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Las peras del Olmo

Por Sandra Patricia Ordóñez Castro
Magisterio
11/04/2018 - 16:15
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Foto tomada de Revista Internacional Magisterio No. 51

Entrevista con Henry Romero Vivas, Rector del Liceo Campo David, Primer puesto ICFES 2010 de Colombia

Hay quienes dicen que no hay que pedirle peras al Olmo… que la institución escolar como categoría social ha entrado en crisis y que, mientras los estudiantes se tornan apáticos ante la enseñanza, la escuela deviene una instancia ingobernable y sin mayores posibilidades de éxito, so pena de una reingeniería que todas las teorías intentan asistir desde sus paradigmas. Pero, en medio de este clima de incertidumbre y desconcierto, a veces se da una insólita pera… Y entonces la inobjetable realidad del discurso se desdibuja…

Campo David es un modesto colegio de paredes blancas ubicado en el sur de Bogotá, que hace 25 años cristalizó el sueño de servicio de un enamorado de la pedagogía, y que el año pasado obtuvo el primer puesto en el ICFES a nivel nacional, superando el desempeño de instituciones con mucha mayor trayectoria, recursos y tradición. Cuando uno le pregunta al Rector, Henry Romero, cuál es el secreto del éxito de Campo David, él se levanta de su escritorio y se dirige hacia la puerta de la oficina… abre, estira el cuello y con un gesto sigiloso invita a escuchar… todo es silencio… En este momento todo el colegio está trabajando –dice entonces–. Nadie está en los pasillos porque no es el momento de estar en los pasillos, ni en los patios. Es el momento de estar en el aula. Parecería –concluye– que ese es el secreto de nuestro éxito. 

Sandra Patricia Ordóñez Castro: ¿Cómo aparece y qué significa Campo David en la vida de Henry Romero Vivas?

Henry Romero Díaz: Yo provengo del vientre de una maestra y ella tuvo en mi familia –fuimos 8 hermanos– el gen dominante de la Pedagogía. Siempre fue educadora. Trabajó 36 años en el sector urbano y al comienzo rural en Anolaima, Cundinamarca. Yo le hice un versito chiquito:

En la escuela pequeña que Dios le dio abrir
fuimos ocho colegiales de diferente dimensión
Yo fui el mayor de todos y el primero en matricularme
en su tierno corazón.

Es un poema del siglo pasado. Yo estaba tal vez en quinto de primaria. Y fue el reconocimiento a mi madre que nos dio esa incuantificable herencia del amor por la Pedagogía y siempre soñé con sembrar en un sector de necesidades un colegio y nació Campo David, desde mi fe y si suena cursi, lo respeto, pero debo expresarlo: esta escuela me la prestó Dios y a Él, a la sociedad y a mis estudiantes debo entregar cuentas algún día. 

S.P.O.C.: ¿Qué impronta y a lo mejor qué exhortaciones implícitas dejó su madre, como educadora, en su imaginario personal frente a la educación como proyecto de vida?

H.R.D.: Ha sido un sello imborrable en toda la familia Romero Vivas. Nosotros celebramos esa herencia. Mis hermanas tienen otro colegio, se llama Nueva Alianza Integral, aquí en el sur también, y para nosotros el camino de la educación ha sido el mejor paseo de nuestra vida. El poder servir, el sembrar en los niños el don del servicio y tomar la educación como el más bello sendero que puede transitar alguien para hacerse durante el proceso de su existencia, día a día, más humano. 

S.P.O.C.: ¿Cómo construiría usted, desde la Rectoría, el relato acerca de la cualificación de la enseñanza y la escalada de logros del Liceo Campo David, en sus 25 años de historia?

H.R.D.: Campo David nació en 1986. Es una institución educativa de carácter privado. Desarrolla su actividad en Tunjuelito, en la localidad sexta. Somos una comunidad de estrato 2 y 3 fundamentalmente… hay algunas pocas familias de estrato 1, generalmente becadas. Y ahora hay una alta población de los estratos 4 y 5 demandando el servicio. 

Campo David, desde su nacimiento, ha encaminado su estrategia de gestión y desempeño de calidad en los ámbitos administrativos, pedagógicos y de convivencia. Tenemos un enfoque humanístico hacia una gestión de calidad participativa en la que estamos los maestros, los estudiantes, los padres de familia, las autoridades educativas de la localidad, y estamos tratando de construir un espacio pedagógico sano, lejos de la violencia, la droga, el matoneo, las bandas… y durante los 25 años de vida del colegio no se ha presentado el primer caso de drogadicción, no ha habido el primer caso de puños y no se ha dado el primer caso de embarazo en las niñas… pero bueno… el día que se dé, para eso nación la escuela: no para excluirla, sino para darle la mano. Campo David trata de planear, desde lo pedagógico y administrativo, todas sus acciones, ejecutarlas, evaluarlas, retroalimentarlas, y, al finalizar, hacer los ajustes pertinentes en bien de todos los miembros de esta escuela. 

S.P.O.C.: ¿Forma o ha formado parte el Liceo de algún programa de acreditación?

H.R.D.: Nunca. Hemos hecho las averiguaciones, pero es algo que nos demanda costos. Acreditarnos vale dinero y nuestros recursos económicos están responsablemente manejados, pero no nos alcanzan, en este momento, para hacer ese tipo de inversión. Lo que sí les digo es que, de manera indirecta, estamos acreditados por la Universidad Nacional, los Andes y el ICFES, dado que el 80% de los bachilleres de cada año, de las 10 promociones que tenemos hasta la fecha, ingresan a la Universidad Nacional, y la Universidad de los Andes, a la fecha, nos ha otorgado 18 becas plenas a exalumnos bachilleres en diferentes carreras. En los últimos 8 años hemos estado entre los 15 mejores resultados del examen del ICFES y el año pasado nos topamos el primer puesto. Pero fue un tope programado. Aquí no hay examen de preparación ICFES. Nos formamos desde pre-jardín. Yo considero que esa es nuestra acreditación. Eso, y, sobre todo, lo que expresan nuestros estudiantes y sus familias. Esa es la mejor acreditación y los mejores títulos en el pecho de esta casa. 

S.P.O.C.: ¿Cómo describiría su día a día al frente de la Rectoría de Campo David?

H.R.D.: Pues, he tratado de organizar el equipo. Yo, generalmente, la paso en la banca porque tengo unos grandes jugadores: los padres de familia, conscientes de la responsabilidad que tienen ellos con sus hijos; los profesores, que dejan a sus hijos biológicos a un lado por dedicarse a los hijos de los demás; y unos estudiantes en los que he tratado de sembrar la idea de que es posible realizar sueños, aun cuando parezcan utópicos. Porque lo que los niños construyen en su mente son utopías y la escuela nació para que dentro de un proceso se vuelvan sueños colectivos y reales. La escuela debe ser una opción de vida. Eso es lo que yo trato de hacer desde acá. 

S.P.O.C.: ¿Qué podría decirnos acerca del rol de los diferentes actores del proceso educativo en el Liceo?: ¿quiénes son, cuál es su perfil y cuál la naturaleza de su compromiso?

H.R.D.: Dentro de la pluralidad de problemas que tiene la educación en general, existen dos estamentos fuertes, sólidos, que no han permitido que muera la escuela. Esos dos estamentos son el maestro y el educando. En Campo David hemos logado la entrega y la pasión de los maestros. Son amigos de los niños, sin dejar de ser también autoridad porque son maestros que forman con el ejemplo. Pero el maestro no puede estar solo en esta labor. La familia debe acompañar el proceso formativo. Por eso, en esta casa no se matricula el estudiante, se da ingreso a la familia. A partir de esa relación, alumnos, maestros y familias construimos, entre todos, sueños que definimos y desarrollamos con tareas específicas: Aquí, en toda reunión escuela-familia se levanta un acta en la que quedan registradas tareas para la familia, el educando, el maestro y el colegio, y oportunamente se revisa si esas tareas fueron cumplidas por unos y otros. Porque dejar tareas y no revisarlas en casa o en la escuela, es algo que deforma el propósito conjunto de formar integralmente a los niños. 

S.P.O.C.: El récord de logros y reconocimientos del Liceo Campo David es impresionante, pero, ¿hay algo de esta institución de lo que no alcancen a dar cuenta los resultados obtenidos en las pruebas estandarizadas, y de lo cual quisiera hablarnos hoy?

H.R.D.: Dentro de las tareas que nos hemos trazado tenemos, mantener una sana convivencia, seguir amando el conocimiento y, algo muy importante, seguir sembrando en los niños el don del servicio. De nada sirve estar dentro de los primeros puestos a nivel nacional, según el ICFES y la misma Universidad Nacional, si no tenemos el don del servicio, si no vamos a compartir nuestra experiencia y nuestro poco conocimiento con escuelas que lo necesitan. Lo más abandonado que tiene el Estado es la educación rural. Por eso nosotros apadrinamos desde hace cinco años tres escuelas rurales: La Laguna, La Esmeralda y Mesitas de Caballero, en Anolaima, Cundinamarca.

S.P.O.C.: ¿Cómo es ese padrinazgo? 

H.R.D.: Capacitamos o actualizamos pedagógicamente a los maestros e intercambiamos experiencias. Ellos vienen a Campo David, nosotros vamos a las escuelas, les damos guías, talleres, módulos… 

S.P.O.C.: ¿Los estudiantes tienen alguna participación en ese intercambio de experiencias? 

H.R.D.: Claro. Con los niños de noveno y décimo nos vamos a las escuelas, llevamos pupitres y libros nuevos, pintamos las paredes, sembramos árboles en una finquita que tienen como parte de un proyecto ecológico, y compartimos con los niños de la escuela, jugamos fútbol con ellos y les hacemos medias nueves…. Y parece que todo eso está mejorando la calidad de la educación. 

Además, en el transcurso del año, traemos 25 niños del área rural para que pasen en Bogotá un fin de semana. Los niños son recibidos en su casa por familias de Campo David cuyos hijos tienen edades similares a la del niño que viene del campo. El sábado, las 25 familias reciben a los niños aquí en el colegio, hay un desayuno que ofrece la Asociación de Padres, y luego nos vamos al parque El Tunal, a la biblioteca, y a atravesar la ciudad en Transmilenio. Hacia las dos de la tarde cada familia, en la estación de la Séptima con Jiménez, toma el niño del campo y se lo lleva a hacer actividades sociales o culturales… algunos se van para el circo, otros se van a comer hamburguesa, otros a conocer un museo, o a la Plaza de Bolívar y otros se van al Campín a ver jugar a Santafecito lindo… Al otro día desayunan en las casas, y hacia el medio día nos encontramos aquí en el colegio y hacemos un almuercito como campestre, en el patio, y compartimos regalos. Entonces los padres de familia regalan una sudadera, una chaqueta, libros, maletas… el año pasado hubo un regalo de una cicla para un niño que vivía muy lejos de la escuela… 

Con esta actividad ya llevamos 4 años y parece que eso contribuye a hacer una buena escuela… Y es que una buena escuela, no es meramente lo académico. ¿Qué sacamos con tener los promedios más altos del país si no tenemos corazón? Además nunca nos hemos considerado el primero de Colombia. Tratamos de ser los mejores, que es muy diferente. 

S.P.O.C.: ¿Qué han aprendido ustedes de los niños que traen del campo?

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H.R.D.: Hemos aprendido que servir es más agradable que un vaso de gaseosa en plena sed. Que ver la sonrisa de un niño del campo feliz con su cicla nueva, es más satisfactorio que el primer puesto a nivel nacional. Decía Octavio Paz: en mis sueños no estoy yo, estamos todos. Nosotros nos casamos con este sentimiento. La escuela es un espacio, lo repito, de sueños utópicos que van aterrizando día a día. 

S.P.O.C.: ¿Algún sueño en particular que haya cobrado forma en este espíritu de servicio a la comunidad?

H.R.D.: Del vientre de Campo David nació la Fundación Sarita Down para los niños discapacitados del campo. Con Sarita Down, mi hija, comprendí que hay otros seres que no aprenden rápido, pero aprenden. Los niños Down no expresan conocimientos como tales: transmiten amor. ¿Para qué más? Eso es lo que necesita este país y este mundo. En las veredas cercanas a las escuelas rurales que apadrinamos, tenemos cinco niños con discapacidad cognitiva y, a través de instituciones especializadas en el tratamiento de estos casos, brindamos apoyo y capacitación a sus madres. Por supuesto, de esta manera ha mejorado la calidad de vida de estos niños. 

S.P.O.C.: ¿Qué papel juega el afecto en la edificación cotidiana de la excelencia?

H.R.D.: La excelencia se obtiene entre todos. Campo David tiene un lema: Exigimos con afecto. Le exigimos al maestro, al padre de familia, al estudiante, a través del cariño, de la afectividad, de que entendamos unos y otros la importancia del ser humano y la importancia de enseñar con el ejemplo, admitiendo la posibilidad del error y dando oportunidades para el mejoramiento integral del individuo.

S.P.O.C.: Pero el lema plantea que ese afecto media una exigencia ¿Cómo se conjuga el afecto con la disciplina? 

H.R.D.: Su pregunta va a la médula del colegio. No hay que dejar espacio para la permisividad ni en la casa ni en la escuela. Esa es una de las claves de la calidad educativa. La excelencia se obtiene a través de un orden, de una disciplina, como usted lo ha dicho, término que es propio de la escuela, pero que parecen aborrecer los teóricos de la Pedagogía. Pareciera que el término disciplina fuera únicamente para las escuelas militares. Pero no es así. Ellos también forman y tienen cosas muy positivas, pero aquí, Campo David tiene un ordenamiento. Estamos en el sitio que estamos, en el momento en que debemos estar y tratamos de hacer las cosas con alta calidad. En este momento todo el colegio está trabajando. Nadie está en los pasillos porque no es el momento de estar en los pasillos, ni en los patios. Es el momento de estar en el aula. Parecería que ese es el éxito del colegio. 

S.P.O.C.: ¿Cree usted en el concepto de “sanción”?

H.R.D.: La sanción es un instrumento formativo innegociable en Campo David. La sanción hace parte de esta escuela. Pero a partir de tres pilares: una sanción oportuna, constructiva y afectiva. Si un educando comete un error, humano como tal, y amerita una sanción, debemos de hacerlo ya. Y debe ser una sanción que forme y que duela, al maestro, al alumno y a su familia. Cando hay una circunstancia que amerita una sanción mayor, participan el Consejo de estudiantes, el padre de familia, los maestros y el alumno, y entre todos aplicamos la sanción a partir de nuestro manual de convivencia. Ahora en el ambiente pedagógico se suele pensar en los manuales de convivencia como manuales represivos. No: son manuales formativos. Su aplicación forma a los niños y a los jóvenes como buenos ciudadanos, respetuosos de las normas y, sobre todo, defensores de sus derechos. Entonces aquí, entre todos nos formamos, entre todos nos sancionamos y entre todos nos perdonamos y nos damos oportunidades… pero el error no se puede repetir. Y hay algo aquí que es clave: el maestro tiene que formar con el ejemplo: exigir después de dar.

S.P.O.C.: ¿Han consolidado un sistema de evaluación propio?

H.R.D.: Sí. La norma nos lo permite. Tenemos un sistema de evaluación construído aquí por todos los miembros de la comunidad, que tiene como aliño la exigencia. Una exigencia a partir de lo que los mayores hemos dado. Se evalúa al padre de familia… tenemos un registro escolar de valoración de la actitud y el compromiso del padre de familia con la escuela y si él falla reiteradamente no hay renovación de matrícula, porque no nos pueden dejar a nosotros solos la responsabilidad; el maestro tiene también un registro escolar de evaluación que nos permite valorar y sopesar su compromiso y su trabajo; los alumnos también tienen su registro escolar de valoración. Y, permanentemente, unos y otros, le hacemos seguimiento a estos registros dándonos oportunidades de cambio y de corrección. Pero si unos y otros mantienen conductas impropias que afectan los derechos de los demás, el colegio no renueva matrícula a la familia. Y si es el maestro, no renueva el contrato laboral. Y si es el rector, así sea el dueño, debe retirarse. 

S.P.O.C.: Ustedes desarrollan su propia línea pedagógica a partir del diseño de guías, talleres, compendios de actividades… ¿En qué principios se basan? ¿Qué derroteros persiguen? ¿Desde qué modelo epistemológico se proyectan? 

H.R.D.: Desde hace décadas me incomoda tanta teoría, tanto discurso, tanto escrito y a veces tanta fanfarronería académica, tantas citas que en la práctica arrojan pocos resultados. Yo respeto profundamente a los teóricos de la Pedagogía. Gracias a ellos hemos crecido y mejorado procesos pedagógicos en las escuelas, pero lo que la escuela necesita son maestros que amen este oficio, maestros comprometidos, obsesionados, con mucha vocación… eso contagia rápidamente al estudiante, que comienza entonces a acosar… a pedir más, a marcar el ritmo.

S.P.O.C.: ¿Eso es lo que sucede en Campo David? 

H.R.D.: Eso mismo. ¿Para qué más metodología que la enseñanza con el ejemplo? Ese maestro puntual, comprensivo, exigente, que sanciona oportunamente, que lee en los ojos del niño sus tristezas y que sabe extender un abrazo… que sabe sembrar la sed por el conocimiento y seguir el derrotero de la curiosidad y del entusiasmo de sus educandos… Eso es lo que el colegio trata de hacer diariamente. 

S.P.O.C.: ¿Entonces, cada docente tiene autonomía frente a los procesos que lidera?

H.R.D.: Nosotros aquí hacemos jornadas de capacitación, leemos, compartimos experiencias, y aquí en casa, tratamos de ampliar o de modificar los senderos de sueños. Pero no somos tan teóricos. Hay una autonomía del maestro, hay un acompañamiento de las directivas del colegio y, por supuesto, los educandos nos evalúan y esa evaluación tiene una atención primordial por parte de las directivas de la institución. 

S.P.O.C.: ¿Y cómo es eso de que los alumnos son los que marcan la pauta de la exigencia académica?

H.R.D.: Así. El ritmo de aprendizaje no lo establecen los maestros. Son los mismos estudiantes. Los alumnos de décimo y once están gustosamente trabajando martes, miércoles y jueves aquí después de la jornada, recibiendo clases de Bioquímica, Electroquímica, Termodinámica, Cálculo diferencial, Matemática avanzada… porque ellos lo solicitan. Los alumnos, al final de su proceso, gozan y se sienten bien y felices con la exigencia. Han adquirido un hábito, una disciplina, un orden en su tiempo, en el cual, acostarse tarde no incomoda. 

S.P.O.C.: Hemos hablado de importantes aciertos, pero ¿hay algo en lo que han fallado usted como rector o el Liceo en tanto institución? ¿Hay deudas pasa saldar en el futuro?

H.R.D.: Sí. Claro. Desde el punto de vista de la formación integral Campo David tiene un punto débil que es la parte artística. Eso es algo que me preocupa significativamente. Desde hace dos años estamos buscando los recursos para establecer área de Artes muy seria en el colegio. Y vamos a buen ritmo. Tenemos Fotografía, Narración gráfica (una asignatura preciosa que permite a los niños expresarse a través de la ilustración), Ritmo y rumba, Culinaria, Hilos y dedales, y Etiqueta y protocolo. Porque todas esas son cosas que hacen parte de la vida… no solamente la Química, ni la Física ni la Biología… La deuda está por ahí y estamos trabajando en ello.

S.P.O.C.: Una vez resuelto el tema de la cobertura, ¿cuáles serían las tres decisiones sustanciales que habría que tomar en Colombia en términos de políticas para el corto plazo con miras a una apuesta por la calidad de la educación? 

H.R.D.: Primero que todo, creo que el Estado debe revisar, entender y valorar la importancia del educador y no seguir subestimando su papel en la formación de esta y futuras sociedades. Es necesario que se reconozca el valor de la profesión docente y que se la salvaguarde de la injusticia y de la inequidad, de manera que los mejores bachilleres del país, puedan aspirar a formarse como educadores y a ejercer esta profesión con la dignidad que por definición le corresponde. 
 
Por otra parte considero de vital importancia la democratización de la escuela: que alumnos y padres de familia evalúen cada dos o tres años el trabajo de los rectores, de los maestros de lo administrativo, y que ratifiquen o cambien a quienes lo ameriten. Porque dar un servicio de calidad es un deber. 

Como un tercer aspecto señalaría la importancia de extender el trabajo de las instituciones educativas a 11 meses de trabajo ―reconocidos, desde luego, tanto en el sector público como en el privado―, de manera que se pudiera dedicar el tiempo suficiente para la recuperación de asignaturas pendientes y el refuerzo académico, así como a la planeación rigurosa de los procesos del año por comenzar. 

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 51