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Las estrategias de aprendizaje desde una didáctica desarrolladora

Magisterio
09/11/2015 - 05:15
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Foto tomada de Flickr: Santa Cruz Public Libraries. Algunos derechos reservados.

Introducción

Desde la antigüedad han coexistido diferentes tendencias interesadas en explicar el pensamiento pedagógico que orienta la enseñanza de las asignaturas escolares en el proceso del conocimiento humano y su relación con el aprendizaje escolar (Zubiria, J, 2002).

 

Los estudiantes limitan el desarrollo de sus estrategias de aprendizaje a un manejo memorístico y descriptivo de los conceptos, aproximándose a ellos por sus características externas, con un reducido manejo en el ámbito explicativo e interpretativo (UNESCO, 2000; Pisa, 2006). 

 

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Si bien, se conoce que el interés por estudiar las estrategias de aprendizaje, surge como aporte de la Psicología cognitiva,  también han sido motivo de investigación, teniendo como base los presupuestos del Enfoque Histórico Cultural y la Didáctica Desarrolladora (Addine, 2004; Castellanos, García y Reinoso, 2000; Zilberstein y Solís, 2005), entre otros. 

 

Se asume en este artículo el desarrollo de estrategias de aprendizaje desde una Didáctica Desarrolladora, con fundamentos en el "Enfoque Histórico Cultural" (EHC), postulado por Lev Semionovich Vigotski (1896-1934), así como los aportes hechos por sus continuadores como Luria (1982), Leontiev (1976), Galperin (1979), Davidov (1982), Talizina (1988), entre otros.

 
Autores de habla hispana también se han visto fuertemente influenciados por el EHC, y lo reflejan en sus propuestas educativas, Coll (1999), Gil Pérez (1994), Barriga (1997), Zubiría (2000), Candela (2000), García (2000), entre otros.

 

Desarrollo

El conocimiento del mundo, tanto social como físico, conduce o no de modo natural, a un conocimiento del lenguaje léxico-gramatical. 
(Bruner, 2007, p. 173)

En la Didáctica Desarrolladora, el concepto de Zona de Desarrollo Próximo (ZDP)  adquiere especial relevancia durante el proceso de enseñanza aprendizaje al constituir el punto de articulación entre la mediación (ayuda del otro) y el desarrollo cultural.

 

Zubiría (2002, p. 24), señala que “la mediación actitudinal en niños y jóvenes debe privilegiar el interés por el conocimiento y la autonomía (…) dispone a los estudiantes positivamente para la incorporación consciente de los contenidos culturales”. Es decir, los tipos de mediación ayudan al desarrollo del estudiante. Con la ayuda del profesor, este se apropia de los medios culturales, como son el lenguaje y las estrategias de aprendizaje (herramientas intelectuales). Este salto cualitativo lo garantiza una enseñanza bien estructurada, al operar no solo sobre las zonas o funciones ya maduras, sino sobre aquellas que se encuentran en proceso de maduración (Vigostski, 1979). 

 

“La enseñanza correctamente organizada conduce tras de sí al desarrollo mental infantil (…)” (Vigotski, 1998, p. 62). Vigotsky plantea, además, que las funciones psíquicas superiores nacen de los procesos de interacción y comunicación. 

 

El proceso de socialización facilita la interiorización de las acciones, el tránsito de la “conciencia colectiva a la individual”, de lo externo a lo interno, (Vigotski, 1987). 

 

Otro elemento a destacar para el desarrollo de estrategias de aprendizaje, es el establecimiento de la relación entre la actividad y la comunicación como procesos de socialización, que son ideales para propiciar la interacción, el intercambio de ideas entre alumnos y profesores, de la discusión nace el pensamiento (Leontiev, 1975).

En el aprendizaje, el lenguaje también representa un mediador esencial en el desarrollo intelectual, guarda estrecha relación entre el contexto sociocultural y la actividad. Vigotski plantea que la función primaria del lenguaje es la comunicación, el intercambio social (Vigotski, 1998, p. 3), es el medio que garantiza la apropiación de las herramientas culturales durante el aprendizaje, en donde el pensamiento se explica como resultado de la interiorización del lenguaje.

 

Es necesario propiciar que el alumno aprenda a verbalizar, a describir o explicar sus ideas como un acto consciente, intencional; al redescribir el conocimiento, aprenderá también a operar con él, mejorando sus recursos para comunicarse. 

 

Las Investigaciones realizadas dentro de la Didáctica desarrolladora demuestran la actualidad de estas ideas; un proceso de enseñanza adecuadamente estructurado puede lograr, por ejemplo, la formación de un pensamiento conceptual que opere con generalizaciones en estudiantes de 10-11 años, siempre y cuando el tipo de aprendizaje tenga un carácter activo, motivacional y desarrollador (Miedes, 1989; Rico, 2004; Santos, 1989; Silvestre, 2005 y Zilberstein, 2000, 2005).

 

Se asume como aprendizaje desarrollador “aquel que promueve el desarrollo (…) que garantiza en los individuos la apropiación activa y creadora de la cultura, propiciando el desarrollo de la autonomía y la autodeterminación, en íntima armonía con los procesos de socialización y compromiso” (Castellanos, 2000, p. 4). 

 

Bajo esta posición, una enseñanza desarrolladora es aquella que, a partir del diagnóstico, crea las condiciones para la intervención docente, considera los intereses, motivaciones, necesidades, particularidades, potencialidades de los estudiantes, emplea métodos activos que propicien el uso de estrategias de aprendizaje, organiza, orienta, controla los tipos de actividad mediante tareas significativas que respondan a niveles diferentes de complejidad.

 

La realización de tareas de aprendizaje, están en función del objetivo, contenido y métodos, debe concretarse en un sistema de acciones y operaciones realizadas por los estudiantes bajo determinadas condiciones como planear, organizar y proponer alternativas de solución que le exijan un esfuerzo intelectual en la búsqueda activa del conocimiento y la esencia, que favorecerá la transferencia de lo aprendido.

 

Se aspira a un proceso de enseñanza que no solo atienda tareas que desarrollen los procesos psíquicos superiores, sino que incluya actividades (…) a la vez que sienta, ame y respete a los que le rodean y valore las acciones propias y las de los demás (…) (Zilberstein, 2005, p. 67).

 

Entre algunas de las exigencias que debe reunir el aprendizaje del estudiante para transformarlo en un proceso altamente desarrollador de sus propias estrategias están:
a)    La implicación de este en la búsqueda activa y reflexiva del conocimiento;
b)    que identifique su esencia; 
c)    que relacione su experiencia con lo nuevo y pueda transferirlo;
d)    que reflexione sobre los procedimientos que utiliza para la solución de tareas;
e)    que se relacione con los demás;
f)    que sea capaz de regular su autoestima y su autoconocimiento y 
g)    que pueda regular sus propios procesos para aprender a aprender. 

 

Rico (2004) define la autorregulación, como el momento en el que el estudiante ha interiorizado el control y la valoración y es capaz de operarlas a un plano mental superior y anticipar formas correctas en la realización de la actividad.

 

Un aprendizaje activo, autorregulado e independiente requiere reflexionar sobre los recursos, entre ellos las estrategias de aprendizaje que ayuden a la consecución de los objetivos, lograrlo no es una tarea fácil, se necesita sistematizar, constancia en el enseñar a los alumnos a pensar sobre las acciones, procedimientos y conocimientos que pueden movilizar para alcanzar el éxito del objetivo. 

Para Castellanos, D. (2000, p. 21) las estrategias de aprendizaje son herramientas que utiliza el alumno consciente y reflexivamente, que le permiten enfrentar con éxito la apropiación de nuevos saberes y de un aprendizaje permanente, las define como “procedimientos de alto nivel” orientados al desarrollo de competencias. En palabras de la autora son aquellos conocimientos y procedimientos, que los estudiantes van dominando a lo largo de su actividad e historia escolar y que les permiten enfrentar su aprendizaje de manera eficiente.

 

A juicio de los autores de este trabajo aprender estrategias de aprendizaje dispone a los estudiantes a: 

a) reconocer sus características propias, mediante el autodiagnóstico que revele sus potencialidades y debilidades; 
b) buscar las ayudas pertinentes; 
c) establecer relaciones y sus nexos entre los conocimientos que poseen y los que necesitan aprender; 
d) desarrollar habilidades generales y particulares que los lleven a identificar las cualidades internas del objeto; 
e) tener conocimiento sobre los procesos que utilizan para aprender; 
f) planificar, organizar los recursos, los tiempos de la actividad; 
g) controlar, evaluar y valorar la ejecución de lo planificado; estas acciones contribuyen al éxito de la actividad; el estudiante aprenderá a valorar sus logros o determinar en qué parte de la misma tuvo mayor dificultad para replantear sus acciones. Es menester que el docente concientice a sus estudiantes sobre la importancia y utilidad que les representa aprenderlas. 

 

Las estrategias de aprendizaje constituyen un proceso de toma de decisiones que forma al estudiante en los procesos de autorregulación; comienza cuando existe una necesidad, un objetivo que lograr y las vías para alcanzarlo (planificación), continúa cuando se ejecuta el plan elaborado (ejecución y control) a partir de las exigencias de la tarea y finaliza con la evaluación y valoración (autovaloración) de lo realizado. 

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Estos razonamientos forman parte del carácter autorregulador de la estrategia. Al decir de Torres el aprendizaje debe contener un fuerte componente metacognitivo (Torres, 1998, p. 182). A la reflexión sobre ¿qué, cómo, dónde y cuándo utilizar la estrategia?, Castellanos (1999) la denomina “madurez metacognitiva”.

 

La metacognición es la capacidad de reconocer, analizar y controlar los propios procesos psicológicos que se involucran en el aprendizaje (Castellanos, 2000), incluye también el conocimiento, planeación, control, evaluación y reajuste de las acciones que obstaculizaron el logro del objetivo, de las estrategias empleadas, de la propia actuación y hasta de los factores personales implicados en ella, incluyendo la autoeducación.

 

Otro componente presente en el aprendizaje de las estrategias es su carácter formativo. Practicar los valores asegurará personalidades potenciales que conozcan, actúen y respeten (Schmelkes, 2004), se evidencia la unidad entre lo cognitivo, afectivo, motivacional y actitudinal. 

 

En el aprendizaje, los estudiantes asumen compromisos para el cuidado y protección de su salud y del medio ambiente en donde viven, así como comportamientos “acertivos”, entendiéndose ello como la capacidad para expresar sentimientos en el momento adecuado y de forma pertinente (J. De Zubiría, S. de Zubiría y L. Guarín, 2002). Como se aprecia, estos autores enfatizan en la formación de valores y actitudes como vía obligada para lograr el aprendizaje independiente.

 

Los autores de este artículo se suman a lo expuesto por Castellanos (2001), en el sentido de que potenciar un sistema de estrategias de aprendizaje implica el control de las dimensiones cognitiva, reflexivo-reguladora y afectivo-motivacional (Rico, 2004), es decir, reconocer el carácter integral de la estrategia.

 

Dirigir la enseñanza hacia el desarrollo de estrategias de aprendizaje contribuirá a resolver, en parte, los eternos problemas asociados al aprendizaje escolarizado como: la transmisión pasiva de conocimientos descontextualizados, el uso indiscriminado de tareas reproductivas que restan sentido y significado al deseo de aprender, entre otras dificultades que se han abordado y que no contribuyen a una formación integral.

 

Convertir estas debilidades en fortalezas implica, transformar el aula en un espacio en donde “todos aprendan”, incluyendo al docente, quien enseñará a sus estudiantes a reflexionar sobre el cómo, para qué, por qué, dónde y cuándo aprenderlo, así como también, de lo que piensan y sienten.

 

Conclusiones

Asumir la Didáctica Desarrolladora desde el Enfoque Histórico Cultural, como fundamento para desarrollar estrategias de aprendizaje, significa re-estructurar la enseñanza y el aprendizaje, mediado por actividades que desarrollen las funciones psíquicas superiores, necesarias en la apropiación y producción del conocimiento y, consecuentemente, el desarrollo integral del estudiante. 

 

En este contexto las estrategias de aprendizaje constituyen una vía que puede facilitar aprehenderlas, producto de la actividad, la interacción sociocultural y en procesos de interiorización.

 

Se necesita una toma de conciencia por parte del docente, que ha de traducirse en el dominio de una concepción didáctica que oriente la enseñanza a partir del diagnóstico de los intereses y las características personales de los estudiantes, con el fin de organizar situaciones de aprendizaje que los confronten e involucren en los tipos de actividad y en el empleo de estrategias de aprendizaje como una vía para desarrollarlos integralmente.

 

Referencias

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Nota

*Vigotski la define como “hallar la distancia entre el nivel real de desarrollo del niño determinado por la capacidad de resolver independientemente un problema, y el nivel de desarrollo potencial, determinado a través de la resolución de un problema bajo la guía de un adulto o en colaboración con otro compañero más capaz”. (Vigotski, 1979:113).

 

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