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Las familias homoparentales y sus prácticas educativas: elementos de análisis

Magisterio
13/07/2020 - 11:15
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La presente ponencia se deriva de la investigación denominada “Las prácticas educativas en familias homoparentales (FH)”. Dicha investigación es una invitación para cuestionar el sentido prescriptivo y normalizador del campo pedagógico y repensar las prácticas educativas familiares desde las fisuras del propio campo. 

La investigación se desarrolló desde los intersticios de la pedagogía para comprender la forma en que educan a sus hijos gays y lesbianas por lo que se vincula al ámbito de la educación informal y a sujetos que socialmente han vivido discriminación debido a su orientación sexual y a sus ejercicios parentales atípicos. 

La pregunta de investigación que orientó el trabajo refiere a ¿Cómo son las prácticas educativas en algunas familias homoparentales? Por lo que el objetivo general planteó conocer las prácticas educativas que se llevan a cabo en familias tanto de lesbianas como de gays, particularmente a través del discurso de quienes ejercen parentalidad. 

Las familias de la investigación educan a sus hijos bajo valores como la solidaridad, la honestidad, la justicia y el respeto. Pero particularmente enfatizan al amor no sólo como un valor sino como un principio de vida. Tanto en las familias de gays como en las familias de lesbianas el amor está presente, independientemente de las condiciones sociales a las que pertenecen. 

El supuesto de investigación estableció que las familias homoparentales presentan tensiones entre la normalización y la subversión cuando educan a sus hijos. Las familias se encuentran en un cruce constante entre lo que se espera de ellas como espacios educativos, la persistencia de normalizarlas y su ser homosexual que impregna sus prácticas parentales que impactan en la formación de los menores. 

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La investigación se desarrolló bajo la metodología cualitativa ya que me aboqué a indagar los sentidos y significados de la acción educativa a partir de los discursos y prácticas en las familias homoparentales. La investigación se centró en estudios de caso y desde la interseccionalidad. Trabajé con diez familias (ocho lésbicas y dos gays). El contexto fue la zona metropolitana de la Ciudad de México. 

Desarrollo

Evidenciar algunas de las acciones cotidianas en el espacio familiar de gays y lesbianas implica considerar la importancia sustantiva de la educación informal en la vida de los seres humanos. 

Las situaciones cotidianas tienen un alto potencial educativo y aunque son aparentemente azarosas y sin un plan trazado previamente, son sin duda, un medio para la transmisión de valores, patrones, costumbres, tradiciones y estereotipos sociales. El impacto de la educación informal en las personas es nodal, sin embargo, el nivel de conciencia de los conocimientos, valores y comportamientos adquiridos es muy bajo, razón por la cual las prácticas educativas son difíciles de comprender en un tiempo determinado, es decir, se requiere de cortes longitudinales para identificar los efectos de esta educación en los sujetos, de considerar acciones concretas pero también, retomar las experiencias de los niños y las concepciones de quienes ejercen parentalidad respecto a su propia actuación. 

Reconozco que las prácticas educativas son difíciles de investigar debido a los aspectos que mencioné en el párrafo anterior, pero también porque aspirar a comprender la lógica de las prácticas educativas de manera holística es complejo. En este sentido, las prácticas de las que hablo se desprenden de actos concretos y observables, pero sobre todo, del discurso parental de gays y lesbianas. Ahora bien, si a ello aunamos que la condición de quienes ejercen parentalidad está permeada por el estigma social, entonces la situación se complejiza. 

Entiendo las prácticas educativas como concepciones y actos de quienes ejercen parentalidad, que transitan entre lo intencional y lo espontáneo y se desarrollan en lo cotidiano de la vida familiar. Son un entramado de significaciones que configuran el proceso formativo de sujetos particulares. Son la base de la formación que siempre se constituye como un devenir constante y un aspecto inacabado. Ahora bien, si quienes ejercen maternidad o paternidad asumen y practican una orientación sexual no normativa, la actividad de educar adquiere particularidades que no se presentan en otros espacios familiares. 

Así, encontré que existen dos elementos que permean las prácticas educativas de las diez familias de este estudio: El primero se refiere a la homofobia como configurante de sentidos. Ésta marca las rutas de formación de la prole de quienes han sufrido en carne propia actos de discriminación, rechazo y exclusión por su orientación sexual. Los gays y las lesbianas que participaron en esta investigación buscan formar a sus hijos bajo los fundamentos de una educación respetuosa de la diversidad, con valores que tiendan al reconocimiento y respeto a la dignidad humana; todo esto resultado de su propia experiencia como sujetos vulnerables. Se trata de formarlos en actitudes contrarias al miedo y al odio hacia lo diferente, particularmente en contra de acciones que rechazan orientaciones sexuales no normativas. También pretenden dotar a sus hijos de herramientas para enfrentar un mundo homofóbico que niega la posibilidad de que niños y niñas crezcan en familias conformadas por padres gays o madres lesbianas. 

Para alcanzar los aspectos anteriores quienes ejercen parentalidad despliegan prácticas como el diálogo constante con sus hijos, permiten que éstos tomen decisiones y tengan experiencias donde compartan lo que son y lo que tienen; continuamente buscan espacios donde los menores tengan que convivir con personas de contextos diferentes al suyo. En esta lógica pretenden educar bajo la coherencia de su pensamiento y sus acciones. Los niños de gays o lesbianas poseen elementos para explicar la singularidad de su familia ya que cotidianamente sus padres o madres hacen alusión a la diferencia que tienen con otras constituciones familiares. 

Para algunos participantes de la investigación enfatizar la característica de diferenciación con otras estructuras familiares es importante, ya que su prole no está exenta de los embates de la homofobia y requieren de elementos que les permitan no sólo defenderse a partir de argumentos a favor de su familia, sino de modificar la percepción de otros en relación a la educación que reciben en dicho espacio. 

Las familias de la investigación educan a sus hijos bajo valores como la solidaridad, la honestidad, la justicia y el respeto. Pero particularmente enfatizan al amor no sólo como un valor sino como un principio de vida. Tanto en las familias de gays como en las familias de lesbianas el amor está presente, independientemente de las condiciones sociales a las que pertenecen. Considero que este referente se constituye en un elemento central de sus actos educativos ya que el amor es una de las estructuras más fuertes del sistema de género que organiza las emociones, es decir, los sentimientos, el deseo, la sexualidad y el cuerpo (Esteban, s.f ). Al analizar el amor como un valor podemos reconocer las desigualdades de género y el estigma respecto a las orientaciones sexuales no normativas, en tanto que, desde la heteronormatividad, se prescribe una forma particular de ejercer el amor, que coloca a gays y lesbianas en la ilegitimidad de sus prácticas amorosas. En este sentido, la heteronormatividad se beneficia de las prohibiciones de cierto tipo de relaciones amorosas y genera procesos desiguales en los intercambios amorosos. 

El segundo elemento presente en las prácticas educativas de estas familias es la subcultura lésbico-gay. Entiendo ésta como un conjunto de significaciones compartidas entre gays y lesbianas, aunque no de manera homogénea, que se concretan en producciones materiales, lenguajes, concepciones, valores y percepciones que se derivan de historias de deseos, dolor, lucha y resistencia que configuran estilos de vida (Foucault, 1999). Es una subcultura dinámica y en constante recreación. 

Quienes ejercen parentalidad van introduciendo a su prole en un estilo de vida vinculado al mundo lésbico-gay a partir de ciertas prácticas que se derivan de dicha subcultura y que tienen un carácter formativo. La asistencia a marchas de reivindicación de derechos LGBTTTI se constituye en una práctica educativa que tiene la intención de que sus hijos reconozcan la diversidad sexual y consideren que su familia mantiene una lucha constante contra ciertas concepciones y acciones heteronormativas que niegan u ocultan su presencia social. 

Por otra parte, la lectura de ciertos libros, películas y la asistencia a ciertas obras de teatro que tratan temáticas relacionadas con la homosexualidad son actividades constantes en estas familias. El objetivo de ello es reafirmar la existencia de familias como la suya y de hombres y mujeres con orientaciones sexuales que no siempre responden a lo que socialmente se ha definido como “lo ideal” o “lo normal”. De algún modo educan a sus hijos en un cuestionamiento a la heteronormatividad posibilitando que en un futuro tomen decisiones a partir de sus propios deseos e inclinaciones y no sólo desde la imposición arbitraria de lo se espera de hombres y mujeres que viven dentro de una sociedad heteronormada. 

Como parte de la subcultura lésbico-gay, las familias de esta investigación enfatizan una educación sexual que considere la toma de decisiones informada y responsable sobre su cuerpo. Pero también el conocimiento de sus deseos, placeres y emociones para el ejercicio de su sexualidad. 

Asimismo, dicha educación sexual tiende a mostrar la presencia social de grupos que disienten del grueso de la población como los trans, intersex, bisexuales, lesbianas y gays y que al interior de estos grupos hay posturas y diferencias. De igual modo se habla sobre las enfermedades de transmisión sexual, el VIH-SIDA y de parejas serodiscordantes, cuestiones que no siempre se tratan en las familias homoparentales. En las dos familias con hijos adolescentes de esta investigación, los padres y las madres conocen la actividad sexual de su prole y participan de dotarlos de información e insumos anticonceptivos. 

Cabe mencionar que las explicaciones respecto a su origen son indispensables no sólo porque constituyen un referente central en la estructuración subjetiva y en construcción de su sexualidad sino porque, dicho sea de paso, permiten considerar un doble proceso socioidentificatorio: por un lado, el que los niños sepan que pertenecen a una familia donde ambos padres son del mismo sexo, o bien que son hijos de una madre o un padre homosexual los ubica en un lugar de diferenciación respecto a otras familias, y en segundo lugar, si a ello aunamos que son adoptados o producto de inseminación artificial, los niños y las niñas tienden a construirse subjetivamente desde la diferencia por cualquier lado que se le mire, a reconocer la existencia de medios de procreación no tradicionales, pero aún frente a ello, toman conciencia de que se requiere de un hombre y una mujer para que dicho proceso de procreación se lleve a cabo. Esto permite a los menores considerar permanentemente la diferencia de sí mismos y en los otros. Una posible línea de investigación que se deriva de esto, es identificar las representaciones que los niños de gays o lesbianas configuran respecto a la concepción, gestación, nacimiento y sexualidad humana. 

Otra de las prácticas educativas que se deriva de la subcultura lésbico-gay y que deviene del feminismo es el cuestionamiento a ciertos mandatos de género; algunos padres y madres de la investigación evitan que sus hijos asuman que ciertos juguetes, juegos, colores y gustos son propios de mujeres u hombres. Las madres y los padres del estudio, si bien no pueden desprenderse del todo de los mandatos de género, los cuestionan y resisten a ellos; permiten que sus hijos realicen actividades diferentes a las que les corresponde según el género asignado, incluso los inducen a explorar los márgenes del género. De igual modo, tienden a formarlos a favor de condiciones de igualdad e inclusión entre hombres y mujeres. 

Es importante señalar que las prácticas educativas presentes en las familias que hicieron posible este estudio, responden a cuestiones de origen social y a la manera en cómo los gays y las lesbianas fueron educadas, lo que da continuidad a ciertos actos educativos. Por ejemplo, en cinco de las familias, los gritos, los castigos, recordarles su origen, poner a los hijos en evidencia frente a otros e incluso los golpes, son parte de las acciones que despliegan a la hora de educarlos. Aunque estos padres y madres están conscientes que estos medios de corrección no son los idóneos, según las nuevas tendencias educativas derivadas de los derechos humanos y del personalismo, no siempre pueden evitarlos pues no conocen otras estrategias o métodos para educarlos. 

En la educación de los hijos de gays y lesbianas participan también otros actores que dan pie a la constitución de redes de apoyo. El hallazgo es interesante en el caso de las familias de la investigación porque las redes de apoyo tienen dos vertientes: Por un lado, se encuentran aquellas conformadas por mujeres heterosexuales que generalmente son familiares o personas contratadas para el cuidado de los hijos. Este es un referente importante porque da cuenta de que el cuidado y la educación de las criaturas sigue siendo una actividad feminizada incluso en las familias de padres gays. Por otro lado, en la segunda vertiente, las redes de apoyo se constituyen a partir de un conjunto de familias que comparten la singularidad de estar constituidas por padres gays o madres lesbianas. 

En este caso la red de apoyo sirve no sólo como un espejo sino como un espacio de pertenencia donde se comparten inquietudes, avances, retos y formas de hacerle frente a ciertas acciones que les niegan o, en el mejor de los casos, les cuestionan por ser familias homoparentales. Como parte de este tipo de redes de apoyo participan también personas trans, otros gays o lesbianas cercanas a quienes ejercen parentalidad. 

Para las familias con hijos en edad escolar, la escuela se convierte en un espacio importante para generar presencia social ya que difícilmente pueden abstraerse de dicha institución, aunque en uno de los casos las madres decidieron educar a su hija en casa por lo que no asiste a la escuela. 

Algunas de las familias, sobre todo aquéllas donde la escolaridad de madres o padres corresponde a la educación superior, desde el momento en que inscriben a sus hijos a la escuela hacen del conocimiento de directivos y maestros la singularidad de su familia, además de que constantemente hacen alusión a ello para que quienes integran la comunidad escolar consideren su presencia como algo “normal”. Esto es interesante porque no pretenden pasar desapercibidos, sino que buscan que los demás se familiaricen con su presencia para incorporar al ámbito de lo cotidiano. 

Las familias pertenecientes a sectores populares sólo cuando sus hijos sufren actos de discriminación y homofobia comunican a las autoridades educativas y a los docentes la estructura particular de su familia, esperando que en la escuela se generen mecanismos de respeto a la diferencia, cuestión que casi siempre logran. Asimismo, como la currícula de educación básica no considera la existencia de familias homoparentales, las madres y los padres buscan la forma de que se trabaje como un contenido educativo, aunque sea a nivel del salón de clases donde se encuentran sus hijos. 

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Las acciones educativas que desarrollan con el fin de educar a sus hijos responden a procesos de reproducción del espacio social en el que se encuentran y no están exentos de lo que socialmente se considera idóneo para la educación de niños y niñas. Sus prácticas educativas reproducen las estructuras y las relaciones objetivas que anteceden a los sujetos y que sobreviven a éstos. Por eso muchas de sus prácticas educativas son semejantes a las que desarrollan padres heterosexuales. 

Quiero enfatizar que los participantes de esta investigación son ejemplo de la vuelta a la familia, pero que, desde allí, establecen formas disonantes de educar, permeadas por la subcultura lésbico-gay y la homofobia que viven cotidianamente. Sin embargo, aun cuando desestabilizan a la idea de familia desde su orientación sexual no logran romper del todo con las prácticas educativas que social y culturalmente se imponen para la crianza y formación de los niños. 

En este sentido, su ejercicio educativo se encuentra en constante tensión entre acciones tradicionales y disonantes que, además, cabe señalar, el retorno a la valoración de la familia como espacio privilegiado de relaciones e interacciones entre personas, implica que busquen el desarrollo de prácticas educativas que los coloque como “buenos padres”, incluso mejores que aquellos heterosexuales que presumen de serlo. 

Esta idea de “ser buenos padres o buenas madres” es una constante en las familias de clase media. Para dar cuenta de ello utilizan recursos y estrategias vinculadas a tendencias de crianza novedosas, están al pendiente y en reflexión constante de su ejercicio parental en una suerte de purismo educativo que los lleve a la justificación y reconocimiento de su estatus parental. Esta idea de ser buenos padres o madres se constituye en una máscara que funge como una estrategia de asimilación y resistencia al mundo heteronormativo. Margaret Montoya (2013), abogada chicana, en el contexto de las interacciones entre el mundo blanco y el mundo de color en Estados Unidos de América, dice que la máscara se usa para controlar cómo las personas reaccionan ante lo diferente, se trata de un ritual de autocuidado. “El empleo de la imagen de la máscara explora cómo nuestras interacciones se circunscriben a relaciones de poder en la presunción de superioridad e inferioridad” (Montoya, 2013: 32:2). 

El enmascaramiento es frecuentemente involuntario y se usa ante la tensión y miedo de sentirse y ser visto como inferior. En cuanto a las familias homoparentales de clases populares, además de la máscara como un elemento de negociación, asimilación y resistencia, utilizan el silencio como estrategia para asegurar cierta invisibilidad y protección ante los actos homofóbicos. Estas familias asimilan la hegemonía heteronormada para no ser discriminados, pero también desde las fisuras que se generan en los espacios sociales establecen prácticas disonantes que se derivan de su orientación sexual no normativa. 

Por la posición que ocupan en el espacio social, por sus experiencias de vida y por las relaciones de poder en las que se encuentran, las familias homoparentales desarrollan prácticas educativas disonantes, es decir, actos educativos que cuestionan y resisten a lo establecido social y culturalmente, sobre todo, ante aquello que insiste en perpetuar las relaciones de desigualdad y negación de ellos como sujetos con una orientación sexual no normativa. Estas prácticas muestran el sentido transformador de la educación. Las familias de gays o lesbianas participan activamente en la formación de sus hijos en términos autocreativos, con un sentido de mediación entre la transmisión cultural y concepciones radicales educativas, considerando así la presencia de contradicciones en la educación de su prole. Sus prácticas educativas muestran resistencia a la imposición cultural lo que da cuenta de su posibilidad de agencia para decidir el rumbo educativo de sus vástagos. De modo que la educación no es sólo transmisión y perpetuación de lo establecido sino también resistencia y transformación de realidades. 

Las prácticas educativas de estas familias se ubican en el cruce de la reproducción cultural, la resistencia y la disonancia, ya que muchas de sus acciones educativas se asemejan a lo que se espera socialmente de los espacios familiares, pero también se presentan cuestionamientos a dichas lógicas de reproducción a partir de formas distintas de ejercer la educación. 

Quiero insistir que desde el campo de la pedagogía como el espacio disciplinar y académico que reflexiona sobre la formación humana, no nos habíamos detenido a pensar seriamente sobre la manera en cómo gays y lesbianas educan a sus hijos y cuáles son sus prácticas discursivas de formación. México no tiene una tradición desde la pedagogía que se refiera a los procesos educativos de sectores sociales como los vinculados a las disidencias sexuales. Otros campos de conocimiento como la antropología, la sociología y la psicología desarrollan investigación sobre sujetos con orientaciones sexuales no normativas e incluso analizan la conformación de sus estructuras familiares, sin embargo, poco se ha hablado de la manera en cómo participan de la educación de otros. En este sentido, la investigación que desarrollé abre la brecha para pensar, reflexionar y analizar el trabajo 

pedagógico de grupos sociales considerados como “no aptos” para asumir la utopía educativa. La investigación aquí presentada es necesaria pero no suficiente. De ahí que sea relevante mostrar otras pedagogías, nuevas rutas educativas, intersubjetividades que definan posibilidades de formación más allá de visiones tradicionales. 

Las realidades educativas de familias de gays y lesbianas son ejemplo de la diferencia como afirmación, potencia y creación. Mirarlas desde la pedagogía y nutrir esa mirada con los aportes del posfeminismo, la filosofía de la diferencia, la teoría queer y los movimientos LGBTTTI permite reconocer que es posible hacer un trabajo político-educativo que cuestione a los discursos pedagógicos que plantean la formación de sujetos para legitimar las relaciones de poder existentes y mantener un orden social que sólo a unos cuantos conviene. 

Las contribuciones de las feministas para comprender y así desencializar los ejercicios maternos y paternos; extraer los cuidados del ámbito de lo privado y lo doméstico y mirarlos como aspectos que sustentan la vida aun cuando el capitalismo los oculte, constituyen ahora la base de nuevas significaciones, tales como la parentalidad en sujetos con orientaciones sexuales no normativas. 

Conclusiones

Sugiero pensar pedagógicamente en tres ámbitos de intervención para reconocer a las familias homoparentales y sus prácticas educativas. Estos ámbitos son: políticas públicas, a nivel escolar y en lo cotidiano. 

En cuanto a las políticas públicas se requiere incorporar sistemáticamente y de manera regular la dimensión de familias homoparentales en las concepciones, prácticas y actividades estatales referentes a la familia. Se tendría que mantener un compromiso político que desde la diversidad impulse la justicia social. 

En la escuela requerimos formar y capacitar a los docentes y a quienes son parte de la comunidad escolar para que tengan conocimientos sobre qué es la orientación sexual y las implicaciones sociales y personales de la homofobia. Se trata de intervenir conceptual y categorialmente sobre temas relacionados con la diversidad sexual para romper con la ignorancia que sustenta actos de discriminación y exclusión social. Requerimos también que los docentes además de tener conocimientos sólidos, tengan herramientas pedagógicas que les permitan resolver actos homofóbicos por parte de quienes participan en la escuela. Es necesario que las autoridades educativas asuman el compromiso de reconocer que existen diferentes formas de configuración familiar, todas ellas respetables en tanto coadyuven a la formación del ser humano, que sepa respetar a otros y sea capaz de mejorar su entorno. 

En el ámbito de lo cotidiano, particularmente desde la familia, es fundamental hacer una revisión de las concepciones y prácticas que tienden a denigrar a las personas por su orientación sexual, por ejemplo, el uso de refranes y chistes homofóbicos, el uso de palabras como “maricón”, “marimacha” que se acompañan con movimientos corporales que simulan –supuestamente- la condición homosexual de otros. Se requiere tomar conciencia de por qué se hace y tratar de evitarlo. 

Para romper con patrones culturales que generan intolerancia respecto a la sexualidad y a las orientaciones sexuales no normativas que discriminan y atentan contra la dignidad de las personas, es indispensable comprender cómo se estructura la orientación sexual y las implicaciones sociales y personales de la homofobia. De modo que en casa y con los amigos es importante hablar acerca de estos temas para comprender la situación y evitar juzgar. 

Mirar a las familias homoparentales, implica no sólo comprender relaciones sociales y educativas diferentes a las establecidas hegemónicamente, sino buscar intervenciones pedagógicas, ante actitudes y prácticas culturales excluyentes que no se justifican por ningún motivo. Para cambiar modelos homofóbicos, es urgente romper con la ignorancia a través de la información sobre la orientación sexual basada en investigaciones científicas, en datos validados y cuestionar constantemente los prejuicios culturales que tenemos, los cuales adoptamos, pero de los cuales no reconocemos su origen. 

Referencias

Esteban, G. M. L., Medina, D.R. y Távora, R. A. (s.f). ¿Por qué analizar el amor? Nuevas posibilidades para el estudio de las desigualdades de género. En: C. Díez Minteguiy G. Gil (coords.) Cambios culturales y desigualdades de género en el marco local-global actual. X Congreso de Antropología. (pp.207-223). Sevilla: FAAEE-Fundación El Monte-ASANA 

Foucault, M. (1999). Historia de la sexualidad. La inquietud de sí. México: Siglo XXI. 

Montoya, M. (2014). Máscaras y trenzas: reflexiones un proyecto de identidad y análisis a través de veinte años. En Chicana/o-Latina/o Law Review, 32(2), 7-39. Recuperado de http://escholarship.org/uc/item/9nc7r5q9 

Para leer y conocer más experiencias de investigación educativa consulte: Memoria electrónica del congreso nacional de investigación educativa 

Tomado de: Congreso nacional de investigación en educación -COMIE

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