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Mi primer día como profe: "profe yo ordeño vacas a las 3 a.m."

Magisterio
04/10/2018 - 20:45
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Nemocón, 2 de octubre de 2018

En realidad mi primer día como profesora, me permitió decepcionarme de mi profesión (psicóloga) pero sobre todo de la hostilidad en la que se encuentran nuestros niños, recuerdo tanto que en mi primer día laboral, me enviaron a las zonas rurales, donde tuve que ejercer mi cargo: como docente orientadora. Fueron  algunas sedes apartadas, mirando la pobreza, la humildad, pero sobre todo, el alto grado de negligencia de los padres, el primer día, llegaban niños entre 7 y 10 años, diciéndome que sus padres los dejaban solos, que los ayudara.

Entonces realicé una dinámica y un taller sobre los riesgos psicosociales que tienen los niños, varios estudiantes levantaban la mano, y me decían: “entre los riesgos están que le peguen con alambres y lo maltraten”, y les dije que sí, que eso era violencia intrafamiliar, y que como orientadora mi deber era informar dichas situaciones, les expliqué qué era violencia, maltrato, etc.

A la hora del descanso, me senté en el patio y los niños me contaban todas sus peripecias para llegar a estudiar, recuerdo tanto que un niño me dijo: “profe yo ordeño vacas a las 3 a.m., y después hago el desayuno y almuerzo, y de ahí camino para irme corriendo a estudiar”. Yo le dije…¿y qué haces de desayuno? El me respondió: caldo de papa, y le pregunté nuevamente: ¿y de almuerzo que preparas? y me respondió, papás cocinadas… es que eso es lo único que tenemos en mi casa para comer, porque mi papá solo vive borracho y mi mamá no para en la casa, entonces yo me encargo de mis hermanos y les preparo lo que sale de la siembra que tenemos… 

Ese día, jugué con ellos, en el patio y cuando ya terminó la jornada, un pequeñito de grado primero me dijo: gracias por venirnos a ver, por decirnos que nos cuidemos, y que no permitamos que nadie nos pegue, o nos maltrate… me abrazó y me dijo gracias por dejarse abrazar, mi mamá nunca me da un abrazo, así que, lo abracé más fuerte y me despedí de todos.

Cuando llegué a mi casa, me sentí decepcionada, impotente, por la desigualdad social que había visto en mi primer día como docente orientadora, me cuestioné sobre las injusticias. Después pensé que, no era tan frustrante mi trabajo, puesto que al menos con mi presencia permití por un instante que mis estudiantes, rieran, se divirtieran, hablaran, pero sobre todo se sintieran escuchados, direccionados, apoyados y acompañados. Recuerdo tanto que al finalizar el día, en horas de la noche escribí una analogía, mi mejor maestro… porque eso era lo que quería ser para esos estudiantes….la mejor, mi mejor maestro....

“profe yo ordeño vacas a las 3 a.m., y después hago el desayuno y almuerzo, y de ahí camino para irme corriendo a estudiar”.

"El carpintero  inicia su labor colocando música en su humilde taller para iniciar su trabajo; dando como resultado un mueble, una puerta o una ventana; su vida está entre la viruta, el martillo, el cincel, el pegante, la lija, los clavos, el cepillo, el formón y su segueta dándole vida en muchas ocasiones a una triste astilla de madera… los alumnos vistos desde esta analogía, son la madera, en muchas ocasiones se evidencia la profunda  tristeza del diario vivir, inmersos en una gran vulnerabilidad, y esa violencia interna que sus hogares les proporcionan; es por esto que el carpintero llega a ser el maestro que forma grandes creaciones, útiles a la sociedad, cada creación diferente y única; a cada astilla de madera, varenga y travesaño el carpintero le ve un potencial, sueña con un trabajo impactante para finalmente dar como resultado una obra inigualable y hermosa.

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La música en  el taller  del carpintero le permite explorar la imaginación e iniciar su labor día a día. Así es la vida de un maestro, la música representa en el aula su estrategia, su diálogo, porque convierte en melodía su conocimiento con el fin de que sus alumnos transformen, creen, exploren y se sumerjan en su  proyecto de vida.

El carpintero mira a sus alumnos desde todos los ángulos, en ocasiones debe colocar una escuadra para formar una guía y hacer una línea en la madera para que su creación sea firme y muy bien elaborada, así es el maestro con sus alumnos traza una guía en donde su alumno descubre el camino. En otras ocasiones el carpintero utiliza su prensa para apretar la madera, con el fin de que su mueble sea fuerte, no se desbaraté fácilmente, ni se rompa, y perdure con el tiempo, es por esto que el maestro pretende que su alumno deje huella en sí mismo para que sea proyectada a la comunidad, lo trata con autoridad, es firme, lo reta a crear, a innovar, pero al mismo tiempo lo va soltando poco a poco de esa prensa y le brinda afecto, confianza, guiando sus pasos y formando no un mejor alumno sino una mejor persona.

El carpintero moldea el roble, el pandala, el chonto, el pino porque con cada tipo de madera realiza una nueva creación, seduce a su cliente para realizar una gran obra, crea estrategias para dar un resultado óptimo a  su cliente… el cliente que  en esta analogía llega a ser: LA SOCIEDAD. Aunque este carpintero tiene un gran reto y es que su obra cobre vida como geppetto con pinocho, y esa obra sea única frente a las diferentes tonalidades de su creación; su gran peligro es que esa obra majestuosa siga siendo tan inerte, tan fría como un palo inservible, viejo y sin esperanza."

Alicia Delgado Santacruz
Institución Educativa Departamental Alfonso Lopez Pumarejo

Photo by Virginia Choy on Unsplash