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Los estudiantes digitales: seis claves para comprenderlos

Por José Manuel Pérez Tornero , Por Santiago Tejedor
Magisterio
26/01/2018 - 15:45
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Tomada de Freepik

El nuevo «entorno hipertecnológico» ha generado importantes cambios en nuestra forma de «percibir y utilizar el tiempo y el espacio», tanto en lo educativo como en lo comunicativo. Los autores defienden que se ha producido una transformación de «la química de nuestra vida cotidiana». En este escenario, profesores y alumnos se ven afectados por este conjunto de cambios. El perfil del estudiante en la sociedad de la infoxicación presenta una serie de características que se pueden resumir en los siguientes aspectos:

  • Multimedia

La generación actual no es la del libro de texto. Ni la del podcast. Tampoco la del videoclip. Se trata de una generación multimedia que desea y disfruta de la posibilidad de recibir y transmitir mensajes dotados de todo tipo de atributos. El multimedia es su forma de comunicar de manera completa y continuada sus inquietudes, sus dudas, sus comentarios... Mensajes de voz en WhatsApp, fotografías en Flickr, textos convertidos en tuits... Y de todo un poco en cada muro de Facebook.

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  • Multitasking

No basta con una única «acción». Los alumnos desean (y hasta cierto punto, necesitan) poder llevar a cabo más de una tarea al mismo tiempo. Esta necesidad (que es más una ansiedad) procede de la eclosión de inputs informativos procedentes de numerosas plataformas y pantallas con las que el estudiante está y se siente conectado y comprometido. No es baladí el dato que apunta que actualizamos nuestro teléfono móvil una media de ciento ochenta veces al día...

  • Atención flotante

Como señala el periodista Sergio Fanjul (2011) en su artículo los usuarios viven «atentos a todo y... a nada». La gran cantidad de información (a veces, melodía; a veces, ruido informativo) genera una gran dificultad en los estudiantes para concentrarse en «aquello» que está pasando en clase, en el libro de la asignatura y, especialmente, en la propia pantalla. Este aspecto demanda del docente una capacidad perenne para estimular el interés, la curiosidad, etc. Para ello, es decisivo idear dinámicas que apuesten por la participación coral de todos los integrantes de la clase en el proceso educativo. Larry Rosen, psicólogo y profesor de la Universidad Estatal de California, llevó a cabo una investigación con doscientos sesenta y tres jóvenes de secundaria y preparatoria de centros estadounidenses con el objetivo de conocer su capacidad de atención. Los resultados son, sin duda, alarmantes. Dos minutos, esto es, ciento veinte segundos... Este es el tiempo que dedicará un alumno al encargo recibido. Después, comienza la divagación (serendipia) por las pantallas. Rosen señala que durante quince minutos, los estudiantes únicamente habrán dedicado un 65 % del tiempo al desarrollo del encargo recibido.

  • Prosumidores

Desean ser protagonistas y, por ende, no quedarán satisfechos con un rol de meros receptores de sermones, discursos, encargos o consejos. Ellos quieren (y pueden) ser productores de contenidos. Internet multiplica las posibilidades de que los alumnos se conviertan en potenciales emisores de mensajes multimedia. Desde textos hasta vídeos, pasando por fotografías y multimedia. Todo es posible. A ello se une la amplia gama de plataformas que introduce la red y que ofrecen a los estudiantes la opción de inaugurar y gestionar sus propias plataformas de publicación de contenidos en línea. El alumno se consolida así como un «prosumidor». Y, por ende, el profesor debe ofrecerle espacios que le confieran esa posibilidad de ser protagonista activo de su aprendizaje. Como señala Pastor (2010), el aula muchas veces «se ha convertido en una jaula para quienes viven inmersos en la sociedad del entretenimiento». La flecha de la educación marca una doble dirección: del profesor al alumno. Y del alumno al profesor (y al resto de sus compañeros).

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  • Autores 2.0

El ciberespacio permite que los estudiantes se conviertan en autores de contenidos. Y asumir el estatus de autor, supone aceptar una responsabilidad grande y seria. Esto es: sus contenidos se publicarán y —en principio— serán consultados por otros usuarios. De este modo, la posición de autores demanda de ellos un compromiso que abarca desde la calidad de lo publicado hasta la ética y el compromiso profesional de aquel que «es causa de algo». Además, esta posibilidad de ser autores, liga de forma perfecta con la convergencia entre «productores» y «consumidores» que encarna actualmente el alumnado.

  • Nativos y residentes

Muchas veces hemos escuchado ya esa diferenciación entre «nativos» e «inmigrantes» digitales. Por descontado, nuestros alumnos son nativos digitales. Sin embargo, este concepto se ha visto ampliado por algunas propuestas como las del sociólogo Quevedo que apunta que son «residentes». Es decir, viven y entienden el mundo desde la tecnología. La diferencia es muy importante pues no se trata de «leer» e interpretar la realidad con los instrumentos tecnológicos, sino desde ellos. Por lo tanto, se requiere de un esfuerzo mayor para lograr que los alumnos adquieran una alfabetización digital y mediática que garantice una aproximación y un uso críticos de los instrumentos de la red de redes.

Título tomado del libro Innovación educativa y TICS. Autor: José Manuel Pérez Tornero y Santiago Tejedor,. pp. 90-93

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