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Nueva apuesta por una historia de las prácticas deportivas

Por César Federico Macías Cervantes
Magisterio
02/05/2019 - 11:00
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Foto de Pixabay

Después de algunos años de leer como historiador sobre estudios sociales del deporte publicados en idioma español, constatamos que el tema de la historia del deporte se encuentra en pañales o, por decirlo de la manera más correcta, no existe; los resultados plasmados en artículos y libros resultan insuficientes y endebles por un simple problema metodológico (quizá teórico en el fondo) que es una falta de atención verdadera a las dimensiones sociales y temporales del fenómeno. En este trabajo, reflexionamos, entonces, sobre el tema de la urgencia de elementos mínimos –tales como una simple periodización– que permita enfocar apropiadamente la historia del deporte para que sus resultados sean de verdadero impacto académico y social.

Las egotecas y los anecdotarios

Predominan entre los libros dedicados a la historia del fútbol, los anecdotarios, las crónicas de clubes y las historias de acontecimientos. En este sentido, quizá el grupo más numeroso sea el de las historias de los clubes modestos, que son tratados con una erudita meticulosidad, pero un tanto alejados de los estándares académicos y realizados por periodistas, eruditos locales y aficionados al fútbol y, especialmente, a su equipo .

Estas palabras las expresó en 2001 Francisco Capistegui haciendo un balance historiográfico del fútbol en España, pero creo que la afirmación bien podría extenderse a la gran mayoría de los países de América Latina, a pesar de haber transcurrido 10 años.

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En el caso de México –que es el que mejor conocemos– es bien cierto que en cuanto a historiografía se impone la historia de bronce aplicada al deporte: crónicas heroicas, exaltación de los fundadores, vitrinas para los campeonatos, letras de oro para los grandes deportistas, biografías apologéticas de los grandes héroes, salones de la fama. En México no son pocos los trabajos históricos así escritos principalmente para el fútbol pero también para béisbol y el boxeo; ejemplo de ello son los abundantes trabajos dados a conocer por editorial Clío .

La visión social que se tiene, tanto de la historia como del deporte, hace que el cruce de ambos conceptos derive no pocas veces en una especie de “egotecas”, una extensión de los salones de la fama, relatos que destacan méritos personales de deportistas sobresalientes, aquellos que con sus logros, excepcionalmente, alcanzaron podios y que con sus cosechas de medallas y trofeos dan gloria, se dice, a localidades, regiones o naciones enteras. En efecto, los nuevos héroes que merecen los nuevos bronces.

También, es cierto que estas “historias” parecerían bastarse a sí mismas, vivir en un Olimpo ajeno a lo demás mundano y mientras más alejadas del sucio dinero o la perversa política, mejor. Pero cuando se quieren construir historias desmitificadas, encarnadas en una sociedad, nos encontramos con que éstas no son capaces de bastarse a sí mismas, ni siquiera en su cronología y, entonces, nos recetamos narraciones que nos llevan absurdamente siglos atrás en el tiempo, a Atenas o a Esparta… para desde allí dar saltos espectaculares e imposibles a la América precolombina y regresar descabelladamente a Pierre de Coubertain para terminar con una insulsa sopa de logros deportivos del siglo XX (finalmente ajenos a la sociedad, de cualquier forma).

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Parece, entonces, en plena vigencia la afirmación hecha por Pierre Bourdieu:

“Esto quiere decir que una de las tareas más importantes de la historia social del deporte podría ser la de fundarse a sí misma estableciendo la genealogía histórica de la aparición de su objeto como realidad específica irreductible a cualquier otra” .

¿Realidad irreductible a cualquier otra?

¿A qué se puede estar refiriendo Bourdieu cuando habla de la aparición del deporte como realidad irreductible a cualquier otra? Hoy día, parecería que el deporte está sujeto a fortísimos intereses mercantiles; hace 80 años, parecía sujeto a voluntades de dirigentes de regímenes diversos y, entonces, ¿hacia dónde volteamos?

Cualquiera de nosotros puede ver con claridad que el deporte ha servido a intereses de políticos, de comerciantes y de industriales; ha sido práctica común en países capitalistas, socialistas y de tercer mundo; que ha fungido como diversión y como profesión; que lo practican ancianos, adultos, adolescentes y niños; que lo ejecutan tanto mujeres como hombres de forma independiente a la preferencia sexual; se puede constatar que el deporte se ha practicado en el campo y en la ciudad y que no es dominio exclusivo de las élites o de los marginados pero, al mismo tiempo, permite percibir las diferencias sociales y las tendencias a la exclusión diacrónica y sincrónicamente. Sabemos que prácticas deportivas hay por todo el mundo: participan en él blancos, negros, cafés, amarillos o rojos; judíos, musulmanes, cristianos y ateos; pero, además, al igual que en lo relativo a los distintos grupos de una sociedad, geográficamente, también se encontraban distinciones respecto a las preferencias de la práctica de uno u otro deporte; así que el deporte, su surgimiento y su desenvolvimiento parecería en realidad poder reducirse a muchas otras realidades.

Sin embargo, nos parece que más que una realidad reducida a otras, el descubrimiento y la constatación de diferentes aspectos del deporte nos muestra una realidad compleja, complejidad que, tal vez, nos lleva a constatar que, como aseveró el historiador mexicano Carlos Morquecho apenas en 2009, en la historiografía no existen modelos como tales  para abordar el deporte.

Es decir, no hemos acabado de dar con el punto de partida que nos muestre al deporte como realidad irreductible a cualquier otra y ello nos lleva a no tener claro ni siquiera cuándo empieza el deporte. Por ello, imaginamos que hablamos de una actividad consustancial al ser humano, casi como comer o llorar; siendo así, el deporte no sería un fenómeno social sino natural y deberíamos dejarlo a las ciencias naturales y no a las sociales. Pero sabemos que no es así y, entonces, estaríamos, de hecho, frente a un problema epistemológico no del todo rebasado.

El fenómeno del deporte, alcanza planos tan diversos de la vida social como la economía, la educación, los sistemas recreativos o las políticas públicas, así que es un fenómeno completamente social y, para ir esclareciendo el camino, debemos entender que encierra una historia, tal vez propia, pero no aislada de la sociedad que lo produce.

Las apuestas en América Latina

Ver a un fenómeno deportivo aislado en su propio espacio, en su excluyente temporalidad, limitado a la cancha, la pista, la piscina o el cuadrilátero, constreñido a sus propios protagonistas inmediatos es perder toda posibilidad de riqueza analítica. Así se apunta el primer elemento metodológico en una apuesta por construir aún en América Latina: Las prácticas deportivas deben verse enlazadas plenamente a las posibilidades materiales para su desenvolvimiento, condicionadas por las consideraciones morales de la sociedad que las aloja, impulsadas por los intereses sociales del entorno, encausadas por los intereses económicos de quien las patrocina, condicionadas por el tiempo libre de que dispongan los individuos en sociedades específicas, mediadas por las afinidades e identidades de los jugadores, insertas en un mercado del ocio, manipuladas por intereses gubernamentales, reglamentadas por burocracias diversas, disfrutadas y ejecutadas por seres humanos. Sólo de este modo podremos ver la práctica deportiva como un hecho social total y, entonces, ya podemos ir dando cuenta de la agenda de estudios y los enfoques temáticos que tendría por delante una historia social del deporte.

Creemos que una línea de estudios así planteada puede ayudar de lleno a entender la consolidación de los Estados del siglo XX. Pero no se está planteando el estudio de cómo se dio la consolidación de un grupo gobernante o de un gobierno, sino la consolidación de un Estado, entendido como la consolidación de un sistema de convivencia humana en el que participa la gran mayoría de los seres humanos que integran esas sociedades; un sistema finalmente aceptado en un pacto de convivencia que se fue asentando en coincidencias respecto al orden social que existiría en adelante: lo socialmente aceptado y lo socialmente rechazado en terrenos de participación y actividad económica, administrativa, recreativa y religiosa; de convivencia entre grupos y sectores sociales. Allí entra, como un segundo punto metodológico fundamental, el poder ver los deportes como prácticas específicas en sociedades específicas y todo lo que lleva implícito: desde su tejido conceptual, hasta su control por grupos determinados.

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Otro aspecto metodológico fundamental (el tercero) para un adecuado estudio social del deporte (incluyendo su dimensión histórica), nos parece, está en considerar las comparaciones entre diferentes prácticas de deportes más que quedarnos en el estudio de un solo deporte. Elias y Dunning en su más famoso estudio de los que se han traducido al español , centran sus estudios, básicamente, en el fútbol y fenómenos conexos, es decir, ejecutan el análisis de lo que denominan figuraciones respecto a la práctica de un deporte, pero nada más ¿Qué ocurre cuando no analizan otros deportes? Nos parece, en principio, que el resultado en su obra es que sesga las premisas y limita las conclusiones, porque la emoción y la violencia (incluido su origen) de deportes distintos al fútbol son diferentes al basarse en premisas, objetivos y reglas propios; así pues, al tener en las diferentes prácticas deportivas semejanzas y diferencias no solo son posibles sino por demás pertinentes las comparaciones.

El deporte, como elemento fundamental de las sociedades del siglo XX, no surgió aislado de otros fenómenos de la misma época, por lo que nos parece que, metodológicamente, una pertinente historia del deporte debe considerarlo dentro de un mercado de espectáculos posibles. Ángel Bahamonde  para poder hacer un estudio pertinente de la consolidación del Real Madrid como club deportivo establece que hay que considerar que el proceso ocurre en un mercado creciente del ocio; mientras que Francisco Capistegui y Santiago Leoné  para responder por qué el equipo de fútbol Osasuna se consolidó como el equipo representante de toda su provincia, debieron hacer un estudio de cómo se trasladaron las preferencias de los espectadores de la pelota vasca al futbol, pasando por encima de los toros y el cine.

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El último elemento metodológico que mencionaremos dentro de los retos para construir la idea del deporte como una realidad social irreductible a cualquier otra, implica el poder establecer una periodicidad específica. ¿Cómo es el tiempo de los deportes en nuestra América Latina? Al hacer una visión perspectiva de la historia de las prácticas deportivas en México puede observarse la siguiente periodización:

1.- Años de práctica restringida, desde finales del siglo XVIII hasta el transcurso de la Revolución armada (segunda década del siglo XX); 2.- El inicio de la masificación de la práctica deportiva, durante los años 20 del siglo pasado; 3.-Intervención del gobierno, acentuadamente en los años 30; 4.- Defensa de proyectos particulares y de negocios deportivos en los años 30 y 40, y 5.- La llegada de la Televisión al deporte consolidándose a fines de los años 50 .

Poder establecer con argumentos claros las fechas de aparición, desarrollo y consolidación del deporte en nuestros países, con sus respectivos actores es, sin duda, una de las primeras tareas que tenemos por delante, aquí no nos podemos extender en el caso de México, pero cualquiera que conozca la historia general del país, podrá ver que en los periodos que hemos encontrado no se observa la repetición de las clásicas cronologías de historia política o económica ni la primicia de algún actor particular, por lo que no se supedita la aparición y desarrollo de la realidad deportiva a ninguna otra, pero tampoco aparece el devenir del deporte como un elemento aislado de los ritmos de la sociedad mexicana.

No reducción sino enlace

No podemos ignorar que mucha de la historia del deporte y la educación física en nuestra América está hecha, no solo por periodistas y aficionados, sino por profesores de educación física o entrenadores deportivos. No podría ser de otra forma cuando los historiadores tenemos aún una enorme deuda de estudios sociales por saldar mientras que aquellos que se forman como educadores del cuerpo y promotores del deporte tienen necesidad de conocer el origen y el devenir de su actividad.

Pero la educación y aún el deporte, no dejan de ser fenómenos sociales, que ameritan ser estudiados en su dimensión histórica como fenómeno social total, así que, seguramente, corresponderá a un núcleo de estudiosos de diversa formación académica ir avanzando en la reconstrucción de la historia de las prácticas deportivas.

Las preguntas que se elaboran y se atienden sin duda, son fundamentales, debemos pasar del simple quién fue y cuándo fue a preguntas más significativas para la sociedad: ¿por qué se quiso y para qué se quiso educar al cuerpo? ¿Hubo, históricamente, una necesidad de ello? ¿Esta necesidad era propia de nuestros países o correspondía a un proceso internacional de integración cultural? ¿Quiénes y por qué empezaron a abogar por una educación del cuerpo y por el desarrollo de actividades llamadas deportivas? ¿Qué dinámicas de género, de raza, de diferenciación social hubo tras de las prácticas deportivas y la educación del cuerpo? ¿Cómo y en qué momentos se fueron dando los procesos fundamentales para el arraigo del deporte en las sociedades de nuestra América? ¿Qué deportes se prefirieron en qué regiones y por qué? ¿Cómo los practicantes de deportes dispusieron de tiempo libre y por qué prefirieron la actividad física sobre otras opciones para el tiempo libre? 

En fin… cualquiera de estas y otras preguntas requieren respuestas más allá del simple discurso que relate que Juan de las Pitas fue, gracias a su esfuerzo sin igual, campeón mundial de boxeo en 1950 y que ello despertó el entusiasmo de toda de la población de San Mateo el Alto. Tampoco bastaría para responder tales interrogantes una encendida narración sobre la forma en que anotó sus goles el Paletas Carreño para que el Atlético San Pancho se coronara once veces como campeón de la Liga del Sur. Igual, resultaría inútil saber que el Profesor Eusebio González fue un incansable promotor del deporte en San Pablo Ixcateopan al punto de lograr que la selección de voleibol femenil del pueblo se coronara por primera y única vez como equipo campeón del torneo regional. Tendríamos que preguntarnos, en todo caso, al menos un poco más sobre San Pablo Ixcateopan en forma diacrónica y sincrónica y el papel de la mujer en dicha sociedad para entender el valor del triunfo del profesor González.

Al final se verá que no se propone una historia del deporte reducida a otras dinámicas de la sociedad, sino como una de tantas dinámicas que se enlazan para dar rostro a la historia del siglo XX. Fundamentalmente, se verá que el deporte tiene su propia dimensión temporal plenamente enlazada a su realidad social.

Nuestro planteamiento no está exento de complejidad; en realidad, como se puede ver, la tarea que la historia del deporte tiene pendiente es enorme y debemos empezar por abandonar vicios arraigados que nos llevan a crear estudios pretendidamente históricos que son, por el contrario, completamente ahistóricos, quizá salpicados de cierta sazón narrativa, según sea el caso pero, normalmente, carentes de riqueza analítica. Como un buen platillo, la historia del deporte debe ser sabrosa, pero nutritiva. Y estamos por crearla.

Tomado de Revista Internacional Magisterio No. 50

Bibliografía

Bahamonde, Á. (2002). El Real Madrid en la historia de España. Madrid: Taurus.

Bourdieu, P. (1984). Sociología y cultura. México: Grijalbo/CONACULTA. Trad. Martha Pou.

Capistegui, F. & Walton, J. (Editores). (2001). Guerras danzadas. Fútbol e identidades locales y regionales en Europa. Pamplona: Universidad de Navarra.

Elias, N. & Dunning, E. (1995). Deporte y ocio en el proceso de civilización. México: FCE, 2ª ed.

Macías Cervantes, C. F. (2009). “Por una historia de las prácticas deportivas”. En: Memorias del segundo congreso internacional de la Red de estudios Socioculturales del Deporte, Zacatecas, Universidad Iberoamericana /Universidad Autónoma de Zacatecas.

Ovalle Morquecho, C. (2009). “Aspectos teóricos y metodológicos para la historia del fútbol en Aguascalientes”. En: Memorias del segundo congreso internacional de la Red de Estudios Socioculturales del Deporte, Zacatecas, Universidad Iberoamericana /Universidad Autónoma de Zacatecas.

Notas
  Capistegui, Francisco y Walton John (Editores), Guerras danzadas. fútbol e identidades locales y regionales en Europa, Pamplona, 2001, Universidad de Navarra, p. 13.
2 Tienen series de publicaciones: crónica del fútbol y crónica del boxeo, además de volúmenes individuales sobre algunos equipos del fútbol mexicano: Guadalajara, América, Necaxa, Toluca, Cruz Azul y Pumas y una crónica de la selección mexicana de fútbol.
3 Bourdieu, Pierre, Sociología y cultura, trad. Martha Pou, México, 1984, Grijalbo/CONACULTA, p. 195.
4 Ovalle Morquecho, Carlos, “Aspectos teóricos y metodológicos para la historia del fútbol en Aguascalientes”. En: Memorias del segundo congreso internacional de la Red de estudios Socioculturales del Deporte, Zacatecas, 2009, Universidad Iberoamericana /Universidad Autónoma de Zacatecas. 
5 Elias, Norbert y Eric Dunning, Deporte y ocio en el proceso de civilización, 2ª ed., México, 1995, FCE.
6 Bahamonde, Ángel, El Real Madrid en la historia de España, Madrid, 2002, Taurus.
7 Capistegui, Francisco y Walton John, op. cit.
8 Macías Cervantes, César Federico, “Por una historia de las prácticas deportivas”. En: Memorias del segundo congreso internacional de la Red de estudios Socioculturales del Deporte, Zacatecas, 2009, Universidad Iberoamericana /Universidad Autónoma de Zacatecas, p. 13.

César Federico Macías Cervantes.  Departamento de Historia, Universidad de Guanajuato, México. cefe@ugto.mx

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