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Las tensiones de la Educación Inclusiva

Por Rafael Pabón García , Por Raúl Barrantes Clavijo
Magisterio
31/10/2019 - 10:30
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En los últimos años se viene consolidando la educación inclusiva como acción orientada a identificar y a reducir las barreras que generan exclusión en la educación e impiden la garantía del derecho a la educación de todos los niños y jóvenes. 
El desarrollo de la Educación inclusiva es desigual y de ninguna manera se expresa de forma homogénea. Tampoco constituye un campo teórico acabado y coherente, al contrario, en ella se manifiestan diferentes concepciones, enfoques, percepciones e intereses, que la hacen ser, tal y como caracterizaba el Maestro Estanislao Zuleta  a cualquier proceso educativo: un verdadero campo de combate, un campo lleno de tensiones. Con este artículo queremos dar cuenta de algunas tensiones de la educación inclusiva. Esperamos que al develarlas se contribuya a dejar de lado la aceptación “políticamente correcta” que suele darse cuando se hace referencia a la inclusión en educación y que lleva a que maestros, directivos y padres de familia en el ámbito del discurso se muestren partidarios de la garantía del derecho a la educación para todos, aunque luego se aferren a prácticas y miradas que justifican la discriminación y la segregación y que se muestran como acciones de beneficio para los niños y los jóvenes que aprenden y participan de la escuela de maneras diversas.
La discriminación y la exclusión son consecuencia de diferentes causas y resultado de fenómenos sociales complejos. No responden a la voluntad de los individuos y casi nunca se ejercen de manera consciente e intencionada y se expresan de diversas maneras y con distintos mecanismos.
El auge de los discursos de la Educación Inclusiva 
En los últimos tiempos se viene dando una verdadera profusión de producciones sobre Educación Inclusiva. Basta una somera revisión de la literatura contemporánea sobre educación y pedagogía para constatar la multiplicidad y variedad de documentos, libros, reseñas, artículos y distintas elaboraciones sobre el derecho a la educación para todos, o sobre la educación de poblaciones en riesgo o vulnerabilidad. También son variados los foros, seminarios, congresos y todo tipo de eventos en los que se presentan experiencias y se realizan elaboradas reflexiones dirigidas a reducir los niveles de exclusión y de discriminación en contextos escolares. Organismos internacionales y autoridades educativas suscriben instrumentos y promulgan cuerpos normativos que buscan consolidar políticas, construir opciones pedagógicas y generar formas de organización escolar que aseguren una oportunidad para la diversidad en la escuela y para que la diferencia no se asuma como una dificultad y un obstáculo para el aprendizaje y la participación de todos.
Son comprensibles la relevancia e importancia que viene adquiriendo la Educación Inclusiva. En tanto los sistemas educativos en casi todas las naciones han logrado coberturas prácticamente universales, se da un natural desplazamiento en las preocupaciones y en las prioridades de las políticas educativas. El interés casi obsesivo que se dio en la última mitad del siglo pasado por generar una oferta educativa pública con tasas de cobertura universales, al menos en los niveles básicos del sistema educativo, viene dejando su lugar prioritario a la preocupación por disminuir la exclusión y por lograr que todos encuentren una oportunidad educativa, sin que medien condiciones particulares, o situaciones peculiares.
Además de este desplazamiento en las prioridades de las políticas educativas también la Educación Inclusiva adquiere importancia por las transformaciones en las formas de comprender y de prestar atención educativa a niños pertenecientes a determinadas minorías, con capacidades diversas o con necesidades educativas especiales, como se los denomina en los cuerpos normativos. La tradición, hasta hace poco en boga, de destinar modos especiales de atención educativa a estudiantes considerados o catalogados igualmente como especiales, ha dado paso a posibilidades de educación en contextos regulares y en escuelas formales mediante procesos de flexibilización y de transformación de las escuelas. 
En efecto, garantizar el derecho a la educación, superar los altos grados de exclusión y de discriminación en la vida escolar, educar en y para la diversidad y, sobre todo, intentar la educación juntos sin segregar, son aspectos constitutivos y fundamentos de la Educación Inclusiva y de los procesos de transformación de los modos de hacer escuela y de las formas de ser maestro que esta implica. Se trata de transformaciones y de cambios que no son homogéneos en los distintos países e incluso en diferentes regiones o localidades. Tampoco puede decirse que los procesos de educación inclusiva están exentos de dificultades; al contrario, surgen muchas resistencias y aparecen problemas a la hora de asumir y de comprender el alcance de tales transformaciones. Como suele suceder tantas veces en la educación, las innovaciones y los nuevos conceptos se incorporan a nuestro vocabulario sin implicaciones para nuestras prácticas. Sin embargo, también es necesario reconocer que se vienen dando grandes desarrollos y cambios en las aulas, en las escuelas y en los sistemas educativos. Se hace posible en muchos contextos que la diversidad no se asuma como obstáculo para el aprendizaje y para la enseñanza, sino más bien como una oportunidad de innovación. Muchos maestros avanzan en la comprensión sobre la necesidad de generar transformaciones en la enseñanza y, de esta manera, promover distintas formas de aprendizaje en las aulas. Tal y como lo afirma el Documento de Referencia de la Cuadragésima Conferencia de la UNESCO, realizada en noviembre de 2008, y titulado La Educación Inclusiva: el camino hacia el futuro:
“La educación inclusiva es un proceso que entraña la transformación de las escuelas y otros centros de aprendizaje para atender a todos los niños, tanto varones como niñas, a alumnos de minorías étnicas, a los educandos afectados por el VIH y el SIDA y a los discapacitados y con dificultades de aprendizaje. El proceso educativo se lleva a cabo en muchos contextos, tanto formales como no formales, en las familias y en la comunidad en su conjunto. Por consiguiente, la Educación Inclusiva no es una cuestión marginal, sino que es crucial para lograr una educación de calidad para todos los educandos y para el desarrollo de sociedades más inclusivas” .

+Lea: 6 pasos para mejorar la orientación educativa de los estudiantes con necesidades especiales

La Educación sin exclusión
La Educación Inclusiva es una acción pedagógica que valora y afirma la diversidad humana, pues reconoce la existencia y la validez de las diferentes formas de aprender y de enseñar que nos caracterizan como seres humanos. Es, también, respuesta a las múltiples y diversas formas de exclusión que se dan y se reproducen en los sistemas educativos. Por eso, se puede afirmar que la inclusión en educación es, antes que nada, una forma de contribuir a la democratización efectiva de la sociedad y a generar equidad en las oportunidades educativas. Forjar sistemas educativos más inclusivos significa consolidar una sociedad más justa y equitativa, en la que se enfrenten los factores sociales, económicos, políticos y culturales que generan tanto la exclusión social en general, como la exclusión en la educación de manera particular. 
El propósito central de la Educación Inclusiva es superar la discriminación y la exclusión en educación y permitir que a una misma institución asistan alumnos diversos, con y sin discapacidad, o pertenecientes o no a determinadas minorías étnicas, culturales o sociales. Por otra parte, desde el punto de vista pedagógico, la Educación Inclusiva representa la superación de la Educación Especial como modelo que atiende en colegios especiales a los estudiantes con ciertas peculiaridades o condiciones particulares. También, la Educación Inclusiva significa la adaptación de las escuelas y colegios a las formas de aprendizaje de los estudiantes a través de la flexibilización de los currículos, la adecuación de las prácticas de enseñanza y las didácticas. Además promueve la generación de acciones intencionadas para garantizar que todos los niños puedan participar de la vida escolar. 
La discriminación y la exclusión son consecuencia de diferentes causas y resultado de fenómenos sociales complejos. No responden a la voluntad de los individuos y casi nunca se ejercen de manera consciente e intencionada y se expresan de diversas maneras y con distintos mecanismos. En general, la discriminación ocurre cuando un determinado grupo social, por lo general el que se encuentra en una posición dominante, tiene valoración negativa sobre el otro y ejerce prácticas de aislamiento con base en una valoración negativa. Consiste en un conjunto de actitudes y prácticas de desprecio hacia alguna persona o conjunto de personas a quienes se les valora negativamente. Dicho estigma social desemboca en la negación de sus derechos fundamentales. La discriminación es, por tanto, un mecanismo de exclusión que alimenta y agrava la desigualdad, divide a la sociedad y fomenta el abuso de poder.
Un sistema educativo inclusivo es aquel que, por encima de cualquiera otra característica, prohíbe las prácticas discriminatorias, promueve la valoración de la diferencia, acoge la pluralidad y garantiza la igualdad de oportunidades. Por otro lado, siendo la educación un derecho para todos no es posible separar o excluir de las oportunidades educativas a una determinada población. Este es el principio de la Educación Inclusiva en lo que tiene que ver con el derecho de quienes son discriminados o excluidos: garantizar su acceso y su permanencia en el sistema regular de educación, el cual debe hacer verdaderas transformaciones para poder responder a todos sus alumnos.
Para la Educación Inclusiva no basta la generación de apoyos y la puesta en juego de estrategias orientadas a permitir la adaptación, o la “normalización” de los estudiantes con discapacidad a unos currículos y unas didácticas que son vistas como ajenas a la transformación o al cambio. Mientras que en la Integración se parte de la confianza en las posibilidades de adaptación de los estudiantes a la escuela, la Inclusión exige la adaptación de la escuela a las posibilidades y a las formas de aprender de los estudiantes.
La Educación Inclusiva, un paso adelante de la integración escolar
En este esfuerzo de generar educación para todos y con todos la Educación Inclusiva encuentra en la llamada Integración Escolar su antecedente inmediato. La Integración representa los primeros esfuerzos de atención educativa a estudiantes con discapacidad en contextos regulares y en la educación formal. Su nacimiento se da en Italia y en otros países europeos en la década de los años 80 del pasado siglo, con el propósito central de ofrecer educación a poblaciones vulnerables, de manera particular a la que está en condición de discapacidad, en instituciones no segregadas, ni discriminadoras, tal y como suele suceder con los procesos de la Educación Especial. En este sentido su acción se ha centrado en permitir que niños con discapacidades se eduquen con niños sin discapacidad en aulas formales o regulares. 
La Integración al aula regular ha desarrollo mecanismos y criterios para generar apoyos, adaptaciones y adecuaciones para que niños y jóvenes catalogados con necesidades educativas especiales se adapten y acomoden a prácticas pedagógicas regulares. Esta adaptación se justifica en la aceptación de la estructuras curriculares estandarizadas que hacen que los estudiantes aprendan lo mismo y de una manera similar en los diferentes momentos de su tránsito por los niveles y grados en que se divide la escuela formal. De la misma manera, la integración acepta la posibilidad de didácticas igualmente estandarizadas, de manera tal que la formas de la enseñanza también se puedan homogenizar en diferentes contextos y con estudiantes con tradiciones disímiles tal y como se hace en la escuela regular. 
Como consecuencia de tal estandarización la Integración Escolar conceptualiza y construye una serie de estrategias para superar o mitigar las limitaciones que ciertos estudiantes tienen para desempeñarse educativamente como si fueran estudiantes sin condiciones especiales. En este sentido, la Educación Especial se propone normalizar a los estudiantes que se denominan y asumen como diferentes. De ahí el énfasis de la integración escolar en desarrollar estrategias de apoyo y de potenciación para los estudiantes con necesidades, pues se asume que estos pueden superar sus obstáculos si cuentan con los apoyos necesarios, como son el apoyo de maestros especializados, tiempos de refuerzo, adecuaciones curriculares, formas particulares de evaluación, etc. 
La Integración Escolar, a diferencia de la Educación Inclusiva no pone en duda a la escuela formal o regular. Por el contrario, busca que todos los estudiantes se adapten a ella y no expresa ningún interés en que sea la escuela la que se adapte a los estudiantes como sí lo proponen los procesos de inclusión educativa. Al fin y al cabo no nace en la crítica de la Escuela sino, más bien, en la oposición a las formas de institucionalización de la educación especial o de otras instituciones de salud mental. La Integración Escolar no se ha preocupado nunca por variar las formas de hacer escuela, por la transformación de los currículos o por generar diversas formas de enseñar para dar respuesta a diferentes formas de aprender.
La Educación Inclusiva, en cambio, implica una crítica a la Escuela y a las formas homogéneas y estandarizadas de hacer educación. Su interés está en velar por la plena realización de la Educación para todos y en contribuir a la garantía del Derecho a la Educación. Para la Educación Inclusiva no basta la generación de apoyos y la puesta en juego de estrategias orientadas a permitir la adaptación, o la “normalización” de los estudiantes con discapacidad a unos currículos y unas didácticas que son vistas como ajenas a la transformación o al cambio. Mientras que en la Integración se parte de la confianza en las posibilidades de adaptación de los estudiantes a la escuela, la Inclusión exige la adaptación de la escuela a las posibilidades y a las formas de aprender de los estudiantes.
La Educación Inclusiva es transformación 
La Educación Inclusiva no es un proceso de transformación de poca monta. Por el contrario implica una verdadera revolución en la comprensión y en las formas de hacer educación; requiere de un auténtico proceso de cambio para que las escuelas no solo aseguren el ingreso y la atención de todos, sino que garantice el aprendizaje y la participación de todos los niños y jóvenes en la vida escolar. Este doble propósito es esencial a la Educación Inclusiva. En primer lugar, es un movimiento intencionado para garantizar el Derecho a la Educación para todos, reafirmando el valor y la importancia de la educación para el desarrollo individual y social. En segundo lugar, coloca el centro de interés en la posibilidad de educarnos juntos, de forma tal que las condiciones individuales o las situaciones que los estudiantes vivan no sean razón para la segregación y discriminación. Se trata de hacer posible que los sistemas educativos aseguren la educación de todos los niños y jóvenes en su propia comunidad, en escuelas que afirmen la diversidad como un valor, pero sin normalizar la diferencia. Este propósito implica todo un proceso revolucionario para una institucionalidad educativa que ha asumido la selección y la elitización como componentes inherentes a la calidad de la educación.
Sin embargo, para muchos la inclusión educativa es solo una cuestión de adaptaciones o de adecuaciones que permitan el acceso y la presencia de aquellos estudiantes que se catalogan como especiales. Asumen que, en realidad, no son necesarias modificaciones estructurales de la organización escolar, de las prácticas de enseñanza o de las maneras de comprender las dificultades y el éxito escolar. Actúan como si la diversidad no tuviera consecuencias sobre las maneras de enseñar, de evaluar los aprendizajes y de promover la participación. Es como si bastara poner en práctica acciones diferenciadas o de discriminación positiva “focalizadas” en ciertas necesidades educativas particulares para que aquellos que se asumen como diferentes puedan adaptarse y superar sus limitaciones. 
En las miradas tradicionales que entienden la Educación Inclusiva como proceso limitado a la adecuación y al ajuste de ciertas condiciones para superar las dificultades de ciertos niños, los estudiantes en riesgo de exclusión se entienden como desperfectos o anomalías. De acuerdo con estas visiones los sistemas educativos presentan, necesariamente, pérdidas, tal y como acontece en una cadena industrial que produce bienes de manera masiva. 
Como se ve, las justificaciones o explicaciones de la discriminación y de la exclusión de la educación pueden llegar a ser, en ocasiones, solamente teorías refinadas y con altos grados de elaboración. Su desarrollo es tal que terminan presentando a las políticas y a las acciones orientadas a garantizar la educación para todos como verdaderas utopías. Incluso, promueven en calificados escenarios políticos y académicos la incapacidad de la escuela para superar la discriminación aduciendo la reproducción de las desigualdades sociales como constitutivas de la institución escolar, soslayando la capacidad de las dinámicas sociales y políticas, pues en determinadas condiciones históricas ha sido, y será, posible alentar cambios tanto en el ideal formativo de la población como en la manera de hacer y comprender la escuela.
Sin embargo, un análisis más detallado lleva a concluir que esas formas de negación del derecho a la educación no se originan en realidad en características de los estudiantes, no se explican por condiciones o situaciones individuales, ni obedecen a aspectos coyunturales del sistema educativo. Por el contrario, son consecuencia de condiciones estructurales de las formas de educar, pues el carácter excluyente de la cultura escolar se fundamenta en prácticas de selectividad y en ciertas formas de asumir y comprender la calidad y la exigencia académica. La expulsión, –verdadero nombre de la exclusión– del sistema educativo, la aceptación de la imposibilidad del aprendizaje para otros y la selectividad y segregación de los estudiantes, se tratan como hechos inmodificables e inherentes al mismo fenómeno de educar.
Ante esta posición la Educación Inclusiva invita a los maestros a acoger en las aulas a todos los niños, sin discriminación alguna, y sin que las condiciones o situaciones particulares de los estudiantes se asuman como barreras insuperables para su aprendizaje y para su participación en la vida escolar. Por supuesto, atender a todos significa, en primer lugar, ocuparse de manera concreta y particular de garantizar el ingreso o el acceso universal a las opciones educativas. Sin embargo, va más allá del acceso, pues favorecer a todos también implica el desarrollo de opciones pedagógicas y organizativas que mitiguen las posibilidades de la expulsión o de discriminación por condiciones particulares o por situaciones peculiares que vivan los estudiantes.
La Revolución copernicana de la Educación Inclusiva
A pesar de que el ámbito de acción de la Educación Inclusiva se refiere a la educación de todos, aún para muchos su ámbito de acción se restringe a determinadas minorías o poblaciones especiales y su trabajo se limita al conjunto de los estudiantes considerados como vulnerables o en riesgo. 
Sin embargo, los procesos de inclusión en educación tienen que ver con transformaciones que afectan las formas de organización de la Escuela en su conjunto y que modifican las maneras de ser maestro de manera tal que involucra a todos los estudiantes y no solo aquellos que se catalogan como especiales o que se etiquetan como estudiantes con necesidades Educativas Especiales o específicas. 
Por lo anterior, la Educación Inclusiva supone, más que preguntarse por las limitaciones o dificultades de unos determinados estudiantes, indagar y actuar a partir de la identificación y mitigación de los efectos de las barreras de distintos tipos que levanta a su alrededor el sistema educativo y que, en gran medida, condicionan y limitan las posibilidades de aprendizaje y de participación de todos los estudiantes en la vida escolar. Es, por tanto, la Escuela la que se adapta a las condiciones y necesidades de los estudiantes y no al contrario y propone no centrar la atención en las limitaciones o dificultades de los estudiantes, sino más bien en la identificación y superación de las barreras para su acceso y su participación en la institucionalidad educativa. 
La concepción tradicional de equidad se ha fundamentado en el principio de dar a todos las mismas oportunidades y las mismas condiciones, de manera tal que sean los talentos o las capacidades individuales las que permitan el grado de desarrollo educativo de los individuos. Así se ha construido una escuela piramidal en la que aceptamos como natural que en los niveles básicos se da un acceso universal y que gradualmente, por una especie de selección natural, en los niveles superiores solo encuentren acceso y posibilidades unos pocos en virtud de sus propios méritos. 
Sin embargo, la expansión y masificación del sistema educativo ha hecho posible que estudiantes de diferentes condiciones o de distintas clases sociales entren en la escuela y relativicen el principio de la igualdad de oportunidades como fundamento de la equidad. La presencia de las diferencias y de la diversidad en el mundo escolar y educativo nos ha mostrado la necesidad de hacer una revolución en la comprensión de lo equitativo en educación. Se ha hecho evidente la necesidad de ir más allá de la igualdad de oportunidades educativas para todos, pues se requiere generar opciones en consecuencia con las posibilidades de cada uno. Hemos aprendido que es necesario compensar las diferencias que los estudiantes tienen, antes de su ingreso al mundo educativo, diferencias sociales, económicas, familiares y, también, en las capacidades. 
Es por esta necesidad de generar oportunidades de acuerdo con las necesidades consideradas de manera individual, como la Educación Inclusiva se ocupa de la superación de las barreras y limitaciones que la institucionalidad educativa encuentra a la hora de dar respuestas a la diversidad de sus estudiantes. Por lo mismo, los procesos incluyentes no pueden ser aspiraciones inocentes que, con ingenuidad, asumen que las formas actuales de hacer educación y de hacer escuela, basadas en la homogeneidad y en masificación, pueden garantizar la educación para todos en las escuelas regulares. Por tanto, la Educación Inclusiva invita a una revisión de nuestras políticas educativas, a la flexibilización de nuestras prácticas y a la trasformación de nuestras formas de comprender y valorar la diferencia. 
Los distintos acercamientos a la idea de Inclusión
La idea de inclusión, como se ha anotado, no responde a una definición absoluta o universal. Depende de múltiples acercamientos y de diferentes miradas de la escuela, de los estudiantes y del maestro. A continuación, y para terminar, quisiéramos destacar algunas de las concepciones de Educación Inclusiva que se pueden identificar : la inclusión en relación con la discapacidad; la inclusión como respuesta a las exclusiones disciplinarias; la inclusión referida a todos los grupos vulnerables a la exclusión; la inclusión como promoción de una escuela para todos; y la inclusión como Educación para todos. 
La inclusión en relación con la discapacidad y las necesidades educativas especiales
Es la visión tradicional en la que se asume la inclusión referida primordialmente a la enseñanza de alumnos con discapacidades y a los llamados “alumnos con necesidades educativas especiales”. Su énfasis está en la comprensión de las implicaciones educativas de las limitaciones o deficiencias de los estudiantes y en la generación de opciones pedagógicas, didácticas o de organización escolar para la realización de adecuaciones curriculares, la puesta en práctica de apoyos y la utilización de ayudas para superar o mitigar esos obstáculos educativos generados por las limitaciones de los estudiantes. En los últimos años, la idea de “necesidades educativas especiales” para dar cuenta de las dificultades de la enseñanza, se ha sustituido por la de “barreras para el aprendizaje y la participación”, para poner el foco de atención no en los alumnos y sus limitaciones, sino más bien, en las posibilidades y los recursos de las instituciones y en los criterios, las prácticas y las culturas que limitan el derecho a la educación para todos y que generan exclusión. 
La visión de la Educación Inclusiva en relación con la discapacidad introduce, además, la discusión por las maneras y las posibilidades de la escuela de dar respuesta a la diversidad de los estudiantes, de manera específica, a los retos que la discapacidad implica. El riesgo está en que la prioridad en la discapacidad y en las limitaciones lleva al desarrollo de escuelas especiales o escuelas segregadas, las cuales se ven como las únicas opciones para dar respuesta a las necesidades especiales que la discapacidad implica. 
La discusión está abierta, pues cabe la pregunta si la generación de un sistema educativo paralelo para los estudiantes con discapacidad es o no necesario, y si en algunos casos se hace imposible la presencia de estudiantes con discapacidad en contextos educativos formales y regulares. Los defensores de la educación conjunta insisten en que no se trata de negar la educación especial, sino más bien de generar otras opciones y otras posibilidades para que la educación especial no signifique segregación y para que la discapacidad no implique que algunos alumnos “deban” ser separados necesariamente a causa de su deficiencia o defecto. 
La Educación Inclusiva con relación a poblaciones vulnerables a la exclusión
En esta visión, la inclusión se ve como la manera de mitigar la discriminación de la educación de poblaciones en riesgo por su carácter de vulnerabilidad social. Es una visión igualmente poblacional, pero que incluye además de los estudiantes con discapacidad a otros, como son las minorías étnicas, los que son víctimas de situaciones sociales particulares como el desplazamiento, la situación de embarazo y todas aquellas que requieren de acciones compensatorias o intervenciones psicosociales para garantizar el derecho a la educación. Esta perspectiva se relaciona con los conceptos de “inclusión social” y “exclusión social” y sus implicaciones en la educación. 
Esta comprensión de la inclusión hace énfasis en la identificación y superación de las barreras a las que se enfrentan los grupos cuyo acceso a la escuela se ve amenazado o cuya permanencia en ella está en riesgo. Esta perspectiva poblacional conlleva el riesgo del “nunca acabar”, pues si se trata de identificar a todas las poblaciones y a todos los riesgos de exclusión, se puede entrar en un camino de no retorno. 
La Inclusión como respuesta a la discriminación y a la inadaptación de ciertos estudiantes a la Escuela
Se refiere a una visión de la inclusión centrada en la reducción de la deserción escolar generada por la inadaptación o el fracaso de estudiantes en el mundo educativo. Se fundamenta en la comprensión de las implicaciones de la masificación escolar y de la pérdida de la individualidad en la escuela, que lleva a la imposición de modelos homogéneos y estandarizados en los que no todos caben. 
En esta perspectiva se sitúan los maestros que asumen que “la simple mención de la palabra ‘inclusión’ provoca en los docentes el temor a que se les pida que acepten un número desproporcionado de alumnos cuya conducta se considera ‘difícil’ y que pueden haber sido excluidos (o expulsados) de otras escuelas”. Esta perspectiva pone la atención y centra la acción en acciones de refuerzo o remediales, para superar o compensar las causas de la deserción con un carácter terapéutico.
La Educación Inclusiva en relación con la Escuela para todos
Es una visión que empieza a abrirse paso en nuestros países y que tiene ya una tradición en Europa y se fundamenta en la idea de Una Escuela para todos. Se trata de una reacción a los sistemas educativos que distribuía a los niños en distintos tipos de escuela basándose en los resultados obtenidos al finalizar el ciclo básico y que reforzaba las desigualdades basadas en la clase social.
De otra parte esta concepción es también una reacción a las tendencias homogeneizantes de la políticas educativas que insisten en que una escuela estandarizada puede garantizar la educación de niños socialmente diversos. Por eso se hace hincapié en que la escuela para todos debe ser lo suficientemente flexible para abarcar, incluir, si se quiere, y valorar la diferencia, por medio de la flexibilización y la personalización de la educación.
La Educación Inclusiva como Educación para todos
Se relaciona con el movimiento de Educación para todos en el que se reconoce la imclusión de gran número de grupos vulnerables y marginados. Esta perspectiva asume que la educación es mucho más que la escolarización. Esta concepción hace énfasis en las posibilidades del ejercicio del derecho a la educación en términos de equidad y de igualdad social, por lo que se plantea insistir en la educación inicial y educación a lo largo de la vida para todos. 
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Notas
  Estanislao Zuleta. “La Educación, un campo de combate”. En: Educación y Democracia, un campo de combate. Omega Alga, Biblioteca Virtual, 2010, pp. 9 – 47. 
2 UNESCO. (2008). La Educación Inclusiva: el camino hacia el futuro En: http://www.ibe.unesco.org/fileadmin/user_upload/Policy_Dialogue/48th_ICE...) p. 5.
3 Ver: Ainscow, M. (2004). Desarrollo de escuelas inclusivas: ideas, propuestas y experiencias para mejorar las Instituciones Escolares. Madrid: Editorial Narcea. 
Rafael Pabón García, Raúl Barrantes ClavijoIntegrantes del Equipo del Proyecto Una Educación Inclusiva en la Formación Inicial de Maestros (Fundación Saldarriaga Concha – Instituto de Desarrollo e Innovación Educativa – IDIE – con énfasis en formación de maestros de la OEI, con apoyo de la Secretaría de Educación de Cundinamarca y de la Oficina de la UNESCO para los países andinos con sede en Quito (Ecuador). Las opiniones de este artículo son responsabilidad de los autores y no comprometen a las organizaciones que han hecho posible el proyecto. 
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