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Mirarse a sí mismo: educar en derechos humanos

Magisterio
13/08/2019 - 09:30
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Foto de Pixabay

Una meta de un proyecto de educación en Derechos humanos tendría que ser ir cortando la distancia entre el decir y el hacer, entre la teoría y la práctica, entre el discurso y el ejemplo, entre lo escrito y lo realizado, entre lo prometido y lo incumplido, entre lo que se exige y lo que se entrega, entre lo que se es y lo que se aparenta.

ir al baño, llamar por teléfono, tener puntos de vista, disentir frente a la metodología de trabajo, asistir al médico, lactar su criatura en el caso de las niñas-madres, levantarse del puesto y demás señales de “indisciplina”, son asuntos ostensibles que evidencian la vivencia de los Derechos Humanos,

Los profesores y profesoras de Derechos humanos –para esta propuesta, todo el colectivo del colegio– tienen el gran reto de mirarse a sí mismos, de mantener una permanente vigilancia sobre la coherencia de sus actos en relación con su discurso, sus argumentos, sus exigencias y los atributos de los Derechos humanos. Es allí donde puede estar el sentido y la fuerza de su enseñanza:

“La interdisciplinariedad con los Derechos humanos apunta a que cada disciplina del saber curricular, asignatura, proyecto o acto educativo, tenga como columna vertebral los Derechos Humanos, no como temas o contenidos sino como atributos de las personas (dignidad, igualdad, libertad, responsabilidad inalienabilidad e intransferibilidad), que se explicitan en toda relación humana, pero que a veces no se reconocen y precisamente de lo que se trata es de ese reconocimiento”. (Galvis, Ligia, 1996. Comprensión de los Derechos humanos. Bogotá DC: Aurora. En: José Israel González. Documento inédito, Bogotá, 2007).

Por ejemplo, ir al baño, llamar por teléfono, tener puntos de vista, disentir frente a la metodología de trabajo, asistir al médico, lactar su criatura en el caso de las niñas-madres, levantarse del puesto y demás señales de “indisciplina”, son asuntos ostensibles que evidencian la vivencia de los Derechos Humanos, unas veces, y otras, la materialización de la vulneración de los mismos, por arreglo a normas inflexibles. Contar con el conocimiento sociocultural y psicológico de los estudiantes es una condición sine qua non del pedagogo (a), para poder dinamizar su trabajo pedagógico.

+Lea: La escuela y los derechos humanos

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Ese conocimiento del estudiante es el faro del proceso educativo. No se puede seguir siendo catedráticos, es decir, llegar al aula a dictar la clase, a instruir sin importar las condiciones humanas de los escolares. Enseñar quiere decir, dejar aprender. (Documento citado, 2007.).

Lo coherente entonces al disponerse a hacer de los Derechos Humanos un objeto de estudio y aprendizaje es generar climas afectivos de confianza, participación y cooperación con actitudes y posturas corporales de encuentro y cercanía física y simbólica, de tal manera que el discurso, la teoría y las exigencias académicas se vuelvan vida, experiencia y por esa vía tomen fuerza y lugar privilegiado en la conciencia, la piel y el sentimiento.

Foto de Pixabay