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Los derechos humanos, la educación y el concepto de equidad

Por Juanita Cajiao , Por Patricia Uribe
Magisterio
10/05/2017 - 10:15
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Foto de ANSES. Tomada de Flickr

Los derechos humanos son considerados un principio internacional de comportamiento. Proteger la integridad física y emocional de la persona contra intrusiones de la sociedad, brindar condiciones sociales y económicas mínimas que garanticen una vida digna, tratar con justicia y asegurar el acceso equitativo a los mecanismos capaces de reparar injusticias, son inquietudes claves que deben constituir una causa para la ética social.

 

+Lea: El derecho a una educación de calidad, con equidad para todos

 

Las situaciones concretas de opresión a las cuales se vieron sometidos diferentes pueblos desde que se agruparon como tales y mucho después, cuando se organizaron en sociedades más cohesionadas, generaron aquí y allá, individual o colectivamente, sentimientos y luchas libertarias.

 

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Tres años después de concluida la Segunda Guerra Mundial, surgió como reacción a los actos más terribles de genocidio que conoció la humanidad, la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948). Esta Declaración aparece como respuesta a la exigencia de todos los seres humanos de ocupar un lugar digno en la sociedad; de vivir en paz; de tener el amparo de la ley ante los abusos del poder; de contar con tribunales donde reclamar justicia; de recibir educación; de tener derecho a un trabajo digno, alimentación, vivienda y acceso a la salud; de gozar de protección en la niñez y en la vejez; de ser informados, expresarse y manifestarse políticamente sin temor; de estar a salvo de la discriminación racial, religiosa o de cualquier otro tipo; de preservar su intimidad personal y familiar. A partir de entonces, estas son las condiciones de vida que toda persona, tiene derecho a exigir de la sociedad; un derecho de convivencia humana necesario para que el futuro sea posible y deseable.

 

Hoy la Declaración Universal, quizás, sea más conocida por su quebrantamiento que por la vigencia total de sus artículos. Las violaciones de estos derechos ocurren todos los días en todo el mundo. Si se piensa en detenciones arbitrarias, torturas a detenidos o desaparición forzada de personas, se habla de violación por acción. Por otra parte, se produce violación por omisión cuando políticas económicas, sin sentido de solidaridad social, no garantizan el derecho a un nivel de vida digna, el derecho a la salud o a la educación. Otra forma de violación es la que se produce por exclusión, cuando determinados grupos de individuos se encuentran explícitamente marginados del goce de sus derechos a causa de su raza, sexo, religión, nacionalidad, clase social, edad, etc. Los grupos discriminados son los que más frecuentemente corren el riesgo de sufrir violaciones por acción o por omisión.

 

Conocer los propios derechos es una de las vías que conducen a imponer su reconocimiento. Esto no significa enumerar y repetir los artículos y pactos que tienden a la defensa y al respeto por los derechos humanos, sino comprender por qué es necesaria la plena vigencia de ellos; es valorar la estrecha interdependencia entre los derechos civiles y políticos con los sociales, económicos y culturales; es advertir que ejercer un derecho significa actuar, tomar decisiones; implica que cada uno sea capaz de asumir su libertad como sujeto responsable.

 

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A pesar de que el núcleo de los derechos humanos ha sido definido con bastante claridad, cambios ambientales que se han presentado en el mundo durante las últimas décadas y que afectan directamente a los seres humanos, sugieren la necesidad de replantear e incluir en los códigos existentes nuevas definiciones de derechos humanos, como podría ser el derecho a un entorno saludable y adecuado.

 

Para conseguir que los principios de los derechos humanos sean efectivos se requiere la actividad concertada de varios actores: transnacionales (la cooperación internacional y la sociedad civil global), las organizaciones no gubernamentales (para documentar casos individuales y divulgar violaciones), y, fundamentalmente, el gobierno de los estados mundiales, para que pongan al alcance de cada ser humano las posibilidades de vivir una vida plena y ejercer íntegramente sus derechos económicos, sociales, políticos y culturales.

 

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Título tomado del libro: Tejedores de cultura. Retos para los educadores del siglo XXI.  Autor: Patricia Uribe A. y Juanita Cajiao N. pp. 101-103

 

Foto de ANSES. Tomada de Flickr