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Michael Apple: la expresión pedagogía crítica

Por Miguel Ángel Maldonado
Magisterio
14/09/2017 - 10:15
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Foto de freepik. Tomado de Free Photo

Apple quien, refiriéndose a las reformas educativas de su país, patentó la frase “modernización conservadora” ha hecho carrera como profesor, empezando por la primaria y secundaria y luego profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison; activista de una nueva izquierda y artífice de movimientos políticos y sindicales dentro y fuera de su país. Metido en el ojo del huracán recupera a Marx y a Gramsci desde una lectura crítica propiciada por su maestro Basil Berstein y la influencia de Bordieu. Su extensa producción bibliográfica gira en torno a la educación en el escenario de las luchas políticas, sociales y culturales en la cual sitúa la escuela como un reflejo de las confrontaciones entre quienes ostentan el poder y entre quienes generan resistencias. En Ideología y currículo (1979) señala cómo la escuela convierte el currículum en un dispositivo de selección y, en consecuencia, no es el instrumento neutral u objetivo que suele mostrarse en algunos ámbitos académicos. De igual manera en El conocimiento oficial. La educación democrática en una era conservadora (1993) y la más reciente Educar como dios manda (2002) describe cómo operan las instituciones de poder en relación con la escuela.

 

Aunque hay quienes encuentran en Apple una línea de continuidad de Freire, pero en un ensayo, resultado de una larga entrevista del portugués Joâo Menelau Paraskeva al mencionado profesor (2003: 47- 82), señala que hay bastante romanticismo en el trabajo de Paulo Freire. Encuentra cierto automatismo metodológico en el tránsito hacia la conciencia de los oprimidos, aunque ve en Freire como un líder intelectual y emocional, uno de los mejores profesores que enseña con el ejemplo, alguien que pone su propio cuerpo en la línea del frente para salvar la vida de las otras personas y que propone un modelo de acción. (56).

 

+Conozca el libro Educaciones y pedagogías criticas desde el sur

 

Tal vez su trabajo más reconocido en Latinoamérica sea Teoría crítica y educación (1997) o al menos es el que se adecua mejor a la reflexión que hemos querido suscitar (que tiene un leit motiv en la relación entre trabajo y educación) a lo largo de este texto, razón por la cual vamos a tematizar un par de sus aportes sobre la forma como se asientan el Estado y la economía de mercado en la educación (Apple, 1997).

 

Apple delata la forma como la industria, con la anuencia del Estado, controla ideológica y políticamente el currículo estadounidense para sacar el mejor provecho al trabajador desde tres flancos: el simple, el técnico y el burocrático; con cada uno de ellos compromete a profesores y estudiantes en el impulso al empresarismo. El simple se expresa en las políticas de control y autocontrol que operan tanto en la educación como en el trabajo; el técnico se instala en la estructura física del trabajo, v. gr. en las máquinas de control numérico, proceso en el cual el trabajador es un asistente de la máquina; el control burocrático, el menos visible, se encarna en las relaciones laborales jerárquicas, tales como las normas, evaluaciones al rendimiento, premios o castigos y otras prácticas de origen tayloriano. Según Apple, estas formas cada día son más sutiles debido a la especialización del trabajo, razón por la cual el control simple tiende a desaparecer.

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Introduce entonces dos categorías: el desadiestramiento y el readiestramiento. El desadiestramiento forma parte de un largo proceso en el cual la mano de obra se divide y luego se re-divide para aumentar la productividad, para reducir la ineficacia y para controlar el costo e impacto del trabajo (…) La producción en serie es en efecto, uno de los ejemplos arquetípicos de este proceso. En sus orígenes, el desadiestramiento tendió a utilizar técnicas tales como el taylorismo y diversos análisis de tiempos y movimientos (14, 15 y 16). Es decir, desadiestrar significa separar al trabajador del proceso productivo en conjunto: romper el conocimiento de la ejecución para convertirse en parte de la máquina que opera. Por su parte, el readiestramiento es la acción que sucede posteriormente al desadiestramiento, en la cual el trabajador debe adaptarse a las nuevas condiciones laborales: aprender y desaprender, cada vez es más frecuente el fenómeno. Sin embargo, en esa práctica implica la progresiva atrofia de destrezas. La evidencia más palpable de este fenómeno se observa en los cambios veloces de forma y contenido en los ordenadores o computadoras, celulares y otra suerte de dispositivos tecnológicos que hacen parte de nuestras vidas; cuando aún no nos hemos adaptado al manejo de un software específico, el mercado ya ha inundado de una versión más rápida y sofisticada.

 

+Conoza el libro Las ideas pedagógicas de Paulo Freire

 

Para Apple, no obstante que la escuela tiene relativa autonomía y otros ritmos, se ve invadida por estas mismas ideologías provenientes del mercado: la intromisión, especialmente, se hace en los currículos, o mejor en dispositivos tales como los textos, juegos y materiales didácticos con objetivos y resultados prediseñados y estandarizados para que profesores y estudiantes los manipulen. Tal es el caso de Colombia, en donde cada comienzo de año escolar los supermercados y librerías se ven atestadas de padres con las listas de textos con sus correspondientes guías maestras, juegos didácticos, mecanos y módulos de autoaprendizaje, CDs y demás ayudas didácticas que harán las delicias del aprendizaje. Estos sin contar con la lista de uniformes deportivos, de gala, zapatos, maletas, papelería y demás cacharrería que es controlada por esa enorme empresa que se constituye por fuera de la educación. Este juego empresarial, que no sólo controla el compra y vende, conlleva la producción de dispositivos de poder que controlan la cotidianidad de la escuela; los juegos, las actividades del aula, la evaluación y las tareas para hacer en casa son la extensión del control que luego habrá de producirse en el escenario productivo: se instalan en los cuerpos dóciles, al decir de Foucault o, desde la perspectiva marxista, la cultura es una mercancía.

 

Las industrias que producen todo este material didáctico demandan trabajadores expertos en el asunto –que generalmente son los mismos profesores que laboran en colegios, universidades o escuelas– pues cada año se requerirán nuevos materiales, hojas de trabajo, reactivos químicos y físicos, ejercicios de matemáticas, libros de canciones y cuentos para reducir y facilitar el oficio del maestro, del niño y de los padres que llegan exhaustos a casa luego de haber respondido a las exigencias de la fábrica o la oficina. Se constituye un ciclo perfecto de biopoder: los profesores persiguen los mismos objetivos y productos, los padres reducen su ansiedad pues los niños se autocontrolan y responden a la tarea que el texto didáctico les dirige y, por su parte, las fábricas de material didáctico obtienen ganancias derivadas del mercado de la cultura que cada año actualiza sus mercancías. En esta lógica, el Estado no interfiere de modo directo, pero legitima lo que la economía del mercado impulsa.

 

Apple delata que la gente, luego de un período largo de control técnico, tiende a mostrar rasgos como los siguientes: “orientación a las normas”, es decir, una conciencia de las normas, los procedimientos y el hábito de respetarlas; una mayor dependencia… es decir, lograr que el trabajo sea realizado aun cuando las normas deban ser modificadas un poco para acomodarse a las condiciones; la “internalización de los objetivos de la empresa”, es decir, el conflicto se minimiza y, de un modo lento pero seguro, tiende a haber una homogeneización de los intereses manifiestos entre la gerencia y los empleados (32).

 

Vistas así las cosas, el maestro pierde su condición de trabajador de la cultura para convertirse, al igual que los trabajadores de las fábricas y oficinas, en un promotor y productor de mercancías. Para Apple esta es una expresión del desadiestramiento del docente:

 

Habilidades que el maestro solía necesitar, que eran consideradas esenciales para el oficio de trabajar con niños –tales como la discusión y el planeamiento del currículo, el diseño de la enseñanza y estrategias curriculares para individuos y grupos específicos, basados en un conocimiento profundo de estas personas– ya no son tan necesarias. Con la gran afluencia de material pre-diseñado, el planeamiento se ha separado de la ejecución (1997: 20 y 21).

 

Pero, como ya lo precisamos, no sólo el maestro ve modificado su actuar, también el estudiante se afecta: esto no sólo implica cambios en las definiciones individuales, sino también en nuestros modos de producción, reproducción y consumo material y cultural. Ser un individuo en nuestra sociedad implica una compleja interconexión entre nuestros significados y prácticas cotidianas y un modo de producción “externo”… Como diría Gramsci, la hegemonía ideológica sustenta la dominación de clases; las subjetividades no pueden ser percibidas sin su relación con la estructura (29).

 

Apple apela a una categoría a la cual hicimos referencia anteriormente, el interés técnico al cual se le dará primacía en la educación: el rendimiento en la producción regula e instaura una ética de la evaluación de estudiantes y profesores. El estudiante es ante todo un “individuo posesivo” de saberes técnicos, de habilidades derivadas de las lógicas del mercado: menos gremio que individuo, más competitividad que solidaridad.

 

Si el conocimiento en todos sus aspectos –del tipo lógico, es decir, información, procesos y dispositivos o propensiones– es derribado y transformado en mercancía, entonces puede ser acumulado de la misma manera que el capital económico. La calificación de un buen alumno significa la posesión y acumulación de una gran cantidad de habilidades al servicio de intereses técnicos (...) En la sociedad global la gente consume como individuo aislado. Su valor está, en parte, determinado por la posesión de bienes materiales (1997: 31).

 

Título tomado del libro: Pedagogías críticas. Autor: Miguel Ángel Maldonado García. pp: 147-150

 

Foto de freepik. Tomado de Free Photo