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Perspectivas de educación para la igualdad de género

Por Yolanda Herranz Gómez
Magisterio
12/02/2018 - 11:00
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Foto de creativeart. Tomada de Freepik

Como forma de incidir en la educación, además de plantearnos una reeducación que promueva un cambio en las personas adultas, es necesario intervenir con cambios concretos en las instituciones, especialmente en los medios de comunicación y en el sistema de enseñanza, pero también en el mercado laboral y las instancias políticas. Teniendo en cuenta que hoy educan más los medios de comunicación que la escuela, se hace necesario un control sobre los contenidos que éstos presentan y la forma de presentarlos, sobre a quién se dirigen y los estereotipos que transmiten, exigiendo la no cosificación de la mujer y el respeto a su dignidad como una forma de respeto a los derechos humanos. Independientemente de estas demandas, es necesaria la formación de los profesionales de la información para la toma de conciencia de la influencia y el poder simbólico que manejan.

 

Aunque no el único, el sistema de enseñanza es, por supuesto, una de las instituciones que más intencionalmente tiene que intervenir en el campo educativo si queremos avanzar en el camino de la igualdad. Esto requiere, en primer lugar, que sea prioritaria la enseñanza primaria y secundaria en inversión de recursos y que, de éstos, se dirija una parte importante a la formación del profesorado para el autoanálisis y la deconstrucción de los valores patriarcales interiorizados, para la toma de conciencia de su protagonismo en la transmisión de modelos y para enfocar su tarea educativa en una educación para la igualdad y la libertad.

 

+Lea: Educación para la igualdad

 

Por otra parte, sería indispensable un cambio de enfoque metodológico. Si queremos un desarrollo integral y armónico de todas las personas, que les permita dirigirse en el mundo con autonomía, es necesario, desde las primeras etapas, una verdadera coeducación que revalorice la vida afectiva en la escuela y potencie el desarrollo emocional, el contacto, la vinculación, el movimiento y la expresión corporal, la intuición y la creatividad, tanto en niños como en niñas, integrando todas estas posibilidades de desarrollo con el aprendizaje racional e intelectual. Es decir, hacer de la escuela un espacio no sólo para el desarrollo racional y el aprendizaje de conocimientos intelectuales, sino fundamentalmente un espacio de crecimiento personal, afectivo y humano.

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Además, el trabajo con adolescentes en relación a la igualdad es muy importante. Es en la pubertad cuando más fuerte es la adaptación al estereotipo de género. Los y las adolescentes están descubriendo su identidad, se están afirmando a sí mismos, pero con una capacidad crítica y de autoconciencia que les permite dirigir sus propios aprendizajes, cuestionar modelos y pautas de conducta impuestas y elegir vías de autorrealización personal y nuevas formas de relación. En este sentido, creo muy necesario introducir espacios para trabajar la educación afectivosexual en relación con una educación ética para la igualdad. Espacios en los que los adolescentes puedan tomar contacto con sus emociones, puedan nombrarlas y expresarlas, espacios para la interiorización y la escucha que les ayuden a construir nuevas formas de masculinidad a los chicos y a no copiar el modelo masculino a las chicas, descubriendo una nueva forma de ser ellos mismos. Espacios donde enseñarles a detectar la violencia simbólica de los medios de comunicación y a adoptar una postura crítica ante ellos, ayudándoles a romper con estereotipos y prejuicios sexistas, a liberarse de aquellos que les impiden ser en libertad, a visualizar y rechazar actitudes machistas y a construir relaciones de género simétricas.

 

+Conozca los libros Sexualidad y géneros.  Tomo I  y  Tomo II

 

Si el objetivo principal de la educación es ayudar y permitir a cada persona realizarse según su potencial singular, es preciso nombrar y mostrar otras posibilidades humanas que vayan más allá de los modelos que les ofrecen los medios de comunicación y que les abran puertas a la aceptación y respeto a la diversidad. No basta con procurar el desarrollo en el alumnado de todas sus potencialidades independientemente de su sexo; hemos de transmitirle la necesidad ética del respeto a la diferencia y de la consecución de la igualdad de derechos que la hagan posible, responsabilizándole en el cambio de actitudes y sensibilizándole sobre la injusticia de la persistente desigualdad. La educación para la igualdad es una educación moral y ética con una vertiente creativa y transformadora: construcción de formas de vida más justas y, quizás, nuevas. En este sentido, la reflexión ética con adolescentes sobre la igualdad y los cambios personales y sociales necesarios para conseguirla es un modo de contribuir a la búsqueda de un ideal de justicia, en el que hay que empeñarse. El adolescente, a través de experimentación vivencial y de comprensión intelectual, puede descubrirse como sujeto de transformación personal y social con unos compromisos éticos. Abordar la educación para la igualdad, desde una perspectiva ética que integre la educación sentimental y la educación en valores para la convivencia con una educación racional y crítica para la transformación social, es fundamental para crear nuevos tipos de relaciones de género entre los jóvenes, que tienen un efecto multiplicador en cuanto que revierte en el conjunto de la sociedad.

 

El logro de estas intervenciones en todos los ámbitos educativos está aún muy lejos de producirse porque necesitaría la previa conciencia y convencimiento de todos de que necesitamos una reeducación para no reproducir la desigualdad, una atención a nuestro lenguaje, nuestros comportamientos, nuestro silencio permisivo. Mientras no seamos conscientes de esto, no sólo los profesionales de la enseñanza sino el conjunto de la sociedad, nuestro rechazo a la violencia de género es mera retórica y la búsqueda de la igualdad será un tortuoso camino lleno de frustraciones y conflictos personales.

 

+Conozca el libro Mujer y educación. educar para la igualdad, educar desde la diferencia

 

Una nueva educación, orientada a la revalorización de lo femenino y a la liberación de la carga patriarcal que hipervalora lo masculino, es hoy el camino hacia la igualdad, un camino que nos incumbe a todos, mujeres y hombres, un camino que hemos de recorrer individual y colectivamente, sin miedo y con decisión. En este camino nos encontramos.

 

Título tomado del libro: Igualdad bajo sospecha. Autor: Yolanda Herranz Gómez. pp. 211-214

 

 Foto de creativeart. Tomada de Freepik