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Las Huellas Vitales y su influencia en la transformación de las prácticas pedagógicas de los docentes que atienden estudiantes con discapacidad

Por Esther Claudia Solano Rodríguez , Por Fanny Esperanza Manzo Ortiz , Por Jeimmy Loreno Escobar Antia , Por Karen Johanna Caicedo Dominguez , Por Sindy Melissa Fierro Herrera
Magisterio
30/07/2018 - 15:45
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Photo by Nathan Anderson on Unsplash
Objetivos
General 
● Interpretar los discursos de algunos sujetos que se desempeñan como personal de apoyo, quienes desde sus huellas vitales influencian en la transformación de las prácticas pedagógicas de los maestros que atienden estudiantes con discapacidad.
Específicos
 ● Identificar las huellas vitales de cada uno de los sujetos que se desempeñan en el cargo de personal de apoyo pedagógico, a partir de las narraciones de sus vivencias.
● Analizar la información recopilada a través de las entrevistas a profundidad de los profesionales que se desempeñan como personal de apoyo pedagógico.
Un trasegar por la historia 
La discapacidad es un término que en Colombia ha evolucionado a lo largo de la historia, siendo vista inicialmente desde un enfoque clínico-médico asistencial para trascender a una mirada desde la participación, en el ejercicio de derechos y equiparación de oportunidades, como lo plantea Palacios (2008), esta etapa se desarrolla en el modelo social, liderado por las personas con discapacidad, el cual plantea que las causas no son de origen religiosas o científicas, sino en su mayoría contextuales, buscando la valoración y el respeto por la diferencia; dicha transformación se enfoca en los derechos y en el rescate de la dignidad humana. Es en este sentido donde se empieza a modificar el término de “personas minusválidas” a “personas discapacitadas”, llegando a “personas en situación de discapacidad” o más recientemente “personas con discapacidad”, según la Ley Nº 1618 (2013).
Con esto en mente, se tiene la noción que la discapacidad es una construcción social y cultural, una forma de opresión que disminuye las posibilidades de participación, resultando una sociedad que no considera ni tiene presente a las personas con discapacidad; por lo cual, uno de los planteamientos que considera el modelo social, es la autonomía de la persona, centrándose en la eliminación de cualquier barrera y en la visibilización del respeto por la vida digna. Dentro de este contexto, esta transformación conceptual de la discapacidad ha ido acompañada de cambios en las políticas internacionales y nacionales que, siendo coherentes o no con los hechos y las acciones de los diferentes gobiernos, han pretendido responder a la diversidad implícita en la sociedad.
De esta manera, se han presentado leyes a nivel internacional, desde entidades como Organización de los Estados Iberoamericanos (OEI), la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sus agencias y organismos especializados para el fomento del desarrollo humano, dentro de los órganos dependientes del consejo económico y social como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y dependientes de la Asamblea general como el Fondo Internacional de Emergencia de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), entre otras, que buscan la equiparación de oportunidades para esta población, sin embargo, ello aún no es posible en la sociedad actual. 
Para el plano nacional, en el 2009 se realiza un avance, ya que se aprueba mediante la Ley Nº 1346, la “Convención sobre los Derechos de las Personas con discapacidad”, adoptada por la Asamblea General de la ONU. En este mismo año aparece el decreto 366, el cual dispone la inclusión, de manera obligatoria y reafirma una figura que vela por ello denominado, personal de apoyo, en dicho documento se encuentran dispuestas las funciones de estos sujetos. Posteriormente se encuentra la Ley Nº 1618 (2013), en la cual se establecen las disposiciones para garantizar el “pleno ejercicio de los derechos de las personas con discapacidad” y se definen las responsabilidades de los diferentes ministerios, secretarías departamentales e instituciones municipales. 
Un sujeto crítico, tejedor de otras realidades Así pues, el personal de apoyo es quien desde su condición armonizadora tiene el reto de mover las estructuras excluyentes ya legitimadas dentro de la comunidad educativa y que siempre a lo largo de la historia de las sociedades modernas ha imperado; como son clasificar a los seres en la medida de sus capacidades bajo el halo de los procesos de normalización que no permiten la inclusión.
El perfil de este personal debe considerar las afectaciones de su componente interior, que subyacen en su hacer y que se irradian en el espacio de la institución educativa. Bien lo consagra el decreto N 366 que demanda un sujeto consciente de su rol para participar, gestionar, idear acciones que muevan las transformaciones en esos otros y que forjen un escenario de aceptación y convivencia. Tal como lo considera Adorno (1962) “…con ello se suscita la idea de que el proceso social está dirigido por un sujeto social armónico en sí mismo” (p.9). Ciertamente, esta condición de un sujeto social armónico no se considera para la asignación de este cargo, si bien hay requerimientos relacionados con la formación profesional, esta no debe ser la única a tener en cuenta. 
De acuerdo con lo anterior, la investigación ratifica que hay huellas vitales en el personal de apoyo que no subyacen estrictamente a su formación. Apelando a la dialéctica este sujeto en su actuar abre espacios para que las contradicciones estén presentes y aporten en lograr un nuevo orden que permita una sociedad viva, desde la perspectiva de la aceptación de la diferencia donde tanto unos como otros vivan y crezcan en este espacio abierto y plural. Ello quiere decir, que no es urgente armonizar las relaciones, sino más bien, que para el estar juntos cada uno desde su lugar coexista con esas otredades, ya sea la discapacidad o la normalidad, las diversas condiciones de la humanidad pueden convivir en espacios como la escuela, que tiene en cuenta las contradicciones a través de las cuales este personal, media para su armonización, que de acuerdo con Adorno (1962):
...presupone una cierta armonía en cierto sentido trascendental entre el ser social y el individual, armonía cuya inexistencia es uno de los objetos más destacados de la teoría crítica. Esta no es la doctrina de las relaciones entre los hombres, sino en la medida en que lo es de la inhumanidad de esas mismas. (p. 18)
Por otro lado, la cultura global homogenizante valida las barreras que mantienen los estados de exclusión, discriminación y estigmatización. Es por esta razón, que el personal de apoyo no debe ser cuantificado proporcional a la cantidad de casos que debe atender, sino que su objetivo es permear la sensibilidad de ese grupo humano, para que desde las potencialidades que se trabajan en esta población se tejan puentes de intersubjetividad con el colectivo y así cerrar las brechas de exclusión que desde siempre se han tejido en la sociedad. Los sujetos de apoyo no solo deben irrumpir en el escenario de la escuela como sucede, sino que deben llegar en la demanda de sensibilizar a esa comunidad. Ya que ese clima de exclusión ha creado resistencias profundas frente al tema, creando barreras para la participación y la comunicación conjunta.
Así mismo, la legislación debe considerar la gran brecha cultural que se ha tejido en esta perspectiva homogenizante, donde se pierde de vista la particularidad de cada región, la cultura de los pueblos y la identidad de cada grupo humano. Es por esta razón, que estos sujetos deben nacer en la sociedad desde el principio social de igualdad, equidad y participación como la base de la inclusión de ese otro y crear un escenario que permita armonizar las objeciones imperantes para lograr la posibilidad de ser de todos y todas. Este ente debe tejer acciones que toquen ese lado humano particular, percibiendo en el imaginario los obstáculos estructurales que validan la exclusión y que valiéndose de recursos propios válidos de cada cultura construye un camino en contravía donde transitemos todos y todas.
Se deriva de esta idea, que el personal de apoyo considerando “la otredad” aquella noción del otro en la diferencia de su identidad, no sólo tenga en cuenta programas que lo incluyan en el ambiente escolar sino que considere condiciones propias de su arraigo, donde las costumbres no lo alejen de su grupo sino que lo incluyan en el mismo, pero sumándolo en un proyecto de vida que le permita ser parte de su cultura, pues la condición de multiculturalidad debe permear las acciones que articulan, donde no solo prime el componente cognitivo sino otras habilidades y capacidades que le permitan una actoría social para la participación en diferentes escenarios. Ya que, no sólo el escenario escolar puede crear posibilidades para la vida, este sujeto debe poner sobre el tapete esas otras formas de vida y de aprender, debe liderar en la comunidad escolar la aceptación de la diversidad.
La función mayúscula del personal de apoyo es liderar una pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación: liberación de los racismos, liberación de las estigmatizaciones, liberación de las exclusiones, liberación de la jerarquización del conocimiento. Educar en la libertad, incluyendo en esta arrasadora fuerza, a las minorías, es la única posibilidad de alimentar una sociedad abierta. Los procesos de inclusión que desde los Docentes de Apoyo se forjan deben ser un verdadero ejercicio de democracia, del conocimiento, del colegio, de la escuela, y de los seres humanos. Un ejercicio en donde la Humanidad de cada ser humano, se vea reflejada en la solidaridad que se tenga con el estudiante marginado frente a un sistema que ha alimentado siempre la competencia, el individualismo y la exclusión.
Un caminar de saberes hacia el estar juntos
Ahora bien, teniendo en cuenta todo lo mencionado es importante destacar que el aporte de esta investigación a la política pública, y más que a ésta, a las relaciones que imperan en la sociedad, exalta el desempeño de algunos seres que entre las contradicciones tejen esos lazos en medio de las inhumanidades. De acuerdo con ello, surge un interrogante ¿Qué huellas vitales del personal de apoyo pueden influenciar la transformación de las prácticas pedagógicas de los maestros que atienden estudiantes en situación de discapacidad? Para lo cual fue necesario trasegar un camino metodológico que llevó a las reflexiones mencionadas, para luego adentrarnos en los resultados que convergen del análisis de las huellas.
En relación con la metodología, la presente investigación es de tipo cualitativa, donde se utilizó el método hermenéutico de interés histórico – práctico, mediante un diseño narrativo, que permitió identificar y analizar las vivencias, contextos y relaciones de los sujetos objeto de estudio, quienes se desempeñan en instituciones educativas del Cauca, Valle del Cauca y Huila, como personal de apoyo pedagógico, mediando la renovación en la escuela hacia una cultura inclusiva. La información fue recolectada a través de entrevistas a profundidad, las que fueron examinadas, luego de su transcripción, mediante una matriz de análisis donde se establecieron para su estudio aspectos como la época y el contexto donde sucedieron los hechos, situaciones problema, ideas fuerza, palabras claves, autores a los que hace referencia el entrevistado y por supuesto, las huellas vitales evocadas.  
A través de la matriz de análisis, se permitió una lectura profunda y reflexión sobre la información lograda, posibilitando un ejercicio de comprensión entre ideas fuerza y huellas vitales, que posteriormente llevó a la construcción de categorías emergentes, en este caso las que se mencionan más adelante y se establecen los principios que debería tener todo personal de apoyo que fomente su quehacer transformador desde una perspectiva crítica.
Teniendo como punto de partida las narrativas de los sujetos objeto de estudio que se desempeñan como personal de apoyo pedagógico, se encontró que la representación personal en el tema de la discapacidad no está dada por el imaginario social que impera en su entorno, sino que es una configuración elaborada por la vivencia de las relaciones de antaño que cimentaron sensibilidades profundas y que ahora se denominan huellas vitales, estas se configuran desde un análisis crítico que estos sujetos realizan de la realidad que los circunscribe.
En consonancia, la interpretación de los relatos de vida llevó a la identificación de características individuales globales de estos sujetos, constituyéndose en marcas que forjaron su carácter, los hace ser idóneos en su actuar y de igual manera crear un común denominador desde los sentires en sus acciones que trascienden sobre otros. Todo esto, permite que dentro de su trasegar puedan influenciar en la transformación de las prácticas pedagógicas de los maestros que atienden estudiantes con discapacidad, pues en el momento actual; se percibe un reto frente al colectivo de aceptación a la diferencia, creando puentes de sensibilidad, logrando tejer un oasis de inclusión y respondiendo no solamente a las exigencias legales del sistema educativo, sino adaptando su hacer a las realidades del contexto local.
Entre las habilidades identificadas en estos sujetos, que permiten esas transformaciones paradigmáticas propias y a la vez sobre otros, se encuentra que son sujetos que poseen una alta sensibilidad por las personas denominadas diferentes, principalmente aquellos que tenían alguna situación de discapacidad o exclusión, reaccionando en defensa de los mismos con ideales de equidad; incidiendo en cambios dentro de sus instituciones.
Así pues, trascender a una visión equilibrada y plural de aquellos con quienes interactuaron y eran vulnerables, superando el parámetro de que ellos representaban “...aquel espacio que no somos, que no deseamos ser, que nunca fuimos y nunca seremos” (Skliar, 2002, p.96), se convirtió en un impacto que dejó huella en su ser, posibilitando relaciones de fraternidad con un panorama amplio, evitando etiquetas o comportamientos instaurados en la época.
Por otro lado, se identificó la Educabilidad del ser que lleva a transformaciones sociales. Si bien, estas huellas profundas no solamente emergieron en la relación con las personas en situación de discapacidad, sino en la forma como abordaron en general el entorno, estas renovaciones en el imaginario fueron la génesis de las transformaciones sociales, donde los sujetos irrumpen en el escenario escolar dotados de una gran capacidad humanista, desde el lenguaje, el hacer y el pensar instaurando un sentir diferente.
En efecto, se conciben como eternos aprendices siendo éste un componente fundamental para acompañar diferentes caminos y vidas; alumbran su práctica cotidiana conscientes de la réplica que estas acciones generan en la aceptación de la diferencia, nutriendo así su entorno afectivo y reflexionando su pensar en el horizonte de posibilidades teóricas que les permiten tener la certeza de su construcción personal frente a la gran galería de saberes. Por lo tanto, educarse se vuelve una búsqueda constante, pretendiendo movilizar procesos internos y externos de formación, que no sacian, bajo una visión dinámica, tal como plantea Freire (2003):
... es en esa inconclusión que el ser humano se torna educable. Todo educando, todo educador se descubre como ser curioso, como buscador, indagador inconcluso, capaz sin embargo de captar y transmitir el sentido de la realidad… La comprensión implica la posibilidad de la transmisión. (p.25).
Lo cual lleva a pensar cuánto conocimiento se puede recoger de todo aquello que se vivencia en la interacción, volviéndose una acción que construye, sustenta y satisface, pues “…ayudar a aprender, a comprender y a comunicar esa comprensión de los otros” (Freire, 2003, p.25), marca la diferencia ante la diversidad de quienes somos, de cómo hacemos aprehensión para formarnos en un espiral de saberes, en espacios contextuales disímiles para transmutar cuanto ocurre e influenciar a quienes son los actores del mismo, dejando estampas que trascienden.
 Así, el personal de apoyo se reconoce como sujeto inquieto, que no solamente asume un rol, sino que moviliza al otro y al contexto, se concibe como un “... ser que se sabe inacabado... en un permanente proceso de búsqueda” (Freire 2003, p.22), en una construcción subjetiva de comprender una realidad que le permite seguir su caminar hacia la transformación; lo cual, lo lleva a tomar posición en el colectivo, favoreciendo la convivencia a través del respeto por la identidad del otro.
La interpretación de las narraciones remite a cómo esta figura del personal de apoyo teje un mundo afectivo de grandes y profundas dimensiones, donde la empatía constituye la base para la comprensión del otro. Si bien es cierto que muchas de sus vivencias personales en la escuela cobran un gran valor desde el pasado cuando fueron señalados por alguna de sus características físicas, la vigencia de esa emoción abre una fuerte comunión para el acompañamiento al otro, donde el tema de la discapacidad asociado a exclusión, se convierte en una causa para luchar en su vida.
En congruencia con lo anterior, la empatía se convierte en una capacidad especial en la atención educativa y defensa de las personas en situación de vulnerabilidad desarrollada en gran medida por los entrevistados como característica personal; ésta es definida por Davis (1996, como se citó en Fernández, López y Márquez, 2008) como el “conjunto de constructos que incluyen los procesos de ponerse en el lugar del otro y respuestas afectivas y no afectivas” (p.287). Es así como en numerosos episodios de sus relatos de vida se evidencian acciones y sentimientos de empatía que les han permitido trascender a ciertas funciones específicas y centrar sus prácticas en las necesidades reales del contexto donde laboran.
Lo antes mencionado adquiere relevancia cuando se interpreta la realidad expresada por los sujetos, donde en este proceso empático que caracteriza sus vidas y se convierte en huella vital para forjar su sensibilidad y apertura a la diferencia no es solamente cuestión de sentimientos, sino que se pone en marcha todo un andamiaje cognitivo que le da sentido a su quehacer diario de ayuda comunitaria.
En la mayoría de entrevistados se evidenció la importancia que tuvo el juego durante la infancia y la libertad para hacerlo, como una variante de la participación en comunidad y trampolín a la apertura del desempeño en y con la población diversa que a su vez se convirtió en una dimensión humana ejercida con gran influencia por la familia como generador de experiencias positivas que también brindó un reconocimiento afectivo y sensible de su mundo cercano.
Por consiguiente, esta acción de involucrarse entre otros rompiendo con la estructura homogeneizante, erige dentro de estos actores y actrices un alto sentido por el servicio comunitario, expuesto en sus relatos en la etapa generalmente de la adolescencia o universitaria, mediados por el anhelo de servir a quienes más lo necesitan y el sentir de cambiar imaginarios y crear mundos posibles y distintos, permitiéndoles con ello una visión panorámica de los sujetos a su alrededor y alimentando esa sensibilidad hacia los excluidos o vulnerados. Así, el perfil que debe caracterizar a este personal de apoyo se sintetiza en estos principios: críticos en su pensar, sensibles en su sentir e innovadores en su hacer en el apoyo a los docentes que tienen en sus aulas personas con discapacidad.
Referencias
Adorno, T. (1962). La crítica de la cultura y la sociedad. Barcelona, España: Ediciones Ariel.
Fernández, I.; López, B. y Márquez, M. (2008). Empatía: Medidas, teorías y aplicaciones en revisión. Anales de Psicología, 24 (2). Recuperado de http://www.um.es/analesps/v24/v24_2/12-24_2.pdf
Freire, P. (2003). El grito manso. Buenos Aires: Siglo veintiuno editores.
Skliar, C. (2002). ¿Y si el otro no estuviera ahí? Notas para una pedagogía (improbable) de la diferencia. Buenos Aires: Miño y Dávila editores.
 
Tomado de http://bienal-clacso-redinju-umz.cinde.org.co/IIBienal/memorias/Eje%205_.pdf. pp. 280-290. Las Huellas Vitales y su influencia en la transformación de las prácticas pedagógicas de los docentes que atienden estudiantes con discapacidad.
Photo by Nathan Anderson on Unsplash

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