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Participe en el congreso virtual “El fracaso escolar en debate”

Magisterio
27/04/2018 - 11:15
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¿De qué hablamos cuando hablamos de “fracaso escolar”?

Hoy en día existe un consenso bastante generalizado de llamar “fracaso escolar” al efecto visible y preocupante que se relaciona con un “inadecuado” desempeño escolar por parte de los alumnos, en los distintos niveles y modalidades. Ello significaría que quien fracasa es el sujeto del aprendizaje. Sin embargo, cuando ahondamos en la problemática surgen una cantidad de interrogantes que nos obligan a ampliar la mirada: el rol que desempeñan docentes y familias, las didácticas disciplinares, el sistema educativo, las expectativas de la comunidad, las políticas públicas, lo que explican y prescriben nuestras teorías y paradigmas, etcétera.

En este sentido, la cuarta edición del Congreso Internacional sobre Problemáticas en Educación y Salud, nos invita a preguntarnos quién o quiénes fracasan. Genéricamente, sabemos en quién recae el fracaso y sus consecuencias, pero no están tan claras las causas de este efecto, indeseado por todos, y cuáles deberían ser las transformaciones necesarias que reviertan esta situación.

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En línea con lo abordado en la edición 2017 del Congreso anual de Sociedades Complejas, aspiramos a echar luz sobre un fenómeno complejo el cual, si no ampliamos la mirada, queda reducido a etiquetas, rótulos y estigmas que recaen sobre niños, niñas y jóvenes. La sociedad actual muchas veces naturaliza las causas del fenómeno del fracaso escolar, focalizando sobre características particulares de los alumnos, que pasan de ser “sujetos de aprendizaje” para devenir “sujetos sujetados al fracaso”.

¿Cuán visibles se nos tornan las demás variables intervinientes en el fenómeno? ¿Qué ponderación hacemos de aquellas que alcanzamos a identificar? Si un niño repite 4to. grado, ¿pensamos acaso que las políticas educativas tienen alguna implicancia en ello? O cuando un joven repite el año en la escuela secundaria, ¿nos preguntamos acerca de los modelos de evaluación vigentes? ¿Y cuándo abandona? ¿Nos cuestionamos acerca de los conocimientos (o de los supuestos) que tenemos acerca del proceso de aprendizaje que conducen a desarrollar estas y no otras estrategias de enseñanza?

Si nuestra comprensión del “fracaso escolar” sólo incorpora en su horizonte las vicisitudes del devenir del sujeto del aprendizaje, estaremos demasiado cerca de realizar diagnósticos equívocos que pondrían en riesgo a los alumnos, incluso pudiendo llegar a la medicalización, etiquetas mediante. Para revertir esto, se hace necesario superar el paradigma rígido “éxito/fracaso” y pensar cómo generar condiciones saludables para el aprendizaje, enfocando la cuestión desde la promoción de la salud; y no únicamente desde la detección o el tratamiento de la “enfermedad”. Esto supone un trabajo en red entre la educación y la salud ya que sostenemos lo importante de los abordajes que, desde la salud mental, se hacen sobre estas problemáticas. Nuestras intervenciones deben ser pensadas no sólo hacia la prevención del “fracaso”, sino a los fines de incidir en la mejora de los espacios de socialización de niños, niñas y adolescentes.

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