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Origen del relato policíaco

Por Jaime Ricardo Reyes Calderón
Magisterio
11/12/2019 - 15:15
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By Freepik

Aún no se ha precisado muy bien qué originó el que un escritor tomara como tema de sus obras lo criminal. Tenemos algunos indicios, no obstante: el género de aventuras mantenía a mediados del siglo XIX su puesto preponderante con autores de la talla de Alejandro Dumas, Jack London, Joseph Conrad, Emilio Salgari, Julio Verne, Walter Scott. Parece ser que la narración detectivesca se constituye como una consecuencia urbana, el brazo citadino, la versión urbana de las peripecias y de la acción que hacían parte de las novelas de aventuras. Por otra parte, es evidente que en la historia europea llegó un momento en el que los “hechos de armas” se trasladaran de las guerras entre naciones a las pequeñas guerras entre la ley y los infractores de ella. Hipotéticamente, podemos adelantar que el género policíaco es el resultado de la confluencia de un factor literario, el romántico-aventurero-folletinesco, y un factor socio-histórico, el crimen aparecido en las ciudades como consecuencia de la actividad del personal militar y aventurero que sumados a la pobrecía campesina, amenazaron la seguridad de las clases medias, en los nuevos centros de riqueza y de poder.  

quien primero dio vida a un detective, a un cuento policíaco, fue el muy ilustre Edgar Allan Poe. Se considera a Poe el maestro por excelencia en la composición cuentística y también, el fundador de la narración policial: Augusto Dupin, 

Atendiendo a la historia, en la primera mitad del siglo XIX aumentó el índice de delitos contra la propiedad, reflejo del desespero de los pobres llegados del campo a causa de las míseras condiciones de vida que allí se padecían. El crimen de las ciudades se tornó más complicado y hubo necesidad no sólo de identificar, atrapar y castigar al culpable, sino también de realizar pesquisas para detener al auténticamente culpable y probar los procedimientos de su criminal proceder. Los delincuentes medievales y renacentistas caían en manos de la ley por denuncias externas. El control público del comportamiento era muy alto, frecuentemente asociado a dependencias ético-religiosas en donde las distinciones bien-mal no dejaban espacio a la controversia. Se creía en la veracidad y honorabilidad de la palabra empeñada. Pero enfrentados a criminales hipócritas y escurridizos, enfrentados a nuevos referentes de veracidad, –los códigos y los procedimientos testimoniales y forenses–, al lado del desarrollo de las ciencias naturales y el método inductivo, así como el enaltecimiento de la iluminación racional; de ahora en adelante los sucesos criminales ya no identificarán como esencial la maldad o bondad del malhechor, sino las causas y los pasos para la ejecución de su plan criminal.  

El fundamento institucional de la narración policíaca, la actividad de los cuerpos policiales, se verifica a mediados del siglo XIX, en Francia e Inglaterra. En 1828 Luis Mauricio Debelleyme, prefecto de París proclamó el objetivo tal institución:

“El objeto esencial de nuestra policía municipal es la seguridad de los habitantes de París. La seguridad día y noche, el libre movimiento del tráfico, las calles limpias, la supervisión de los accidentes y las precauciones contra ellos, el mantenimiento del orden en los lugares públicos, la persecución de los delitos y sus perpetradores”1

Los levantamientos revolucionarios de finales del XVIII y comienzos del XIX llevaron a la formación de una policía más profesional. A menudo los policías locales eran víctimas de los parroquianos a los que intentaban poner en orden en las tradicionales reyertas de taberna, qué decir de movimientos masivos o asonadas que destruían todo lo que pillaban a su paso. De esta manera, en Londres aparecieron entre septiembre de 1829 y mayo de 1830, 3.000 policías a quienes denominaron “bobbies”, por Sir Robert Peel, impulsador de la legislación que creó tal ente policial.2  

Diez años después, quien primero dio vida a un detective, a un cuento policíaco, fue el muy ilustre Edgar Allan Poe. Se considera a Poe el maestro por excelencia en la composición cuentística y también, el fundador de la narración policial: Augusto Dupin, su creación, resolvió los primeros misterios en las narraciones El doble crimen de la Calle Morgue (1841), El misterio de Marie Roget (1842), La carta robada (1844), en medio de una producción personal hasta el momento enfocada hacia lo misterioso. 

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+Conozca el libro Teoría y didáctica del género terror

Título tomado del libro: Teoría y didáctica de los géneros aventuras y policíaco. Autor: Jaime Ricardo Reyes Calderón. pp. 144-145 

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