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La piedra de agua. Entrevista con Maripaz Jaramillo

Por Sandra Patricia Ordóñez Castro
Magisterio
22/05/2018 - 09:30
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Foto de Revista Internacional Magisterio No. 91

María de la Paz, Maripaz Jaramillo, es una de las principales representantes del movimiento expresionista colombiano. Egresada de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de los Andes, y dueña de un estilo pictórico inconfundible, comparte hoy con Magisterio los secretos de su oficio, su técnica y sus reflexiones acerca del arte y el sentido estético de la existencia.

• ¿Cómo fue tu primera aproximación al universo de la pintura?

Desde muy joven mis padres me llevaban a museos y me mostraban libros de arte.  Entonces esa aproximación fue a muy corta edad.  Pero de chiquita pintaba lo que pintan los niños: la casita, las flores… nada especial.  Y cuando entré a la universidad, entonces empecé a pintar y desde muy temprano tomé la forma de mi pintura, que es muy especial, muy expresionista. Yo no sabía qué era el expresionismo alemán en ese momento, pero me explicaron que mi pintura era muy expresionista, y ahí empecé a estudiar a los expresionistas.  Así fue el comienzo.  

• ¿En qué momento ese primer acercamiento de tu niñez se transforma en una ruta de vida?

Yo terminé mi bachillerato en Londres y estudié diseño de modas y puse un almacén con mis hermanas y mi mamá.  Y entre tanto Luis Caballero me daba clases privadas, él era compañero de colegio de mi hermano Juan Manuel.  Fue Luis Caballero el que me dijo: “No, usted no debe seguir en eso del diseño de modas”, y me llevó donde el maestro Juan Antonio Roda y le dijo: “Mire, le traigo a esta alumna que pinta rarísimo para que entre a la universidad porque yo creo que puede ser una buena alumna”.  Y así fue como yo entré a la Universidad de los Andes. 

• ¿Cómo fue esa incursión vital en el asunto?  

Al principio me ponían a hacer bodegones y desnudos y todo eso, y a mí eso no me gustaba para nada.  Entonces yo hacía lo que quería y desde el principio empecé a hacer una pintura muy propia mía, cosa que no es tan común en el mundo del arte. Mientras uno llega a encontrar su mundo, siempre se demora un rato.  Hay un camino largo, pero yo empecé muy joven con los trabajos sobre la prostitución  (estamos hablando del año 1970, 1972) y ya tenía mi sello personal. 

• ¿Es importante encontrar ese sello?

Pues depende. Eso de encontrar el propio lenguaje es algo que a unos artistas les lleva bastante tiempo, a algunos finalmente se les da y otros artistas nunca les llega: pasan de una cosa a otra y a otra y van cambiando.  Eso también es válido. Y es que la situación del artista es siempre tan difícil, como tan diferente, que no puede uno juzgar los desarrollos de cada uno.

• ¿El arte se aprende?

Yo creo que el arte, por un lado, sí se aprende.  Picasso decía que para ser un buen pintor se necesitaban muchas horas de trabajo.  Yo sí creo que uno aprende con el trabajo, como en todas las otras disciplinas. Como el piano, como el ballet, como la literatura… Se  aprende a medida que se va trabajando y que se van formando las experiencias.  

• Entonces es fundamentalmente una cuestión de práctica.

Pues yo creo.  Y también de imaginación,  pero la  disciplina es muy importante. 

• ¿Puede alguien llegar a consolidarse como artista sin necesidad de pasar por una escuela de arte? 

Hay artistas que no han pasado por escuelas de arte y han sido buenos. Pero yo sí creo en la academia. Creo en la universidad. Creo que un estudio le ayuda a uno muchísimo, porque no solo es la práctica, la técnica de la pintura,  sino también la historia del arte… una cantidad de temas que existen dentro de una carrera en la cual uno está metido, que le van dando un norte y diferentes perspectivas para abordar su quehacer.  

• Ya que mencionabas la historia del arte, ¿qué otros elementos considerarías fundamentales para el oficio del pintor que se puedan adquirir a través del estudio académico y que nunca deberían faltar en un currículo de arte en las universidades?

Lo primero, la historia, que es muy importante.  Lo segundo, la técnica, las diferentes técnicas que se pueden aprender son importantes porque le abren a uno el espectro de posibilidades para el desarrollo de la propia expresión; tercero, el desarrollo de la imaginación, que supone entrenarse en la capacidad de pensar de una manera diferente  a la hora de desarrollar un tema, de concebir un qué específico en el que aterricen las ideas, de elegir la forma como se va a trabajar.  

• Abstracción y planeación.

Exactamente. Por ejemplo, el arte conceptual, que es lo que está de moda en este momento en Colombia (aunque en el mundo ya pasó, pero es lo que está aquí en boga), requiere mucha inteligencia aplicada. Por eso hay tanta mortandad de artistas conceptuales, porque la obra debe necesariamente ser el resultado de un proceso de elaboración del concepto, que finalmente cobra una expresión en la forma.  Nada puede ser fortuito o caprichoso.  Y eso requiere estudio.

• Lograr desarrollar un proceso de abstracción lo suficientemente sólido como para que realmente cobre trascendencia en la obra.

Sí, eso es. Y eso requiere una formación en cierta lógica, en ciertas dinámicas del pensamiento.

• Una vez que has estudiado, le has dado cimientos técnicos y cognitivos a tu deseo de expresarte a través del lenguaje pictórico. ¿Cómo se aborda el hecho concreto de pintar?  Es decir, ¿partes de un concepto?, ¿una idea?, ¿la elaboras previamente, o simplemente te enfrentas al lienzo y comienzas a ver qué sale?, ¿haces un boceto?  ¿Qué es lo que haces cuando resuelves ponerte a pintar? 

En el caso mío,  yo trabajo por series temáticas.  Entonces lo primero que hago es  elegir un tema.  Esa elección obedece a lo que está pasando en el mundo, a algún aspecto de la realidad que logra impactarme y que me mueve a trabajar.  Luego, conceptualizo esa forma en la que el asunto me ha movilizado.  Por ejemplo, con la serie de los Abrazos, el abrazo sintetiza una propuesta de encuentro, de afecto, de reconciliación, ante una época especialmente violenta no sólo en Colombia, sino en el mundo.  El periódico y los noticieros y las revistas me impactan con una cantidad de imágenes de horror, y entonces va surgiendo la idea del abrazo.  Luego sigue un proceso de exploración, trabajo con fotografías, con recortes de periódico, y finalmente empiezo a pintar.  El trabajo, ya sobre el lienzo, siempre se basa en fotografías, con personajes por lo general en primer plano.

• ¿Cómo es ese trabajo sobre el lienzo?

Lo voy haciendo por capas.  Lo primero es preparar el lienzo. Trabajo un color amarillo de base y después empiezo a trabajar sobre ese color.  Esa es una técnica renacentista, en la cual se trabajaba primero con rojo o con amarillo.  Yo cubro toda la superficie con un color amarillo y luego dibujo las figuras a lápiz. Lo que sigue es trabajar cada parte por capas.  Primero las pieles de los personajes y luego los vestidos.  Aplico capa sobre capa hasta diez veces por color. Esto lo hago para obtener un color fuerte y sólido, que es algo muy característico de mi obra.  Luego pinto los detalles, como los ojos, las uñas, etc.  Y por último el fondo, también por capas.  

• ¿Esperas a que cada capa se seque y entonces aplicas la siguiente?

Sí, así es.  Me demoro entre un mes y mes y medio en cada obra. 

• Y luego el color del fondo le da unidad visual a la serie.

Sí.  Por ejemplo,  en la serie de los Abrazos, el fondo es siempre verde.  Yo estuve hace poco en el eje cafetero y allá decidí que iba a ser verde porque es el color más hermoso que tiene el eje cafetero y es verde esperanza, verde pacificación. 

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• ¿Y al final le haces algún terminado especial o ya queda así?

No. Se deja así. Porque el acrílico tiene un terminado muy especial, muy pastoso y muy plano y muy opaco.  Entonces no es necesario hacerle un terminado especial, lo que sí pasa con el óleo. Al óleo se le aplica una capa final de un barniz que protege la pintura, que puede ser opaca o brillante. 

• Me dices entonces que tu obra siempre está referida a la realidad.

Sí, yo siempre me baso en la realidad y en los hechos cotidianos. 

• ¿Puede un artista desarrollar su obra al margen de la realidad?

Sí, claro. Hay muchos artistas, como los abstractos, por ejemplo, que no se basan en la realidad sino en lo que ellos desean trabajar.  Y ahí sí puede pasar que se enfrenten a un bastidor en blanco y empiecen a echar pintura simplemente tratando de hacer una composición, o un estudio de color, etcétera.

• Si la búsqueda es meramente formal en estos casos (una composición visual), ¿podrían estos artistas no involucrar su fuero interno en la creación?

No. Yo creo que sí se involucran.

• ¿Es posible un arte en el que el artista se mantenga al margen?

No, no creo.  Siempre hay un compromiso con algo que quieres decir.  El arte siempre tiene como trasfondo una intención comunicativa.  Y eso es algo común a todas las expresiones.  Todos los artistas nos vinculamos en ese sentido.  Y todas las artes también.  Y así mismo el público, que es el interlocutor previsto de ese gesto comunicativo.

• El encuentro tiene lugar en un territorio neutral, común a todos, que es el territorio de la sensibilidad.

Sí. Todos los seres humanos tenemos una sensibilidad que posibilita el encuentro con los otros.  Y el arte, al estimular esa sensibilidad, potencia el encuentro, el reconocimiento de sí mismo en el otro, lo cual constituye el factor esencial de la pacificación, de la concordia. Pero esa posibilidad mágica cobra toda su fuerza en la medida en que esa sensibilidad tenga un cierto grado de afinación. Y eso lo hace posible la educación.

• ¿Cuál es entonces el papel que debe jugar la educación en esta ruta de reconocimiento de la alteridad que el arte propone y potencia?

Quien ha sido educado puede entender y relacionarse mejor con cada  código en el que los artistas ponen en juego emociones, sentires y experiencias.

• Es decir que la educación favorece el flujo del sentido, retira el ruido y, en última instancia, hace posible la revelación empática, el encuentro.

Exactamente.  

• ¿Entonces qué debe enseñar la escuela para cumplir con este propósito? 

Es importante que en los colegios se enseñe música, literatura, pintura… ¡todas las artes! Por ejemplo, en los museos de diferentes partes del mundo se ve a los niñitos chiquiticos metidos en los museos mirando los cuadros y las profesoras explicando. Yo creo que eso ayuda muchísimo.  Eso abre un mundo, una dimensión. A lo mejor ese niño encuentra que puede expresarse a sí mismo a través de alguno de esos lenguajes.  Pero aunque no sea así (aunque no llegue a convertirse en músico o pintor), después, cuando asista a una exposición, a un concierto, cuando lea una novela, va a estar mejor dispuesto para ese instante mágico en que el arte puede moverlo e incluso transformarlo.

  • ¿Qué es lo que sucede en ese instante de magia en el que el arte puede transformarnos?

Sentimos cosas diferentes, somos inspirados, exaltados, entrevemos motivaciones distintas y eso hace que podamos vernos a nosotros mismos como mejores personas, y a los demás como pares en ese sentir de cosas grandes y positivas.  Yo creo que por eso el arte es tan importante en la vida de los seres humanos.  Y por eso es que los colegios no lo pueden dejar de lado. El colegio tiene que abrir las opciones de los niños a todo lo que pueda edificarlos como seres humanos integrales.

• ¿El arte es una forma de vivir?

Sí. 

• ¿Podemos todos, artistas o nos, vivir artísticamente?

Sí. Si tenemos una vida consolidada sobre valores podemos aspirar a la belleza sobrepasando lo horrible en sus manifestaciones de violencia, desamor y muerte.

• Si el carácter de lo artístico pasa por una dimensión ética que nos aleja, por gusto y sensibilidad de lo horrible, ¿entonces podríamos decir para terminar que la ética es una estética de la vida?

Sí.  Sin lugar a dudas, la ética es una estética de la vida.

+Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 91