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Las primeras palabras: lecciones pedagógicas

Por Isabel Ferrer Serrahima
Magisterio
01/03/2017 - 15:15
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Foto de Manu Lamas. Tomada de Flickr

Entre los 16 y los 20 meses van apareciendo las primeras palabras. Éstas tienen mucha riqueza comunicativa, en la medida en que se den enmarcadas en numerosas inflexiones entonativas. Es conveniente dar tanto o más valor a estas pautas melódicas que a los fonemas y primeras palabras emitidos.

 

Sobre los 18 meses encontramos en la producción sonora del niño inflexiones ascendentes, que serán ya la infraestructura de las preguntas, e inflexiones descendentes, que serán ya la infraestructura de las frases. Asimismo, entre los dieciocho y los veinticuatro meses es cuando el cerebro parece conectar especialmente los sonidos con los conceptos: el entender perceptivo y el entender cognitivo, de los que hablaremos en el capítulo siguiente, dedicado a la percepción auditiva.

 

+Lea: Actividades para favorecer el diálogo en la primera infancia

 

El niño va integrando los diferentes fonemas de la lengua, aprendiendo por contrastes perceptivos entre los diversos rasgos distintivos que los caracterizan y las reglas combinatorias mediante las que se organizan dentro de las palabras y las frases.

 

+Conozca la revista Primera infancia

 

A partir de este momento, pueden fluir un buen número de palabras y es posible que el niño empiece a unirlas. Se produce, en evolución óptima, una progresión muy evidente de la comunicación expresada por el lenguaje verbal, aunque la enunciación no sea perfecta y esté llena de simplificaciones.

 

Este breve repaso evolutivo de los tres primeros años, aproximadamente, nos lleva a diferentes conclusiones.

 

Primera conclusión

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La expresión sonora del lenguaje, el habla, se desarrolla a partir de la actividad comunicativa iniciada por la propia criatura. Las bases del desarrollo del lenguaje verbal expresado a través del habla están dentro del propio niño y evolucionan según el tipo de respuesta que recibe de la persona adulta. Proceso idéntico y fusionado a la forma como descubre el niño la existencia de los turnos de diálogo.

Lo anterior pone de relieve, desde otra perspectiva, la importancia de una buena actitud de escucha por parte de la persona adulta y de un entorno comunicativo y verbal adecuado, así como la conveniencia de facilitar el movimiento libre y la posibilidad de exploración psicomotriz del niño, que la persona adulta con su presencia y soporte emocional puede acoger y potenciar.

 

+Conozca la Colección Infancia

 

Segunda conclusión

A lo largo de estos primeros años, disponemos de puntos de observación del proceso

comunicativo-expresivo que nos informan del ritmo y la calidad de este proceso. No es necesario esperar a que aparezcan dificultades más consolidadas en el habla para adecuar nuestra forma de relación. Podemos desarrollar nuestra sensibilidad a las manifestaciones sonoras y entonativas del bebé para acomodar lo más óptimamente posible nuestra comunicación con él.

 

Así pues, es conveniente que un bebé alerte nuestra atención cuando se produzcan las circunstancias siguientes:

 

♦ No emplea la emisión sonora a modo de demanda.

♦ Hacia los 8 meses, no escuchemos la melódica de las vocales inflexionadas. Es decir, emisión de sonido vocálico prolongado y con una marcada entonación.

♦ Hacia los 18 o 20 meses, no escuchemos en sus pautas entonativas inflexiones ascendentes y descendentes bastante diferenciadas, siendo su melódica muy homogénea y reiterativa.

 

Tercera conclusión

Todo niño, en algún momento de su evolución personal, ha de haber experimentado el sonido como expresión, como juego, como elemento placentero. Pasar del silencio a la palabra no es posible. La práctica y la exploración de entonaciones, ritmos y pausas construyen el camino de la expresión verbal. Éste es el proceso normal de la evolución del lenguaje.

 

Pero, aun sabiendo lo anterior, cuando el lenguaje verbal está comprometido, muchas veces se tiende a focalizar la atención en la articulación de las palabras, descuidando atender esos primeros pasos. Y esto no es conveniente.

 

A veces, la impaciencia de la persona adulta provoca que se intente «hacer decir» o «hacer repetir», que se ponga mucho énfasis en la imitación de los movimientos de la boca. Entonces, olvidamos la importancia de estar a la escucha, de sonreír y jugar con la voz y la emisión sonora.

 

Es bastante frecuente que los niños y niñas con problemas importantes de comunicación y lenguaje hayan sido bebés silenciosos. Cuando un niño de 1, 2 o 3 años se muestra muy silencioso, nos está invitando a que le ayudemos a reencontrar ese sonido inicial desaparecido o inexplorado. Podemos regalarle sonido. Podemos jugar con el sonido. Podemos comunicarnos con los niños a través del sonido. A veces, con palabras. A veces, sólo con sonido, como precursor de la palabra. Podemos favorecer la percepción auditiva y corporal de elementos tan importantes como la duración, el ritmo, las pausas o la entonación propias del habla acompañando nuestra producción sonora con diferentes formas de tocar, de acariciar, de acunar, de saltar, de movernos.

 

Cada fonema tiene su nivel de tensión, su densidad, su duración, su espacio. Cada uno resuena y es captado por todo el cuerpo, y crea una sensación corporal diferente. Podemos acariciar al niño a la vez que pronunciamos /ma/, /ma/, y no /ta/, /ta/: /m/ es un fonema de tiempo bastante prolongado (/mmmma/ /mmmma/) y se trata de prolongar el fonema, no sólo la vocal que lo acompaña; además su grado de tensión es medio. En cambio, el fonema /t/ tiene un tiempo de emisión breve y su grado de tensión es alto.

 

Podemos hacer saltar a un muñeco mientras repetimos /ta/, /ta/… o /pa/, /pa/…, ya que los fonemas /t/ y /p/ nos dan sensación de impulso, por su tiempo breve, su densidad ligera y su tensión marcada. En cambio, este mismo muñeco puede andar acompañando la emisión con /ba/, /ba/, /ba/..., ya que el fonema /b/nos induce al balanceo, con su tiempo prolongado, su pesada densidad y su grado medio de tensión. Muchas canciones de cuna y juegos de falda recogen, quizá intuitivamente, estos aspectos sonoros.

 

Con esta forma de actuar, estamos favoreciendo, al mismo tiempo, la percepción, la diferenciación, la integración y la conceptualización de los diferentes fonemas de la lengua; aunque la diferencia auténtica se da a nivel acústico. Es importante jugar con los niños y niñas de estas edades dando tanta o más importancia al sonido que a la acción a la que acompaña.

 

Tomado del título: La artesanía de la comunicación. Diálogo, escucha y lenguaje en la etapa 0-6.  Autora: Isabel Ferrer Serrahima. pp. 91-94

 

Foto de Manu Lamas.  Tomada de Flickr