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La formación filosófica como experiencia estética

Por Claudia Marina Benito Millán
Magisterio
03/12/2019 - 12:00
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Foto de Pixabay

El que tiene imaginación, con qué facilidad saca de la nada un mundo. (Gustavo A. Bécquer)

El presente texto expone dos experiencias en aula, en las cuales se privilegia la experiencia estética como experiencia pedagógica y como horizonte de vinculación del análisis y la reflexión filosófica con contextos y entornos múltiples. Se comenta la experiencia que se ha tenido en dos cursos desarrollados en diversos momentos. Son ellos, un preseminario ubicado en los primeros semestres de los programas de filosofía y el seminario filosofía de la cultura ubicado en semestres superiores. El primero, permitió el desarrollo de las habilidades de análisis filosófico: la capacidad de asombro y la importancia del preguntar y el papel protagónico del entorno en la reflexión filosófica. El segundo, permitió el desarrollo de habilidades para la problematización del entorno y su respectivo análisis, y al mismo tiempo la capacidad de realizar análisis multi e interdisciplinares. Ambos permiten la generación de un pensamiento creativo, generado a partir de espacios para la experiencia estética.

Los diversos ejercicios consistieron en revisar libros de arquitectura, videos, documentales, libros de arte tanto gráficos como de comentaristas especializados, visitas virtuales a diversos museos, libros de arqueología y antropología cultural, etc. De esta manera, la disposición inicial, podría decirse, se convierte en una disposición de comprensión hermenéutica y fenomenológica que implica miradas en contexto y con ubicación histórico-social.

La vigencia de la literatura, el arte y los textos clásicos en los procesos de formación en los programas de filosofía tiene aspectos que urge pensar y tomar en cuenta. Los aspectos pedagógicos, culturales, multidisciplinares, son elementos ineludibles que hacen de los procesos formativos procesos integrales que permiten el desarrollo de habilidades referidas a la contextualización, conceptualización, análisis y problematización del entorno, haciendo que el conocimiento tenga un engranaje histórico, social y cultural y, por lo tanto, un aprendizaje en el que se establecen relaciones y no simplemente se aprenden datos o temáticas aisladas. 

La incorporación de la diversidad de elementos como las obras de arte, el cine, la literatura y el texto clásico, tanto como el relato, la historia de vida, el testimonio, aportes de diversas disciplinas o saberes, unido al texto filosófico, abren la posibilidad de un discurso enriquecido al tiempo que generan formas de comprensión de las diversas dinámicas y procesos culturales y sociales.

Para la exposición de la experiencia, se escogieron dos cursos que se desarrollan en dos momentos distintos de la ruta sugerida o plan de estudios, dada la importancia que debe tener una formación de perspectiva amplia a lo largo de toda la carrera. Estos cursos son el preseminario dictado en el primer semestre y filosofía de la cultura que convoca estudiantes que han cursado un promedio del 75% del mismo.

Refiriéndonos al primer curso mencionado, el preseminario denominado el espíritu griego, se desarrolló de forma tal que el estudiante, antes de cualquier cosa, pudiera ubicarse en el contexto griego. Se dio inicio haciendo un recorrido por el desarrollo artístico, se estudió el desarrollo arquitectónico y disposición de la ciudad-estado; de forma paralela, se hicieron los análisis sobre la perspectiva religiosa que, en principio, atraviesa estos desarrollos y su conexión con el desarrollo histórico-político. De esta manera, al inicio se tomaron como textos clásicos y fuentes las obras de arte y las obras arquitectónicas; ellas también hablan:

… la obra-templo es la que articula y reúne a su alrededor la unidad de todas esas vías y relaciones en las que nacimiento y muerte, desgracia y dicha, victoria y derrota, permanencia y destrucción, conquistan para el ser humano la figura de su destino. La reinante amplitud de estas relaciones abiertas es el mundo de este pueblo histórico; sólo a partir de ella y en ella vuelve a encontrarse a sí mismo para cumplir su destino. 

Para nuestro estudiante de filosofía acercarse al arte dispone el espíritu y el cuerpo para despertar en él la capacidad de sorprenderse, de acercarlo a la palabra pero no de forma exclusivamente lógica-racional; es innegable que se trata de una experiencia estética, que tendrá también sus propias lógicas y sus propias construcciones.

Los diversos ejercicios consistieron en revisar libros de arquitectura, videos, documentales, libros de arte tanto gráficos como de comentaristas especializados, visitas virtuales a diversos museos, libros de arqueología y antropología cultural, etc. De esta manera, la disposición inicial, podría decirse, se convierte en una disposición de comprensión hermenéutica y fenomenológica que implica miradas en contexto y con ubicación histórico-social.

La fuerza de la literatura se hace presente para seguir ampliando el horizonte de comprensión de ese espíritu griego al tiempo que, poco a poco, va dando paso al aprecio por las formas literarias, desde los poemas homéricos y pasando por la tragedia y la comedia se introduce el pensamiento socio-político, los modelos sociales, las jerarquías, las prácticas culturales, en últimas, la identidad griega:

En la tragedia no se muestra ni se representa nada, sino que en ella se lucha la batalla de los nuevos contra los antiguos dioses. Desde el momento en que la obra de la palabra se introduce en los relatos del pueblo, ya no habla sobre dicha batalla, sino que transforma el relato del pueblo de tal manera que, desde ese momento, cada palabra esencial lucha por sí misma la batalla y decide qué es sagrado o profano, grande o pequeño, atrevido o cobarde, noble o huidizo, señor o esclavo (vid. Heráclito, frag. 53). 

Para el filósofo griego, el arte tiene la función de educar, de elevar los espíritus, de estructurar las voluntades, más allá de las leyes de la ciudad estado, el aprendizaje a través de la literatura: los poemas épicos, la música, la danza, el teatro, garantizarían un orden de tipo espiritual y por tanto un orden basado en el goce estético, de allí que los primeros procesos de enseñanza-aprendizaje en la cultura griega estén relacionados con el arte, la poesía y la música.

Para nuestro estudiante de filosofía acercarse al arte dispone el espíritu y el cuerpo para despertar en él la capacidad de sorprenderse, de acercarlo a la palabra pero no de forma exclusivamente lógica-racional; es innegable que se trata de una experiencia estética, que tendrá también sus propias lógicas y sus propias construcciones.

+Lea: Educación artística y desarrollo estético

Así, la llegada al texto filosófico está preparada; lejos de pretender estar centrados en una exclusiva razón lógica que dictamina el bien o el mal, la verdad o el error en una frase o en un texto, un pensador griego lleva su espíritu a la mayor posibilidad de desarrollo de apreciación estética del universo. La clave está, entonces, en la armonía no en la deducción. Aún en Aristóteles, esta sería la clave para una existencia feliz, no para una existencia lógica, insisto, para una buena existencia, esto es, desde la propuesta aristotélica se trataría de lograr una existencia que tienda a la búsqueda de la felicidad, esta última entendida como una existencia que tiende al bien y a encontrar el justo equilibrio de las pasiones, logrando así una vida justa con un carácter templado; y claro, para nuestros estudiantes, una filosofía comprendida en forma amplia.

Podemos poner un ejemplo. Al final del diálogo el Fedro, Sócrates demuestra que el mito de Teuht, quien inventó la escritura en Egipto, no constituye un elixir o remedio para la anamnesis sino un obstáculo para la reminiscencia, pues quienes se centran en la escritura tomada como verdad, olvidan lo aprendido mediante la misma. Esto se da porque la escritura no puede contener la verdad; así por ejemplo, puede describir una forma de la aplicación de la justicia pero no puede llevar a un hombre a la comprensión de lo que es la experiencia de la justicia, es decir, por descriptiva que sea no se compara con el acto justo. 

La comprensión de la justicia sería una experiencia del tipo estético, esto es, una experiencia en la cual no es posible el conocimiento intelectual de un objeto, sino que el conocimiento se da porque de alguna manera se experiencia el objeto de estudio, así, las experiencias mentales y afectivas están en continuidad con experiencias reales, la justicia se comprende en la experiencia misma de la justicia.

Por otra parte, los objetos estéticos, que son símbolos polisémicos, no simbolizan exclusivamente un único orden. Prueba de esto es que, durante el diálogo platónico, son las formas como se espera llegar a revisar si en la escritura está la verdad o no, se utilizan diversos modos de expresión: por una parte, la pregunta, por otra, afirmaciones irónicas y, por último, lleva Sócrates a su oponente a la contradicción, poniendo de manifiesto la multiplicidad del uso del lenguaje.

Esta diversidad de formas nos pone de manifiesto la imposibilidad de un lenguaje filosófico que, con exactitud, lleve a la verdad; lo más que puede hacer el lenguaje es llevarnos a una situación donde la comprensión vital (no meramente intelectual) supera los razonamientos silogísticos, pues siendo polisémicos los objetos de conocimiento cabe la posibilidad de variadas interpretaciones, sin embargo, esto crea una curiosa paradoja: no es la forma exacta de utilizar las palabras lo que lleva al conocimiento, según Platón en este mismo diálogo, sino la belleza interior del alma, mejor dicho, no se discute el conocimiento de la verdad, lo que se discute es qué garantizaría la misma, para concluir que el garante sería un estado del alma.

La experiencia estética es el mayor bien para todo habitante de la polis griega. No en vano las olimpiadas y las grandes dionisiacas son el centro de su orden social. Más allá de las leyes de la ciudad-estado, el aprendizaje a través de la literatura –los poemas épicos, la música, la danza, el teatro– garantizarían un orden de tipo espiritual y, por tanto, un orden basado en el goce estético.

+Lea: Arte, estética y educación: escenarios para pensar al ser humano

No hay más remedio, si se quiere ser fiel a la realidad de la experiencia estética. Los griegos no sólo cultivaron genialmente los diversos géneros artísticos: la pintura, la escultura, la arquitectura, la música, la literatura… Se detuvieron a reflexionar sobre la forma de “crear obras en la belleza”, como decía Platón. La Venus de Milo se ve extraordinariamente elegante y bella. Analizándola con los recursos de la matemática, se descubre que está configurada conforme a las dimensiones de la llamada “sección áurea” o “número de oro”. Los griegos descubrieron que si se divide una superficie conforme a una determinada proporción se obtiene un resultado muy valioso, estéticamente. Ya está aquí operante la relación. Hoy sabemos que la belleza del Partenón se debe a su armonía, y ésta se obtiene vinculando dos cualidades: la proporción y la medida. La proporción es una relación determinada entre las diferentes partes del edificio; la medida es el ajuste entre todo el edificio y la figura humana, tomada como canon. La relación se revela como la raíz de la belleza. 

No en vano las figuras más representativas de la mitología griega, Dionisio y Apolo, encierran las fuerzas vitales más profundas sin temor alguno, sin culpas. La experiencia estética va mucho más allá de la conceptualización, tiene su propia estructura, su propio tiempo. Producto de la armonía (cosmos y caos) el mundo es ordenado, perfecto, bello. En el universo griego, incluyendo el platónico, no hay espacio para la fealdad, ésta no existe, no es real, lo que ocurre es que el hombre puede denigrarse o denigrar el mundo, pero si ha logrado “conocer”, es decir, su espíritu se ha elevado en experiencia estética hasta la comprensión del orden del mundo, contemplará la belleza del mismo.

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Así, la labor del filósofo no es la de ser erudito, juez de la verdad, o consultor omnipotente; la labor del filósofo no es, nada más ni nada menos, que el desarrollo de la sensibilidad del espíritu, no la enseñanza discursiva-teórica; puede ésta ser muy útil en situaciones concretas para obtener beneficios finitos o inmediatos, pero la verdadera labor de la filosofía está en el engrandecimiento de los espíritus.

La segunda experiencia que queremos mencionar es el curso filosofía de la cultura. La intención dé este es poner de manifiesto otras perspectivas igualmente importantes en la formación filosófica. Textos de autores de diferentes épocas y que abordan distintas temáticas históricas, filosóficas, sociales, antropológicas, etc., permiten la aproximación a conceptos de cultura y sociedad, cambio cultural, multiculturalidad e interculturalidad, la construcción cultural del género, fenomenología de la cultura y muchos más.

Teniendo en cuenta que quienes estudian filosofía no pueden pensarse como seres aislados y que, de hecho, la filosofía es una herramienta reflexiva de análisis del entorno, la aproximación al estudio de las cuestiones sociales nos convoca a entrar en diálogo con la historia, la antropología, la sociología y al estudio de textos que recuperan las narrativas, los testimonios, los datos que permitirán realizar un acercamiento a la dilucidación de los hechos sociales, de las relaciones y dinámicas que marcan órdenes sociales diversos, al tiempo que plantean las posibilidades de acercamiento e, inclusive, a procesos de transformación cultural.

El lugar de la filosofía en relación con el de las ciencias sociales es controvertido y polémico, está lleno de tendencias que parecieran alejarla de su sentido estricto, pero que, finalmente, ponen de manifiesto que el saber es siempre un ejercicio de aproximación y que siempre falta algo por saber o conocer. Esta incompletud del conocimiento, lejos de ser una debilidad, es la que permite que la relación entre los denominados “clásicos” de alguna ciencia o disciplina, el lenguaje abierto de la práctica de esa ciencia y el pensar filosófico, se convierta en uno de los rasgos distintivos de las formas de enseñanza de las ciencias sociales y, por supuesto, de la filosofía.

El ejercicio de profundización en cuestiones que se definen desde contextos múltiples, unido al interés en la aproximación temática comparativa de forma multi e interdisciplinar, genera un análisis conceptual de muy buen nivel. De esta manera, el proceso de análisis y conceptualización abre paso a la emergencia de un conocimiento no presupuesto, ni anacrónico, otorgando al filósofo un papel central en el estudio de la cultura.

Ahora bien, el modo como se incorporan los diversos textos y experiencias en el aula o fuera de ella, tiene que ver, en principio, con la actitud del maestro: el ejemplo forma más que cualquier cosa, la admiración no es discursiva, es experiencia estética, los textos y diversos elementos utilizados como fuentes, están siempre relacionados con contextos históricos, sociales y culturales particulares, la relación depende, en gran parte, de la apertura de quien lo presenta.

Por otro lado, esta incorporación tiene que ver con la ruptura del paradigma de las “ciencias puras o saberes puros”, es decir, del imaginario de que cada ciencia, por separado, se justifica por sí misma y que no tiene nada que ver con otras. Para un ejercicio contemporáneo de comprensión de cualquier ciencia social o humana, la necesidad del dialogo interdisciplinar se muestra como requisito de seriedad y completud.

La apertura a lenguajes no estrictamente filosóficos o científicos como las narrativas, las crónicas, la poesía, la literatura en general, las obras de arte, la tradición oral, los lenguajes emergentes como los lenguajes urbanos, el cine, las nuevas tecnologías de la comunicación, entre otros, posibilitan los ejercicios de problematización para la investigación filosófica que, lejos de llevarla a perder su esencia, por el contrario, le lleva a recuperar su tarea originaria: la tarea del pensar.

El goce del texto clásico, entendido este último de forma amplia, es decir, no solamente como texto escrito, es un elemento que surge de la experiencia misma del texto, de su respectivo goce. No es ni una teoría ni una disertación lo que movería a tal goce, es la posibilidad del enlace particular con la experiencia vital del texto la que genera la conexión interna con el mismo y la que lo llena de significado, no es por una justificación que el acceso al texto es un elemento enriquecedor de la enseñanza, sino porque éste es la posibilidad de la experiencia estética misma.

Como ejemplo, se citan algunos ejercicios prácticos que se realizaron. En una ocasión se tomaron como referentes o fuentes de análisis todas las vallas publicitarias localizadas a lo largo de la avenida Boyacá entre la calle 80 y la calle 26, con el propósito de analizar la influencia de la publicidad en la calle en la generación y exposición de los imaginarios sociales sobre lo considerado como estatus y/o como orden social. En otra ocasión se hizo el análisis sobre los imaginarios sociales de construcción de la subjetividad alrededor de los modos de asumir las relaciones de pareja; se tomaron como base tres canciones populares que en ese momento estaban en boga en la radio: Ay hombre de Jorge Celedón, Rata de dos patas de Paquita la el Barrio y Nadie es eterno en el mundo de Darío Gómez.

Pero más aún, más allá de la apertura a los lenguajes, aparece la posibilidad de la comprensión e inclusión del otro y de lo otro, es decir, la experiencia estética es, al tiempo, una apertura a la experiencia intersubjetiva, que permite la visibilización de las dimensiones humanas y sociales, esto con apoyo de metodologías que han mostrado ser buenas herramientas teóricas e instrumentales y que permiten un proceso de comprensión de los entornos y de la realidad, como la fenomenología, hermenéutica, teoría fundamentada o fundada y, por supuesto, las técnicas narrativas.

De allí que la tarea propia del pensar del filósofo y de la enseñanza de la filosofía es, a la vez, una experiencia estética, una experiencia del goce en lo multi-significativo de la palabra, del lenguaje y de la experiencia.

Bibliografía
Heidegger, M. (1996). “El origen de la obra de arte”. Versión española de Helena Cortés y Arturo Leyte en: Caminos de bosque. Madrid: Alianza. Versión electrónica http://www.heideggeriana.com.ar/textos/origen_obra_arte.htm. Consulta octubre 12 de 2007.

http://www.fluvium.org/textos/cultura/cul355.htm. Entrevista con el profesor Alfonso López Quintás. El sorprendente poder formativo de la música (I). Catedrático emérito de Estética en la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y de L'académie internationale de l'art (Suiza). López Quintás es fundador del proyecto formativo “Escuela de Pensamiento y Creatividad” –difundido en España e Iberoamérica– y profesor de los cursos de doctorado de música en la Universidad Autónoma de la capital española. Consulta octubre 2007.

Notas

Heidegger, Martín. “El origen de la obra de arte”. Versión española de Helena Cortés y Arturo Leyte en: Caminos de bosque. Madrid: Alianza, 1996. Versión electrónica http://www.heideggeriana.com.ar/textos/origen_obra_arte.htm. Consulta octubre 12 de 2007.

2 Heidegger, Martín. “El origen de la obra de arte”. Versión española de Helena Cortés y Arturo Leyte en: Caminos de bosque. Madrid. Alianza, 1996. Versión electrónica http://www.heideggeriana.com.ar/textos/origen_obra_arte.htm. Consulta octubre 12 de 2007.
3 Entrevista con el profesor Alfonso López Quintás. El sorprendente poder formativo de la música (I). Catedrático emérito de Estética en la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y de L'académie internationale de l'art” (Suiza). López Quintás es fundador del proyecto formativo “Escuela de Pensamiento y Creatividad”, difundido en España e Iberoamérica, y profesor de los cursos de doctorado de música en la Universidad Autónoma de la capital española. http://www.fluvium.org/textos/cultura/cul355.htm

Claudia Marina Benito Millán. Magíster en Antropología Social de la Universidad de los Andes, Magistra en Filosofía de la Pontificia Universidad Javeriana, Profesional en Filosofía y Letras de la Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Actualmente, líder del grupo de investigación Pensamiento, Filosofía y Sociedad, clasificado en Colciencias en categoría B. Correo electrónico: clauben2@gmail.com

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 48

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