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Las conversaciones posibles en la comunicación digital interactiva. Entrevista a Carlos Alberto Scolari

Magisterio
19/06/2018 - 11:45
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Foto de Revista Internacional Magisterio No. 60

Carlos Alberto Scolari es Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Rosario (Argentina) y Doctor en Lingüística Aplicada y Lenguajes de la Comunicación por la Università Cattolica di Milano (Italia). Es Profesor Titular en la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona) donde enseña las asignaturas Métodos de análisis de mensajes y Análisis de mensajes en medios interactivos. Es autor de Hipermediaciones. Elementos para una teoría de la comunicación digital interactiva (Gedisa, 2008) y Hacia una sociosemiótica de las interacciones digitales” (Gedisa, 2004) entre otros títulos. Ha realizado conferencias, talleres y seminarios en universidades de Estados Unidos, Canadá, Latinoamérica y Europa. Sus artículos han sido publicados en Communication Theory, New Media & Society, International Journal of Communication, Semiotica, Information, Communication & Society, Journal of Visual Literacy, Comunicación y Sociedad, deSignis, Signo y Pensamiento entre otras revistas científicas.Webs: http://www.hipermediaciones.com, http://www.digitalismo.com ,http://www.modernclicks.net 

Las tecnologías de la comunicación digital interactiva han detonado una serie de debates entorno a cómo abordar los fenómenos de encuentro intersubjetivo y los efectos socioculturales que estas propician. Uno de los lugares de discusión reflexiona sobre el rol del usuario, que de receptor de contenidos lineales trascendió a una nueva especie de interlocutor con la potestad para decidir la secuencia, la regularidad, la cantidad, el significado y el sentido de la información que, además de recibir, produce y reproduce durante su ejercicio prosumista . Este foco de interés promueve investigaciones que se cuestionan sobre la manera como se construyen y circulan los saberes .

En otra perspectiva, los estudios referentes a estas tecnologías se centran en los efectos que tiene la virtualidad propia de estos procesos de comunicación sobre la formación de las subjetividades. A causa del carácter interconectivo de dichas mediaciones y la tendencia a configurarse en red, constituyendo temporalidades y espacialidades alternas, se modifican los encuentros entre las personas . Las conversaciones ya no solo ocurren entre dos o más individuos, ahora puede generarse un conversatorio entre miles de personas, interactuando a través de distintos dispositivos y plataformas, en tiempo real. Por ello, es posible afirmar que los procesos de comunicación tal y como se conocieron durante siglos, se han modificado de un modo dramático en la era de las tecnologías digitales. Por esta razón, los marcos para su reflexión y estudio también requieren ser reconfigurados. 

+Lea: La educación para la comunicación

Se producen, entonces, nuevos lugares de deliberación desde donde se intenta elucidar la trascendencia e influencia de estas nuevas prácticas de comunicación en contextos como la familia, la escuela, la universidad y, en general, la cotidianidad de las personas. A este respecto Carlos Alberto Scolari, profesor de la Universidad Pompeu Fabra, ha liderado un proceso de indagación que es paradigmático para el contexto hispanoamericano e innovador a nivel internacional. 

En sus obras Hacer Clic. Hacia una sociosemiótica de las interacciones digitales (Gedisa, 2004) e Hipermediaciones. Elementos para una teoría de la comunicación digital interactiva (Gedisa, 2008), el profesor Scolari configura, desde una perspectiva de deconstrucción, un campo teórico propicio para abordar los ambientes comunicativos digitales y a los sujetos que los transitan. En este asume consideraciones como:

►  La construcción de un léxico propio para este campo que permita la constitución de una socio-semiótica de la interacción digital.
► Las metáforas (ms.) de los entornos interactivos digitales, tales como la interfaz en tanto diálogo (ms. conversacionales); la manipulación de los objetos virtuales (ms. instrumentales); el reconocimiento de objetos virtuales en una pantalla (ms. supericiales), y la interacción con otros en un espacio virtual (ms. espaciales). 
► La comunicación digital como campo científico inter y transdisciplinar donde las conversaciones que surgen conforman redes intertextuales, a partir de las cuales es posible revisar los procesos de pensamiento y las acciones o prácticas sociales implicadas.
► La caracterización de la comunicación digital interactiva mediante la descripción de sus atributos de digitalitad, hipertextualidad, reticularidad, interactividad y multimedialidad.
► Una cartografía de los discursos que conceptualizan los procesos propios de estas prácticas comunicativas.
► La transmedia como el fenómeno a partir del cual los relatos que circulan a través de diferentes plataformas y formatos promueven maneras distintas de construir conocimiento.

Los aportes del profesor Scolari a este campo proveen, a quienes se problematizan las consecuencias de las nuevas tecnologías de la comunicación digital en la vida de las personas, elementos conceptuales e ideas para construir reflexiones y espacios de interlocución teóricos y prácticos. 

A continuación, la conversación que, a través de correos electrónicos, sostuvieron el profesor Scolari y la Revista Internacional Magisterio sobre la relación que estos fenómenos tienen con la escuela y los procesos formativos en distintos órdenes :


Revista Internacional Magisterio: Profesor Scolari, en sus palabras, ¿en qué consiste el fenómeno de la comunicación digital interactiva?

Carlos Scolari: En el 2008 publiqué un libro (Hipermediaciones. Elementos para una teoría de la comunicaciónn digital interactiva, Barcelona, Gedisa) donde apenas arañé la superficie de las consecuencias teóricas que implican las nuevas formas de comunicación. Digamos, a modo de síntesis, que desde la llegada de las redes digitales se plantea un antes y un después en la ecología de los medios. “Antes” era la época de los medios masivos, el “después” es este presente donde cada semana aparece una nueva forma o experiencia de comunicación gracias a las tecnologías digitales. Las redes son el caldo de cultivo de una buena parte de estas nuevas experiencias de comunicación interactiva que modifican muchos aspectos de nuestra vida, desde la política hasta la educación, pasando por la cultura y el arte.

R.I.M.: El conocimiento que circula a través de las diferentes plataformas informacionales exige a los individuos disposición para la participación, es decir, conciencia de la capacidad de influir en el hecho comunicativo, ¿cómo puede la escuela contribuir en la formación de individuos capaces de interactuar responsablemente en la transmedia?
 
C.S.: Aclaremos los términos: cuando yo hablo de “transmedia” (“narrativa transmedia”) me refiero a una fenómeno muy concreto que es la aparición de relatos que se expanden a través de muchos medios y plataformas. Es lo que Henry Jenkins denominó transmedia storytelling. Los usuarios participan en esta expansión de los relatos a través de sus propios contenidos, los cuales se difunden y comparten a través de las redes sociales (esta es una de las nuevas formas de comunicación que mencioné en mi respuesta anterior). 

Ahora sí, hablemos de la participación. Podríamos comenzar diciendo que los medios siempre exigen la participación del receptor: leer un libro implica desde una actividad gestual mínima (pasar página) a una compleja trama de procesos perceptivos y cognitivos. Interpretar un libro o una película –¡incluso una de Steven Seagal!– no es una actividad fácil o automática. 

Ahora bien, los medios digitales interactivos incrementan esa necesidad de participación y son más exigentes a nivel perceptivo y cognitivo. Ya no basta con saber leer o hacer zapping: hay que aprender a moverse en la red, subir textos, escribir en un formato condensado, compartir los contenidos, etc. Alejandro Piscitelli habla de los “polialfabetismos”. En este contexto, las instituciones educativas –en todos sus niveles, desde la escuela primaria hasta la universidad– siguen siendo “monoalfabéticas” ya que tienen al texto escrito al centro del proceso de enseñanza-aprendizaje. Las escuelas deberían ver lo que pasa fuera de las aulas, por ejemplo en la nueva ecología de los medios –donde los jóvenes crean contenidos audiovisuales, los comparten en las redes, expanden historias creadas por otros, etc. –, y comenzar a introducir estas prácticas dentro de su propia ecología.

+Lea: La ruta tecnológica de la educación

R.I.M.: En ese contexto, ¿cuál es la función que debe cumplir un docente donde, paulatinamente, se está cambiando la interacción de uno a muchos, por una interacción en red, de muchos a muchos?

C.S.: Antes el docente era el mediador entre un objeto (el libro) y el alumno. El saber estaba en el texto pero, como sucede en muchas religiones, existía una figura que actuaba como mediadora. El maestro-sacerdote gestionaba un proceso de aprendizaje y evaluación basado en la repetición del contenido del libro. Esta visión –que obviamente acabo de esquematizar al máximo– todavía sobrevive en muchas prácticas que se dan en todos los niveles educativos. 

En este nuevo contexto social, cultural y mediático el docente debería actuar de otra manera: bajarse del rol de intérprete del libro impreso y convertirse en un gestor de procesos de comunicación en red. Vivimos en una sociedad de conversaciones donde el saber está al alcance de todos en la red y el conocimiento se construye entre todos a través del diálogo. Parece mentira que, medio siglo después de la aparición de la Pedagogía del oprimido de Paulo Freire, debamos seguir repitiendo estas ideas… La relación docente-alumno es lo fundamental, lo tecnológico es secundario. Lo interesante, sin embargo, es que algunas tecnologías –como las redes sociales– pueden contribuir a modificar esa relación haciéndola más horizontal e interactiva.

R.I.M.: La circulación transmediática de los saberes no es algo nuevo. Sí lo es el papel fundamental que asumen los dispositivos electrónicos digitales en este proceso. ¿Qué sucede con aquellos que, por distancia generacional, por analfabetismo o por capacidad adquisitiva no pueden acceder a estos modos de construir el conocimiento? ¿Estamos asistiendo a una nueva forma de exclusión social?

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C.S.: Hoy se entra a la red, cada vez más, a través de dispositivos móviles (smartphone, tabletas, etc.). En nuestro planeta hay unos 7.000 millones de habitantes y, en el 2012, se superaron los 6.000 millones de contratos de telefonía móvil. Junto con la radio y la televisión los dispositivos móviles son la forma de comunicación más ubicua, capilar y pervasiva de la historia de la humanidad (incluso muchísimo más que nuestros amados libros impresos o la prensa). Pero un dispositivo móvil, todos los sabemos, es algo más que una radio o una mini-televisión…

Los estudios sociológicos a escala global –como los que realiza Manuel Castells– confirman el carácter disruptivo de la tecnología móvil: incluso los ciudadanos de sociedades menos desarrolladas de Asia o África han podido tener acceso a la red gracias a estos dispositivos. A partir de estos datos diría que el acceso a la red es un problema que tiende a reducirse. Los desafíos son otros: ¿cómo utilizar las redes en ámbito educativo? ¿Cómo gestionar la gran cantidad de información que circula en las redes? ¿Cómo mejorar la calidad institucional y de la democracia en América Latina por medio de estas tecnologías?

R.I.M.: Por otro lado, si las tecnologías digitales se han convertido en posibilidad para la defensa política de los derechos, tenemos, por caso, el aporte de las redes sociales en la caída de dictadores o la exposición de la corrupción política a través de los wikileaks, etc. ¿Considera usted que estos medios son la nueva plaza pública a donde se movilizarán los ciudadanos de todo el planeta para demandar la reivindicación y reclamar el respeto de los derechos individuales? ¿Cuál es su opinión al respecto?

C.S.: Respecto a las revoluciones en/a partir de Facebook, creo que se ha exagerado un poco la cuestión. Las redes sociales digitales sirven para acelerar y facilitar las conversaciones– para derrocar a un dictador hay que hablar bastante, ponerse de acuerdo, organizarse, convencer a otros ciudadanos, o sea, hay que dialogar mucho!– pero no creo que sean el factor principal. Pasa lo mismo que con la imprenta en los siglos XVI y XVII: la tecnología de Gutenberg facilitó y aceleró ciertos procesos –la ruptura de la Iglesia en Occidente, el desarrollo de la ciencia y la tecnología, la consolidación del individualismo burgués, etc.– pero fue un factor más entre muchos otros.

+Conozca el libro Comunicación digital y educación. Teoría y práctica

Todos estos movimientos contestatarios nacidos desde abajo, con sus propios medios de comunicación –los jóvenes franceses del 1968 tenían el grafiti, los hippies de la Costa Oeste los fanzines, los jóvenes árabes de hoy utilizan Facebook y Twitter–, tienen dos características. La primera: todos fracasaron a corto plazo. Fueron derrotados y sus objetivos inmediatos se vieron frustrados. La segunda característica es mucho más importante: todos triunfaron a largo plazo. Estos movimientos juveniles lograron imponer sus ideas y consiguieron que en gran medida la sociedad las asumiera. No me parece un mal negocio fracasar a corto plazo pero imponer las propias ideas de aquí a, digamos, una década…

R.I.M.: En su libro ‘Hipermediaciones’ (2008), usted reflexiona acerca de una de las tensiones y transformaciones que hacen parte de la comunicación digital interactiva: el carácter textual propio de esta modalidad. Es decir, que quienes participan de la interacción transmediática son, ante todo, lectores cuya cooperación y mutua influencia los convierte también en productores de significados. Esta idea modifica radicalmente la concepción que tradicionalmente se tiene de la lectura y de la producción textual. A su entender, ¿qué tipo de alfabetización se necesitaría para poder tomar parte de la dinámica comunicativa del mundo de la transmedia? 

C.S.: Antes mencioné la cuestión de los “polialfabetismos”. Ya no basta enseñar a leer o escribir o, en el caso de los medios, ya no es suficiente enseñar a realizar un consumo crítico de los mismos. La escuela debería trabajar una serie de competencias vinculadas a la producción gráfica, audiovisual e interactiva. ¿Por qué los alumnos deben siempre presentar un trabajo escrito? Hoy resulta relativamente fácil crear un vídeo o un producto interactivo (una aplicación para móviles, un blog, etc.) y compartirlo con otros alumnos y profesores en la red. Habrá que ver hasta dónde la escuela se pone en sintonía con los que está pasando en la sociedad… De todas formas, estoy seguro de una cosa: lo que los niños no aprenden en la escuela, lo terminan aprendiendo fuera de las aulas. Si la escuela no enseña a crear un vídeo y subirlo a YouTube, los alumnos que tengan ganas de hacerlo no tendrán ningún problema en aprender fuera del aula y sin pedir permiso a nadie.

R.I.M.: En cuanto a la relación entre la ficción y la transmedia (las nuevas narrativas audiovisuales propias de la televisión y que circulan ampliamente a través de plataformas como YouTube), ¿cómo cree que la misma contribuye en la re-configuración del saber que se tiene respecto a los discursos literarios tradicionales?

C.S.: Hay una nueva camada de narradores de altísimo nivel que ha asumido la filosofía productiva transmediática. Pienso en escritores como Agustín Fernández Mallo y su Nocilla Project, en los guionistas televisivos estadounidenses o los creadores de videojuegos. Muchos de sus relatos rebalsan el libro o la pantalla y se expanden por todo el ecosistema de medios. En el caso específico de la literatura, es como si el libro les quedara chico… Cada vez es más difícil producir pensando en un único medio (inclusive resulta cada vez más complicado ganar dinero produciendo para una sola plataforma). Poco a poco veremos cómo la nueva generación de comunicadores comienza a “pensar en transmedia” y a crear historias para todos los medios y plataformas, abriendo el juego a la participación de los usuarios. Esto es lo importante: abandonar los enfoques monomediáticos y comenzar a “pensar en transmedia”. Y esto vale tanto para los comunicadores –entendidos como productores– como para los investigadores de la comunicación.

+Conozca el libro Innovación educativa y TICs. Guía básica

Notas

  La palabra prosumidor, o también conocida como prosumer, es un acrónimo formado por la fusión original de las palabras en inglés producer (productor) y consumer (consumidor). Igualmente, se le asocia a la fusión de las palabras en inglés professional (profesional) y consumer (consumidor). http://es.wikipedia.org/wiki/Prosumidor consultado sep 15 de 2012.
2 En esta edición encontraremos varios artículos que abordan el tema, entre ellos el de la profesora Martha Barreto con su investigación Usos estratégicos de la lectura y la escritura en la red (2009-2010) y la experiencia de aula del profesor Gari Gary Muriel Los cibermedios. Nuevos espacios virtuales de interacción pedagógica. Ambos profesores de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
3 Una aproximación a este fenómeno, lo proporciona el artículo de la profesora Ximena Betancour también de la Universidad Distrital, Ciberimaginarios. Las formas comunicativas juveniles en el ciberespacio.
4 Esta entrevista es el resultado de un ejercicio de comunicación en red (las preguntas llegaron por Skype, por mails, smartphones, redes sociales, etc.) con lectores de la obra del profesor Scolari y con personas que estamos interesadas en saber más sobre la comunicación digital interactiva. Por lo tanto, esta conversación es, en consecuencia con el tema central de esta edición, una conversación reticular.

La organización de la información fue realizada por Yamilet Angulo Noguera Licenciada en Español-Lenguas de la Universidad Pedagógica Nacional. Magíster en Literatura Hispanoamericana del Instituto Caro y Cuervo. Profesora de Planta de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Trabaja en la Licenciatura en Pedagogía Infantil en el área de lenguaje. En la actualidad, junto con el colectivo Sumasaberes desarrolla un proyecto de e-books en literatura infantil.

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 60