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La investigación educativa como una decisión, aprendizaje y contribución a la educación a pesar de las dificultades

Magisterio
20/12/2019 - 11:30
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Foto de Pixabay

Parece ser que tantas visiones acerca de la pedagogía han ensortijado tanto el concepto, que ninguna de ellas ha logrado atinar en la respuesta que apunte a una solución definitiva de cada una de las dificultades con las que nos encontramos los maestros a la hora de enfrentarnos como actores en el acto pedagógico. 

Pero qué es un acto pedagógico? Pues yo diría que no es más que la consolidación de un compromiso con la vida y con la historia de la humanidad, porque lo hagamos o dejemos de hacer; lo que digamos o dejemos de decir; lo que cambiemos o dejemos de cambiar, lo que seamos o dejemos de ser, lo que transmitamos o dejemos de transmitir, lo que aprendamos o dejemos de aprender, todo lo que seamos o no seamos, lo que vivamos o no vivamos, irradiará en adelante la vida de cada uno de los actores. 

¿Sabe el maestro quiénes son sus estudiantes, qué quieren aprender, qué necesitan aprender, cuáles son sus expectativas de vida, para qué vienen a la escuela, por qué se quedan o se van de la escuela? 

El rol del maestro implica, entonces, una gran responsabilidad que de ninguna manera podrá eludir una vez asuma su compromiso como cohabitante del espacio escolar. Por lo tanto, deberá inminentemente sentirse comprometido consigo mismo y con la sociedad a prepararse de manera concienzuda para enfrentarse a tan conmensurable reto. No obstante deberá ser consciente que tal compromiso conlleva a la posesión de un serio conocimiento de sí mismo, de su entorno humano y social y ante todo, de quienes en última serán los receptores de su accionar como maestro; los estudiantes. 

He aquí el reto fundamental; ¿Hasta dónde el maestro conoce el contexto, el entorno que hizo y hace posible a sus estudiantes? Sin su conocimiento no será posible para el maestro cumplir con su rol de acompañamiento pedagógico, ya que el entorno social, es el determinador de cada de los componentes del ser, de cada uno de sus estudiantes. 

¿Quién podrá ampliar los horizontes de la educación? Seguramente no habrá quien lo haga mejor que nosotros, por ello es nuestra responsabilidad y nuestro reto seguir construyendo y aportando. 

¿Sabe el maestro quiénes son sus estudiantes, qué quieren aprender, qué necesitan aprender, cuáles son sus expectativas de vida, para qué vienen a la escuela, por qué se quedan o se van de la escuela? 

Si yo no conozco a mis estudiantes, no podré saber que quieren de mí y mucho menos me van a ver como un referente para sus vidas y si dejo de serlo, dejo entonces de ser su maestro, no van a creer en mí.  

Yo seré creíble para mis estudiantes cuando mis acciones como maestro sean creíbles para ellos y cuando ellos sean a su vez creíbles para mí.  Deberá entonces crearse una correspondencia mutua capaz de cruzar los límites de lo cotidiano hacía una dimensión afectiva, ineludible desde el punto de vista de lo puramente humano. 

Algunos maestros un poco osados han incursionado en la investigación tratando de hallar posibles caminos que conduzcan al establecimiento de una verdad que, entre otras cosas, nos permitan acceder al misterio que encarna el ser, entendido como lo particular de cada individuo sujeto de la educación. No obstante es de anotar que cada uno de los caminos han conducido a una verdad tan diferente que se torna imposible dilucidar una única verdad capaz de satisfacer nuestras expectativas como pedagogos y cada vez nos asisten innumerables interrogantes que lo único que logra es oscurecer cada vez más nuestro panorama escolar. Parece entonces que la verdad sigue estando al final del camino y para alcanzarla habrá que seguir caminando en pos de ella. 

En este camino es necesario reflexionar acerca de la investigación en el aula, si nosotros los docentes no sistematizamos nuestra experiencia, sino hacemos audible el día a día que se carga de emociones, de tristezas, de alegrías, pero sobre todo de esperanza, ¿Quién podrá ampliar los horizontes de la educación? Seguramente no habrá quien lo haga mejor que nosotros, por ello es nuestra responsabilidad y nuestro reto seguir construyendo y aportando. 

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La secretaría de Educación de Medellín ha sentado un precedente importante en materia de investigación educativa, que hay que agradecer porque al participar de estos procesos hemos podido vislumbrar esos grandes retos que tenemos en nuestro quehacer educativo; todavía hay mucho por aprender, descubrir y aportar en favor de nuestras comunidades educativas, la educación y la sociedad. 

Un factor importante de la investigación educativa es mantener el deseo, las ganas y expectativas motivantes para animar a nuestros estudiantes y compañeros de labores para que también incursionen en él; además se necesita que se dispongan los espacios, tiempos, recursos y políticas institucionales para que se regule, se apoye el proceso y se den a conocer los resultados y teniéndolos presentes para incorporarlos al PEI con el propósito de mejorar en lo que se requiera. Esta es una forma de mantener animado a quien se ha arriesgado con agrado y dinamismo a participar en los procesos de investigación. 

Es necesario reconocer y tener presente que la inversión que se hace en este campo no se pierde, sino que se retribuye en beneficio de la educación y a su vez de quienes hacen parte de ella; aunque la inversión nacional en materia investigativa se reducen; la invitación a los maestros es a aumentar su interés y participación en las redes, grupos de estudio y capacitaciones que ayuden a seguir adelante como investigadores de nuestro quehacer pedagógico. 

Medellín, febrero 8 de 2018  

Luis Norberto Gallego, Shirley Paola Garcés y Doris Berdugo. 

I.E Manuel José Gómez Serna. 

Barrio Castilla. 

Foto de Pixabay