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Las dimensiones cognitiva, comunitaria y socializadora: aspectos esenciales para el desarrollo de las competencias afectivas desde la universidad

Por Eva Martha Chaparro Salinas , Por Liliana Antonio Mendoza González , Por Rolando Heredia Dominico
Magisterio
02/12/2019 - 11:45
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Foto de Pixabay
El desarrollo de las competencias afectivas en la universidad, encuentra en las dimensiones cognitiva, comunitaria y socializadora un importante soporte pedagógico que en su interacción, está favoreciendo que emerjan los mejores sentimientos y emociones de los estudiantes universitarios generando, además, el despliegue de vínculos afectivos intra e interpersonales con sus semejantes y otros agentes socializadores que de manera directa e indirecta están incidiendo en su formación y que tendrán como expresión el desarrollo del sentido de pertenencia por lo que realizan, su entorno y espacios de desarrollo.
La afectividad se relaciona con todos aquellos sentimientos que puede experimentar un individuo. Para el Diccionario de la Real Academia Española, afectividad se define como la “cualidad de afectivo”, el “desarrollo de la propensión a querer”, el “conjunto de sentimientos, emociones y pasiones de una persona” y una “tendencia a la reacción emotiva o sentimental” (Real Academia Española, 2001).
Palabras clave: Afectividad, competencias, universidad, sociedad, competencias afectivas, familia.
El siglo XXI ha traído para la humanidad un conjunto de avances tecnológicos (computadoras, internet, redes sociales, etc.) que, se pensaba, solo se podría conocer en alguna película de ciencia ficción. Sin embargo, todos esos avances parecen restarles sensibilidad a los individuos y alejarlos emocionalmente, convirtiéndolos en personas aisladas, que no pueden manifestar sus sentimientos. 
La afectividad se relaciona con todos aquellos sentimientos que puede experimentar un individuo. Para el Diccionario de la Real Academia Española, afectividad se define como la “cualidad de afectivo”, el “desarrollo de la propensión a querer”, el “conjunto de sentimientos, emociones y pasiones de una persona” y una “tendencia a la reacción emotiva o sentimental” (Real Academia Española, 2001).
Es importante destacar que “La cultura debe ser considerada el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias” (UNESCO, 2001).
En la Universidad Autónoma del Estado de México, Unidad Académica Profesional Cuautitlán Izcalli –UAEM-UAPCI–, la Dirección se ha encargado de que las autoridades y académicos sean individuos cercanos a los estudiantes para fortalecer sus habilidades y desarrollar actitudes que les permitan reunir elementos necesarios para desarrollarse académicamente como profesionales competentes.
Afectividad en la educación superior
En la UAEM-UAPCI, dentro de las actividades académicas y administrativas, se ha identificado un sinnúmero de situaciones que enfrentan los estudiantes universitarios y tres factores importantes en los que los estudiantes se desarrollan y participan que, de acuerdo con el Maestro Eugenio González, son: 1. Familia, 2. Universidad y 3. Sociedad  (González, s/a).
Los jóvenes universitarios, en muchos casos, viven una realidad complicada, crecen solos, en entornos peligrosos y delictivos. Además, es difícil para ellos expresar sus sentimientos y tienden a reaccionar agresivamente ante cualquier situación inesperada. Existe otra fracción estudiantil que tiene diferentes problemáticas con sus familias, en ocasiones se sienten poco apoyados y, a veces, consideran que sus familias no los comprenden.
Factores que influyen en la formación integral de los estudiantes 
Los factores que se manifiestan, son elementos que repercuten en la formación de los adolescentes, jóvenes y adultos que se incorporan a la vida universitaria. En este contexto, el individuo asume su carácter, identifica sus sentimientos y desarrolla, junto con la adquisición de sus conocimientos en la institución educativa, las competencias necesarias para su vida personal y profesional.
Familia
La unidad fundamental de la sociedad es la familia y representa el primer acercamiento que el niño tiene para aprender a manifestar su afectividad, donde se le enseña a sentirse querido, respaldado y cuidado. En cada edad del ser humano, la familia será el factor que determine la formación sentimental del individuo. Incluso, cuando el niño o joven no asiste a la escuela, en el hogar se le proporcionan los principios esenciales de la educación.
Sociedad
El grupo social determinará elementos como el vocabulario de la persona, rasgos culturales que le proporcionen identidad con su entorno, adquisición de actitudes y valores, así como costumbres y religión. El desarrollo del individuo en un grupo social, permite la adquisición de conductas que favorecerán el desempeño de su vida familiar y estudiantil.
Universidad
La educación que recibe el estudiante en cualquier momento de su vida, tendrá consecuencias en la formación de la persona. Al llegar a la universidad, independientemente de la Institución de Educación Superior que elija o que sus recursos económicos le permitan, el joven debe haber desarrollado la afectividad hacia sus compañeros, profesores e, incluso, la identidad hacia su máxima casa de estudios.
La universidad del siglo XXI no está exenta de problemas en el aprendizaje de sus estudiantes (adolescentes, jóvenes y adultos). Las exigencias actuales y futuras que se les han plateado a las instituciones de educación superior requieren que sus discentes asuman comportamientos protagónicos en correspondencia con los roles sociales que desempeñarán una vez egresados y en relación con el contexto socioeconómico en que se desenvolverán.
Los estudiantes universitarios no están exentos de ser etiquetados por la manera en que se manifiestan, lo cual evidencia, de forma explícita, que durante el proceso de construcción de su personalidad han existido antecedentes de maltrato físico, verbal, emocional, psicológico, sexual y/o socioeconómico, que se pueden haber presentado en el seno familiar o al interior de los diferentes grupos sociales con los que hayan interactuado.
Los antecedentes que presentan al incorporarse a la vida universitaria en calidad de estudiantes generan, en muchos casos, dificultades para asumir las responsabilidades que demanda la formación profesional que están alcanzando, lo cual se agudiza cuando sobre ellos recae el peso de haber contado en su infancia con una familia que no ofreció relaciones de cariño y afecto.
En correspondencia con ello, desde las universidades no es posible limitar el trabajo con los estudiantes a los aspectos académicos, sino que se constituye en una prioridad atender aquellas manifestaciones que de manera directa e indirecta afectan la incorporación activa, crítica y protagónica de los estudiantes a las actividades dirigidas a favorecer sus propios procesos de desarrollo (externos e internos), en su relación con las unidades de desarrollo propias del contexto en el que se desenvuelve el individuo (Vinent, M., 2000). 
La necesidad de atender, desde una visión holística, el proceso de formación de los estudiantes universitarios, permite prestar especial atención al desarrollo de las competencias afectivas, entendidas como “aquellas que nos permiten vincularnos con nosotros mismos (competencias intrapersonales), con los otros (competencias interpersonales) y en los grupos (competencias sociogrupales)” (SED, 2002).
El conocimiento profundo que tengan los estudiantes de su comunidad, de sus problemas, dificultades, tradiciones, cultura y éxitos, les permitirá reconocer las necesidades de transformación de la misma, hacerse interrogantes y pensar en vías de solución en correspondencia con los intereses comunitarios y las potencialidades de sus habitantes, donde el proceso de formación de los estudiantes contribuirá al fortalecimiento de un acercamiento al entorno y explotará todas las vías posibles para lograr su mejor conocimiento, al estudiar sus creencias, tradiciones culturales y el desarrollo socio económico que va alcanzando. 

 

Desde esta concepción de competencias afectivas subyace un conjunto de dimensiones que, articuladas desde lo afectivo, pueden garantizar en los egresados una mejor inserción en la sociedad. La existencia de las dimensiones cognitiva, comunitaria y socializadora, articulan una dinámica coherente que contribuye a revertir las carencias de afecto que se manifiestan en los estudiantes y que están afectando los reales aprendizajes que deben alcanzar. 
La dimensión cognitiva se caracteriza por la exigencia sobre el aprendizaje permanente y sistemático de las profesiones, de manera que los conocimientos adquiridos y su procesamiento se encuentran entre las necesidades de primer orden en el mundo contemporáneo, hecho al cual no escapa el proceso de formación de los estudiantes universitarios. La adquisición y procesamiento de los saberes, se produce a partir de la relación dialéctica que se logra entre los procesos de instrucción, educación y orientación, con la finalidad de ofrecer a los estudiantes una cultura general integral con énfasis en la técnica y la tecnología.
En el orden instructivo, las universidades permiten que la organización del proceso de enseñanza-aprendizaje promueva el desarrollo de competencias profesionales, donde los estudiantes se apoyen en elementos educativos que son una manifestación del proceso reflexivo que va teniendo lugar en él, a partir de la valoración del mismo, de sus esencias y de cómo trasciende a la vida cotidiana, lo cual es resultado de la labor de orientación que realizan los profesores y que garantiza que los estudiantes se expresen de manera auténtica y con pleno conocimiento de sus potencialidades y limitaciones.
Desde el proceso de la orientación es factible dinamizar la dimensión cognitiva, atendiendo a que el estudiante se constituye en el centro del proceso formativo y sus recursos de desarrollo son procesados a través de la relación entre lo instructivo y lo educativo, que tiene lugar de manera simultánea en la universidad y en los espacios físicos y psicológicos en los que participa. 
La dimensión cognitiva promueve un sistema de relaciones esenciales entre el profesor, el estudiante y el entorno, que trasciende los espacios físicos, destacándose aquellas que se establecen entre estudiantes, profesores y estudiantes y entre estos últimos y otros agentes socializadores que inciden en la formación profesional de los futuros egresados de las universidades.
La apropiación del conocimiento en una era marcada por el desarrollo de las tecnologías, exige de actitudes renovadas y comprometidas con el progreso social que desde las relaciones de afecto que desarrollan los estudiantes se convierte en importante “vehículo” para alcanzar una convivencia sana y presta para generar los mejores ambientes de discusión y gestión.
La dimensión comunitaria asume que la comunidad, al constituirse como espacio físico donde están insertadas la universidad y la familia, está ejerciendo una influencia educativa sobre los estudiantes; ello exige que el proceso de enseñanza-aprendizaje redimensione el conocimiento que tienen los estudiantes de su comunidad, el sentido de pertenencia que expresan y el carácter de su participación en relación con la misma, como espacio de existencia real y objetiva.
El conocimiento profundo que tengan los estudiantes de su comunidad, de sus problemas, dificultades, tradiciones, cultura y éxitos, les permitirá reconocer las necesidades de transformación de la misma, hacerse interrogantes y pensar en vías de solución en correspondencia con los intereses comunitarios y las potencialidades de sus habitantes, donde el proceso de formación de los estudiantes contribuirá al fortalecimiento de un acercamiento al entorno y explotará todas las vías posibles para lograr su mejor conocimiento, al estudiar sus creencias, tradiciones culturales y el desarrollo socio económico que va alcanzando. 
El sentido de pertenencia que alcancen los estudiantes permitirá despertar en ellos el amor por la comunidad, generando mayor compromiso en su desempeño, que les permita asumir mejores comportamientos, aprender a convivir juntos, ser solidarios, responsables y tener en consideración las tradiciones comunitarias arraigadas en generaciones pasadas y presentes, contribuyendo de este modo a formar individuos conocedores de sus respectivas culturas, que den vida a la comunidad y estén motivados por el progreso de su universidad.
En correspondencia con ello, el conocimiento y concientización de la realidad social de la comunidad, y el sentido de pertenencia con respecto a esta, permitirán a los estudiantes su participación acorde con los diferentes niveles de desarrollo, a través de las actividades o instituciones de la comunidad, evitando, de este modo, que se excluyan o se sientan excluidos de participar.
Castillo Rincón, Amauri (2008), expresó: “…tenemos que luchar por conservar nuestro sentido de pertenencia, que nos ayuda a mantener la cohesión humana, iniciando nuestro trabajo, en ese sentido, en la familia, haciéndola más unida, comunicativa y participativa, sobre la base del amor, la consideración, la aceptación, la buena comunicación y el respeto”; ello demuestra que no habrá actividad humana coherente que no tenga una cuota de amor, entusiasmo, afecto y consideración, lo cual solo se desarrolla y consolida cuando se siente que lo que hacemos es importante y necesario, no por cumplir metas solamente, sino por sentirnos orgullosos de pertenecer a esa institución, organización, grupo, familia, etc.
La participación de los estudiantes favorecerá su capacidad para trascender posiciones de apatía, pasividad y transferencia de responsabilidades a otros, permitiéndoles asumir una postura activa y crítica, con responsabilidad y concientizando su verdadero rol en la sociedad; sin desconocer que la transición de una postura pasiva a una postura activa del estudiante es un proceso mediato.
La dimensión socializadora debe dotar a los estudiantes de una formación integral-profesional que, en interacción con los procesos productivos y/o de servicios, les permita comprender la utilidad social de lo que hacen y aprenden y el grado de satisfacción profesional, con lo que podrán asumir comportamientos protagónicos, a partir de la formación integral alcanzada.
De acuerdo con las necesidades de los educandos, se deben propiciar oportunidades para que lleguen a comprender la utilidad social de lo que hacen y aprenden, reconociendo la función que tiene la universidad que los recibe, el aporte que brindan a la economía y al desarrollo social. En tal sentido, la universidad permitirá que los estudiantes comprendan las interioridades de los procesos que en dichas instituciones se manifiestan, desarrollarán competencias genéricas y las inherentes a todo profesional, alcanzando niveles superiores de sentimientos positivos hacia la labor que realizan los maestros y demás trabajadores, los cuales se presentan como modelos de actuación.
El grado de satisfacción profesional de los discentes estará expresado, además, en su participación activa y consciente en todas las actividades que se organizan en la universidad y en el entorno, así como las relaciones de colaboración y ayuda mutua que perciben desde los centros de producción y/o servicios.
La formación profesional que deben alcanzar, permitirá comprender que se han convertido en un factor decisivo para el crecimiento económico del país y por ello es vital llevar a cabo un profundo intercambio de experiencias con profesionales afines a la formación que están alcanzado, que movilice el trabajo investigativo para ofrecer mejores resultados y, por lo tanto, serán mejores estudiantes, así como mejores profesionales.
La dimensión socializadora, tendrá en consideración la diversidad que se manifiesta, como aspecto de trascendental importancia, que permitirá profundizar en la formación de cada educando a partir de sus potencialidades, recursos personológicos y las diferencias que se evidencian en los comportamientos de un estudiante a otro. La solidez en la formación profesional es un aspecto importante que contribuye y refuerza su autoestima y el concepto que ha desarrollado de sí mismo, de sus potencialidades, siendo así, habrá un mayor desempeño, participación y equilibrio emocional, como muestra del desarrollo de las competencias afectivas. Así, las competencias afectivas encuentran en el componente investigativo un espacio de desarrollo que permite involucrar al investigador en un entramado de relaciones que le exigen el despliegue de emociones para profundizar en el conocimiento de sí mismo, logrando niveles superiores de autocontrol.
En este sentido, el estudiante, en calidad de investigador, estará en condiciones de interactuar con los demás integrantes del equipo de investigación, comprendiendo los diferentes mecanismos y exigencias del trabajo colaborativo para llegar a discusiones y análisis crítico desde lo colectivo e individual. Estas actividades contenidas dentro del componente investigativo son generadoras de relaciones afectivas responsables, coherentes y constructivas, potenciando expresiones conductuales y emociones necesarias para alcanzar la mejor formación profesional.
Desde edades tempranas y con mayor nivel de conciencia en la universidad, los estudiantes, desarrollan y consolidan sentimientos afectivos con otros, de ahí que el desarrollo de la conciencia estudiantil permite el despliegue de un conjunto de acciones y actividades que profundizan en el desarrollo de las competencias afectivas.
Los vínculos afectivos “tienen que ver con el equilibrio entre dar y recibir, ya sean bienes materiales, tiempo, amor, tranquilidad, etc. Son un intercambio equitativo en el que no hay deudas. Los vínculos afectivos se fortalecen por medio del desarrollo de competencias afectivas bien estructuradas…” Kidsave (2011). Los estudiantes universitarios deben ser conscientes de que el desarrollo de vínculos afectivos es una necesidad importante para su proyección como futuros profesionales, y con ello deben organizar el desarrollo de sus actividades, interacciones y estrategias de aprendizaje, sin excluir la comprensión de los demás, de sus rasgos distintivos e identitarios.
El trabajo en equipo se constituye en factor decisivo para lograr consolidar las emociones y afectos por uno mimo y los demás, para ello se requiere “hacer conjunción de intereses, sentimientos, sueños, solidaridad, confianza y lealtad con esa otra persona que nos escogió dentro del conglomerado social para hacernos objeto de su amor, dedicación y compañeros de siempre. Ello afianza un sano sentido de pertenencia a esa persona, haciéndonos ser mejores para no afectarla, frente al sentimiento recíproco de que también ella nos pertenece, en el camino de hacernos una vida feliz” (Castillo Rincón, Amauri, 2008).
En el proceso de asunción del desarrollo de la investigación en lo particular, y del resto de las actividades universitarias en general, los estudiantes estarán en condiciones de proyectar un conjunto de habilidades del pensamiento lógico, entre las que se destacan la valoración, identificación, generalización, comparación, análisis, síntesis, consolidando su dominio desde las interacciones en las que se involucra.
Como consecuencia del desarrollo de estas habilidades, que se diversifican desde las dimensiones descritas, se consolidan un conjunto de competencias, que por su alcance y dinámica de desarrollo, son connotadas como afectivas, constituyéndose en aspectos fundamentales para la formación profesional de los estudiantes universitarios. 
Competencias afectivas
Identificación de los recursos personológicos.
Sentido de pertenencia.
Equilibrio emocional.
Comprensión de los pares.
Interacción consciente.
Desde la identificación de los recursos personológicos, los estudiantes deben ser capaces de prestar atención a aquellos recursos y potencialidades que se manifiestan en ellos, y otros que aún no han sido revelados pero que, potencialmente, pueden explorar y desarrollar. En este sentido hay que destacar que desde el proceso de identificación de los referidos recursos se está en condiciones de producir reales transformaciones en la personalidad, que se conviertan en aspectos reveladores de las manifestaciones afectivas que los sujetos despliegan en sus diferentes interacciones y en correspondencia con los diversos espacios de expresión en los que participan y, a su vez, contribuyen a su transformación.
El sentido de pertenencia favorece los vínculos afectivos con todos aquellos espacios, bienes materiales, familiares y agentes socializadores que de manera directa e indirecta han incidido o inciden en la formación de los estudiantes, este se expresa a través del amor, respeto, consideración y participación consciente. La expresión del afecto encuentra en el sentido de pertenencia un ingrediente importante que valoriza el estado emocional del sujeto, el amor por los espacios físicos y psicológicos en los que se ha convivido, estudiado, desarrollado el adolescente, joven o adulto, es un importante movilizador de manifestaciones de afecto, generando, de manera consciente, la máxima expresión de sentimientos positivos hacia los otros. 
El desarrollo del equilibrio emocional es reflejo de las manifestaciones que se brindan a todo aquello que le rodea, especialmente a sus semejantes, actuando de manera consciente con los modos de adaptación a diferentes estímulos externos o internos. Desde la representación social que se asume del medio y todo lo que le rodea, el estudiante se convierte en un elemento de trascendental importancia para lograr acuerdos, negociaciones, asumir responsabilidades, retos y consecuencias de sus actos, con conocimientos adquiridos desde las potencialidades que desarrolla como consecuencia de un responsable equilibrio emocional. Cuando el estudiante logra comprender a sus pares revela que ha alcanzado un nivel de desarrollo en el entendimiento de las cosas y problemas que le rodean, asumiendo posturas de tolerancia ante situaciones que se presentan y, en este sentido, llegar a acuerdos sensatos y responsables. De igual manera, es menester expresar que, desde la misma esencia de la comprensión personal de sus actos y del desempeño de los demás, el estudiante es consecuente con las principales premisas que, desde el ámbito universitario y otros contextos de participación, están mediando el desarrollo del sujeto, que por la diversidad existente en todos los grupos humanos en los que se involucra, está sometido a un proceso de autorreflexión que se convierte en una indiscutible herramienta psicológica para comprender a sus semejantes.
La interacción consciente se constituye en una acción recíproca del sujeto con sus semejantes, objetos, etc. y está marcada por las diferentes influencias que recibe del medio social que, a su vez, dinamizan el carácter de las interacciones en las que se involucra el estudiante. Son muchas las interacciones en las que los estudiantes están insertos; sin embargo, estas requieren alcanzar niveles de desarrollo que las impliquen como expresión consciente de los actos, actividades, responsabilidades asumidas y vivencias de los sujetos que se involucran; es necesario expresar que las interacciones conscientes son compatibles con el éxito estudiantil, laboral, profesional, toda vez que las mismas conducen al logro de mayores desempeños en sus futuras actividades profesionales y en aquellas propias de la vida en general.
El vínculo entre las diferentes competencias afectivas y la asunción de ellas por parte de los estudiantes universitarios, hace de las instituciones de Educación Superior un espacio propicio para el desarrollo de estas, porque el entramado de actividades, acciones y eventos en los que se ven involucrados los estudiantes, exige de ellos mayores niveles de compromiso, responsabilidad y participación en los procesos conducentes a su propia formación.
En este sentido, las competencias afectivas garantizan el necesario equilibrio emocional que los estudiantes requieren ante eventos desafortunados que desde los puntos de vista social, académico y/o familiar se estén manifestando en su entorno y puedan afectar sus intereses personales o sociales.
El desarrollo de las competencias afectivas desde las universidades se irá constituyendo en un factor importante al que las organizaciones de producción y/o servicios deberán prestar especial atención porque el clima estudiantil que los futuros profesionales gestan desde las universidades, será la manifestación del clima laboral que se despliegue en las diferentes organizaciones donde los egresados se desempeñen. El reto está en que, desde la sociedad, todos los actores económicos, políticos, empresariales, etc., deben buscar alternativas que generen el desarrollo de las competencias afectivas de los que hoy son estudiantes y mañana serán trabajadores y empresarios.
Bibliografía
Castillo Rincón, Amauri. (2008). Sentido de pertenencia. Extraído el 25 de junio de 2012 de http://unavidafeliz.com/2008/05/19/sentido-de-pertenencia/ 
Kidsave. (2011). Manual de desarrollo de competencias afectivas. Extraído el día 24 de junio de 2012 de http://www.kidsave.org.co/apc-aa-files/fe5a1a72340dfbec7ec1e477a37f9d1a/...
DesarrolloCompAfectivas_1.pdf 
Real Academia de la Lengua Española. (2001). Diccionario. Vigésima segunda Edición. 
Secretaría de Educación del Distrito. (2002). Documento Competencias básicas 7° y 9°. Desarrollo de competencias afectivas durante la primera infancia. Bogotá. Extraído el día 25 de junio de 2012 de http://www.eleducador.com/home/preescolar/537-articulo-preescolar-desarr...
UNESCO. (2001). Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural. ONU.
Vinent Méndez, M. (1999). Proyecto educativo para la formación integral de los adolescentes en la Enseñanza Media Superior. Tesis presentada en opción al Grado Científico de Doctora en Ciencias Pedagógicas, Santiago de Cuba.
Rolando Heredia Dominico. Doctor en Ciencias de la Educación rhdcubano@yahoo.es 
Liliana Antonio Mendoza González. Maestra en Derecho Ambiental y Sustentabilidad lamgcapri@hotmail.com
Eva Martha Chaparro Salinas. Doctora en Ciencias de la Educación bebachaparro@yahoo.com.mx
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