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Mi encuentro con Paulo Freire

Por Annette Nana Heidhues , Por Ilse Schimpf-Herken , Por Mariana Schmidt Quintero
Magisterio
09/10/2019 - 15:45
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Foto de Pixabay

Cada tarde, después de terminar las actividades planificadas, Paulo Freire me preguntaba cuáles habían sido mis impresiones y qué había aprendido de nuevo. Al comienzo me sentí muy intimidada, porque temía que me estuviera sometiendo a algún tipo de prueba, pero gracias a lo afable que era rápidamente comprendí que mi opinión de verdad le interesaba. Cuando el seminario finalizó, supe que esa era la manera de entender la educación que yo había estado buscando.  

En realidad, hoy, a mis 72 años, aún sigo indagando, pero aquellos días en Cuernavaca me enseñaron la importancia de escuchar con el corazón y de comprender que solo de ese modo se pueden llevar a cabo transformaciones sociales profundas. Sin que yo tuviera conciencia de ello, Freire había estimulado en mí las células imago6, como lo que sucede con una cuncuna (oruga) que comienza a transformarse en crisálida. El encuentro con Freire fue aquel momento de mi vida en el que tomé conciencia de que mi voz también importaba y que mi propia perspectiva sobre las cosas pequeñas de este mundo podía contribuir a transformarlo. No necesitaba un profundo estudio sobre las raíces del pensamiento europeo, bastaba con reflexionar en el aquí y el ahora, junto al otro, sobre mis propias experiencias y mi Weltbild (visiones del mundo). Entonces me di cuenta de que no era necesario esperar un futuro lejano, sino que este siempre sucede en el encuentro con el otro. Somos parte de una realidad, y a través de nuestro actuar se convierte en una realidad diferente. Así lo expresa Nicanor Perlas: 

La comprensión de este fenómeno es el verdadero nacimiento de la mariposa. Porque desde entonces, cada célula de la mariposa puede hacerse cargo de su propia misión. Cada célula tiene un trabajo que hacer, cada una es importante. Y cada célula comienza a hacer lo que más le atrae. Las células se apoyan mutuamente, para que cada una pueda realizar justamente lo que más le atrae.  

Sin que yo tuviera conciencia de ello, Freire había estimulado en mí las células imago6, como lo que sucede con una cuncuna (oruga) que comienza a transformarse en crisálida. El encuentro con Freire fue aquel momento de mi vida en el que tomé conciencia de que mi voz también importaba y que mi propia perspectiva sobre las cosas pequeñas de este mundo podía contribuir a transformarlo. No necesitaba un profundo estudio sobre las raíces del pensamiento europeo, bastaba con reflexionar en el aquí y el ahora, junto al otro, sobre mis propias experiencias y mi Weltbild (visiones del mundo). 

Y todas las otras células la apoyan en exactamente hacer esto. Es el método perfecto de la naturaleza para crear una mariposa. Esta toma de conciencia ocurrida en enero de 1971 ha marcado mi vida hasta el día de hoy, y me ha llevado a ser aquella persona que quienes me acompañan en el camino y que participan en mis talleres conocen. 

+Lea: La pedagogía de Freire en 5 citas

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Referencia

6 cuando una cuncuna comienza a transformarse en pupa, se dan dos procesos en paralelo. Por un lado, las enzimas comienzan a desintegrar la estructura celular de la cuncuna. Por otro lado, van surgiendo nuevas células, que son radicalmente diferentes a las células de la cuncuna. Podría decirse que transmiten en una frecuencia diferente a la del resto del cuerpo de la cuncuna. La ciencia ha llamado a estas nuevas células “imaginativas” o “células imago”, porque ya contienen las estructuras e informaciones de la mariposa que ha de surgir más adelante. Dichas células representan entonces algo así como el futuro, que ya está contenido en el presente y que busca cómo desarrollarse.  

Título tomado del libro: Desaprender para transformar. Encuentros, experiencias y reflexiones inspiradas en Paulo Freire.Compiladoras y editoras: Ilse Schimpf-Herken; Annette Nana Heidhues; Mariana Schmidt Quintero.pp. 25-26. 

Foto de Pixabay