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La lecto-escritura como goce literario

Magisterio
25/10/2016 - 16:00
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Ilustración de Ron Mader. Tomada de Flickr

El problema al que debe enfrentarse todo educador y padre de familia con respecto a la lectura es ¿Qué temas les propongo leer a un niño o a un adolescente? Esta pregunta y preocupación mantiene su vigencia desde los primeros años de la vida hasta finalizada la adolescencia.

 

Conozca el libro Animando a leer

 

Leer es un proceso comunicativo, pues toda lectura implica una nueva escritura, es decir, una propuesta al texto leído que se convierte en otro texto posible de una nueva lectura.

Conozca la revista: La lectura y la escritura: un diálogo transdisciplinar

 

La lectura y la producción escrita, son complejos procesos de construcción de sentido, que exigen la coordinación de diversas acciones, informaciones, índices o niveles textuales, es una compleja actividad cognitiva, donde además intervienen también, la afectividad y las relaciones sociales y culturales del sujeto (alumno). Por ello los textos o libros deben estar al alcance de los niños y adolescentes; cada texto debe recoger intereses, necesidades, expectativas, es decir, despertar goce estético, de acuerdo con su edad y nivel cultural.

 

Se debe dar un buen tratamiento a la lectura en la escuela para no correr el riesgo de asustar a los niños y adolescentes. Un buen curso de literatura, solo consiste en una buena selección de textos y lecturas.

 

Para propiciar encuentros vitales en la vida escolar, entre lectores y textos, es primordial la preocupación tanto por la variedad como por la calidad de textos que circulan en las escuelas y colegios. Una buena selección de textos, lleva al estudiante a una buena lectura y ésta lo devuelve al lenguaje, y el lenguaje no es por supuesto apenas un nuevo medio, un instrumento más de comunicación. El lenguaje es una riqueza específicamente humana. El lenguaje hace hombres, porque tienen memoria y se manifiestan a través del lenguaje.

+ Lea los artículos: Tecnologías cognitivas: lectura y escritura y Técnicas para animar la lectura: visualizando la imaginación

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No se debe propiciar en los estudiantes el empobrecimiento literario en la medida en que se deteriora la lengua, por el contrario hay que lograr una verdadera afición, goce literario y enriquecer el léxico en la medida en que se explora el gusto por la lectura.

 

Leer es volar, recorrer mundos desconocidos, es abrirle las puertas a la imaginación y a la creatividad. Pero este mensaje no le llega a todos, por ello es oportuno y además necesario, citar las palabras del gran crítico español Guillermo Díaz Plaja acerca de este tema:

 

Leer es a la vez, una obligación y una devoción. Su ejercicio es intercambiable, y sólo depende de la voluntad, hallar el tiempo y los retazos de tiempo, para realizar esta tarea. Pero es necesario que ésto se haga placenteramente. Leer es la más bella de las diversiones; también la más solícitamente dispuesta para el ánimo: la que menos necesita de tiempo y sazón. Los que no leen,  digámoslo con claridad, es porque no les da la gana: no tener tiempo no es un pretexto válido cuando de veras se quiere leer.

 

Hasta aquí ha sido sujeto el alumno, y ¿cómo despertar el goce literario en los maestros?

 

Así lo afirma la educadora e investigadora Gloria Rincón B.

 

En el caso de la lectura y producción de textos escritos, por ejemplo, la capacitación, del maestro como productor-usuario de textos escritos no parece un aspecto fundamental. Las estrategias van dirigidas a que los niños, no los maestros, lean y escriban más y mejor. Además de capacitar los maestros hay que formarlos como lectores y productores de textos, introducir modificaciones en el currículo, y en la organización escolar, así como influir en las imágenes que la opinión pública tiene sobre cómo se aprende a leer y escribir.

 

Transformar esta situación es urgente y sólo es posible si el maestro se asume como sujeto lector y productor de textos, si enfrenta esta práctica como parte fundamental de su formación profesional y vivencia escolar, si aprovecha todos los momentos de su trabajo para leer y escribir con sus alumnos, para discutir con éstos sus escritos, para auto-corregirse delante de ellos, si aprende a vivenciar la producción de textos como proceso, si cada vez logra mayor conciencia y dominio de los procedimientos que se llevan a cabo cuando se escribe, y resuelve dentro del texto estos cinco interrogantes sin ser riguroso en su orden: ¿Qué?, ¿Cómo?, ¿Dónde?, ¿Cuándo?, ¿Por qué?

 

Integrar la lectura y la producción escrita al trabajo de ser maestro es el único camino para resolver esta carencia y poder influenciar su dominio en los estudiantes.

 

Solo si los maestros se convierten en sujetos dinámicos como lectores y productores de textos, si hacen que estas prácticas sean fundamentales y forman parte de su cotidianidad y formación profesional, si su vida escolar es un bello espacio para leer y escribir con sus alumnos, para discutir con éstos las interpretaciones y versiones de lo escrito, si como maestros, orientadores, respetan los intereses, necesidades y expectativas de los alumnos en sus lecturas, sólo así es posible lograr generar una cultura letrada en la escuela.

 

Además de impulsar una cultura letrada en la escuela, a la lectoescritura hay que desescolarizarla para lograr que tanto el maestro como el estudiante goce leyendo y escribiendo en cualquier espacio cotidiano. Porque a una página en blanco se le da vida cuando se escribe con talento.

 

El acto de LEER, implica siempre percepción crítica, interpretación y reescritura de lo leído.

 

Finalmente, estas reflexiones tienen relación con esta bella afirmación de J. B. Dumas:

 

Si todos supieran leer y tomarle gusto a la lectura, cada casa llegaría a ser escuela y cada biblioteca una facultad.

 

 

Referencia:

 

RINCÓN, Gloria. Los maestros, los niños y la lectura. Conferencia Neiva. 1994.

 

Tomado del libro: La lectoescritura como goce literario. Autor: Alcides Parra Rojas. pp.:13-17

 

Ilustración de Ron Mader. Tomada de Flickr