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Miedo a la escuela

Por Philippe Perrenoud
Magisterio
05/10/2018 - 10:15
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Foto de Tom Wang. Tomada de Adobe Stock

La escuela no podría apartarse del mundo. En cambio, es responsable de los miedos que tolera y engendra en su seno. Nunca ha sido un lugar totalmente pacífico. La “guerra de los botones”, es tan antigua como la infancia, y la escuela no puede controlar a los niños tan rápida y eficazmente como para suspender en su marco todos los conflictos, las persecuciones y demás violencias cotidianas entre ellos. Por supuesto, la escuela debe tomar medidas de seguridad para evitar los dramas, desde la prohibición de cuchillos y armas de fuego, hasta la vigilancia de los espacios propicios a la barbarie, como los corredores, los patios y los garajes de las bicicletas.

Cuando los estudiantes están constantemente juntos, bajo la vigilancia del docente, en el espacio limitado de un aula, el control social es intenso y puede provocar tensiones que se desbordan buscando compensación en el camino a la escuela o durante el recreo. 

Más allá de estas medidas preventivas o represivas, la respuesta es evidentemente educativa, en el sentido más amplio. Por una parte, involucra la gestión de los grupos, de los horarios, de los espacios, de las circulaciones. La escuela-cuartel (Oury y Pain, 1972) engendra violencia por exceso de control social, pero la laxitud puede tener los mismos efectos, en la institución o en el aula.

La creación de ciclos de aprendizaje demanda un nuevo análisis de las fuentes de la violencia en la organización incluso de la vida cotidiana. Cuando los estudiantes están constantemente juntos, bajo la vigilancia del docente, en el espacio limitado de un aula, el control social es intenso y puede provocar tensiones que se desbordan buscando compensación en el camino a la escuela o durante el recreo. Los espacios-tiempo de formación más amplios pueden atenuar el control social y la presión del grupo sobre las personas, debilitando entonces la violencia “reactiva”. Al mismo  tiempo, la complejidad y la movilidad de los agrupamientos pueden ofrecer una cierta impunidad a los provocadores del desorden. Lo importante es que al implementar los ciclos, evitemos incrementar la inseguridad que viven los estudiantes más angustiados y los más susceptibles de jugar el rol de víctimas en las relaciones de fuerza entre niños.

La institución de espacios de debate, de consejos de clase o de ciclo, de “pequeños parlamentos” a escala institucional, es evidentemente una vía más seductora que los dispositivos disciplinarios (Perrenoud, 2000f). Sin embargo, la prudencia nos lleva a actuar en todos los frentes y a limitar, incluso por razones ligadas al aprendizaje, las parcelas de incertidumbres y de indefiniciones en la organización de los tiempos y los espacios de trabajo.

Referencias

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Oury, F. et Pain, J. (1972). Chronique de l’école-caserne. Paris: Maspéro.

Perrenoud, Ph. (2000f). Le débat et la raison. Dans A. Marsolais et L. Brossard (dir.), Non-violence et citoyenneté. Un «vivre-ensemble» qui s’apprend (pp. 181-193). Sainte-Foy: Multimondes.

Título tomado del libro: Los ciclos del aprendizaje. Un camino para combatir el fracaso escolar. Autor: Philippe Perrenoud. pp. 63-64.

Foto de  Tom Wang. Tomada de Adobe Stock