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La mediación como herramienta de utilidad para la escuela y la familia

Por José Luis Perejo y José María Pinto - Coordinadores
Magisterio
26/11/2018 - 17:00
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Foto de pressmaster. Tomada de Adobe Stock

Según la Real Academia Española (2001), el término mediación responde a «la acción y efecto de interponerse entre dos o más que riñen o contienden, procurando reconciliarlos y unirlos en amistad». El concepto de mediación encierra numerosas acepciones que engloban habitualmente una serie de elementos comunes, esto es, la existencia de un tercero, la presunción de buena voluntad del tercero interviniente y la búsqueda de pacificación de la situación de conflicto existente. Se expone a continuación la propuesta de definición de Martínez Zampa (2009) que responde a los elementos esenciales de la disciplina:

[...] en la mediación propiamente dicha el mediador desde un lugar neutral posee poder y control sobre el procedimiento, es responsable de la creación del espacio que pueda ser facilitador para que las partes logren poner en palabras el conflicto y evaluar si podrán transitar juntas el camino hacia la búsqueda del consenso (p. 39).

Los orígenes de la mediación se remontan a la antigua China, concretamente a la época del filósofo Confucio.

Para él la resolución óptima de un conflicto se lograba a través de la persuasión moral y el acuerdo y no bajo la coacción. En la actual República Popular China se sigue concediendo gran importancia a la autodeterminación y la mediación en la resolución de todo tipo de desavenencias (Folberg y Taylor, 1996, p. 21).

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Asimismo, en Japón existe gran arraigo en el empleo de la mediación y la conciliación, tanto es así que «se dice que hay más personas dedicadas al arreglo floral en Japón que abogados» (Vroom, Fossett y Wakefield, 1981, citado en Folberg y Taylor, 1996, p. 21).

En algunos lugares de África se forman asambleas que son convocadas por cualquier contendiente o vecino y en donde una persona respetada y valorada por la comunidad actúa de mediador ayudando a resolver las disputas o conflictos (Folberg y Taylor, 1996, p. 22). En Estados Unidos, los inmigrantes chinos crearon su espacio de mediación para resolver conflictos entre los miembros de su comunidad y, por su parte, la comunidad judía norteamericana recurría a un foro propio de mediación. Existe, además, el antecedente de los primeros cuáqueros en Estados Unidos, quienes empleaban la mediación y el arbitraje para resolver conflictos comerciales y maritales (Cendán Fernández-Peinado y Vales-Villamarín Merino, 2005).

La mediación es un proceso flexible en el cual dos o más personas inmersas en un conflicto puntual complejo, no relacional, en los términos en los que su cultura entienda el concepto de la relación que les vincula, solicitan la presencia de uno o más mediadores profesionalmente formados, para que trabajando con las partes con equidistancia funcional y sin directiva alguna de orden jerárquico institucional o profesional, procuren que las partes se apropien activamente del conflicto y alcancen el objetivo de tomar alguna decisión informada con relación al mismo (Bustelo, 2007, p. 135).

Acercándonos a experiencias en épocas más cercanas, en el siglo pasado, a mediados de la década de 1970 en Estados Unidos, se estableció una nueva institución encaminada a la resolución alternativa de conflictos. Su crecimiento fue rapidísimo a causa de los buenos resultados que proporcionaba por lo que, posteriormente, se incorporó al sistema legal, y en algunos estados, como California, se le instruyó como instancia obligatoria, previa al juicio (Suares, 1996, p. 47).

Esta tendencia a la búsqueda de sistemas alternativos y complementarios de gestión de conflictos se extiende a nivel global. En concreto en España está encontrando un fuerte impulso legislativo e institucional en los últimos tiempos, respaldo que enmarca la labor que durante décadas vienen abordando entidades establecidas y mediadores de prestigio. Las diferentes escuelas y modelos de mediación nos dan una visión del proceso de mediación que complementa la información necesaria sobre esta disciplina. Sin ánimo de mencionar todas las escuelas o modelos de mediación, se exponen algunas definiciones que pueden resultar esclarecedoras:

En mediación los participantes, junto con la asistencia de una persona o personas neutrales, aíslan sistemáticamente los problemas en disputa con el objeto de encontrar opciones, considerar alternativas, y llegar a un acuerdo mutuo que se ajuste a sus necesidades (Folberg y Taylor, 1996, p. 27).

Medio positivo de resolver las disputas y de gestionar el conflicto. En ella, el mediador se coloca en una posición centrada y equilibrada entre los participantes desde la cual puede ayudarles a encauzar y conjugar sus energías para idear soluciones (Parkinson, 2005, p. 22).

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Proceso en virtud del cual un tercero, el mediador, ayuda a los participantes en una situación conflictiva a su resolución, que se expresa en un acuerdo consistente en una solución mutuamente aceptable y estructurada de manera que permita, de ser necesario, la continuidad de las relaciones entre las personas involucradas en el conflicto (Haynes, 1993, p. 11).

La mediación es un proceso flexible en el cual dos o más personas inmersas en un conflicto puntual complejo, no relacional, en los términos en los que su cultura entienda el concepto de la relación que les vincula, solicitan la presencia de uno o más mediadores profesionalmente formados, para que trabajando con las partes con equidistancia funcional y sin directiva alguna de orden jerárquico institucional o profesional, procuren que las partes se apropien activamente del conflicto y alcancen el objetivo de tomar alguna decisión informada con relación al mismo (Bustelo, 2007, p. 135).

Igualmente para entender el concepto de mediación y la esencia del mediador es necesario atender a los pilares o principios sobre los que descansa, señalando de forma concreta los siguientes: la confidencialidad, la voluntariedad, la imparcialidad del mediador, la legitimación de las personas y la confianza en el proceso. El mediador además de su profesión de origen debe poseer siempre una formación específica en gestión de conflictos, si bien dicha formación de origen se encuentra limitada a algunas titulaciones en determinadas comunidades autónomas con relación al ámbito de la mediación familiar. La calidad de dicha formación y la propia profesionalidad del mediador permiten la creación de un espacio en el que retomar el diálogo o mejorar una comunicación deficitaria desde un prisma diferente, incrementando igualmente las posibilidades de acuerdos en los que no tiene cabida la sensación de pérdida.

Referencias

Bustelo, D. J. (2009). La mediación. Claves para su comprensión y práctica (1.ª ed.). Madrid: Tritoma. Casado, B. (2010). Manual de coaching (1.ª ed.). Humanes de Madrid: Editorial Cep. Cendán Fernández-Peinado, I. y Vales-Villamarín Merino, M. (2005). Descubriendo la mediación familiar. La familia continúa. Madrid: Fundación Acción Familiar. Folberg, J. y Taylor, A. (1996). Mediación. Resolución de conflictos sin litigio (1.ª ed.). México: Limusa. García Villaluenga, L. y Cartujo Bolaños, I. (2010). La familia dialoga y llega a acuerdos: la mediación familiar. Madrid: Consejería de Familia y Asuntos Sociales. Garreta, J. (2007). La relación familia-escuela (1.ª ed.). Lleida: Edicions de la Universitat de Lleida. Haynes, J. M. (1993). Fundamentos de la mediación familiar (2.ª ed.). Móstoles: Gaia. Martínez Zampa, D. F. (2009). ¿De qué hablamos cuando hablamos de mediación educativa?. Revista de Mediación, año 2(3), 38-44. Parkinson, L. (2005). Mediación familiar, teoría y práctica: principios y estrategias operativas. Barcelona: Gedisa. Ravier, L. (2005). Arte y ciencia del coaching. Su historia, filosofía y esencia (1.ª ed.). Buenos Aires: Dunken. Real Academia Española (2001). Diccionario de la lengua española (22.ª ed.). Madrid: Real Academia Española. Sánchez Mirón, B. y Boronat Mundina, J. (2014). Coaching educativo: modelo para el desarrollo de competencias intra e interpersonales. Educación XX1, 17(1), 221-242. doi: 10.5944/ educxx1.17.1.1072 Suares, M. (1996). Mediación. Conducción de disputas, comunicación y técnicas.  (1.ª ed.). Buenos Aires: Paidós. Torrego, J. C. (2007). Mediación de conflictos en instituciones educativas. Madrid: Narcea. Vroom, P.; Fossett, D. y Wakefield, R. (1981). Mediation: the wave of the future. American Family, 4, 12-15.


Título tomado de: Familia y escuela. Orientación y tutoría escolar. pp. 76-78

Foto de  pressmaster. Tomada de Adobe Stock

 

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