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La importancia de la formación docente por competencias

Por José María Ruiz Ruiz
Magisterio
05/04/2018 - 11:45
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Foto de Viña. Tomada de Flickr

La enseñanza por competencias enfrenta al alumno a tareas propias de la vida cotidiana en los planos personal y social, correspondientes al ejercicio de una profesión. Estimula por lo tanto un aprendizaje activo y contextualizado, fomenta la autonomía del alumno y eleva considerablemente su motivación al aproximar el aprendizaje que se promueve en la escuela a las características de la vida real.

El actual estímulo a la enseñanza por competencias resulta pues de la colaboración de los ámbitos social, profesional, universitario y pedagógico. En esta confluencia histórica es necesario, como en un proceso de triangulación investigadora, identificar sus componentes más valiosos. El modelo de planificación ha destacado el interés de fomentar en los alumnos, sobre todo en los primeros niveles, y a lo largo del período de educación obligatoria, una serie de competencias de carácter general y transversal, como las relativas a la convivencia, la comunicación, la actuación autónoma y el aprendizaje.

Estas competencias no son objeto exclusivo de un área curricular determinada, sino que su desarrollo se produce a través de todas, es decir, de la necesidad de realizar importantes cambios en las formas tradicionales del trabajo de los profesores y en la organización y funcionamiento de las instituciones.

+Lea: ¿Qué competencias debe desarrollar el docente-innovador en el siglo XXI?

La administración debe ser consciente de estas características si de verdad pretende el éxito en la implantación de la enseñanza por competencias. Frente al atomismo de antiguos planes de estudio en muy diversas asignaturas y en temas dentro de cada una, es necesario fortalecer una planificación globalizada e interdisciplinar, sobre todos los niveles de educación. Los momentos de planificación conjunta se deben intensificar frente al convencional trabajo individualizado y los horarios de los centros, mientras que la disponibilidad de tiempos, espacios y recursos, ha de cambiar en el sentido de una mayor flexibilidad.

El desarrollo de competencias específicas puede fomentarse más en el contexto de cada área curricular o de cada asignatura, junto al protagonismo de cada docente en su asignatura. Por otro lado, se produce una revolución en el terreno de los contenidos para la enseñanza de competencias básicas y específicas, priorizándose el saber hacer frente al simple saber y al saber hacer actuar, con proyección social al saber rutinario o convencional. La enseñanza por competencias viene a liberar a los programas de contenidos de conocimiento para potenciar más los contenidos de habilidades y actitudes.

La implantación del profesor en la formación profesional se da a partir de la intensificación

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de su capacidad para el trabajo en equipo, para la actualización de los contenidos y su proyección en la realidad social. El profesor debe planificar sus tareas de carácter complejo y orientarlas hacia el desarrollo en el alumnado del aprendizaje de diversas competencias. La planificación de la enseñanza por competencias implica importantes cambios en cuanto a las instituciones y los profesores, por lo que será preciso reconsiderar el papel de todos los elementos del currículo:

• Objetivos
• Tipos de contenido
• Metodología y estrategias metodológicas
• Organización espacio-temporal
• Recursos materiales
• Evaluación

Todos ellos se convierten en el eje de la programación y la actividad. Los objetivos y los contenidos aseguran su desarrollo y los criterios de evaluación sirven de referencia para identificar su nivel de adquisición. Las competencias generales se sitúan en línea con los objetivos generales y las competencias específicas de cada área o materia se asimilan a los objetivos correspondientes.

Existe una relación entre objetivos y competencias generales, una gran correspondencia, que no se presenta en el caso de los contenidos. En éstos parecen haberse priorizado los ámbitos instrumentales (lenguaje, materiales, sociales, arte, etc.), mientras que los referidos al ámbito social y afectivo reciben de forma predominante un tratamiento transversal, con la excepción de una asignatura, de educación para la ciudadanía y los Derechos Humanos.

Título tomado del libro Cómo mejorar las instituciones educativas. Autor: José María Ruiz Ruiz. p.p. 60-62

Foto de Viña.  Tomada de Flickr