Moneda

Síganos

Tu carrito

Tienes (0) productos $0
ANUNCIO
web_banner_magisterio_1115x116.png

La innovación disruptiva y la educación de futuro

Por Germán Pilonieta
Magisterio
24/05/2016 - 12:30
0

 

En el contexto de proyecto de la educación de futuro, nos hemos aproximado a ella desde tres perspectivas o, mejor, desde tres fundamentos, dos estructurales: las neurociencias y la bioética, dos funcionales: la economía y, ahora, las innovaciones disruptivas, ID. La razón de abordar este tipo de innovaciones tiene que ver con la necesidad de encontrar, desde el futuro, uno de los fundamentos funcionales más dinámicos para concebirlo, conceptualizarlo y operarlo como plataforma y no como simple instrumental.

 

Pensar los procesos de formación desde otras dimensiones, no tradicionales, tiene la ventaja de poder crear y abrir posibilidades no concebibles desde otros paradigmas ya gastados, o al menos poco útiles en este milenio. Como es preciso darle sentido a todo esto, es necesario tener una dimensión del contexto desde el cual todo pueda adquirir sentido1, pues el contexto es el futuro y hace posible “comprender”2 el presente y todo lo que en adelante ocurra, pero también nos permite pensar y “diseñar” los nuevos procesos de formación del milenio y para el milenio. Es un hecho cada vez más evidente, que el modelo educativo está “echado a perder”, ya no funciona, perdió su norte y su sentido; debemos encontrar nuevas salidas y nuevas entradas a un mundo cada vez más complejo y dinámico, el cual exige diversas habilidades3 y competencias distintas y diferentes de las que fueron concebidas en los dos milenios anteriores.

 

La innovación es todo, menos disruptiva 

En el pasado se dieron muchas innovaciones, algunas de ellas tan poderosas que fueron disruptivas, es decir, lograron trasformaciones paradigmáticos, rompieron con la línea de pensamiento y de acción y las cosas tomaron otro rumbo, a costa de lo que ya había. Una innovación4 significa y tiene que ver con el fortalecimiento, cambio y mejora de lo que existe y se ha venido haciendo. Si esto lo traducimos en lo educativo, solo será hacer algunas cosas de manera diferente y mejorar lo existente, sin ir más allá. Por eso las innovaciones no trasforman y, en el caso de la educación de futuro, no se necesitan más innovaciones (como tampoco más aulas de clase), por el contrario, es muy peligroso innovar, ya que puede y, de hecho, ha retrasado las transformaciones que se han debido hacer.

 

Hacer una historia del arte sobre las innovaciones en educación, es hacer arqueología de la pedagogía. La innovación en esos años, y en todos los anteriores, fue de tipo cosmético y de mejora de tal o cual acción, o tal o cual material educativo. Hacerlo sería tan inútil como una arqueología de lo analógico cuando ya estamos en lo digital. Encontraríamos un montón de cosas que ya ni existen por lo obsoletas; mirar desde el futuro obliga a tener posiciones contextuales que van a orientar también lo conceptual.

 

+Conozca la Revista Innovación disruptiva

 

Ahora bien, una innovación, como ya se dicho, es todo, menos disruptiva, pues sería una contradicción, pero, y aquí viene lo interesante, cuando ocurre, cuando de verdad aparece una ID, las cosas cambian y hay transformaciones profundas y radicales. Hay virajes completos y de verdad aparece lo alternativo frente a lo existente. Tiene que ver con el paradigma, desde lo propuesto por Thomas Kuhn: “cuando un paradigma aparece, todo vuelve a cero”.

 

Una innovación tiende a mejorar lo existente, pero llevarla a cabo en el terreno de la educación actual significa mejorar un sistema que ya no funciona, y eso le hace muy peligrosa. He encontrado muchas denominaciones en el panorama de esta necesidad de cambios, como la de educación disruptiva, de transformación educativa, de alternativos pedagógicos, etc., pero al analizarlas no son sino simples propuestas de innovaciones o cambios cosméticos. El caso de la política de ciclos, que siendo una de las mejores ideas intermedias para dar el salto, es el ejemplo más cercano que evidencia la forma en que se tergiversa la idea para, de hecho, no ha avanzar, ni en la dirección correcta, ni en su implementación efectiva.

ANUNCIO
banner_formacion_2019_web_336x280.png

 

Una innovación disruptiva tiene la posibilidad de ser muy poderosa y suele aparecer fuera del campo de acción en donde se esperaría que ocurriera, pero, por lo general, sucede porque la mirada se hace desde otras perspectivas y son otros los referentes desde donde se construye. Se trata de un planteamiento eminentemente teórico con una carga operacional muy poderosa, de tipo transformador radical, con efectos muy consistentes y efectivos.

 

+Lea: Experiencia disruptiva

 

Una aproximación inicial a su definición podría ser algo así como: una innovación disruptiva es un proceso transformador de tipo radical, sinérgico, que surge desde un planteamiento marginal a situaciones o fenómenos comúnmente aceptados, en donde la aplicación de componentes altamente científicos y tecnológicos, hace de ese proceso un factor transformador muy eficiente, económico y altamente significativo. Se trata de un nuevo paradigma.

 

Los análisis de las situaciones y efectos que ha dejado el sistema educativo en su desarrollo, y sobre todo en su desgaste, han llevado a pensar que es preciso darle un nuevo sentido, pero ya no a lo educativo como tal (y mucho menos a la pedagogía escolarizante), sino a lo “formativo”, concebido como un nuevo espacio del quehacer humano. Se trata de saber que aunque es cierto que la finalidad última de este tipo de procesos es la autonomía, como antesala de la libertad humana y categoría axiológica, ésta tiene sentido desde la precisión de nuevos contextos, pues llegar a ella tras la conquista del yo mismo, de todo el potencial personal, en función de ser cada vez más humano, con todo lo que ello implica, requiere de la identificación de una categoría formativa muy importante: la personalización. Dicha condición es la que da sentido a la ID como nuevo fundamento de la educación de futuro.

 

Desde el modelo tradicional de aula escolarizante, de currículo fragmentado y de profesor de materia, nunca podremos llegar siquiera a pensar en la personalización; hacerlo desde lo tradicional es imposible e insostenible en todo sentido. El modelo de aula escolarizante es obsoleto, y hacer más aulas para encerrar más chicos no solo es un gran error histórico y de crecimiento, sino la prueba de una miopía política imperdonable.

 

Ahora bien, si nos apropiamos adecuadamente de los avances en ciencia y tecnología como plataformas, y no solo como herramientas o artículos de consumo, sí será posible llegar a la personalización de maneras inconcebibles desde el modelo de aula del sistema educativo vigente. Así, no solo la ID se refiere al uso de la informática, ésta se extiende a la ciencia y a la tecnología en su conjunto. Son muchos los ejemplos del sector productivo en donde, ya sea en virtud de la ciencia o de la tecnología, las transformaciones paradigmáticas y las ID han cambiado la vida de las personas: el paso de lo analógico a lo digital, la nanotecnología, los dispositivos de datos y de música, la rueda, el vapor y en fin.

 

Si la mirada de lo educativo sigue siendo, aún desde lo político, la de entender al sector como un simple servicio público básico y no como una verdadera empresa nacional o regional, la degradación del sistema educativo actual seguirá imparable, y no podrá salirse de las leyes y normas caducas y de los modelos administrativos decadentes e ineficientes. Hoy ya el conocimiento es ubicuo, los datos y las informaciones para convertirle en nuevos conocimientos y saberes, también están disponibles para todo el mundo. Los avances en materia de gamificación, de realidad aumentada y de mil aplicaciones más, ya están a nuestro alcance; lo que no hemos desarrollado son las habilidades y competencias para generar una cultura científica, y altamente tecnológica, a partir de todo ello. El modelo escolarizante tradicional de aula se encargó de que no hubiese esa posibilidad. Los trabajos colombianos que sean significativos en el mundo de la ciencia son marginales , y en tecnología sucede algo semejante.

 

Tenemos la esperanza de que la educación de futuro atraviese por un proceso similar al de la industria respecto de la innovación disruptiva, pues, aunque vista ahora como formación, llegará a lo general, pues su aparición siempre ocurre en sectores marginales e invisibles para todos, solo algunos la verán; sus beneficios son solo para unos pocos, quienes usan la innovación disruptiva muy discretamente, bajo un manto de “miedo” y temor institucional, muchas veces también personal, pues sus fundamentos, sus presupuestos, sus conceptos y operaciones superan a los tradicionales y obviamente no serán fácilmente aceptados. Cuando una ID aparece, beneficia a los que generalmente son vistos como desertores, extraedad, marginados o vulnerables, en fin, a quienes son disminuidos por el sistema.

 

Muchos de los presupuestos del modelo tradicional de aula son absurdos, como pretender que hoy todos los niños y jóvenes aprendan lo mismo y al mismo tiempo y ritmo (períodos académicos), en cursos dictados por profesores, en los mismos textos escolares, con un currículo único y que la evaluación sea homogénea, etc. En la actualidad solo las innovaciones disruptivas permitirían hacer algo verdaderamente importante en educación, desde su influencia en los procesos formativos, pues darían como resultado la autonomía por medio del logro de la personalización radical.

 

Al tiempo, son los avances en las innovaciones disruptivas en ciencia, y especialmente en tecnología (consideradas no como herramientas, sino como plataformas), los que permitirán, no solo llegar a la raíz de los estilos cognitivos y su caracterización, sino a su manejo tecnológico hasta niveles aún inconcebibles, mucho más económicos que el viejo y pesado modelo escolarizante de aula. El avance en neurociencias y en tecnología, como dos de los fundamentos de la educación de futuro, será la salida más significativa hacia la personalización radical o, lo que es lo mismo, hacia la posibilidad de la autonomía.

Ya la “nube” y lo demás son capaces de contenerlo todo. Allí está casi todo y es fácil obtenerlo, pues los dispositivos, portales y aplicaciones también abundan. Ahora es preciso crear las condiciones internas que se correspondan con las funciones cognitivas y las operaciones mentales, desarrollar las habilidades de interacción y las competencias para la convivencia y la productividad. Es necesario vivir los nuevos y viejos valores.

 

Una somera exploración de todas las ofertas electrónicas y de programas online de este momento, abre el abanico a nuevas metodologías e incluso a didácticas, abiertas, extendidas, diversas, pertinentes y muy creativas, para, junto a ellas, llegar al conocimiento Tipo 2, para la generación 3.0. También a estructuras físicas muy diferentes del paisaje desgastado de las aulas, como las planteadas por Rosan Bosh y otros, como Salmona en Colombia, en donde espacios y colores sugieren formas muy diferentes para las dinámicas organizativas de los estudiantes.

 

Muchos son los críticos de estos movimientos y propuestas, pero bueno, la tierra es redonda, el Ipod funciona, y las imágenes holísticas son una realidad, la gamificación existe, la realidad aumentada es interesante y Oculos Rift es ya una vía de manejo de dimensiones virtuales prometedoras. No debe aceptarse que se considere a todos los niños como entes iguales, no podemos estar de acuerdo con que una persona los eduque a todos de la misma forma, al mismo ritmo, al mismo tiempo y con los mismos contenidos curricularizantes en un salón de clase. Es preciso que las neurociencias iluminen y acaben con esos mitos, y que se sepan, impulsen y desarrollen profesionalmente, no solo los valores, sino los estilos cognitivos, los afectos, los datos y las informaciones, para convertirlos en conocimientos y éstos en saberes y cosas útiles.

 

No podemos seguir empobreciéndonos ni excluyéndonos, mucho menos podemos permitirnos dejar atrás el presente y el futuro solo por sostener tercamente un sistema que ya no funciona, cuando el mundo y la dinámica de futuro nos ponen en bandeja de oro la oportunidad de transformarnos por medio de la personalización radical y las innovaciones disruptivas.

 

Referencias 

Coyle, D. (2009). Las claves del talento. Bogotá: Planeta.

Feuestein, Reuven. (2006). Modificabildad estructural cognitiva. Creating and enhancing cognitive modifiability: The Feuerstein Instrumental Enrichment program. Jerusalem: ICELP Press.

Pilonieta, G. (2010). Modificabilidad estructural cognitiva y educación. Bogotá: Cooperativa Editorial Magisterio.

Punset, Eduardo. (2011). Redes para la ciencia 102. Obtenido desde https://www.youtube.com/watch?v=oFRM0jxnC34

Reimers, F. (2002). Distintas escuelas, diferentes oportunidades. Madrid: Muralla.