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Las herramientas educativas: Cinco elementos de evaluación

Por José Manuel Pérez Tornero , Por Santiago Tejedor
Magisterio
29/01/2018 - 10:00
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Foto de Freepik. Tomada de Free Photo

En educación no son las herramientas las que consiguen promover cambios, sino los educadores que marcan una diferencia: aquí es el médico quien es la propia medicina. Una herramienta educativa en tanto que mediación, no es más que un camino que nos conduce a un lugar. ¿A qué lugar? No tanto al de la adquisición de una habilidad o el desarrollo de una competencia, sino a uno mucho más valioso: al punto donde se produce la emergencia de capacidades no empleadas, la apertura a nuevas realidades, el atisbo de que es posible vivir mejor en un mundo distinto y de que lo que llamamos destino está en nuestras manos. Si pudiéramos llamar al destino «realización» entonces estaríamos poniendo ante nuestros alumnos un horizonte llamado libertad y las herramientas serían caminos iniciales posibles que les llevaran a emprender la ruta.

 

+Lea: Un profesor que provoca con las TIC

 

Vista la cuestión de este modo, las herramientas, en tanto que técnicas, estrategias o formas de conocimiento, son secundarias en su especialización concreta. Dada la gran cantidad de información disponible, lo relevante no es conocer tipos de herramientas, ni siquiera adquirir el adiestramiento correspondiente para utilizarlas. Es el propósito liberador a cuyo servicio deben ser puestas lo prioritario.

 

He aquí algunas líneas factibles para orientarse en la evaluación de una posible herramienta educativa que se pretenda aplicar:

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1. ¿Concedes protagonismo al alumno en la ejecución de las acciones que propones? ¿Haces de él un sujeto activo o un objeto pasivo? ¿Le introduces a la conciencia de «lo que haces te hace» mediante el learning by doing (aprender haciendo)?

 

2. ¿Demandas de él que ponga en juego simultáneamente varias de sus cualidades y habilidades? ¿Apuntas al desarrollo de diversos aspectos de su ser y persona más que a la especialización estricta en una sola competencia?

 

3. ¿Le introduces a realidades, mundos, espacios, posibilidades que desconocía o que le resultan novedosos? ¿Son esos espacios ilusionantes para el alumno, suscitan en él motivación y deseo de acceder a esos mundos y a lo que representan para él?

 

4. ¿Una vez experimentada la mediación educativa, emerge de la acción habiendo superado alguna limitación, cambiado algo de su modo de hacer y ver las cosas?

 

5. ¿La mediación ha hecho aflorar una capacidad no empleada del alumno e incluso desconocida por él mismo o por sus educadores?

 

Estos cinco criterios de evaluación de las herramientas/mediaciones (que pueden ser más, y distintos) requieren la puesta en el centro de la cuestión la calidad personal del docente. Por eso decimos que en educación «el médico es la medicina». No es, como se pretende en ciertas propuestas nuevas de reorganización de la educación, un mero orientador o coordinador de actividades. Es un catalizador y un agente de transformación —profunda y radical— de las existencias de los educandos.

 

+Lea: El uso de la evaluación para mejorar los procesos de enseñanza

 

Tomado del libro: Innovación educativa y TICs. Guía básica. Autores: José Manuel Pérez Tornero y Santiago Tejedor. pp. 119-120

 

Foto de Freepik. Tomada de Free Photo

 

 

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