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Las nuevas tareas del pensar en los laboratorios de pensamiento : una experiencia tejida en Ipiales, Sur de Nariño

Por Carlos Campiño , Por Laura Ortega
Magisterio
12/07/2019 - 10:00
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Foto de Adobe Stock

“La filosofía es la que nos distingue de los salvajes y bárbaros; 

as naciones son tanto más civilizadas y cultas cuanto mejor filosofan sus hombres”.

René Descartes

La preocupación que aquí se expone, está relacionada con las nuevas tareas del pensar en lo que se ha denominado como laboratorios de pensamiento, es decir, en las comunidades de indagación que adelantan nuestras regiones del país, particularmente a partir de la experiencia que ha arrojado el proyecto de Filosofía para Niños (FpN)  en la ciudad de Ipiales, Sur de Nariño, donde ponemos de manifiesto las problemáticas actuales que se suscitan dentro de la puesta en marcha de las sesiones de discusión filosófica, las cuales son traducidas al saber y el poder del maestro tradicional, la inmunización al pensamiento, el capitalismo, la moda y la hibridación que contagian a nuestras instituciones. Para dicho análisis hemos retomado referencias de pensadores colombianos y extranjeros, tejiendo un artículo que refleje la realidad del proyecto de FpN en los centros educativos de Ipiales- Nariño.

Hablar actualmente de filosofía en un mundo de injusticia globalizada como afirmaría oportunamente el escritor José Saramago, es hablar de un reto que huele más a utopía que a realidad; reflexión que, aterrizada al contexto colombiano, apuntaría acertadamente a nuestra cruda realidad, debido a que en nuestro país persiste la idea de educación como mercancía, es decir, como un objeto de consumo subastado por el mercado laboral que, por cierto, exige competitividad , por ende oferta y demanda, presenciando de esta manera el suplicio de pensamiento y la trágica fuga de cerebros para los que no encuentran garantías o trascendencia en el sistema educativo de nuestro país.

Realidad que nos conduce irremediablemente a re-pensar el ocurrir de los laboratorios de pensamiento latentes en las comunidades de indagación que adelantan nuestras regiones del país. Precisamente porque su ocurrir se ve afectado por señuelos ideológicos que ponen a tambalear las habilidades de pensamiento, partiendo de que estas sociedades postmodernas, contagiadas de capitalismo salvaje, empeñan esfuerzos para disecar las palabras en el comercio, reduciendo al estudiante a un simple objeto de consumo, lo que a su vez ha ocasionado que la Filosofía para Niños se transforme, sorpresivamente, en un acontecimiento intrascendente y nada prometedor, focalizado, más bien, como un saber marginal en búsqueda de posicionamiento o como una pseudo-ciencia relegada al algoritmo de las ciencias exactas que asfixian la complejidad del pensamiento.

Hablar actualmente de filosofía en un mundo de injusticia globalizada como afirmaría oportunamente el escritor José Saramago, es hablar de un reto que huele más a utopía que a realidad; reflexión que, aterrizada al contexto colombiano,

Por otra parte, el imperio efímero de la moda, la fascinación por la técnica y el duelo de identidad que contagian a nuestras instituciones cercan a la filosofía, disminuyendo la intensidad de su flujo desde el imaginario radical de la no rentabilidad, imaginario que crece desde la industria de la razón al vender monstruos que son las verdades, certidumbres que toman vida desde el discurso represivo que emite el profesor para acorralar cualquier indicio de sospecha, pues este componente humano acarrea una revolución en el aula , una subversión al pensamiento, y lo que se pretende es crear panópticos , sociedades sumisas o autómatas, diseñadas para no pensar, pues esta tarea implica dejar de venerar el discurso del amo que aún nos somete y, por ende, perder la fe en lo tradicional, cediendo paso a la época de la especialización y la técnica, a ese síndrome del doctoritis anhelado que desea conseguir el profesor afiebrado al escalafón y a los ingresos. Síntomas que no son más que expresiones del pensamiento unidimensional, camuflado en supuestos valores agregados o competencias que, en últimas, desembocan en el viejo paradigma psicológico del acondicionamiento clásico que reduce al estudiante al estímulo y la reacción.

Este producto (educando) que se fabrica en las instituciones puede ser competitivo e incluso óptimo, pues el capitalismo así lo pretende, pero su competitividad se ve relegada a la escuela del arte y el oficio como expresión del pensamiento unidimensional, mas no a la capacidad de transformar la realidad social desde el pensamiento puesto en marcha, como afirmaría Orlando Fals Borda. En este mismo orden de ideas, la filosofía para niños enfrenta en nuestras regiones problemáticas considerables, traducidas al miedo por el saber del otro. Esta inmunización frente a la carga que recibimos del otro, es producto del desencanto del pensamiento que es transmitido como una ráfaga de certidumbres desde el poder y el saber tradicional del maestro, quien termina por convertirse en un artesano de la palabra.

Frente a esta problemática tan marcada que padecen las aulas de clase, vale la pena diseñar un plan de contingencia que atienda la emergencia de nuestro presente y replantee las nuevas tareas del pensar en los laboratorios de pensamiento, partiendo de la consideración del docente de Filosofía para Niños como médico de sí mismo y de la cultura, capaz de desatar su don de artista para mediar dentro del malestar social, donde la polifonía (diversidad de voces), sea capaz de tejer identidades desde las diferencias.

FpN/: Un mundo de lo posible a través de la sospecha

Al respecto, Edgar Morin afirmaba acertadamente que los seres humanos, como unicidades bio-síquicas, nos encontramos en la narración, ella conlleva traducción, por lo tanto, interés y atención. Traducir al otro es estar con el otro y así entenderlo desde su texto y contexto. Y si cada estudiante se atreve a pasar el borde y lee el mundo según ciertas narrativas, si cada ser humano conforma y forma una sociedad y cada sociedad conlleva una cultura, la Filosofía para Niños tiene la garantía de la sostenibilidad cuando su palabra aún no ha sido confiscada y por el contrario, represente y convoque. Es desde el componente ético de la alteridad como espacio de encuentro con lo otro, lo desconocido o simplemente sospechoso, como es posible que la palabra se movilice o circule produciendo efectos capaces de trastocar al otro.

La alteridad como una nueva tarea del pensar debe establecer una relación de vecindad con el interlocutor, entendiendo por éste el pensamiento. El hecho de que los niños se atrevan a pensar distinto, es peligroso, pues esta labor implica dejar de venerar la razón desde el maquinar de la sospecha, pero vale la pena hacerlo, precisamente para transformar lo habitual en extraño como diría Foucault, pues ese es el sentido último de la filosofía, el cual suspende por un momento a la razón y da paso al misterio de la existencia entrometido en la pregunta sospechosa, duele al que lo hace y mucho más a los sistemas que hacen todo lo posible por acallarlos, sea ignorándolos con una pensada indiferencia, con medidas de fuerza, o por el silencio obligado al negarles espacios de reflexión.

Por ello, no es extraño que al pensamiento filosófico infantil lo acompañen historias de dificultades o que los pensadores (profesores) emprendan solos su costoso andar, incluso desistiendo de su intento de transformar la realidad desde una lectura comentada de cada región. Los laboratorios de pensamiento están llamados a habilitar las palabras tullidas que cargan los estudiantes, reconstruir las ruinas del lenguaje y desintoxicar su pandemia, para habilitar los mundos posibles de los niños que responden al llamado de hablar de lo imposible ya que de lo posible se ha hablado mucho.

En este sentido, la experiencia de Ipiales invita a re-acentuar la cultura dialógica de la que hablaba Bajtín y vaciarla en las sesiones de discusión filosófica o de otro saber, para posibilitar la diversidad de voces afinadas al unísono de la diferencia. Éste es, a nuestro modo de ver, el insumo de toda comunidad de indagación donde se expone el pensamiento, desde la afluencia de la razón y la sin razón. He aquí una de las nuevas tareas del pensar que debe asistir nuestro presente encausado en los niños por venir, en aquella niñez filosofante. Por ello, la creación individual, la ilustración volcada a nuestra época postmoderna, es una característica que debe revertirse en nuestras aulas de clase no desde lo meramente académico sino desde lo alterno, incluso, exótico, folclórico y experimental, ya que esto es lo que permite retener el flujo de la identidad en sociedades irremediablemente hibridadas  por la frivolidad de la moda.

El hecho de que los niños se atrevan a pensar distinto, es peligroso, pues esta labor implica dejar de venerar la razón desde el maquinar de la sospecha, pero vale la pena hacerlo, precisamente para transformar lo habitual en extraño como diría Foucault,

Por otra parte, los aciertos y errores son naturales en la comunidad de indagación pero irremediables en la sociedad; por ello, una nueva tarea del pensar es re-pensar el error y la sospecha como recurso de investigación y utilizarlo como pretexto del aprendizaje. El caminar de la Filosofía para Niños debe estar centrado en la creación de proyectos capaces de seducir las expectativas del otro. De esta manera se hilarán procesos de transformación social gracias al surgimiento de conciencias críticas, capaces de problematizar acontecimientos mediante la provocación de nuevas formas de leer el mundo desde la toma de la palabra, que parece insignificante en la sala de filosofía. Desde Morin se invita al docente a inspirar el nacimiento de una filosofía nueva direccionada a la aplicación de un paradigma de la complejidad , desde Lipman una reforma del pensamiento acogedor y fortalecedor de lo complejo y desde el pensamiento multidimensional de Accorinti la puesta en marcha de la pregunta filosófica. Esto no es más que una carta de presentación de una reforma educativa basada en el aprender y el hacer asentados en la sospecha como insumo de un mundo posible.

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FpN / Como política de hospitalidad

La curiosidad y el asombro desenfrenados son propios de todos los niños, de allí la definición de Jairo Aníbal Niño que los relaciona como investigadores por naturaleza. Sin embargo, es una característica que hay que intensificar en un mundo que intenta adormecerlos con sus discursos certeros que se jactan de neutralidad, pues no hay nada más tedioso que un diálogo perfecto, porque todo se desvanece en incumplimientos. Las comunidades de indagación deben apostarle a los diálogos imperfectos donde el error sea el pretexto perfecto para trabajar sobre el acierto. Solo basta preguntarse: ¿Acaso no son los niños y niñas cuestionadores desde sus saberes? ¿Por qué negarles su rasgo de filósofos y filósofas? Nos aproximamos a pensar en esos potenciales filósofos (as) que habitan en este mundo que poco los acoge.

Ellos y ellas quieren vivir en una cultura dialógica que atienda lo distinto y lo complejo, quieren que los dejen pensar y los dejen ser, que los dejen crecer y vivir en sus fantasías de descubrimiento, que les permiten repensar el mismo proceso de los pensadores. Estamos pensando en Filosofía para Niños desde el sur de Nariño, Ipiales, pensamos en Lipman y Accorinti y lo hacemos desde tantas preguntas y vacíos que nos identifican para seguir abriendo brechas y a disminuir la intensidad de la ignorancia; sus programas conllevan al planteamiento de aquella estrategia de Morin, acogedora de la innovación porque no se encierra en respuestas de largo plazo, si no es capaz de responder autocorrectivamente, y puede hacerlo, porque es el pensamiento que se piensa a sí mismo, pero la tradición se niega a la actualización y se reitera sobre el viejo paradigma de la enseñanza y no del aprendizaje del educando. Nos trasladamos al sur del Nariño, específicamente a la experiencia que ha arrojado el proyecto de FpN/ en Ipiales, donde hemos trabajado desde el cara a cara irreductible como afirmaría Levinas, es decir, desde una ética de la hospitalidad, capaz de hacer morar la diversidad de palabras, pensamientos y sentimientos en el escenario de las diferencias.

Desde nuestro accionar, hemos centrado la atención en el estudiante no como número más que hay que contar en la institución, sino como una narración, un sujeto fabulativo, capaz de crear historias desde lo local afirmándose como existente ante el mundo. La necesidad de dotar a la sociedad conciudadanos éticos nos ha hecho repensar en la utilización de las competencias ciudadanas que más allá de una reflexión social provocan en el estudiante la lectura dinámica de la realidad, puesto que al estimular a los estudiantes desde temprana edad, seducirlos desde el discurso filosófico, se elabora un puente frente a la filosofía y se erotiza el cuerpo y la palabra que ha sido desencantada en las aulas del saber.

En nuestra institución se han logrado construir escenarios de discusión filosófica en los cuales se expone el pensamiento en los foros de filosofía, generando lecturas comentadas así como análisis del discurso audio-visual que nos rodea. Filosofía para Niños en la ciudad de Ipiales apuesta por la filosofía como política de la tolerancia, para lograr un pensamiento crítico, creativo y cuidadoso del otro, que pueda ser desarrollado por los niños y jóvenes en el marco de una comunidad de indagación y en relación con las competencias, habilidades de pensamiento y capacidades de reacción frente a una problemática. Es un programa vivido por personas con ganas de jugar en un trabajo serio y comprometido, generador de diálogos, disensos, debates, prácticas de una cultura dialógica y democrática, vivida en comunidades de indagación que invitan al maestro a dar a luz el estilo mayéutico para iluminar su propio sombra y la de los que lo rodean.

Nuestro quehacer se ocupa por reformar al pensamiento en su hacer, uniendo dimensiones éticas, estéticas y hermenéuticas que toman vida: desde la ética traducida al diagnóstico colombiano, estética en las producciones artísticas y literarias que surgen de las manos de los niños y hermenéutica en su capacidad de generar diversas lecturas de la realidad. Es una tarea que apuesta, por lo compleja y multidimensional, por lo diverso en el caos.

Desde Lipman y Accorinti aplicamos la pedagogía de la pregunta y el aprendizaje de la conversación donde, profesores y niños aprenden juntos mientras dialogan y remueven el silencio. Allí nadie es dueño de la verdad, porque se instala la pregunta que cuestiona, y se instala la pregunta filosófica que es la que busca sentido. Aquí se entiende el aprendizaje como un hacer social; cada ser humano creador necesita la presencia del otro, similar al arte que rescata su sentido en el otro. Nuestra comunidad de indagación ha establecido en Ipiales las condiciones para que se dé un pensamiento crítico y creativo, cuidadoso y dialogante, complejo y multidimensional en una sociedad esquizofrénica plagada de velocidad, inmediatez y nanotecnología como engranajes de la razón instrumental  que al decir de Deleuze, permita nuevas rutas de escape, líneas de fuga como expresiones catárticas paridas en el maquinar del pensamiento, y opuestas a una mina indiscriminada que cercena su capacidad de admiración y de asombro.

No es de sorprenderse entonces que en el futuro, cuando alcance su juventud, el niño en lugar de decir “Por qué”, responda ante todo con “A mi qué”. Es necesario un diálogo que se caracterice por la libertad de palabra, por la disponibilidad para explotar al máximo el recurso de la pregunta. Gracias a la Filosofía para Niños, en nuestra institución se ha logrado favorecer el pensar al interior de las disciplinas que conforman las demás ramas del saber; de allí la importancia de transversalizar la filosofía, es decir, articularla a las demás ramas del saber, partiendo de la pregunta: ¿Existe un saber que no utilice el pensamiento para desarrollar habilidades o solucionar problemas?

Por ello, el pensamiento debe convertirse en el referente de toda investigación; sin él las sociedades se adormecen y tienden a ser acalladas por los charlatanes. Lo que sucede con el pensamiento es lo que sucede con el arte, también es funcional y creativo, se necesita saber leer una partitura y se necesita leerla y narrarla con la máxima originalidad. En el pensamiento, se parte desde un razonamiento, desde aquella partitura, con él y en él se implica, se infiere, se extraen conclusiones, se determinan relaciones .Un ejemplo de ello es la lectura de textos dada en la comunidad de indagación que adelantamos en nuestro colegio, la cual se alterna con novelas filosóficas que se contextualizan a nuestra realidad, mezclando, oportunamente, filosofía con literatura precisamente porque como diría Pierre Macherey: lo que les sobra en el corazón a los niños es escrito por la mano, desde una pluma que punza el corazón de la vida.

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+Conozca el libro La pregunta en la vida de los niños

Nuestra comunidad de indagación va cumpliendo etapas que favorecen sus logros, desde el ser cooperativa y participativa se va haciendo creativa, uniendo en trabajos coherentes la racionalidad y creatividad. Los niños y las niñas de Ipiales, se hacen seres relacionales, capaces de recorrer los tiempos y así romper con linealidades. Ellos y ellas pueden aprender que el poder del pensamiento no radica en ser una herramienta de manipulación de los demás e, incluso, de sí mismo, sino en un pensamiento que se piensa a sí mismo.

Sin duda, se está hablando de una reforma de pensamiento que permita una verdadera atención a nuestro currículo presente, que enseñe, aprenda y viva el pensar creativo y razonable desde lo cotidiano, en la paz de la incertidumbre y en la fascinación por el caos. Desde Lipman, Morin y Accorinti, nos hemos aproximado a pensar en la necesidad de reformar el pensamiento y en cómo hacerlo mediante las nuevas tareas del pensar que deben resonar en la Filosofía para Niños a partir de la experiencia de Ipiales, de nuestras escuelas, calles y plazas, partiendo de la apuesta de que el pensar filosófico es un saber exquisito que permite habilitar lo clausurado.

Bibliografía
 Accorinti, S. (1999). Introducción a Filosofía para Niños. Buenos Aires: Manantial.

Barco, S. (1995). “El Currículum es como una partitura (de jazz)”. En: Novedades Educativas, Año VI, Nº 47. 

Campiño, C. (2007). Tesis Laureada: Acontecimientos de poder, discurso y verdad: ontología del presente desde Foucault. Ediciones UDENAR. 

Dussel, I. & Caruso, M. (1999). La invención del aula. Una genealogía de las formas de enseñar. Buenos Aires: Santillana.

Foucault, M. (1989). Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión. Buenos Aires: Siglo XXI.

Lipman, M. et al. (1993). La filosofía en el aula. Trad. García Moriyón y otros. Madrid: De la Torre.

Morin, E. (1994). Introducción al pensamiento complejo. Trad. A. Sánchez. Barcelona: Gedisa.

Paul, R. (1990). Critical Thinking. Sonoma University, Center for Critical Thinking and Moral Critique.

Ricoeur, P. (1986). Ética y cultura. Trad. M. Prelooker. Buenos Aires: Docencia.

Notas

4 Abreviatura del proyecto de Filosofía para Niños.

5 Término de Michel Foucault, en su texto: Vigilar y castigar, el nacimiento de la prisión, el cual se ha considerado pertinente retomar para contextualizarlo en el aula, como un ojo de poder que intimida al estudiante y permite, a su vez, vigilarlo y castigarlo desde la interiorización de la culpa.

6 Expresión tomada del texto Culturas híbridas de Néstor García Canclini, para a hacer referencia al contagio, mezcla de tendencias o modas culturales de carácter efímero, es decir pasajero.

7 Desde Edgar Morin, hace referencia a un conocimiento compuesto por pliegues, rugoso, mas no liso, el cual es producto de la transversalidad de las ciencias hacia un mismo saber.

8 Marcuse, Herbert. El Hombre Unidimensional, Barcelona, editorial Seix Barral, S.A. 1969.

Carlos Campiño.  Licenciado en Filosofía y Letras con grado de honor de la Universidad de Nariño, candidato a Magíster en Etnoliteratura de la misma Universidad. Poeta, autor del poemario Los velorios del tiempo. Escritor adscrito a la revista Awasca y Avatares de la Universidad de Nariño. Coordinador de Radios Ciudadanas Pupiales, Docente de Filosofía en la Institución Educativa Champagnat de Ipiales, Comunidad de Hermanos Marista de la Enseñanza, Provincia Norandina. Correo electrónico: carlosgeovannycr@hotmail.com

Laura Ortega.  Licenciada en Educación primaria de la Universidad Mariana, Especialista en orientación educativa y desarrollo humano de la Universidad de Nariño, Líder del proyecto de FpN y Docente de Primaria de la Institución Educativa Champagnat de Ipiales, Comunidad de Hermanos Marista de la Enseñanza, Provincia Norandina. Correo electrónico: lortega@maristasnorandina.org 

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