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La reforma del manual de convivencia

Por José Guillermo Martínez Rojas
Magisterio
29/09/2015 - 11:15
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Recomendaciones de las normas sobre convivencia para la reforma del Manual

Luego de haber hecho un recorrido amplio y concienzudo por varias de las normas que determinan los aspectos que se deben incluir en el Manual de Convivencia, así como de hacer múltiples sugerencias sobre aspectos puntuales que así lo ameritan, se hace ahora una serie de recomendaciones, también puntuales, que orienten el proceso de actualización del Manual desde las exigencias y recomendaciones de la Ley 1620 y del Decreto 1965.

+ Lea El concepto de falta, su tipificación y su inclusión en el Manual de Convivencia

— La norma legal vigente pide que el proceso de reforma del Manual de Convivencia involucre la participación de los estudiantes, para que ellos no sólo sean copartícipes, sino que también comprendan la razonabilidad de las normas que se incluyan en el Manual y, por lo mismo, puedan cumplirlas con mayor propiedad, justamente porque sienten que ellos mismos las definieron.

— La reforma del Manual de Convivencia se puede hacer con la metodología propuesta en este mismo documento, donde se traza brevemente una ruta para que se logre la participación de los diferentes estamentos en dicha reforma. 

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— Lo que pide la normatividad legal vigente es que efectivamente en el Manual se incluya lo concerniente a las políticas y criterios institucionales para la prevención de toda forma de violencia en la institución educativa, incluyendo la que puedan ejercer los estudiantes para con los profesores, y los profesores, los directivos y el personal administrativo para con los estudiantes, entre otros. De igual manera, la violencia que ejercen los estudiantes contra otros estudiantes, así como los comportamientos discriminatorios.

— Es recomendable incluir en el Manual de Convivencia criterios y políticas que sean disuasivas y que busquen fundamentalmente preservar la integridad y los derechos humanos de todos los integrantes de la comunidad educativa, siempre en positivo, más en la perspectiva de prevenir que de sancionar.

— En el Manual de Convivencia también se debe incluir el procedimiento sancionatorio cuando ocurra algún tipo de violencia de los mencionados anteriormente o de los contemplados en el Decreto como Tipo II o Tipo III, sobre todo cuando la estrategia disuasiva no funcione. Este procedimiento sancionatorio se debe acoger a los principios constitucionales y a los que previamente se han definido en el Manual, tales como el conducto regular, el debido proceso, el nivel de gravedad de la falta, la reiteración de la misma, entre otros aspectos.

— Además es recomendable que el Manual de Convivencia incluya una política institucional acerca del bullying, de tal manera que todos los integrantes de la comunidad educativa la tengan clara, la conozcan y la cumplan, pues una vez que ella se ponga en práctica la tolerancia frente a los casos de maltrato, intimidación, violencia, agresión, debe ser cero.

— Se recomienda que se haga una amplia difusión de lo consignado en el Manual entre todos los miembros de la comunidad educativa, e incluso, que se dé un período de conocimiento de la misma, de tal manera que cuando esta se ponga en práctica ya sea ampliamente conocida por todos los integrantes de la comunidad educativa, desde los padres de familia hasta los estudiantes.

Como se puede ver en las anteriores recomendaciones, lo que pide la norma se puede llevar a la práctica si se siguen las distintas orientaciones, recomendaciones y procedimientos que se dan en este libro sobre los manuales de convivencia. La idea es poder hacer estos procedimientos siempre en una perspectiva propositiva y formativa, más que en la sancionatoria.

En el Anexo 8 se incluye un cuadro resumen de las normas que se encuentran vigentes y que se deben tener en cuenta para reformar los manuales de convivencia. De igual manera, en el Anexo 9 se incluye una política que se sugiere para reglamentar las interacciones entre los estudiantes y el personal de la institución (directivos, profesores, personal administrativo y de apoyo, etcétera).

+Conozca el libro Sistema nacional de convivencia escolar. Una guía para actualizar el manual de convivencia (Ley 1620 del 2013)

Una posible metodología

• Habitualmente los manuales de convivencia suelen ser producto ya sea de la suma de muchas partes que las distintas instancias de la institución elabora, o producto del trabajo de un “experto”, que al margen de la realidad concreta de la institución “construye” un texto “ideal” para el Manual por encargo de la institución educativa. Estas dos formas de proceder no están ajustadas a lo pedido por la normatividad legal, la cual recomienda que la construcción del Manual sea participativa, fruto del acuerdo y los aportes de los distintos estamentos y, en el mejor de los casos, fruto del consenso, o al menos del acuerdo. En muchas de las normas legales producidas se afirma que los estudiantes deben desempeñar un papel preponderante en este proceso de construcción colectiva, puesto que mucho de lo que se consigna en el Manual atañe directamente a ellos. Esta manera de concebir la construcción del Manual tiene un sentido pedagógico bien significativo, en tanto que es una de las estrategias más importantes para formarlos en ciudadanía y hacer de ellos sujetos que participan políticamente.

• En la construcción del Manual de Convivencia es casi más importante la participación de los estudiantes que la de los demás miembros de la comunidad escolar, pues mucho de lo que allí se escriba y determine debe permitirles crecer ética y moralmente, y sobre todo, ganar en libertad, autonomía y responsabilidad. 

• En razón de lo anterior y en la perspectiva de lograr la formación ética y moral de los estudiantes, bien vale la pena echar mano de la propuesta de Lawrence Kohlberg de convertir a la institución educativa en lo que conoce como la “Comunidad Escolar Justa”, y en este sentido, el trabajo que se haga de construcción de las normas debe acercarse, así sea tangencialmente, a dicho propósito.

+Conozca la revista Convivencia sin violencia

Algunos de los elementos relevantes de la Comunidad Escolar Justa son:

— Es una forma de entender la escuela de manera democrática, es decir, se concibe la institución educativa como un espacio de interacción democrática donde todos (directivos, educadores y estudiantes) poseen una igualdad tanto en sus derechos y deberes, en calidad de miembros de un grupo humano, como en la incidencia a la hora de tomar las decisiones que determinan la normatividad, las sanciones y los comportamientos propios de los integrantes de dicho grupo humano. 

— Kohlberg afirmaba que solo la comunidad justa escolar podía generar un ambiente que favoreciera el desarrollo moral constructivo y que dejara de lado la adoctrinación moral, pues en ella las normas que la comunidad educativa asume no son de corte heterónomo, sino el producto de la discusión y la razonabilidad de las mismas, un proceso de consenso e interacción democrática o al menos de acuerdo democrático de todos los implicados en la institución educativa.

— El establecimiento de la escuela como una comunidad justa supone dejar de lado la adoctrinación moral, y esto exige un cambio en la manera de articular el contenido de lo enseñado con el método de enseñanza y la intencionalidad que los profesores tengande lo que hacen en dichos procesos formativos.

— Para lograr que una comunidad escolar adquiera el tinte de “justa”, según la concepción de Kohlberg, es esencial que en su interior se den al menos las características de un gobierno democrático, en el que se encuentra el núcleo del enfoque de la Comunidad Escolar Justa. Para que estudiantes y educadores superen su dependencia de modelos tradicionales de autoridad, tienen que aprender a participar democráticamente en la responsabilidad de la toma de decisiones.

Es importante precisar que la toma de decisiones democrática que se menciona aquí no significa única y exclusivamente la toma de decisiones por votación, donde se adopta la voluntad de la mayoría, sino que implica también el juego argumental en el que cada quien puede expresar libremente lo que piensa, sustentar con razones suficientes la posición que adopta y hacer el ejercicio de exponer las razones de sus motivos a la hora de decidir. Esto hará que los estudiantes pasen de un pragmatismo en el que se conforman con la ley o evitan el castigo, a la obligación moral de seguir las reglas de manera responsable, pues han sido definidas y aceptadas democráticamente.

Si se pretende hacer un proceso de construcción colectiva del Manual de Convivencia, que en algo se acerque a lo que la Comunidad Escolar Justa propone, tal vez se pueda lograr,dando los siguientes pasos:

1. Conformar comisiones de trabajo, a partir de los distintos estamentos que conforman la institución (estudiantes, padres de familia, profesores, personal de apoyo, personal administrativo, directivos, exalumnos), o formular Mesas de trabajo mixtas donde haya representación de cada una de ellos, que se encarguen de estudiar, analizar y proponer las reformas al actual Manual de Convivencia o de estudiarlo a fondo para aceptar lo que hay, teniendo la idea de que él es un documento de trabajo susceptible de ser ajustado o transformado.

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La idea es involucrar en este proceso a las distintas instancias de participación contempladas en la normatividad legal vigente (Consejo Directivo, Consejo Académico, Consejo de Estudiantes, Consejo de Padres, Personería), de tal manera que ellos sientan que son sujetos de interlocución en la construcción de las normas, tienen una palabra que decir y ésta es tenida en cuenta.

2. Si bien el Manual de Convivencia se construye para toda la comunidad educativa, también es cierto que está dirigido de manera especial a los estudiantes. En este sentido, conviene dar un mayor realce al trabajo de ellos. Con tal fi n se propone lo siguiente: conformar mesas de trabajo lideradas por los estudiantes del Consejo de Estudiantes y el personero, con estudiantes representantes de los distintos grados, desde tercero hasta undécimo, para el trabajo de discusión y elaboración de propuestas de modificación o construcción del Manual de Convivencia. 

3. Hacer que las Comisiones de los estamentos y las Mesas de Trabajo de los estudiantes discutan las normas que conciernen a los estudiantes, haciendo que se centren en poner de manifiesto aspectos como: la pertinencia de las mismas, la justicia que ellas puedan encarnar, las sanciones a que den lugar sus posibles violaciones o incumplimientos, y el análisis de las mismas.

4. En el caso de los estudiantes, llevarlos a que debatan en las distintas Mesas de Trabajo las propuestas hasta lograr unos acuerdos que puedan ser llevados al Consejo Directivo por el personero y el representante de los estudiantes ante este.

5. Hacer un debate en el Consejo Directivo de las propuestas hechas por los diversos estamentos. En todas las discusiones es importante debatir sobre la justicia que subyace a cada procedimiento o norma y sobre las implicaciones que tienen para el bien común su existencia y cumplimiento.

6. Hacer que los representantes de los distintos estamentos rindan un informe a sus representados sobre el resultado de su gestión, del proceso seguido y de los acuerdos que se lograron. Aquí conviene ser muy explícito en dar las razones de lo acordado o consensuado.

7. Finalmente, entregar el Manual de Convivencia a todos los empleados, educadores, familias y directivos, generando alguna dinámicade trabajo que permita a todos conocer lo que quedó consignado en él. Se recomienda hacer algún acto simbólico que ayude a asumir el Manual de Convivencia como un texto en el que todos han participado en su construcción y que por lo mismo es asumido y respetado. Habiendo presentado este “recorrido” o ruta para la reforma o la construcción del Manual de Convivencia, conviene precisar que este es un proceso que se debe hacer periódicamente para lograr lo que se quiere: formar a los estudiantes en la convivencia y en ciudadanía, generar desarrollo moral en ellos y permitir que se reduzca de manera sensible la violación de las normas y la aplicación de sanciones, puesto que se entiende que lo que se construye colectivamente y se asume libremente, se cumple de manera más natural. La regla de oro que las instituciones educativas deben tener presente es la siguiente: ceder el control o compartir el poder y la autoridad con los estudiantes en el proceso de lograr una auténtica formación, es más valioso que generar estrategias autoritarias que mantengan la heteronomía de estos. Los directivos de las instituciones educativas deben ejercitar el proceso de formulación y construcción de razones suficientemente argumentadas desde el punto de vista educativo, formativo y ético, que permitan la  la defensa y el sustento razonable de las normas que ellos proponen a los estudiantes en el Manual de Convivencia.

Algunas recomendaciones prácticas

— Redactar el texto en forma de ley o norma, lo cual implica que su lenguaje sea claro y preciso, que se escriba en forma verbal impersonal, que sus frases y párrafos sean cortos y que cada uno no contengan más de una idea fundamental.

— Eliminar expresiones como “tratar de”(...) “buscar que” (...) y otro tipo de expresiones que están más en la línea de generar en el lector una motivación, pues las personas siempre estarán “tratando de hacer algo” (…) o “buscando lograr aquello”(…), sin que de allí se derive una conducta o una forma de comportarse específica; y sobre todo, porque en caso de un posible conflicto entre la institución y el estudiante y su familia, nunca se le podrá “probar” al estudiante que él“no trató de...”.

— En caso de que se quiera incluir en el Manual un texto que recoja la intencionalidad del mismo y que sirva de “marco teórico” es recomendable incluirlo al inicio de él, pero fuera del texto de la norma.

— Evitar la polisemia en las palabras, los conceptos y las expresiones que confunden a los lectores y hacen muy difícil la aplicación de la norma. — Tener en cuenta que el texto debe tener una nomenclatura tal que haga fácil citar cualquiera de sus apartados, sin que esto se preste a confusión o ambigüedades.

— Subdividir el texto en títulos que se empleen para los grandes apartados o aspectos generales, los que a su vez pueden estar subdivididos en capítulos que obedezcan a los tópicos o aspectos más particulares de cada uno de ellos.

— Subdividir cada capítulo en artículos, en los cuales se exprese una sola idea principal, es decir, que no se hable en un mismo artículo de dos o más cosas diferentes, pues ello puede producir confusión y ambigüedad.

— Nominar cada una de las normas consecutivamente, esto es, emplear un artículo o unidad de delimitación, pero que los artículos vayan numerados en forma consecutiva desde el inicio del texto hasta el fi nal, con el fi n de evitar la ambigüedad o confusión a la hora de citarlos.

— Cuando haya que matizar un determinado artículo, hacerlo por medio de parágrafos, y en el caso de ser más de uno por artículo, se los numere consecutivamente.

— Cuando haya que enumerar diversos aspectos o ítems dentro de un artículo, hacerlo utilizando siempre la misma nomenclatura: números o letras.

— Redactarlo en forma positiva, evitando las formas negativas o prohibitivas, y por lo mismo poco proactivas; por ejemplo, no decir: “A los estudiantes les está prohibido salirse de los salones o auditorios durante las clases o las actividades programadas”; y en cambio, redactar la norma más en positivo e invitando a la acción, algo así como: “Permanecer en el lugar asignado durante el tiempo previsto para las diferentes actividades programadas”.

— Eliminar del cuerpo del Manual  de Convivencia textos que sean motivaciones, marcos de referencia o ejemplos, pues estos, al lado de las normas, pueden prestarse a confusión debido a su extensión, al tipo de lenguaje que emplean y a la cantidad de ideas que expresan.

— Tener un solo Manual de Convivencia para toda la institución en el que las normas sean claras e iguales para todos los estudiantes, familias, educadores, empleados, etc. Esto no obsta para, por un lado, incluir antes de las normas y del cuerpo mismo del Manual deConvivencia un texto más amplio donde se puedan expresar los fundamentos conceptuales o inspiradores del texto en cuestión; y por otro, para que, teniendo en cuenta la edad de los estudiantes, se pueda diseñar un texto más elemental y de fácil lectura y comprensión para los más pequeños.

— A fi n de justificar la pertinencia de una determinada norma, no hace falta citar la Constitución, la ley, el decreto, la resolución. El problemaradica en que en ocasiones se citan algunos y en otros no, ante lo cual, lo mejor es obviar todas las citas y más bien mencionar las fuentes en el preámbulo. 

— Tener especial cuidado en las correlaciones y citas dentro del texto del Manual de Convivencia. En ocasiones se lo cita y sucede que dichas referencias o no están bien hechas o no coinciden.

— Al final del texto debe aparecer claramente cómo se reformará y actualizará el Manual de Convivencia, así como la vigencia que tendrá el mismo. Aunque al firmar el Contrato de Matrícula los padres de familia y el estudiante aceptan el Manual de Convivencia como parte integrante del mismo, se sugiere adicionar un breve formato que pueda ser diligenciado por los padres y los estudiantes y enviado a la institución, en el que de manera explícita conste que recibieron, conocieron y aceptaron el Manual de Convivencia.

Nota

*Texto tomado del libro Cómoimplementar la ley de convivencia en los colegios. José Guillermo Martínez Rojas, Editorial Magisterio. 2014