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Las Redes Sociales que En-Redan. Una mirada desde la escuela

Por Alfonso Acuña Medina
Magisterio
20/03/2018 - 10:00
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Foto de Pixabay

“Las redes sociales son el lugar ideal para que los delincuentes de internet encuentren victimas para sus estafas”. Semana.com,2015/09/17.

Los maestros y maestras del país no podemos evadir la responsabilidad de interrogar por el contexto escolar y extraescolar en el que nos corresponde desarrollar nuestra labor de enseñante. Es desde esta actitud de vigilia intelectual como accedemos a una comprensión lo más aproximada posible de la realidad en la que nos corresponde vivir y en el que desarrollamos nuestro quehacer.

Si queremos estar a la altura de las nuevas exigencias que coloca el MEN sobre nuestros hombros, tenemos la responsabilidad ética de responder con sólidos argumentos para delimitar nuestros alcances y delimitar lo que es responsabilidad de otros, sea Estado, Gobierno, Ente Territorial, colegas, estudiantes, etc.

No se trata de aceptar sin juicio de inventario la idea según la cual las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, con los que crean nuevos entornos virtuales en las escuelas,  son, en sí mismo, una necesidad para mejorar la calidad de la educación y los ambientes en las entidades educativas, en sus distintos niveles. Sin negarnos a valorar su aporte, es pertinente que los maestros y maestras ubiquemos en su justo lugar el papel que deberían desempeñar estos dispositivos tecnológicos, para evitar, principalmente, que ellos nos conviertan en sus apéndices o sus agregados.

Las ideas que comparto en este texto son una aproximación a la temática en cuestión. Nos interesa que sea esta otra ocasión para pensar lo educativo mediado por los ambientes virtuales en las aulas de clase, en la dinámica de convertir los espacios escolares en escenarios de debate y confrontación de ideas en procura de aportarle a mejorar la calidad de nuestra enseñanza, como necesidad ineludible para mejorar la calidad de la educación, orientada a formar el hombre que demanda la sociedad aquí y ahora. Mirar de cerca las redes sociales nos ofrece la ocasión para usarlas en beneficio de la enseñanza, creando entornos virtuales que favorezcan el aprendizaje de los jóvenes.

+Lea: La participación educativa en la sociedad digital

Indicadores para alimentar el debate

Realizar una valoración de las redes sociales y su impacto en la sociedad, se hace siempre desde el lugar que ocupamos en ella y los intereses que defendemos. Hablaré entonces desde mi condición de maestro de aula y desde uno de los pocos que aún resisten su impacto. Me mueve el interés de mostrar, hasta donde me sea posible, la incidencia que han tenido ellas en la sociedad y en la escuela, como escenario que refleja los acontecimiento que caracterizan el devenir social en un espacio geográfico e histórico determinado.

Independiente de otras consideraciones, las redes sociales redujeron considerablemente el tamaño de nuestro contaminado planeta, por esta razón  su deterioro se agudiza. Ellas también han logrado convertir al globo terrestre en un mercado planetario; en un mercado global. Permiten la intercomunicación entre personas en tiempo reales. Estas ideas sueltas se encadenan en la realidad del mundo que nos toca vivir. Que las redes hayan logrado empequeñecer el mundo no la ha hecho más inteligible, por el contrario, esconde mayores sorpresas.

Para el empresario capitalista las redes sociales le permiten la venta de sus productos en los más distantes lugares de su centro de producción, disminuyendo los tiempos de desplazamiento para la promoción y el mercadeo, por lo que se produce un abaratamiento los costos y el consecuente aumento de las ganancias. El consumo ha sido la actividad humana más impactada en el mercado capitalista, promovido y estimulado por las facilidades que le producen las redes para la circulación de mercancías y del dinero, sin barreras estatales e institucionales. Las redes han contribuido a hacer de la sociedad postmoderna un conglomerado de consumidores de productos procedentes de las más diversas y disímiles regiones. Ya vemos a nuestros hermanos Wayuu, reemplazando su chicha por Coca-Cola, los colores tradicionales de sus prendas y artesanías por los de Tommy Hilfiger, asumiendo comportamientos propias de las tribus urbanas de las grandes ciudades como los Hemos, haciendo de fanáticos del Real Madrid o Barcelona, antes que del Junior de Barranquilla o el Unión Magdalena. Ya me prefiguro al Palabrero Wayuu utilizando su iPad Pro para mandar la palabra; con imagen incorporada, como evidencia de la falta en cuestión en medio del arreglo entre clanes. Estos son solo algunos ejemplos vistos en un espacio reducido de nuestra cultura tradicional nativa del Caribe colombiano, pero puede ser algo probable en otros pueblos nativos como los zenúes, los afrodescendientes u otros grupos poblacionales.

En mi condición de maestro de educación media, debo señalar que las redes sociales colocaron la escuela, como institución en sus distintos niveles, en otro lugar. No digo mejor o peor. Solo me atrevería a mencionar algunos casos para ilustrar. En mi clase de Cultura Latinoamericana, Gabriel Reina, un estudiante de décimo grado me pregunta por la categoría “Cantautores Latinoamericanos “y “La Nueva Trova Cubana”. A renglón seguido le hago una explicación detallada de estos acontecimientos culturales de nuestra América, luego de la revolución Cubana. La mejor explicación la aportó el mismo cuando saca su dispositivo tecnológico y, en tiempo real, escuchamos a Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Alí Primera. En otra ocasión una joven estudiante, Elaine Fuentes, me aclara que si yo vengo de los setentas, debo saber algo de los Beatles. Le respondo que algo y que me impresionó una canción que en algunas ocasiones he trabajado en clase, me refiero a “Imagina”. Cuál sería mi agradable sorpresa que ella saca su equipo tecnológico inteligente y la baja de la red YouTube; la escuchamos en inglés, pero luego la conseguimos en español. ¿Cómo no valorar estos logros de la tecnología?, ¿Cómo no disfrutarlos?, ¿Por qué renunciar a ellos? , ¿Por qué negarse a ellos? No hay razón para renunciar al placer del arte y la cultura transmitida por la red. 

Realmente son innumerables los beneficios espirituales y materiales provocados por las redes sociales. Como no agradecerle a las redes la posibilidad de tener acceso ilimitado a toda literatura y producción científica en todos los campos del saber, como no valorar las bibliotecas virtuales organizadas en archivos en distintos formatos que nos facilitan el acceso al saber en espacios más reducido y en menores unidades de tiempo. Como no valorar las infinitas posibilidades que ellas le ofrecen a un maestro o una maestra para encaminar a su estudiante al aprendizaje auténtico; es decir, el autónomo.

Pero al lado de estas experiencias gratificantes y placenteras conozco de otras no tanto. Jóvenes que se esconden en estos dispositivos para escapar de su realidad y sus problemas, entre ellos, la escuela y las vacías explicaciones de sus maestros y maestras; que poco o nada significan para él o ella. Niños y niñas capturados y capturadas, enredados y enredadas por estos dispositivos que lo mantienen alejados y alejadas de una realidad de la que necesitan escapar porque carecen de argumentos para enfrentarla, por múltiples razones asociadas a los intereses circulantes en este mundo. ¿Cómo explicarle a su maestro o maestra, a su padre o madre que el estudio y el saber, no significan nada para él o ella?¿Que sus ídolos nunca pasaron por la escuela para ser personas de éxito en la vida y te hablan de Diomedes Díaz, El Patrón, el Pibe, el Tino, Silvestre, los reggaetoneros, etc.?. ¿Cómo explicarles para que le entiendan que su mayor deseo es tener plata; ser rico, porque ese es el camino del éxito que han aprendido en las redes sociales a las que han accedido libremente? ¿Cómo explicarle para que le entiendan que estudiar es difícil y vivimos en un mundo que le rinde culto a lo fácil? Ciertamente, no será fácil para ellos y ellas pero es la tragedia que día a día viven nuestros jóvenes escolares azotados-as por las redes sociales que los mantiene en un mundo de levedades y fantasías del que no podrán salir si no toma distancia; pero están enredados-as y viviendo en una realidad que le es ajena.

+Conozca el  libro Redes conversacionales entre familias y escuelas

Y qué decir los maestros y las maestras que tendrían la obligación moral e intelectual de enfrentarlos-as con esta realidad para que la entiendan y la confronten, cuando ellos y ellas también están capturados-as por las redes. Hablo del colega que interrumpe su clase porque escuchó un sonido en su teléfono y le parece más importante el mensaje que le entra; frente al mensaje pedagógico que debería mandarle a su estudiante como enseñantes y como aprendices. Y lo que le llega es un mensaje de RCN, adelantándose una parte de la novela de Diomedes Díaz o de Caracol, en el que le adelantan una parte de las Hermanitas Calles, o de NTN24, en el que le envían la lista de los nominados al premio Grammy, etc., etc., etc. Debo confesarles que no he visto todavía en estas redes sociales a unos colegas mantener un debate en torno a la crisis del mundo árabe, a las migraciones que han puesto a prueba la civilización occidental en Europa, al proceso de paz en Colombia o a la crisis fronteriza con Venezuela. Abrigo la esperanza que nos dejen por mentiroso y nos muestren casos. 

A esto agréguele la tragedia de los colegas que aún se niegan a tocar un dispositivo tecnológico de cualquier tipo y generación, por temor a que esa máquina los haga quedar mal. Como si la situación no fuera de por sí trágica, quiero compartir el titular del periódico el Espectador según el cual los “Jóvenes colombianos usan computadores para ocio y no para estudia”, destacada como una de las conclusiones del estudio “Contexto escolar y social del aprendizaje en Colombia” presentado por el ICFES en el seminario internacional de investigación sobre calidad de la educación. Las conclusiones de este estudio podría ser un indicador del lugar que ocupa el estudio y la escuela en los seres humanos en la sociedad de la información y la comunicación basada en las redes sociales.

No creo que en el mundo universitario pase algo  halagador y estimulante  que se distancie de lo que describo. El corte y pegue de los documentos encontrados en las redes, el plagio a los trabajos escritos para acceder a títulos de pregrados y postgrados bajados de allí, la ausencia de coherencia, consistencia y rigor científico en los escritos sometidos a consideración del público; a pesar de lo que podrían aprender en estas redes. Si alguien dice lo contrario y lo demuestra, con gusto hay que desdecirse. Podríamos pasar extensas horas relatando casos parecidos, pero no es este el escenario. 

Las redes sociales buscan sus víctimas

En el mismo sentido que la profesión busca al sujeto, las redes sociales buscan sus víctimas. En esa búsqueda implacable no hay discriminación alguna de sexo, color de la piel, nacionalidad, edad, estatura, estatus social, nivel académico, profesión, religiosa, sexo, peso, talla, etc. Nadie puede declararse inmune a este virus que recorre y contamina a los habitantes de este planeta que arribó a la postmodernidad con las taras que se suponía terminaría la modernidad. Basta con que no resistas la tentación y, como en el caso de Adán y Eva, cometas el pecado original para que te envuelva en sus infinitas redes de placeres terrenales y banalidades humanas.

El imperio de las redes sociales ha creado lo que hoy se conoce como “Generación Ego” para hacer referencia a los jóvenes de los últimos tiempos cuyas características son el individualismo, la independencia, el egocentrismo, el narcisismo, el ‘marketing personal’, entre otras formas personales. Un artículo publicado en el diario El Clarín de Argentina presenta un diagnóstico de estos nuevos tiempos y cataloga a estos jóvenes como la ‘generación ego’, en la que la individualidad, el narcisismo y la falta de autoridad son el centro de la escena. Es una generación que les place publicar lo que les gusta, sus logros, sentir gratificación a través de comentarios y likes. Para satisfacer este espíritu es indispensable el teléfono inteligente. Según una encuesta de la agencia JWT, más de la mitad de los nativos digitales piensa que la vida social ocurre en el mundo de las redes sociales. El 84 % de ellos tiene cuentas en redes como Facebook, Instagram, Whastapp, Snapchat o Twitter. Ahora bien, hay estudios que revelan que el 82 % de los usuarios de la generación ego critica el uso de teléfonos inteligentes en reuniones con amigos o colegas, pero el 89 % aceptó que tiene ese mal hábito, puntualiza.

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Es claro que esta generación es el resultado del impacto del mercado en la población en sus distintas generaciones, en efecto, “El mercado estudia los gustos de los jóvenes y desarrolla productos que acentúan esos gustos”, anota Ezequiel Viéitez, autor del artículo ‘Generación Ego”. Es el mercado y el consumismo de la sociedad capitalista articulada con los medios de comunicación de masas los que moldean el ser y parecer de esta generación que se estima en 2.000.000 millones de jóvenes-adolescentes que circulan por el planeta, víctimas y reos de las redes sociales.

La muerte de la palabra oral y la conversación como dispositivo de cohesión social y familiar son algunas de las consecuencias provocadas por las redes sociales. Toda conversación en cierne se ve a menudo interrumpida por el mensaje que inevitablemente llega al dispositivo tecnológico que reposa en la mano. El acto de mirar el mensaje es involuntario, lo que reafirmará los estudios de Pávlov, con la diferencia que aquí hablamos de seres humanos. Lo que antes era una relación entre personas mediada por las palabras y la mirada, se ha convertido en una relación entre mensajes mediado por un teléfono.

Si alguien ha cuestionado duramente el impacto de las redes sociales en el ser humano es el escritor y filósofo Umberto Eco, quien afirma «Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los necios» puntualiza el filósofo italiano al tiempo de afirmar que "El drama de Internet es que ha promovido al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad". ¿Se ha detenido el maestro y la institución escolar a indagar por la validez de semejantes afirmaciones? Si esto es así, ¿Qué futuro le espera a la humanidad?

Tres acontecimientos quiero colocar en escena para ilustrar en algo lo que venimos debatiendo:

1. La Primavera Árabe. Este acontecimiento encarna un caso emblemático de manipulación mediática que nace en las redes sociales, en especial, el Twitter, considerado su medio por excelencia por su eficiencia. Con este acontecimiento social nos vendieron la idea de promoción de valores democráticos y humanistas en beneficio de una población sometida por gobiernos islamistas distantes de los valores de la cultura occidental. El mayor impacto de la Primavera Árabe se dio en países como Egipto, Libia, Siria, Turquía y Yemen. Al finalizar, la situación en estos países ha empeorado. El poder militar se renovó y fortaleció con mecanismos electorales en países como Egipto y Turquía. Siria, libia y Yemen son hoy Estados fallidos sumidos en una profunda guerra civil. Hoy se sabe que un altísimo porcentaje de quienes promovieron esta primavera vía Twitter no viven en estos países sino en occidente, especialmente en Europa y la Unión Americana, consolidados como el mayor mercado del mundo. Sabemos también que los únicos ganadores con la Primavera Árabe fueron las compañías fabricantes de armas, de recursos tecnológicos y mecánicos. Finalmente, es oportuno señalar que la Primavera Árabe fue viral en las redes sociales, pero la tragedia que ha provocado no.

2. La consolidación del Estado Islámico. Parido de la Primavera Árabe aupada por occidente, es otro ejemplo de lo que pueden hacer las redes sociales. Sus dirigentes e ideólogos dominan perfectamente estos dispositivos tecnológicos por cuanto se han educado en los países más industrializados del mundo occidental. Allí encuentran también una gran cantidad de adeptos y seguidores que son cautivados, formados y entrenados para alimentar este espiral de violencia y de guerra. La historia demostrará, cuando sean desclasificados los documentos respectivos, la relación entre Occidente y el naciente Califato.

3. Gabo en el infierno. El Twitter es el medio más eficiente y por eso más usado en las redes sociales. Por el impacto que genero en Colombia y en el mundo intelectual y literario, quiero traer a este debate el de la madre de la patria, senadora María Fernanda Cabal, quien no tuvo el menor escrúpulo para usar este medio y enviar al infierno a nuestro Nobel de Literatura, solo por ser amigo de Fidel Castro. Razón tiene W. Ospina cuando afirma que “El peor enemigo de un colombiano es otro colombiano.” Las redes sociales, han exacerbado este sentimiento. No tengo dudas que, el insulto, la descalificación del otro y la discriminación son los mensajes más usados en Twitter, por ello precisamente, poco o nada aportan a unas relaciones interpersonales que hagan más humana nuestra condición. Consistente con esta idea, reafirma el mismo investigar que “Uno de los imperativos de la guerra es ver al enemigo como alguien absolutamente equivocado.”

+Conozca el libro Ley de Habeas Data en las instituciones educativas. Orientaciones, recomendaciones y estrategias para la implementación de la protección de datos personales

Conclusiones: Hagamos trincheras 

Por muy dura que sean las críticas al impacto de las redes sociales en el ser humano y su entorno, no le veo futuro al intento por impedir su desarrollo, más aún, cuando ese impacto está asociado al mercado, el lucro, el enriquecimiento, el consumismo, los medios de comunicación, el arribismo y otras banalidades promovidas por una sociedad en crisis. Nos contamos entre las pocas personas que resisten el mercado, el consumo y las redes. Nos proponemos voluntario para realizar una trinchera con palabras entre personas de carne y hueso, que aún valoran las relaciones entre personas como mecanismo de construcción y autorrealización; con soporte en la palabra, la mirada y otros sentidos humanos. Empecemos con sentido crítico por ubicar entonces las cosas buenas que tiene las redes sociales y usémosla en consecuencia, pero también, resistamos las nocivas. 

Se nos ocurre considerar también como parte de esa trinchera, una visión romántica-utópica, no dejamos de soñar con ello. Las redes sociales pueden estar al servicio de lo público y lo colectivo, creando canales o aplicaciones para captar una base de datos de personas sobresalientes (talentosos-innovadores-creativos) capaces de marcar diferencia y contribuir a mejorar la calidad de vida de los seres humanos, promoviendo un desarrollo sustentable y sostenible. Apliquémoslas para mejorar el sistema educativo decadente que tenemos, para que la seguridad social funcione de manera eficiente, para construir cultura ciudadana y de servicio. Para empoderar a ciudadanos y ciudadanas en busca de un cambio social que haga más humano el mundo actual y garantice la existencia del planeta, para construir dispositivos de presión social que obliguen a los gobiernos a pensar diferente la relación con los ciudadanos y ciudadanas; en términos de seres humanos y menos de clientes.

Resistir el impacto negativo de las redes sociales exige y requiere de la misma fuerza de voluntad y de poder que necesitamos para resistir la sociedad de consumo y otras levedades de la sociedad en las que nos tocó vivir. Hagamos del postconflicto la oportunidad para repensar el uso de las redes y redefinir su impacto en las relaciones entre personas y entre grupos de personas. Hagamos de la escuela otro espacio para enseñar otras formas de usar el teléfono inteligente, el computador y otros medios, con criterios más parecido a lo humano; a lo sensible por el saber y aprender. Busquemos los escenarios para colocar en el centro de las preocupaciones sociales al ser humano en vez del mercado. Hacemos esta invitación desde quiénes somos capaces de creer y de soñar, como diría León Valencia. De algo estamos seguro: hay que hacer todo lo humanamente posible para realizar otra Primavera Árabe auténtica, por cortarle las alas al Estado Islámico y Educar en lo humano y sensible al espíritu de guerra de María Fernanda y su entorno. 

Bibliografía

Eco, Umberto. (15 de junio de 2015). Las redes sociales les dan el derecho de hablar a una legión de idiotas. Tiempo. Recuperado de http://www.Tiempo.infonews.com.

Ospina, William. (1997, 6 de octubre). Diálogos de paz. Revista Cambio 16, número 225.

Vida (30 de octubre de 2014). Jóvenes colombianos usan computadores para ocio y no para estudiar. El Espectador. Recuperado de http://www.Elespectador.com/

Vida moderna. (2015, 7 de septiembre). ¿En qué consiste la ‘generación ego’?. Semana. Recuperado de http://www.semana.com. 

Valencia, León. (2014, 13 de septiembre). Soy capaz de creer y de soñar. Semana. Recuperado de http://www.semana.com.

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