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Pensar las relaciones educación y desarrollo desde América Latina

Por Expedición Pedagógica Nacional , Por Marco Raúl Mejía , Por Planeta Paz
Magisterio
17/03/2017 - 14:30
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Foto de Lucy Nieto. Tomada de Flickr

En el presente artículo me propongo tratar la relación entre el desarrollo, el buen vivir, la educación y el derecho a la educación. Hago énfasis en que se trata de una reflexión desde mi perspectiva como educador popular; la educación popular marca el lugar social desde el cual he construido sentidos, prácticas y procesos educativos en nuestras realidades. Por ello considero que sigo hablando desde sus principios, presentes en una propuesta que, desde América Latina, busca construir pedagogías críticas en estos tiempos.

 

Palabras clave: Desarrollo, buen vivir, educación, derecho a la educación, educación popular.

 

+Lea: El derecho a una educación de calidad, con equidad para todos

 

Cuando se plantea como alternativa la concepción del Vivir Bien, se cuestionan la idea misma y los modelos de desarrollo y los supuestos que han configurado la denominada “civilización del progreso”, que se sostienen en el colonialismo y el neoliberalismo. Por lo tanto, no estamos refiriéndonos a un cambio de un elemento teórico, menos de unas simples denominaciones, estamos hablando de concepciones de vida.

Noel Aguirre

 

La concepción de desarrollo determina la educación

Nunca antes como hoy son tan explícitas las relaciones entre educación y propuesta de país, de sociedad y de desarrollo. Es decir, la propuesta de sociedad va en forma de currículo, estándares, competencias, pedagogías, al hecho educativo, no como una simple reproducción, sino bajo la especificidad del mismo. Por ello se hace tan importante aprender a desentrañar de nuestras prácticas las formas de sociedad y de ser humano que construimos en el día a día de la institucionalidad, en tanto que el discurso dominante hace tanta insistencia en que los asuntos de la escuela y la pedagogía son técnico-objetivos. Por ello, estándares, competencias evaluaciones, conocimiento, se van llenando de ese objetivismo que exige ser develado por los pensamientos críticos, para colocar en esas palabras que se han hecho polisémicas, el sentido que quiere darle ese actor de práctica e iniciar el camino de reconfiguración de la educación de la escuela, desde su concepción y sus intereses.

 

A la vez que se hace ese ejercicio, se requiere de un educador que, en coherencia con las preguntas de la pertinencia, se pregunte los ¿por qué?, ¿para qué?, ¿en dónde?, y ¿a quién?, de la educación, antes de abordar los ¿qué? y ¿cómo?, y, en un ejercicio de individuación, aclare las apuestas sociales, económicas y políticas que realiza en el accionar político y pedagógico. Es decir, la pregunta por la manera como construye sociedad a través del acto educativo y pedagógico cotidiano.

 

Lo anterior hace necesaria una revisión de esos aspectos, que están correlacionados con la construcción de la educación en la sociedad y en la base del accionar de todo educador; por lo tanto, son reproducidos o recreados, consciente o inconscientemente, todo el tiempo por éste. Así, no hay mejor lugar para abordar esta situación que la idea del desarrollo, que enmarca hoy cualquier discusión sobre el sentido de las sociedades y entrega parte de las claves del por qué las orientaciones políticas de turno toman uno u otro camino; hecho visible en la manera como optan por determinadas formas de educación, ya que el entendimiento y comprensión de muchas de las categorías, términos y prácticas en educación está marcado por la concepción de desarrollo.

 

+Lea: Rutas emergentes para la alfabeTICzación con adultos

 

Tocar este tema significa, ante todo, hacernos la pregunta por la manera como los conceptos de desarrollo y crecimiento han ido de la mano, construyendo un mundo en el cual el desarrollo capitalista visto como un crecimiento material de bienes y servicios ilimitado- ha causado una serie de desequilibrios básicos, primero entre las personas, luego entre los países, y el más profundo con la naturaleza, luego entre los géneros y, por último, el de ruptura con la biodiversidad. Esto ha construido una lógica en la cual se acrecienta la desigualdad y el beneficio individual; en ella, la apropiación de las compañías privadas de los bienes de todos, termina con una nueva forma de dominio, en la cual tener y saber conforman el nuevo poder de los propietarios privados de la sociedad.

 

+Lea: Los cuatro pilares de la educación para el siglo XXI

 

En ese sentido, la idea de desarrollo va a ser definitiva para trabajar el acto educativo; podríamos afirmar que quien practica educación, sin trabajar los asuntos de la pertinencia, está llevando a cabo unas concepciones que en muchas ocasiones no corresponden al que debería ser ejecutor de la educación. Por ello, en diálogo con esas formas dominantes del desarrollo, intentamos colocar el Buen vivir como un lugar desde el cual hoy, desde América Latina, se interpela el contenido de las ideas de desarrollo en sus múltiples variables, y se reta la práctica de educadoras y educadores de cualquier latitud.

 

 

El Buen Vivir o el Vivir Bien, una búsqueda desde lo profundo de nuestros pueblos originarios (Abya Yala)

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Esta visión del mundo estuvo oculta durante mucho tiempo y en muchos pueblos tuvo características de resistencia. Hoy encuentra una expresión pública gracias a diversos movimientos sociales: en Colombia, el Congreso de los pueblos y organizaciones indígenas como el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC); en otros países como Bolivia y Ecuador se dio con el surgimiento de gobiernos de origen popular. Así, es posible afirmar que es un cuestionamiento a las hegemonías políticas e intelectuales de este tiempo, desde nuestras particularidades culturales y territoriales (Sur), debatiendo formas epistémicas y de poder desde otras historias culturales, diferentes a la eurocéntrica, desde otras cosmogonías y otros entendimientos éticos.

 

Esta visión del mundo se nos presenta como una ruptura con la mirada androcéntrica y antropocéntrica, con la mirada dominante del desarrollo en el capitalismo, que se basa en la separación del ser humano y la naturaleza, la cual también es el punto de partida para el pensamiento del racionalismo lógico y del control del capital a través del mercado, aquella que Vandana Shiva llamó “Los monocultivos mentales”.

 

El Buen Vivir del mundo originario indígena

Este vivir bien y buen vivir, que se diferencia de la “buena vida” del pensamiento keynesiano, toma como fundamento el pensamiento de cinco tradiciones de nuestras culturas ancestrales: la idea de Sumak Kawsay (la vida en plenitud y armonía) del mundo Quechua ecuatoriano; la de Baluwaba (la unidad de la naturaleza) del mundo Kuna; el Suma Qamaña (el bienestar de tu fuerza interna) del pueblo Aymara; el Lekil Kuxlay y la Lekilaltik de los mayas (Chiapas); y el Küme Moguen del pueblo Mapuche, todas referidas a un mundo en el cual el lenguaje permite una categoría que hace visibles los planes de vida a partir de la unidad del mundo, sin separaciones ni dicotomías.

 

Lea: Ruralidad, equidad y diversidad: desafíos para la educación. Encuentros de diálogo local-internacional

 

Nos encontramos frente a una concepción y una organización de la vida y organización que parte de una integralidad anterior a la del desarrollo en Occidente; fue un proyecto de organización de sus sociedades en Abya Yala, que luego los colonizadores llamarían América, en el cual se busca convivir desde la unidad de la madre tierra y los seres humanos. Esta es una mirada que construye, en el lenguaje, la categoría que reconoce al mundo como ente organizado por el principio de complementariedad, que le garantiza su unidad a partir de la diferencia y singularidad. Ello hace que esta visión y sus enunciados terminen interpelando las formas occidentales de comprender el desarrollo y las relaciones de lo humano con la naturaleza, y nos propongan otra manera de organizar la vida desde los pueblos originarios. Entre sus principales componentes, encontramos:

 

  • La naturaleza es entendida como un sujeto, por lo tanto, como un ser vivo. Por ello se habla de los derechos de la Pacha Mama, en un mundo que es cíclico (“todo es vida”).
  • La relación humano-naturaleza es una unidad y forma parte de la sociabilidad entre seres vivos (“todo es uno y uno es todo”).
  • Las construcciones de saber y conocimiento son de toda la cultura, se realizan desde otros lugares, donde se integra conocimiento, ética, espiritualidad y producción, en una mirada integradora, dando forma a un proceso indivisible de estos asuntos.
  • Existe un sentido profundo de lo estético, dada la capacidad de construir en armonía con la naturaleza y los otros seres humanos; por ello se plantea la vida hermosa (“somos unidad”).

 

El buen vivir como paradigma crítico

La perspectiva del Buen Vivir es una propuesta que cuestiona la forma del desarrollo, pero que a la vez plantea un proyecto de sentido alternativo, aún a la alternatividad clásica eurocéntrica: jacobinismo (liberal), marxismo crítico y democracia norteamericana, pues rompe muchos de esos postulados políticos al construir un proceso centrado en la comunidad, los territorios y la autonomía, siempre teniendo como punto de partida la relación de los diferentes y la armonía con la naturaleza. Como dice Alfonso Ibáñez:

 

[…] hay que subrayar la relación amorosa del indígena con la naturaleza, la madre tierra. Como lo recuerda Macas, Descartes pensaba que “el hombre es amo y señor de la naturaleza”. Se da así una separación de oposición entre sujeto y objeto dentro de una concepción antropocéntrica que se ha convertido en “mercadotecnia”. Por lo cual agrego que es la visión del capital, el crecimiento económico, la que rompe la relación del ser humano con la naturaleza y la ve como recurso, como mercado y privatizable. En cambio el [texto atribuido al] jefe indígena de Seattle -EEUU- dice algo hermoso: “La humanidad no hizo el tejido de la vida, es solo una hebra, y lo que hace con la tierra se lo hace a sí mismo”.

 

La crisis es de la idea misma de desarrollo, también es necesario cuestionar el concepto de desarrollo sustentable y sostenible, ya que son formas que no tocan la revalorización del capital, pues la naturaleza desaparece y se reemplaza por la categoría de ambiente, que ahora nos es vendida bajo la idea de capital verde. El buen vivir nos establece una alerta y mantiene una gran desconfianza en la ciencia y la tecnología, pues en la actualidad están encubiertas por un discurso ambiental y humano que sigue fundado en la idea de progreso material, ofrecida ahora, en su forma política, como proyectos en las localidades.

 

Frente a ello, algunos autores hablan de que la idea del Buen vivir inaugura las teorías del post-desarrollo, desde el pensamiento propio, mostrando cómo la crisis ambiental no es solucionable con el mercado, entendido como acumulación de bienes y la monetarización de la vida; así, plantean la necesidad de salvaguardar la naturaleza como patrimonio de la unidad del mundo, y esto no es posible sin un proyecto anticapitalista que enfrente el individualismo, la deshumanización y el interés privado por la ganancia, regulando las acciones entre los humanos. El fundamento de una nueva sociedad no es posible sin la comunidad soberana y autosuficiente.

 

 

Diálogo con el sistema internacional educativo

Lograr un espacio en el sistema educativo, en los países que han incluido el Buen Vivir en su legislación (Bolivia y Ecuador), desde los nuevos fundamentos que le dan identidad al Estado plurinacional con logros específicos en los diferentes aspectos de la actividad educativa, permitirá iniciar una relación diferente y propositiva con la educación formal occidental, los organismos multilaterales y la academia eurocéntrica. Facilitará, no solo la visibilización de esas formas singulares y específicas de conocimiento, sino un nuevo momento de relación y complementariedad, de preguntar a la educación occidental eurocéntrica si está en condiciones establecer una negociación cultural, si está dispuesta a transformarse desde ese nuevo principio. Para ello sería importante plantearle las siguientes preguntas:

 

  1. ¿Cuál es su capacidad de construir una educación fundada en la diferencia y en la equivalencia de las culturas?
  2. ¿Cuál es su capacidad de pensar, la ciencia y sus sistemas de conocimiento, en un mundo pluricultural, con sus consecuencias, para darle un lugar a saberes diferentes de los de la hegemonía eurocéntrica?
  3. ¿Cómo construir una política de relativización de lo universal, bajo el principio de complementariedad, que dé lugar en el currículo a lo pluriverso en su entendimiento de múltiples maneras de conocer, no sólo la racional?
  4. ¿cómo dar lugar en la escuela a la confrontación epistémico-cultural, que nos descentre de las formas políticas liberales y nos lleve más allá de la modernidad capitalista, negociando su matriz civilizatoria?
  5. El buen vivir, en cuanto recoge eso otro epistémico, ontológico, relacional y pluriverso, hace un llamado a reelaborar la idea, el contenido y las formas del derecho a la educación, el cual debe ser territorializado en esa nueva geometría del espacio.
  6. ¿De qué manera lo común, construido desde la singularidad y la diversidad epistémica y plurinacional, nos lleva a replantear la idea de lo público?
  7. Recoger estos planteamientos trae consecuencias en la esfera de lo pedagógico, para que los tiempos y espacios y sus dispositivos metodológicos se hagan concretos en la experiencia de los procesos de lo intra, lo inter y lo transcultural.

 

 

La educación popular propugna por una construcción integral de lo humano

El capitalismo de este nuevo siglo se ha transformado y es organizado de acuerdo a las leyes del mercado; ha cambiado sus formas de control, pero no ha renunciado a sus leyes, que a su vez se convierten en grandes reguladoras de la vida económica y social, sometiendo a individuos, grupos, sociedades, culturas y profesiones, en las cuales la competitividad, la eficiencia y la rentabilidad se convierten en aspectos centrales y, como dice Petrella, organizan unas nuevas “tablas de la ley” para el funcionamiento del mundo. Ellas son:

 

  • Mundialización: Deberás adaptarte a la globalización actual de los capitales, mercados y empresas.
  • Innovación tecnológica: Deberás innovar sin cesar para reducir gastos.
  • Liberalización: Apertura total de todos los mercados, que el mundo sea un único mercado.
  • Desreglamentación: Darás el poder al mercado, a favor de un Estado notario.
  • Privatización: Eliminarás cualquier forma de propiedad pública y de servicios públicos. Dejarás el gobierno de la sociedad a la empresa privada.
  • Competitividad: Deberás ser el más fuerte si quieres sobrevivir en la competición mundial.

 

Por ello, el principio y fundamento de una nueva propuesta del desarrollo, basado en el Buen vivir, nos devuelve a un asunto central de la educación popular: la solidaridad y la reciprocidad, con su pregunta por el ser humano y sus condiciones de existencia sobre la tierra. La pregunta de la globalización por la interdependencia entre los seres humanos, en el planteamiento de la solidaridad de este nuevo siglo, adquiere su lugar cuando la reciprocidad construye una interdependencia más allá del fenómeno cultural y pregunta por la manera como el otro entra en la esfera de mis relaciones. Ese otro no es solo el otro como individuo del proyecto capitalista, sino es el otro como ser humano en la visión integral del Buen vivir, como un nuevo punto de partida desde el cual se construye la igualdad básica desde la diferencia y la fuente de derechos y deberes fundamentales.

 

Allí emergen los otros diferentes como pueblos y comunidades, inscritos en procesos interculturales que se convierten en fuente de toda pregunta moral (acciones y comportamientos) y base ética (principios orientadores) de construcción de convivencia. Por eso surgen, no como individuos aislados, sino como parte de un todo, en donde la comunidad de personas que comparten esfuerzos responde a los aspectos negativos de la globalización, en donde el lado de la vida anuncia una nueva humanidad. Por ello, la solidaridad está enclavada en el respeto con el otro (comprensión), el sentir con el otro (empatía), sufrir con el otro (compasión), la responsabilidad con el otro (compromiso), y la acción con el otro (organización).

 

Por eso se hace tan importante en este nuevo siglo, en el horizonte del Buen vivir y en la educación popular, la unión entre la justicia, solidaridad y reciprocidad, ya que con las transformaciones del Estado de Bienestar y el debilitamiento de los valores de bienestar, como fruto de los cambios de la globalización neoliberal, no basta la justicia como simple realización de las leyes existentes, pues muchas de ellas han sido realizadas en contra de lo humano, construyendo una especie de legalidad retórica dominante, donde la justicia es el cumplimiento de la ley. Acá la solidaridad emerge como valor que debate la irracionalidad del mercado y establece un escenario en el que vuelve a preguntarse por la vida y la justicia y, en lo profundo del ser humano, por la necesidad de la bondad (en el sentido de Agnes Heller) como un lugar más allá de la justicia para restablecer el predominio de lo humano.

 

El terreno del cambio y la transformación en esta época ha sido visto por diferentes autores. Permítanme cerrar, como un homenaje, con las palabras de uno de los colombianos más reconocidos por la manera en que buscó dar forma a lo propio, de lo cual el Buen vivir es una de las mayores concreciones, el maestro Orlando Fals Borda, quien pocos meses antes de su muerte recibía el homenaje de la academia mundial de antropología, y allí pronunciaba las siguientes palabras, que a manera de camino abierto dejo para concluir este texto:

 

Al tomar el contexto como referencia y a los conceptos teóricos de praxis con frónesis, descubrimos una veta casi virgen de ricos conocimientos de las realidades de nuestros pueblos autóctonos, de nuestras raíces más profundas, por fortuna todavía vivas. Recordemos que los paradigmas que han moldeado nuestra formación profesional, en general, han sido constructos socio-culturales de origen eurocéntrico. Ahora tratamos de inspirarnos en nuestro propio contexto y dar a nuestros trabajos el sabor y la consistencia propias del tercer mundo y su trópico, con un paradigma más flexible, de naturaleza holística y esencia participativa democrática. Para llegar a estas metas, la arrogancia académica es un serio obstáculo, debía archivarse.

 

Referencias

Acosta, A. (2009). La maldición de la abundancia. Quito: Abya-Yala, Swissaid, Comité Ecuménico de Proyectos.

Daly, Herman, y Cobb, John. (1997). Para el bien común. Bogotá: FCE.

Escobar, A. (s.f.). El “post-desarrollo” como concepto y práctica social. En Mato, Daniel. (Coord.). Políticas de economía, ambiente y sociedad en tiempos de globalización. Caracas: Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, Universidad Central de Venezuela, pp. 17-31. Obtenido en Diciembre de 2012, desde http://www.unc.edu/~aescobar/text/esp/El%20postdesarrollo%20como%20concepto.pdf

Esterman, J. (1998). Filosofía andina. Estudio intercultural de la sabiduría autóctona andina. Quito: Abya Yala.

Fals-Borda, O. (2007-Agosto). La investigación-acción en convergencias disciplinarias. Conferencia para recibir el premio Malinowsky de la Society for Applied Anthropology y el premio Oxfam-América Martin Diskin de la Latin American Studies Association (LASA). Borrador (3).

Heller, Agnes. (1990). Más allá de la justicia. Barcelona: Crítica.

Ibáñez, A., y Aguirre, L. N. (2013). Buen vivir, Vivir bien. Una utopía en proceso de construcción. Bogotá: Ediciones desde abajo.

Mejía, M. R. (2011). Las escuelas de las globalizaciones. Entre el uso técnico-instrumental y las educomunicaciones. Bogotá: Ediciones desde abajo.

Mejía, M. R. (2014). Naturaleza y sentido del trabajo del maestro y la maestra en el siglo XXI. Revista Nodos y nudos. Bogotá: Universidad Pedagógica Nacional. Manuscrito en preparación.

Petrella, Ricardo. (1997). El bien común. Elogio de la solidaridad. Madrid: Editorial Debate.

 

Tomado de Revista Interanacional Magisterio No. 74

 

Foto de Lucy Nieto.  Tomada de Flickr

 

 

 

 

 

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