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La ley y el sistema de formación docente en Colombia

Por Humberto Quiceno
Magisterio
30/01/2018 - 11:15
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Foto de pressfoto. Tomado de Freepik

El presente artículo analiza tres dispositivos normativos que permiten desarrollar una idea de formación en la vida pública, sus efectos son útiles para el gobierno de la educación desde el Estado, pero no para la formación entendida como proceso y práctica interior. Es justamente el hecho de olvidar el sentido de la formación como experiencia vital y personal, el que explica la pobreza y falta de profundidad que desde el Estado se da a la formación de maestros.

Palabras clave: Formación, sistema de formación, ley, gobierno de la formación.

La tesis

Este corto trabajo busca revisar, a partir de tres documentos (Constitución de 1991, Ley 115 de 1994 y Ley de Ciencia y tecnología), la forma en que el Estado propone la formación de docentes desde 1991. Al respecto, son tres los fundamentos legales que determinan la formación: la ley educativa, el sistema educativo y el sistema administrativo de formación de docentes. La ley educativa no solo es jurídica, sino normativa y social, mientras que el sistema educativo, es también un sistema de gobierno sobre la población y el individuo, y el sistema administrativo ejerce su poder sobre las cosas, las redes y la información.

Los tres sistemas piensan el adiestramiento como una formación de la vida pública, en el espacio de lo público, dejando por fuera la formación de la vida propia, de la vida de cada uno, de la vida personal. La formación es entendida como un proceso para formar al ser humano para que habite y se realice en el exterior, y nunca se pregunta por la formación de la vida interior. Así, la tesis central es que la formación es un asunto, tema y objeto que pertenece a la vida, no a la vida pública y biológica, sino a la vida personal del individuo, el mundo propio de cada uno.

La formación responde a dos preguntas particulares: ¿Por quién se ha formado mi vida y cómo lo ha hecho?, y ¿Qué puedo hacer por mi vida personal, qué esperar de mi vida personal? Desde el sentido formativo es muy importante saber quiénes fueron nuestros maestros de formación y cómo es posible ser maestro de otro. Formar es saberse formado para poder formar al otro; la formación se produce entre yoes, entre personas, entre subjetividades, yo formo un yo que no soy yo y espero que no sea yo, lo formaré de tal forma que nunca sea como yo y pueda no ser como yo. El fin de la formación es la diferencia entre yoes.

Las paradojas de formación del adiestramiento de docentes en Colombia se desprenden del siguiente argumento lógico: alguien formado es quien debe formar al no formado; no puede darse el hecho de que alguien no formado, forme al no formado. Si está formado lo más normal es que diga cómo se dio este proceso y de esta forma formar al no formado. La formación es poder decir cómo se ha sido formado, si no ha sido así no puede decirse, si lo dice entra en una paradoja. La paradoja contiene una realidad, realmente hemos sido formados por otro, por nosotros mismos y, sin embargo, no lo podemos decir porque el concepto de formación no incluye la vida propia, sino que está ligado a lo dicho por el Estado: la formación es “la formación del otro”, que no soy yo, lo cual revela que la formación del yo ha sido excluida, la voz de la formación ha sido negada y, en su sentido más general, se desconoce la vida.

+Lea: Saber pedagógico, práctica pedagógica y formación docente

La educación como ley del reino

En la sociedad colonial granadina, cuyo poder se extendió hasta el cambio de la ley de soberanía, no existió la palabra formación, no podía existir porque en la ley del rey solo cabía la obediencia al rey. No había formación, en su lugar se dio la idea de instruir la cabeza, “Dar” conocimientos elementales en la escuela y básicos en los seminarios y colegios; instruir era pasar el conocimiento de lo alto a lo bajo. Esta instrucción se daba empleando la fuerza de diversos modos y maneras, por parte de la Corona, del rey, de la monarquía, de su cultura y de su estilo para educar.

La fuerza hacía presencia a partir de tres aparatos: el derecho, la administración y el gobierno. La ley del rey era una síntesis de los tres, representaba al Estado, personificado por el Rey, el Estado era el Rey, por eso se le llama soberano; la soberanía era total, completa y absoluta; y cualquier autoridad representaba al rey y a su ley. El maestro, el educador, el padre de familia, el cura y la monja representaban al rey y su ley; educar era representar el poder de uno solo, del rey; tanto la vida personal como la privada estaban excluidas, no podían ser públicas, por lo que no se hablaba de formar la vida, de respetar la vida.

Instrucción, educación y formación

La República, la Independencia, la separación de la Colonia, significaron cambios en todos los niveles de la naturaleza de la educación. El punto de partida fue transformar el poder de la fuerza de un solo hombre, de un único poder, del soberano, por fuerzas múltiples con diversos puntos de origen que emergieran de la naturaleza, del hombre y su razón, del pueblo, de las instituciones y de la cultura. El liberalismo es la creación de esta forma de gobierno y fueron los liberales radicales quienes desarrollaron este gobierno; gobernar la república era permitir el concurso amplio y diverso de estas fuerzas.

La ley cambia su sentido legal en el siglo XIX, no se admitía que representara un único poder, convirtiéndose así en algo público, en objeto de la lucha de distintos poderes de la sociedad. Además este cambio de sentido de la ley jurídica implicó la creación de valores morales, disposiciones legales y discursos de regulación social. Se crearon normas e instituciones de corrección y control que permitieran el funcionamiento de las leyes generales, proceso que se conoció con el nombre de disciplina.

Con este nuevo sentido legal fue posible separar educación e instrucción. La educación encontró sus dos polos de dirección en la razón y en la naturaleza; una educación razonable y natural buscaba llevar al sujeto hacia estas nuevas instituciones que representaran al poder público. La instrucción se lograba por medio de la escuela y la escolarización, la educación se daba por medio de métodos razonables y naturales. Por fuera de la escuela, el padre de familia educaba, lo mismo que el cura y el médico.

El maestro educaba al niño desde la escuela y su dispositivo disciplinario, representado por el manual, el reglamento y la disciplina corporal; desde el exterior el Estado educaba por medio de su forma pública y su función pública. El modo de establecer la diferencia entre educación pública y privada era separando la educación como poder público e institucional y la instrucción como poder personal, individual, subjetivo. El padre de familia y el maestro debían hacer sentir la fuerza de la naturaleza y de la razón (afectos, controles, disciplina, deseo y amor), la escuela debía hacer sentir la fuerza de la institución pública.

Durante el gobierno del liberalismo y del liberalismo radical (1850-1886) se mantuvo la diferencia entre educación pública y privada, la pública se expresaba en leyes, era la del ciudadano, de las instituciones del Estado, la privada, era de los particulares, la ley tenía su límite frente a ella, y era controlada por empresas, corporaciones y por la Iglesia. La educación personal, aquella que uno se daba o que a uno le daban, subjetiva, interior, espiritual, era reconocida como privada e impartida por la iglesia católica como educación confesional, ocurría dentro de la iglesia católica, pero no en del sujeto. La formación de la propia vida no existía, vivir era servir al Estado o a la Iglesia.

+Lea: La formación de profesores en Colombia. Una aproximación histórica

La ley y los sistemas educativo y administrativo

Entre la educación pública y su diferencia con la instrucción pública, se creó el sistema educativo. En la primera mitad del siglo XX aparece como una forma de dar cuenta de la educación pública y de apoyo a la ley, reemplazando al individuo, que queda por fuera del circuito ley y conciencia. El sistema complementa y ayuda a aceptar la ley, representando al ciudadano; al reemplazar la conciencia individual, se une directamente con la ley, permitiendo una nueva relación entre ley, sistema y realidad. La ley es pública, porque es para toda la nación, el sistema cubre toda la realidad, tanto de la ley como de la realidad virtual, que es posible de la mano del sistema.

Así, la ley no es buena o mala para el ser humano, no le hace avanzar o retroceder; tampoco lo es para la sociedad, porque la sociedad es el mismo sistema. El sistema no es bueno o malo porque siempre se está construyendo, sea como fundamentación o como ejecución. Es el sistema con su información el que mantiene contacto con el pueblo y el ciudadano, está (eso dice) para favorecer al pueblo, para darle seguridad al ciudadano y para capacitar y formar la masa, que es la suma de individuos.

La organización de la educación y la instrucción en Colombia se hizo por medio de la ley orgánica, del sistema educativo y, más tarde, con el sistema administrativo, que aparece con la Constitución de 1991. Para este momento el sistema educativo ya no implica dar leyes, sino integrar regiones, territorios y poblaciones entre el Estado central, el periférico y las fronteras, como lo hacía la ley, solo que ahora se crean múltiples aparatos intermedios entre la ley general y la población, y entre la población y la nervadura del Estado.

El sistema educativo organiza la educación y la instrucción pública sin necesidad de ley, lo hace como aparato o redes de aparatos unidos entre sí. Cuando aparece el sistema administrativo la estrategia no es organizar la ley ni el sistema educativo, sino la información y el conocimiento, producido en la población, en las regiones y en las comunidades, entre ellas los docentes. La Ley general de educación de 1994, se da como una mezcla entre ley, sistema educativo y sistema administrativo, combinación dominada por el sistema administrativo, no porque administrar la educación sea lo más importante, sino por el tipo de conocimiento que usa para organizar la educación, el cual parte de las ciencias de la información, entre ellas, las tecnologías y la evaluación.

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La formación del hombre y del docente

En Colombia la formación del ser humano y del docente se ha propuesto como un camino, una ruta impuesta por el Estado, cuyo sentido se dirige hacia un fin o meta que hacemos en línea recta y se da al otro o hacia las cosas; se identifica con el desarrollo, avance, continuidad y progreso. Es el nuestro exterior el que se forma y se ha formado con la ley y con los sistemas educativo y administrativo. Es necesario pensar que la formación no implica nada de eso, no puede ser estatal, sino del gobierno de cada uno consigo mismo. No es una la línea recta, sino curva, no es desarrollo y progreso, sino lentitud, y quietud.

Un ejemplo de cómo entender la formación para la vida personal se presenta en El amor en los tiempos del cólera, que sitúa su acción a comienzos de 1870, en pleno liberalismo radical, y termina hacia 1930, cuando vuelve el liberalismo. Durante esos sesenta años, el liberalismo no habló y no pensó al ser humano como agente que se educa así mismo en la lucha contra la casa, la escuela, la ciudad, el trabajo y el amor oficial del matrimonio. Contrario a ello, Florentino lucha, se forma, lleva a cabo una verdadera formación. El libro muestra el olvido, la ausencia de formación en Colombia y en el ciudadano colombiano.

García Márquez construye la historia de ese olvido y plantea una forma de remediarlo. Florentino no olvida su formación y se forma solo y en secreto. La formación se completa y se significa, se revela de verdad cuando el hombre formado escribe y muestra cómo aprendió a escribir. Aprender a escribir es saberse formado. La ley, el sistema educativo y el sistema administrativo olvidaron lo dicho por García Márquez sobre la formación y la escritura, piensan que la formación del maestro se trata de tener capacidades, destrezas, competencias y habilidades para trabajar, laborar, educar al otro y no a sí mismos. El gran error del Estado en la organización de la educación de un país como Colombia, es olvidar la formación de la vida personal, olvidar la vida como objeto de la formación.

+Conozca el libro Formación, experiencia y saber

Referencias

Agamben, G. (1998). Homo sacer. El poder soberano y la nuda vida. Valencia: Pretextos.

Calvo, G. (2004). La formación de docentes en Colombia. Estudio diagnóstico. Bogotá: Unesco/UPN.

Flores, I. (2003). ¿Cómo estamos formando los maestros en América Latina? Santiago: Unesco.

García M., G (1985). El amor en los tiempos del cólera. Bogotá: Oveja negra.

Jaramillo, J. (1990). El pensamiento colombiano del siglo XIX. Bogotá: Planeta.

Martínez, A. (2004). De la escuela expansiva a la escuela competitiva. Barcelona: Anthropos.

MEN. (1998). Hacia la construcción de un sistema de formación de docentesSerie documentos especiales. Bogotá: MEN.

MEN. (1994). Ley General sobre la educación en Colombia, Ley 115, Febrero 8 de 1994. Bogotá: MEN.

MEN. (2004). Sistema colombiano de formación de educadores y lineamientos de política. Bogotá: MEN.

Quiceno, H. (2015). La nación imaginada. Cali: Universidad del Valle.

Saldarriaga, O. (2003). El oficio del maestro. Bogotá: Magisterio/GHPP.

El autor

Humberto Quiceno Castrillón. Profesor del Instituto de Educación y Pedagogía de la Universidad del Valle. Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Barcelona. Miembro fundador del Grupo de Historia de la Práctica Pedagógica.

https://www.magisterio.com.co/revista/desarrollo-profesional-docenteTomado de Revista Internacional Magisterio No. 78

Foto de pressfoto.  Tomado de  Freepik

 

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