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La importancia de integrar el contexto en la escuela

Por Maite Alarcón Díaz
Magisterio
07/03/2018 - 10:30
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Foto de Freepik. Tomada de Free Photo

El infierno está lleno de buenas intenciones; esta frase popular no era clara para mí, hasta el año 2014. Permítame apreciado lector ponerlo en contexto sobre la persona que le escribe, soy docente hace 17 años en las áreas de física y matemáticas en todos los niveles de escolaridad, durante una década trabajé en el ámbito urbano de una de las ciudades más grandes de América latina- Bogotá, mayoritariamente en sectores estratificados de nivel bajo y medio, tiempo durante el cual se apoderó de mi la insaciable curiosidad por entender los procesos mentales de aprendizaje, percibir y medir los cambios que se dan cuando un ser humano entiende algo y tiene esas pequeñas epifanías que cambian hasta el modo de mirar, en los niños y jóvenes resulta algo más frecuente, pero aun así sorprendente. En este trasegar académico y laboral he tenido pequeños triunfos que viven en mis estudiantes, no hay mejor carta de presentación a la labor hecha; cada uno de esos seres humanos me ha transformado y espero que yo a ellos, también, para bien.

Para el año 2010 tomo la decisión de cambiar de escenario y mudarme a la parte rural de Bogotá con el bagaje experiencial y teórico acumulado, estaba convencida de las virtudes del aprendizaje significativo y de las posibilidades que se dan cuando se toman los preconceptos y el contexto para enlazar los nuevos aprendizajes, pero, me enfrente a una realidad apabullante; cuando preguntaba por algún concepto un silencio sepulcral se apoderaba del recinto, pensé que era un asunto de timidez o miedo, pero no, tampoco obtenía nada escrito o dibujado, había algo más, lastimosamente cuando los estudiantes no te hablan más que monosílabos es muy difícil percibir la realidad que los involucra. Entonces, parecía falta de contexto, la forma más fácil de viajar sin equipaje o libros era el cine, lo que ayudo bastante pero no era suficiente, los estudiantes veían distantes los conceptos, alejados de su realidad, como recetas que debían ser memorizadas.

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Después de todo tipo de tropiezos, haciendo cine, experimentos, creando situaciones para laboratorio, viviendo todas las experiencias posibles en el aula, encontré una herramienta formidable, se llama redes de consensus o asociación por pares, Weller (2007) estableció su uso como una descripción matemática para calcular los índices de distancia entre palabras que da un conglomerado de personas, siendo de carácter cualitativo los indicadores no son reproducibles de manera idéntica, en primer lugar porque las personas aprenden aún mientras se les pregunta, y no hay modo de que las personas reorganicen sus conceptos de manera idéntica en tiempos distintos.

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Este instrumento surge de la teoría de la antropología cognitiva, de ahí se deriva la teoría del consenso en la que se estudian los procesos de adquisición de información sobre diversas apreciaciones acerca del mundo mediante diversas técnicas analíticas y modelos que se utilizan para percibir saberes culturales (Bernard, 1996), lo que deja entrever las conexiones conceptuales que establecen las personas sobre un particular, en este caso los jóvenes campesinos, alrededor de situaciones o preceptos, los resultados, además de sorpresivos, fueron algo dolorosos al percibirse el lugar que ocupaba la física en su realidad de producción rural.

En las redes el orden lo da el valor de este índice de distancia, los valores símiles ocupan el mismo nivel y las conexiones van por parejas de palabras, con todas las posibles combinaciones de las elegidas por el grupo, de este modo, se subordinan según la conexión. Entre más grande es valor, mucho más enlazados están los conceptos para el grupo, el índice nunca supera la unidad como en las proporciones porcentuales.

Ahora voy a interpretar los resultados encontrados, nótese que, en el grupo de transformación de alimentos, los procesos físicos están aislados, ellos intuían que por ser la clase donde se les cuestionaba debían involucrarlo, pero no está ligado con ninguna situación, ni siquiera a los instrumentos o las posibilidades de experimentación. El control o la teorización estaba más vinculado a los procesos químicos; al reflexionar en este aterrador escenario me di cuenta que no servía de nada programar experiencias fuera de su contexto, que a ellos no les faltaban experiencias, a mí me faltaba pericia para darme cuenta que su contexto era rico, que no era necesario enviar un carro por una plataforma, cuando podía usar el proceso de elaboración del arado de la tierra para hablar de fricción, fuerza o procesos termodinámicos, era yo quien se tenía que transformar, tenía que aprender, estas redes me abrieron los ojos para percibir que las experiencias ficticias podían dejar aprendizajes, pero nunca del mismo valor que aquellas que son producto de la cotidianidad, la realidad y sus verdaderas necesidades.

De este modo era necesario replantearlo todo, las experiencias de laboratorio debían obedecer a sus dinámicas diarias, utilizar su cuerpo para cuestionar lo que daban por sentado, lo que implicó una reconfiguración del modelo pedagógico porque no era útil en el aprendizaje rural un modelo centrado en los conceptos, en primer lugar buscar un modelo que obedeciera de forma flexible a la integración de proyectos, que diera la posibilidad de entrelazar diferentes áreas del conocimiento, pero igual tenía que ser sistemático porque el enfoque disciplinar de las ciencias no deben alejarse de ello, el aprendizaje EpC parece reunir hasta este momento con esos requerimientos, así que después de leerme esas dos biblias, por su extensión, la idea era diseñar y adaptar los ambientes de aprendizaje, configurar toda la práctica educativa.

Para finalizar en el año 2015 decidí no volver a dar nada enfocado a las pruebas estandarizadas, esto debido a que el modelo EpC indica que un verdadero aprendizaje se evidencia cuando el sujeto es capaz de utilizar todos su recursos para adaptarse a nueva información, tampoco me alcanzo el tiempo, los niños pensaron en sus proyectos productivos y asuntos que les causaban problemas, hicimos ensayos con el crecimiento de plantas alterando el campo magnético, jugamos con sistemas de riego extraños que aparecían en YouTube, los estudiantes pensaron en las posibilidades para alimentar los animales de la granja, crearon un empaque comestible para el ensilaje y la verdad es que desde ahí se dispararon los indicadores de permanencia en la educación formal, pruebas estandarizadas, adaptabilidad y pensamiento científico. Yo aprendo y ellos también, yo soy feliz y sé que me falta mucho, pero creo que ellos crecen mucho más cuando le enseñan a su docente.  

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Conclusiones

Las redes de asociación de Weller son una herramienta objetiva de valoración sobre la organización de conceptos, subordinándose por el valor del indicador, se puede programar con una hoja de cálculo, haciéndolo accesible, fácil de recopilar y organizar, además de rápido porque en dos sesiones de 15 minutos puede reunirse toda la información, muy útil para tener una idea del contexto, a pesar de que su uso no es popular en la educación sino en intervenciones de salud pública, su potencial es enorme para valorar los preconceptos de un grupo, porque las instrucciones del formato son sencillas para los participantes.

Esta red de conceptos y sus resultados me llevaron a cuestionar el enfoque pedagógico con el que fundamentaba mi práctica educativa, a uno de mayor flexibilidad, igualmente buscando herramientas de valoración rigurosas, pero que dieran espacio a utilizar el contexto, haciendo más real el aprendizaje, sin inventar necesidades artificiales enriqueciendo mi propio contexto, entendiendo que nuestros campesinos saben muchas cosas que vienen de su cotidianidad y no podía seguir siendo tan obtusa de pensar que necesitaba enriquecer sus experiencias, cuando no había mostrado disposición por hacerlo yo primero.

Uno como maestro se engaña sin querer, viendo que aumentan las cifras de las pruebas estandarizadas, que resultan un distractor, pero la verdad es que la mayor carencia del país es potenciar la capacidad de aplicar los conocimientos en el contexto, no saco nada si mis estudiantes pasan por una clase de ciencias donde obtienen las notas más altas, aumentan los indicadores educativos, pero en su habitación hay moho, toma agua contaminada o no recicla los subproductos derivados que cualquier actividad diaria. El reto de aumentar el impacto de la educación en el ámbito rural no está en las horas que tengamos atrapados a los niños en las cuatro paredes de un salón, sino en reconocer lo valioso de sus saberes, la riqueza de su contexto, sin forzar las situaciones haciendo simulaciones ficticias cuando hay tantas necesidades latentes que deben ser resueltas con urgencia. La necesidad hace más por una comunidad que las buenas intenciones.       

Referencias

Bernard H., Rusell, 1996, Qualitative Data, Quantitative Analysis, en Cultural Anthropology Methods Journal, vol. 8, núm. 1, pp. 9-11.

Weller, Susan, 2007, “Questions Cultural Consensus Theory: Applications and Frequently Asked”, en Field Methods, núm. 19, pp. 339-368.

Foto de Freepik. Tomada de Free Photo