Moneda

Síganos

Tu carrito

Tienes (0) productos $0
ANUNCIO
editorial_magisterio_cajiao.png

La función social de la escuela

Por Ángel Pérez Martínez
Magisterio
05/08/2019 - 11:15
0
Foto de Pixabay

El niño en la sociedad postindustrial vive y se desarrolla saturado de estímulos, atosigado por trozos de información generalmente fragmentaria y desintegrada cuyo sentido para la elaboración de una visión general de la vida, la naturaleza y la sociedad normalmente se le escapa. El déficit del niño contemporáneo (con la obvia excepción del que pertenece a las capas sociales más desfavorecidas y no se encuentra ni en la cantidad de información, ni en el grado de desarrollo de sus habilidades, ni incluso en el nivel de adquisición de las materias instrumentales. Sus carencias fundamentales se sitúan a mi entender en el sentido de sus adquisiciones y en el valor de las actitudes formadas.

El  convencimiento de que vivimos en sociedades formalmente democráticas, pero económica, social y culturalmente recorridas por la desigualdad, la discriminación y la injusticia, debe obligar a pensar la escuela en términos que permitan la atención a las diferencias individuales y grupales y promuevan la supresión, o disminución, de los efectos de la injusta desigualdad.

Por otra parte, conviene destacar una vez más la permanencia, sino la agudi­zación, en las sociedades avanzadas, de la desigualdad social. El  convencimiento de que vivimos en sociedades formalmente democráticas, pero económica, social y culturalmente recorridas por la desigualdad, la discriminación y la injusticia, debe obligar a pensar la escuela en términos que permitan la atención a las diferencias individuales y grupales y promuevan la supresión, o disminución, de los efectos de la injusta desigualdad.

Refiriéndose a la enseñanza obligatoria de España (0-16, a partir de la im­plantación definitiva de la LOGSE), una enseñanza no selectiva, cuyo objetivo central es la formación básica del ciudadano en los asuntos que le competen y afectan como tal, el problema de las desigualdades de origen en el desarrollo temprano plantea a la escuela la necesidad de profundizar en el reto anterior. En el proceso didáctico orientado a provocar la reconstrucción del conocimiento vulgar no sólo es necesario atender la diversidad individual que diferentes con­textos y distintas biografías han ido formando en los alumnos de un aula, será imprescindible hacer frente a la desigualdad que se va a manifestar no ya en la dispersidad de informaciones almacenadas, sino en la carencia de las mismas, en el déficit de habilidades básicas, en el insuficiente grado de adquisición de las denominadas materias instrumentales y, lo que en definitiva puede ser aún más grave, en la ausencia de motivaciones y actitudes favorables a la continuidad del aprendizaje. Tales déficits se encuentran sin duda amplificados por la extraordi­naria distancia existente entre la cultura habitual, familiar y social de los grupos sociales más desfavorecidos, y la cultura académica.

Referencia:

ANUNCIO
inteligencia_emocional_v2_1.png

 Angel I. Pérez Gómez es profesor de la Universidad de Málaga Cambiar la escuela, cambiar la vida

Goodman, 1992; MacLaren, 1987)

Foto de Pixabay