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Neurociencias en la educación de futuro

Magisterio
26/06/2014 - 16:30
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Neurociencias en la educación del futuro

Es necesario comenzar por destacar los esfuerzos que se han venido realizando en el terreno de las neurociencias desde hace más de 30 años, especialmente durante los últimos 18 años, cuando en 1996 se dio uno de los encuentros más trascendentales entre científicos de diversas disciplinas para intentar identificar y eliminar las distancias entre neurociencia y educación, e identificar la aparición de una serie de términos que debieron de trabajarse mucho para convertirse en conceptos de referencia, como el de “puente” usado por Feuerstein en los años 70, retomado luego por otros científicos en el 97, que se refiere a la extrapolación que puede hacerse de los principios elaborados a otros contextos y situaciones.

En 1995 y 96 la UNESCO intervino en este interés y definió a la neurociencia como una “disciplina que trabaja en el sistema nervioso, en la ciencias humanas, sociales y exactas”, las cuales, a partir de su articulación, dan la posibilidad de realizar intervenciones profesionales que contribuyan positivamente en el bienestar de las personas en todo su desarrollo. Con esta definición se trata de elaborar modelos explicativos, suficientemente aproximados, de los cambios cognitivos ocasionados por cierto tipo de intervenciones. Es relativamente reciente la exploración de este tipo de modelos, especialmente en torno del papel que ejercen las redes neuronales y los factores químicos como fuente de trastornos cognitivos.

Finalizando el siglo anterior, los desarrollos de las neurociencias derivaron sus investigaciones en la definición de dos de los tres niveles de análisis desde donde se puede abordar el desarrollo humano y los procesos de aprendizaje: el nivel biológico y el nivel cognitivo. El otro nivel es el comportamental. Estos niveles están integrados por otros niveles de orden genoestructural, haciendo del campo de la investigación un horizonte complejo y dispendioso. Últimamente el esfuerzo se ha concentrado en los efectos de la articulación de estos dos niveles con el comportamental. En el terreno de la práctica y de la investigación educativa, el énfasis ha estado centrado en lo comportamental.

La distancia epistemológica que se establece entre los diferentes abordajes desde estas dos perspectivas, la de las neurociencias y la educativa, es evidente en la construcción de conocimientos de ambas disciplinas, especialmente en lo que se refiere al aprendizaje. Ahora bien, dado que este fenómeno requiere de la consideración tanto del nivel biológico, no considerado en la investigación educativa, como del comportamental, no contemplado por la neurociencia, el estado actual de las investigaciones muestra una desarticulación epistemológica bien significativa. 

Este primer problema sugiere la necesidad de identificar algunos “puentes”, o formas de abordaje, que dejen atrás las divisiones entre las especificaciones de cada disciplina, para elaborar un marco integrador que permita visualizar el fenómeno de la formación, con todo lo que ello implica, como una red dinámica. 

El problema más significativo es la consideración, tan enraizada en el campo de la educación, del “aprendizaje escolar” unido a la “enseñanza escolar”, en cuanto sus diferentes fundamentaciones que en su conjunto reciben el nombre de pedagogía o pedagogías, muchas de las cuales no tienen ningún fundamento científico, son meras especulaciones y discursos de muchos tipos; conjeturas que por años se han dado como ciertas, las cuales, unidas estas a ciertos intereses de poder, y sustentadas desde las dinámicas económicas, se han perennizado en las coyunturas gubernamentales como inamovibles por años. Las posibles transformaciones que se han intentado, han sido solamente de tipo cosmético, pero nada de fondo (Reymers 2002). Hemos venido apreciando los efectos de esta situación durante los últimos diez años con los fracasos evidentes de los estudiantes en las pruebas internacionales.

La naturaleza de la investigación científica ha hecho que desde las sociales, y sobre todo desde lo educativo, se haga referencia peyorativa a las necesarias restricciones y reducciones inscritas en las investigaciones para que estas sean válidas, puesto que se trata de identificar variables e interrelaciones muy precisas. Este tipo de precisión no es para nada excluyente y las diferentes posiciones sobre este particular, que son muchas, deben zanjar las diferencias en el terreno, ahora sí plausible, de la integralidad (¿lo holístico?). 

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Las posiciones de tipo emergente, aquellas que admiten elementos novedosos que pueden aparecer en términos de nuevos tipos de análisis en torno de la concepción integral del desarrollo humano, tanto en cuanto sistema emergente actuante, pueden integrar relaciones de tipo bidireccional entre una red compleja de niveles. Los sistemas emergentes, como los que se proponen por ejemplo, desde el proyecto cisne de formación [1], en términos de manejo integral de los conocimientos en función de procesos de formación, tienen la característica esencial de ser ascendentes en cuanto a complejidad y abstracción, adquiriendo propiedades que no tienen sus componentes básicos.

Las tradicionales diferencias y alejamientos entre las más diversas posiciones, hoy están dando origen a unas nuevas aproximaciones, y esto es lo verdaderamente importante. Los distintos abordajes no solo multidimensionales, sino transdisciplinarios, que se están proponiendo desde la neurociencia cognitiva, van a contribuir muy poderosamente en la nueva educación de futuro y en los procesos formativos. Desde otra perspectiva, los esfuerzos investigativos de la psicología cognitiva, van a consolidar nuevas prácticas de los nuevos maestros formadores, de los viejos profesores y esencialmente de los que están en formación. Lo que se está dando es un proceso de articulación, más que de integración, de tipo epistemológico y metodológico, para la comprensión de los procesos vinculados con formación, aprendizaje e intervención profesional no excluyente, ni exclusiva, de tipo determinista.

Sin querer entrar en todas las discusiones científicas acerca de las diferentes posibilidades y posiciones entre neurociencias y educación, se puede afirmar que aunque aún está vigente tal debate, las aproximaciones existentes sí abren puertas para hacer propuestas bien concretas y de alto poder para los nuevos procesos de formación de futuro, con el fin de superar las dificultades del sistema educativo actual en cuanto a resultados de los estudiantes se refiere.

Es precisamente desde la conceptualización sobre el desarrollo humano, que los procesos se hacen la esencia de un nuevo tipo de educación y los nuevos conceptos, aunque viejos en sus términos, adquieren sentido. La posibilidad de comprender que ya no se trata de un “aprendizaje escolar”, ni de un “enseñar en el aula”, ni nada parecido, abre el horizonte hacia nuevas interpretaciones y, por lo tanto, a nuevas intervenciones mucho más acertadas, inteligentes y aproximadas a los descubrimientos de las neurociencias y en general a los estudios sobre cerebro humano, así como también sobre la bioética, la economía y las innovaciones disruptivas de todo tipo [2]. 

[1] El proyecto se desarrolla desde los principios de la modificabilidad estructural cognitiva por parte del equipo cisne de investigación, para mayor información, se recomienda revisar: www.cisne.org

[2] Son los nuevos fundamentos sobre los cuales es posible plantear los procesos formativos del futuro.