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Lectura y escritura de narrativas en la red social Facebook

Por Ángela Virginia Neira Uneme
Magisterio
23/07/2015 - 15:15
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Foto tomada de la Revista Magisterio-­‐web

Resumen: La irrupción de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en las as de la información y la comunicación en las formas de nteracción de los sujetos ha configurado diferentes procesos de lectura y escritura que se materializan en entornos virtuales, dando lugar a obras y producciones con características propias de lo digital y a transformaciones en la subjetividad de los usuarios. El presente artículo se propone tener una aproximación a las publicaciones en la red social Facebook, por parte de los llamados nativos digitales, teniendo en cuenta que esta red social se onstituye como plataforma de comunicación que ofrece múltiples lenguajes y formas de expresión que se tejen en territorios móviles y en un tiempo instantáneo. En este sentido, se busca delinear algunas de las características para la interpretación de estas narrativas virtuales que implican transformaciones, desplazamientos y multiplicaciones en las figuras del lector y el escritor de la Palabras clave: red social Facebook, narrativas en la red, procesos de lectura, escritura en entornos virtuales. La escritura electrónica no finge al autor múltiple o al lector participativo: los exige.

 

El texto se pliega, se repliega, se divide y se engancha a trozos y fragmentos; se transforma en hipertexto, y los hipertextos se conectan para formar el plan hipertextual indefinidamente  J. D. Bolter abierto y móvil en la web. Pierre Lévy. 

 

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Asistimos a un momento histórico donde los procesos de lectura y escritura desbordan el escenario clásico del papel y el lápiz. La red se propone como un texto inmenso y de múltiples dimensiones, donde los sujetos plasman nuevas escrituras e instituyen otros modos de leer. Imágenes, textos, audios, videos, símbolos y múltiples formatos en movimiento y transformación constante se constituyen en lugares sin territorio, donde los ejercicios milenarios de la lectura y la escritura se encarnan en otras formas. Estos procesos tienen un impacto mayor en los niños y jóvenes, principales usuarios de los modos virtuales, por lo tanto, a estas producciones resulta pertinente un acercamiento desde el reconocimiento e invención de diferentes terrenos para su comprensión e interpretación. 

 

En este sentido, la red social Facebook se presenta como un escenario virtual propicio donde se gestan otros procesos de lectura y escritura. Esta ofrece constantemente a sus usuarios actualizaciones que incluyen el uso de nuevas herramientas y aplicaciones que pueden estar relacionadas con el acceso a la información de los contactos, la actualización de listas, la posibilidad de compartir enlaces de música y video, una nueva distribución y organización de los servicios que se ofrecen, entre otros cambios. De este modo, Facebook resulta ser un espacio en movimiento que permite la participación en múltiples aplicaciones a la vez y además se ofrece como un dispositivo fragmentado, en el que la explosión del yo hace su aparición instantánea, en tanto se comparte e interactúa con otros desde múltiples lenguajes. Como “encarnación virtual”, la red se presenta como un justo exponente de la Web 201.1 Término relacionado con aplicaciones en la web, orientadas a la interacción y las redes sociales como puntos de encuentro de los usuarios. En palabras de Juan Carlos Amador (2010), la Web 2.0 podría definirse como “una plataforma virtual que sitúa numerosas aplicaciones que intentan tener como punto. 

 

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Para Alejandro Piscitelli (2010), la red social es entendida como “una arquitectura expresada en el código informático, una comunidad con su propio ethos y escala de valores, o un lenguaje que puede ser aprendido y entendido críticamente” (p. XIII), por lo tanto, lo importante no es saber leer imágenes sino saber producirlas “porque solo se conoce haciendo, y porque solo se inventa produciendo” (Ibíd. p. XIX). Este es precisamente el caso de los niños, niñas y jóvenes como usuarios en Facebook, donde se conoce y se aplica la famosa frase do it yourself, a través de un proceso de ensayo y error en la producción de narrativas y otros textos, sin esperar que la escuela o los adultos les enseñen cómo hacerlo. Dentro de estos entornos virtuales surgen procesos de comunicación digital interactiva que poseen atributos como: conectividad, interactividad, usabilidad, hipertextualidad e hipermedialidad (Scolari, 2008), donde se genera un nuevo sistema de comunicación “que transforma las prácticas, discursos, imaginarios y representaciones de la sociedad”.(Amador, 2010, p. 7). 

 

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Se habla de una teoría de las hipermediaciones, la cual busca superar los marcos de referencia comunes, donde la comunicación se entiende como canal que conecta a un emisor y un receptor. Este modelo de comunicación evidencia “la modificación sustancial del sujeto, la cultura, las relaciones sociales, el acceso al saber y las dimensiones ético-políticas del orden instituido” (Ibíd. p. 8). Aquí tienen lugar experiencias relacionadas con usos, apropiaciones, reapropiaciones, interacciones, por parte de los llamados nativos digitales2. Nos referimos a un nivel de análisis sobre las experiencias de los sujetos en este nuevo modelo y sus relaciones con los lenguajes, saberes y convergencias culturales. Surgen nuevas formas de componer, descomponer, asimilar, comprender y proponer los contenidos en la red, desde formatos cada vez más amplios que involucran mutaciones inimaginables, las cuales pueden ser creadas en lenguajes visuales, orales, escritos y auditivos. Dichas comunicaciones permiten diversas combinaciones y niveles de interacción, así como la redefinición de los signos en tanto imágenes, que invitan a su deconstrucción y transformación, puesto que “el ambiente de la comunicación digital se estructura y expande, cada vez más, a través de contaminaciones e hibridaciones que desagregan piezas, unidades y elementos de manera rizomática, abierta y flexible.” (Ibíd. p. 12-13).

 

Esta comunicación responde no solo a la intención de comunicar un mensaje, sino que encarna modos de ser, formas de vida y visiones al observar diferentes producciones dentro de la red social Facebook, es común encontrar relatos fragmentados, sin articulación y con una gran heterogeneidad discursiva que implican narrativas múltiples, así como variados personajes que se conectan en interacción, donde el autor es a la vez, lector y público, y, a su vez, el lector interactúa transformándose también en autor. Para Lévy (2007), la interacción y la inmersión, propias de la realidad virtual otorgan inmanencia a la obra que se pone al alcance de la mano del receptor, el cual puede participar de ella y transformarla, convirtiéndose parcialmente en autor. Teniendo en cuenta los planteamientos de Jaime Alejandro Rodríguez (2011), quien se centra en el desarrollo de la ciberliteratura y aporta elementos importantes en el manejo de textos y expresiones dentro de la virtualidad, “El medio digital facilita una morfología múltiple” (p. 9). Este es un reflejo de un accionar de construcción colectiva que se puede observar en los diálogos e interacciones que de partida las experiencias del usuario, tales como Wikipedia, YouTube, Blogger, MySpace y Facebook”   Expresión tomada por Amador (2010) de Prensky: “metáfora que da cuenta del proceso de incardinación de este amplio espectro de mutaciones, vivido por estos sujetos en un tiempo-espacio en el que, desde muy temprano, empiezan a tramitar su existencia” (p. 5). tienen lugar en la red. Voces que se desdoblan sin cause o norma establecida, dando lugar a movimientos caóticos y “naturales”.

 

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Esta condición amorfa y desordenada de la narrativa en la red, en muchos casos, puede otorgarle el calificativo de superficial. Contrario a ello, es posible calificarla desde la profundidad, “Por el hecho de que un relato digital no tenga las condiciones para una hermenéutica no lo convierte en un objeto superficial. Todo lo contrario, su alta exigencia participativa y sobre todo su carácter enciclopédico (esto es, su potencial de conexión con un amplio contexto) le dan buen grado de profundidad” (Ibíd. p. 12). Esta profundidad se alcanza por medio de la indagación y la construcción del contexto, pues se busca desarrollar una amplia conectividad en la obra. En Facebook, la conectividad hacia un objeto es instantánea, dispersa, abierta a lo que cada sujeto que interviene quiera aportar. En la mayoría de los casos, se trata de narrativas autobiográficas, de corte literario, construcciones cortas e inacabadas que implican elementos ficcionales, emotivos y cronológicos, o de expresiones y opiniones fugaces que pueden suscitar comentarios y aportes de sujetos-público que devienen también en sujetos-autores y lectores. Podríamos decir que la red social se presenta como una plataforma que permite a sus usuarios comunicarse y expresarse en formas variadas, pues pone a su alcance herramientas audiovisuales interactivas que posibilitan otras semióticas y enunciados no discursivos. Más allá de ubicar las producciones de los usuarios en la red como: superficiales, profundas, comunes, complejas o simples, es preciso tener en cuenta que: Todo el mundo tiene cosas que decir.

 

El arte es comunicación, expresión de sentimientos. Y cada uno tiene los suyos y nadie los tiene superiores. Me parece que la labor del artista es precisamente dar unos medios expresivos con los que todos podamos ser artistas en este sentido de dar a conocer nuestra opinión y expresar nuestros sentimientos… llevamos cientos de años con el modelo tradicional de artista genial y público que no tiene otra función que mirar y escuchar y quedarse con la boca abierta. ¡Vamos a democratizar el arte! Todos tenemos cosas que decir. (Casacuberta, citado por Rodríguez, 2011, p. 14).  En la red, la expresión tiene un carácter público y está dotada de múltiples herramientas para decir, de otros modos, en otros lenguajes, en su mayoría autobiográficos, por medio de los cuales es posible reflexionar sobre los modos de subjetivación desde dimensiones que configuran la experiencia de sí: ver-se, narrar-se, expresar-se, juzgar-se y dominar-se (Larrosa, 1995). Estas expresiones van dejando reflejos de sujetos, pequeños hilos, tenues rastros que se desvanecen en la instantaneidad, como si a ellos llegara la noche, permitiendo un boceto, un panorama, un croquis, un tejido del autor que somos todos. 

 

La virtualidad permite la materialización del trabajo colectivo, a partir de la aproximación de los sujetos en tiempo real. Para el autor, las respuestas y comentarios casi instantáneos generan la conciencia de que la construcción no se hace pensando en la finalización de la obra sino en la apertura de la comunicación, permitiendo nuevas posibilidades de expresión dentro de una recepción inmediata de información. Emerge la figura de interactuante como el usuario de la obra que se implica y participa en la reestructuración del mensaje recibido; esta figura en el ciberespacio reemplaza a la del lector. De modo que las obras producidas dentro de la virtualidad son llamadas, por Rodríguez (2011) siguiendo a Lévy, obras-flujo, las cuales se componen precisamente de actualizaciones realizadas por los interactuantes, “En el ciberespacio cada mundo está potencialmente conectado a todos los otros, lo que hace que se confunda el interior y el exterior” (p. 18), otorgando a las obras y expresiones en la cibercultura el carácter de interactivas y permitiendo que sean precisamente los exploradores quienes construyan su sentido variable y múltiple, así como el orden de su lectura. De modo que las publicaciones virtuales “no fomentan mensajes acabados, no se cierran, y son por eso obras-acontecimiento, obras-proceso, obras-metamórficas conectadas, atravesadas, infinitamente reconstruidas” (Ibíd. p. 19). Por lo tanto, para Lévy, los géneros de la cibercultura hacen parte del ámbito del performance, pues implican la participación activa de quien recibe el mensaje y un desplazamiento dentro de un espacio simbólico o real, “su centro de gravedad es un proceso subjetivo, lo que los libera de todo cierre espacio temporal” (Ibíd. p. 20). Entonces hablamos de mensajes abiertos en el tiempo y el espacio, actos colectivos en el aquí y el ahora de un juego y un ritual. 

 

En el ciberespacio, la narrativa se entiende como un medio poderoso y diverso de expresión, donde se transforman los roles del escritor y lector, ermitiendo posibilidades de interacción y creación; es decir que “asistimos a una gran variedad de expresiones narrativas en un medio digital en constante evolución” (Ibíd. p. 29). Esta reconfiguración de roles, de procesos productivos, de estéticas, de interpretación permite afirmar que hemos llegado a una democratización de los modos de decir y de contar, un lugar donde los sujetos normales y corrientes pueden plasmar públicamente todas sus expresiones.

 

El campo narrativo se ha nutrido de la tecnología digital, generando la consolidación de una discursividad interactiva y multimedial, donde se combinan diferentes lenguajes que sobrepasan el texto escrito. En el caso específico de las narrativas halladas en Facebook, puede hablarse de una nueva discursividad que permite la superación de limitaciones en la comunicación con otros y en la expresión de fragmentos del yo, donde el medio electrónico proporciona otras técnicas y herramientas para transmitir mensajes con mayor fidelidad y emoción. Aquí presenciamos un punto de no retorno, un corte, un cambio en las formas de expresión, surgen nuevas estéticas, obras de carácter literario con un alto nivel de interacción, donde el interactuante tiene la libertad de reestructurar los mensajes que recibe; comunicaciones que no permiten volver atrás y dejan de lado el universo de exploración que la virtualidad ofrece.Obras que ya no necesitan legitimarse por una significación válida, obras que pierden la necesidad de autor (en el sentido garante de un sentido estable), y que se desarrollan en entornos en esencia inacabados; obras que promueven no solo los sentidos variables que sus exploradores descubren, sino que les ceden las tareas de construcción del orden de la lectura y de las formas sensibles. (Ibíd. p. 42-43). 

 

Estas expresiones cuentan con la ventaja de liberar la información de soportes físicos, además de facilitar y extender la posibilidad real de comunicación, así como de reducir la distancia entre los que acceden a la red y los que publican información en ella. El advenimiento del ciberespacio es la apertura a una cuarta dimensión para la expresión y la comunicación, donde no se eliminan dimensiones como la oralidad, la escritura y el hipertexto. Pertenecer a un universo con múltiples dimensiones nos permite vivir y percibir de otras maneras la realidad, ampliando nuestra percepción y conocimiento. La virtualidad “exige otras maneras de entender la expresividad y reconfigura la operatividad misma del hacer creativo” (Ibíd. p. 144), donde se configuran publicaciones abiertas, inacabadas “conectadas, atravesadas, infinitamente reconstruidas” (Ibíd. p. 145). Esta dimensión también es conocida como el cuarto espacio antropológico y posee sus propios objetos, sujetos, epistemología y soportes. El cuarto campo antropológico es también espacio del conocimiento, en el que se materializa la inteligencia colectiva que está en todas partes, se coordina en tiempo real y su objetivo es el reconocimiento y enriquecimiento mutuo de las personas. Construir este espacio “implica, entonces, construir nuevas identidades fundamentadas en las habilidades de cooperación nómada para producir conocimientos en y a través del ciberespacio” (Ibíd. p. 147). En este sentido, Lévy habla de una “cuántica de las cualidades”. Esto es “una nueva manera de poner en dinámica la palabra plural, cruzada de individuos, de grupos y de situaciones que emergen en imágenes móviles y dinámicas” (Ibíd. p. 147). Esta pluralidad de voces se encuentra en lugares como las redes sociales que se constituyen en espacios de conocimiento. Según Lévy, la enciclopedia del espacio de conocimiento es la Cosmopedia, vista como un espacio multidimensional donde surgen representaciones dinámicas e interactivas, y el discurso se reduce a la exposición, generando una simplicidad. En este sentido, “las relaciones entre los enunciados implican al intelecto colectivo mismo porque son sus miembros vivos los que lo despliegan. Al sumergirse en él, todo el espacio se reorganiza en función de ellos…” (Ibíd. p. 147 y 148). En realidad, esto es lo que sucede con la red social Facebook, se trata de una inmersión que parece simple, en la que todos los sujetos pueden estar; un espacio abierto de innumerables interacciones que en apariencia no tienen importancia, pero que reflejan precisamente un diálogo entre muchos.

 

En la red social, las inmersiones de los sujetos le dan vida, la transforman, la reconfiguran, le otorgan significado y sentido. Cada segundo, los usuarios lanzan al mar informático botellas con pequeños textos, tal vez a la espera de recobrar un paraíso perdido. En ellos se manifiestan expresiones y comportamientos humanos mediados por las diferentes herramientas y posibilidades que las nuevas tecnologías ofrecen. Para el lector que explora estos mensajes en la red, es posible ofrecer algunas coordenadas que Rodríguez (2011) expone a la luz de dos autores. Por un lado, Janeth Murray propone una lista de elementos estéticos característicos de las nuevas tecnologías: el primero de ellos es la inmersión y tiene que ver con la narrativa que lleva al sujeto a sumergirse en una “realidad virtual”, experiencia de gran intensidad, donde el usuario se encuentra involucrado en la narración. También está la actuación como el placer de efectuar acciones significativas en la narración, cómo dar formas a los objetos y materiales. Y, por último, la transformación como oportunidad de cambio de apariencia, el placer de transformación del personaje de la narrativa. Por otro lado, Steven Holtzman presenta seis propiedades para una estética de lo digital, 1) Discontinuidad: mundos discontinuos que no predeterminan un recorrido en la lectura. Por el contrario, promueven la elección libre guiada por los intereses del usuario. 2) Interactividad: experiencia digital que no es pasiva, demanda participación e interacción obra-público. 3) Dinamismo y vitalidad: alto dinamismo para la interpretación de la obra por su amplia gama de posibilidades en la realización; teniendo en cuenta la metáfora de la improvisación de jazz, donde es claro que no hay una experiencia estética única, sino múltiples y de mucha vitalidad. 4) Mundos etéreos: no existe un ahí de la obra. Ninguna materialidad la sustenta. No hay límites de resolución en comparación a la página escrita en dos dimensiones. 5) Mundos efímeros: la experiencia de una secuencia de bits existe solo instantáneamente, hablamos de lenguajes de programación diseñados para su perpetua actualización, pues es en la ejecución del programa cuando se realiza la obra, y 6) Fomento de las continuidades virtuales: disolución de las barreras del tiempo y del espacio, por la conexión de usuarios en la red. Constitución de comunidades virtuales que generan nuevas formas de conciencia social. La aproximación a estas obras exige una nueva mirada por parte del lector y el investigador.

 

Al navegar en los mundos virtuales, vivimos a través de ellos y al adentrarnos en este océano, encontramos nuevas formas de expresión del yo y de enriquecimiento de este. El espacio de Facebook permite otras maneras de comunicación y relación en la exposición de pensamientos y experiencias, “las nuevas estéticas tal vez nos impidan hablar de obras de arte en el sentido tradicional, pues están más cerca del performance, pero están ahí, in meta ni programa, reinventando los lenguajes y abriendo nuevos espacios y prefigurando un destino cada vez más inevitable.” (Ibíd. p. 161). Comunicaciones e intercambios fluidos, exposición de textos infinitos que hacen que la red se mueva en cada respiración como si tuviera vida propia, vida que le dan los usuarios cuando exponen en ella sus narrativas. Facebook, que para muchos encarna la anomia y anarquía juntas, se presenta como espacio mutante y sin orden, sin cronología, sin tiempo, donde surgen nuevos modos de lectura y escritura, subjetividades múltiples y otras formas de socialidad.

 

Bibliografía

-Amador, J. (2010). Infancias y Cibercultura: una aproximación a los procesos de subjetivación.

-Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Bogotá: Centro de investigaciones y desarrollo científico –CIDC–.

- Larrosa, J. (1995). Escuela, poder y subjetivación. Madrid: Ediciones de la Piqueta. 

- Lévy, P. (2007). Cibercultura. La cultura de la sociedad digital. Anthropos Editorial. Barcelona: España.

- Piscitelli, A. (2008). El proyecto Facebook. Recuperado de: http://www.proyectofacebook.com.ar/ 

- Rodríguez, J. (2011), Narratopedia. Reflexiones sobre narrativa digital, creación colectiva y cibercultura. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana. 

- Scolari, C. (2008). Hipermediaciones. Elementos para una Teoría de la Comunicación Digital Interactiva. Barcelona: Editorial Gedisa. *Eje de trabajo: Los textos multimodales y los nuevos modos de leer.

 

La autora es licenciada en ciencias sociales de la Universidad Pedagógica Nacional, especialista en Teorías, técnicas y métodos de investigación social de la misma universidad y magíster en investigación social interdisciplinaria de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Se desempeña como docente de cátedra en la licenciatura en Pedagogía Infantil de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, vinculada al grupo de investigación Emilio de la misma Universidad.  anneiun@yahoo.com