamente ajeno y separado de la inteligencia y han sufrido un trato desigual en las diferentes épocas.

La inteligencia es el producto conjunto de las variables genéticas y ambientales. La acción de los genes siempre se desarrolla en un ambiente (bioquímico social). Se sabe que tanto los aspectos biológicos como sociales del ambiente son importantes para la inteligencia, pero estamos muy lejos de comprender cómo ejercen su efecto. Así pues, se conoce que una variable ambiental con una clara importancia sobre la inteligencia es la escolarización formal. Toda emoción parece que puede manifestarse a tres niveles diferentes: fisiológico, conductual y cognitivo. El conocimiento de estos tres niveles de reacción nos ayuda a identificar y a describir mejor los fenómenos emocionales.

+Conozca el libro Inteligencia emocional y educación

Características de la competencia emocional

De acuerdo a la definición de Bisquerra (2003:22) la competencia emocional es “el conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para comprender, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales”.

En la competencia emocional se despliega la capacidad de autorreflexión (inteligencia intrapersonal), de identificar y regular las emociones, así como reconocer los sentimientos y pensamientos de otros (inteligencia interpersonal).

Con la perspectiva de favorecer una educación emocional, Bisquerra (2003) desarrolla una teorización sobre las características de la competencia emocional, la cual se describe textualmente

1. Conciencia emocional

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Capacidad para tomar conciencia de las propias emociones y de las emociones de los demás, incluyendo la habilidad para captar el clima emocional de un contexto determinado.
1.1. Toma de conciencia de las propias emociones: capacidad para percibir con precisión los propios sentimientos y emociones; identificarlos y etiquetarlos. Esto incluye la posibilidad de estar experimentando emociones múltiples. A niveles de mayor madurez, conciencia de que uno puede no ser consciente de los propios sentimientos debido a inatención selectiva o dinámicas inconscientes.
1.2. Dar nombre a las propias emociones: Habilidad para utilizar el vocabulario emocional y los términos expresivos habitualmente disponibles en una cultura para etiquetar las propias emociones.
1.3. Comprensión de las emociones de los demás: capacidad para percibir con precisión las emociones y perspectivas de los demás. Saber servirse de las claves situacionales y expresivas (comunicación verbal y no verbal) que tienen un cierto grado de consenso cultural para el significado emocional. Capacidad para implicarse empáticamente en las experiencias emocionales de los demás.

2. Regulación emocional

Capacidad para manejar las emociones de forma apropiada. Supone tomar conciencia de la relación entre emoción, cognición y comportamiento; tener buenas estrategias de afrontamiento; capacidad para autogenerarse emociones positivas, etc.
2.1. Tomar conciencia de la interacción entre emoción, cognición y comportamiento: los estados emocionales inciden en el comportamiento y éstos en la emoción; ambos pueden regularse por la cognición (razonamiento, conciencia).
2.2. Expresión emocional: capacidad para expresar las emociones de forma apropiada. Habilidad para comprender que el estado emocional interno no necesita corresponder con la expresión externa, tanto en uno mismo como en los demás. En niveles de mayor madurez, comprensiónde que la propia expresión emocional puede impactar en otros, y tener esto en cuenta en la forma presentarse a sí mismo.
2.3. Capacidad para la regulación emocional: los propios sentimientos y emociones deben ser regulados. Esto incluye autocontrol de la impulsividad (ira, violencia, comportamientos de riesgo) y tolerancia a la frustración para prevenir estados emocionales negativos (estrés, ansiedad, depresión), entre otros aspectos.
2.4. Habilidades de afrontamiento: Habilidad para afrontar emociones negativas mediante la utilización de estrategias de auto-regulación que mejoren la intensidad y la duración de tales estados emocionales.
2.5. Competencia para auto-generar emociones positivas: capacidad para experimentar de forma voluntaria y consciente emociones positivas (alegría, amor, humor, fluir) y disfrutar de la vida. Capacidad para auto-gestionar su propio bienestar subjetivo para una mejor calidad de vida.

3. Autonomía personal (autogestión)

Dentro de la autonomía personal se incluyen un conjunto de características relacionadas con la autogestión personal, entre las que se encuentran la autoestima, actitud positiva ante la vida, responsabilidad, capacidad para analizar críticamente las normas sociales, la capacidad para buscar ayuda y recursos, así como la autoeficacia emocional.
3.1. Autoestima: tener una imagen positiva de sí mismo; estar satisfecho de sí mismo; mantener buenas relaciones consigo mismo.
3.2. Automotivación: capacidad de automotivarse e implicarse emocionalmente en actividades diversas de la vida personal, social, profesional, de tiempo libre, etc.
3.3. Actitud positiva: capacidad para automotivarse y tener una actitud positiva ante la vida. Sentido constructivo del yo (self) y de la sociedad; sentirse optimista y potente (empowered) al afrontar los retos diarios; intención de ser bueno, justo, caritativo y compasivo.
3.4. Responsabilidad: intención de implicarse en comportamientos seguros, saludables y éticos. Asumir la responsabilidad en la toma de decisiones.
3.5. Análisis crítico de normas sociales: capacidad para evaluar críticamente los mensajes sociales, culturales y de los mass media, relativos a normas sociales y comportamientos personales.
3.6. Buscar ayuda y recursos: capacidad para identificar la necesidad de apoyo y asistencia y saber acceder a los recursos disponibles apropiados.
3.7. Auto-eficacia emocional: capacidad de auto-eficacia emocional: el individuo se ve a sí mismo que se siente como se quiere sentir. Es decir, la auto-eficacia emocional significa que uno acepta su propia experiencia emocional, tanto si es única y excéntrica como si es culturalmente convencional, y esta aceptación está de acuerdo con las creencias del individuo sobre lo que constituye un balance emocional deseable. En esencia, uno vive de acuerdo con su «teoría personal sobre las emociones» cuando demuestra auto-eficacia emocional que está en consonancia con los propios valores morales.

4. Inteligencia interpersonal

La inteligencia interpersonal es la capacidad para mantener buenas relaciones con otras personas. Esto implica dominar las habilidades sociales, capacidad para la comunicación efectiva, respeto, actitudes pro-sociales, asertividad, etc.
4.1. Dominar las habilidades sociales básicas: escuchar, saludar, despedirse, dar las gracias, pedir un favor, pedir disculpas, actitud dialogante, etc.
4.2. Respeto por los demás: intención de aceptar y apreciar las diferencias individuales y grupales y valorar los derechos de todas las personas.
4.3. Comunicación receptiva: capacidad para atender a los demás tanto en la comunicación verbal como no verbal para recibir los mensajes con precisión.
4.4. Comunicación expresiva: capacidad para iniciar y mantener conversaciones, expresar los propios pensamientos y sentimientos con claridad, tanto en comunicación verbal como no verbal, y demostrar a los demás que han sido bien comprendidos.
4.5. Compartir emociones: conciencia de que la estructura y naturaleza de las relaciones vienen en parte definidas por: a) el grado de inmediatez emocional o sinceridad expresiva; y b) el grado de reciprocidad o simetría en la relación. De esta forma, la intimidad madura viene en parte definida por el compartir emociones sinceras, mientras que una relación padre-hijo puede compartir emociones sinceras de forma asimétrica.
4.6. Comportamiento pro-social y cooperación: capacidad para aguardar turno; compartir en situaciones diádicas y de grupo; mantener actitudes de amabilidad y respeto a los demás.
4.7. Asertividad: mantener un comportamiento equilibrado, entre la agresividad y la pasividad; esto implica la capacidad para decir «no» claramente y mantenerlo, para evitar situaciones en las cuales uno puede verse presionado, y demorar actuar en situaciones de presión hasta sentirse adecuadamente preparado. Capacidad para defender y expresar los propios derechos, opiniones y sentimientos.

5. Habilidades de vida y bienestar

Capacidad para adoptar comportamientos apropiados y responsables de solución de problemas personales, familiares, profesionales y sociales. Todo ello de cara a potenciar el bienestar personal y social.
5.1. Identificación de problemas: capacidad para identificar situaciones que requieren una solución o decisión y evaluar riesgos, barreras y recursos.
5.2. Fijar objetivos adaptativos: capacidad para fijar objetivos positivos y realistas.
5.3. Solución de conflictos: capacidad para afrontar conflictos sociales y problemas interpersonales, aportando soluciones positivas e informadas a los problemas.
5.4. Negociación: capacidad para resolver conflictos en paz, considerando la perspectiva y los sentimientos de los demás.
5.5. Bienestar subjetivo: capacidad para gozar de forma consciente de bienestar subjetivo y procurar transmitirlo a las personas con las que se interactúa.
5.6. Fluir: Capacidad para generar experiencias óptimas en la vida profesional, y social.

Conclusiones

Para orientarse a la educación emocional, Bisquerra (2003) destaca la relevancia de identificar los factores de riesgo y los protectores, para centrarse en el decremento del riesgo y potencializar los factores de protección. Es necesario entender que en los aspectos preventivos y en el desarrollo de las competencias emocionales, no sólo basta con tratar al individuo, sino intervenir en los entornos de su actuación: familia, pares, escuela y comunidad. Antes de seguir avanzando, el autor refiere como elemental conocer aspectos psicológicos, neurofisiológicos y psicosociales de la emoción.

+Conozca el Ciclo de Seminarios/taller: Desarrollo emocional y ambiente escolar: estrategias para la convivencia

Referencias

Bar-On, R., The emotional Quotient Inventory (EQ-i): A test of emotional intelligence. Toronto: Multi-Health Systems. 1997
Berger, L. M., Paxson, C. y Waldfogel, J., Income and Child Development. Children and Youth Service Review, 31, 978-989. 2009
Bisquerra, R., Educación emocional y bienestar. Barcelona: Praxis, 2000.

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