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Pintar de queer la pedagogía

Por Asun Pié , Por Jordi Planella
Magisterio
15/03/2018 - 16:30
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Foto de Pixabay

Y me pregunto si, al mantener esta tensión, la pedagogía queer podrá hacer que todos los implicados en la misma tengan en cuenta las condiciones de sus propias posibilidades, de sus propias inteligibilidades, además de su labor proliferadora de identificaciones y críticas propias que puedan superar el concepto de identidad como esencia, explicación, causalidad o trascendencia.

(Britzman, 2002, pág. 201)

Pintar de queer la pedagogía

Lo queer ha llegado y atraviesa nuestras vidas, nuestras institucio­nes, nuestras relaciones y formas de mirar y encuadrar el mundo. Hasta hace poco las agencias educativas se mantenían encerradas en sí mismas, como formas de anquilosamiento institucional, como garantes sociales de las formas de la normalidad y como actores de los medios de control de las subjetividades excesivamente perturba­doras. Pero ese resistirse a abrir los ojos ha llevado a un cierto des­bordamiento de las formas y los estilos de acoger y recoger nuevos discursos y nuevas prácticas pedagógicas. En el presente artículo nos hacemos eco y revisamos la introducción de la teoría queer en los discursos y prácticas pedagógicas, y nos posicionamos como forma emergente de pedagogía de la resistencia y de la subversión.

La necesidad y las formas como la pedagogía construye las nor­matividades corporales, en lo que se refiere a la sexualidad, ha llevado a pedagogos/as, maestros/as y educadores/as a repensar qué hacen, cómo lo hacen y qué producen en sus praxis en relación con las temá­ticas sexuales. Es cierto que la publicación del trabajo de Butler (1989) Gender Trouble sirvió de punto de partida para reflexionar y pensar de otra forma la pedagogía del género y de la sexualidad1. El libro ha sido una verdadera revolución en la teoría del género y de la sexualidad, y ha llegado a superar con creces sus intenciones iniciales. En este sentido, hemos asistido a una situación un tanto peculiar: mientras que los libros de Butler se han traducido a medida que se editaban en inglés, todo el discurso pedagógico queer —que surge influido por su obra— permanece, por ahora, sin traducirse al español2. Sin embar­go, no se trata únicamente de la influencia del trabajo de Butler, sino que la Queer Theory puede ser considerada la respuesta a dos hechos específicos, por lo menos en lo que se refiere a su desarrollo en Estados Unidos: por una parte, es la respuesta a la creciente tendencia neoconservadora norteamericana, encabezada por la Sentencia del Tribunal Supremo (1986) que condenaba las prácticas «sodomitas»3 y, por otra, el resultado de la organización que llevó a cabo la sociedad para hacer frente a la creciente expansión de la epidemia del sida4.

Quizá sea necesario hacerse algunas preguntas antes de abor­dar el porqué del olvido, consciente o inconsciente, de estas temáticas. Habría que plantearse quién se ha dedicado a La única excepción es la traducción de Thinking queer: sexuality, culture, and education, publicado con el título Pensando queer.

Referencias

1 Publicado en español como El género en disputa (2001).

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2 La única excepción es la traducción de Thinking queer: sexuality, culture, and educa­tion, publicado con el título Pensando queer. Sexualidad, cultura y educación (Barcelona, Graó, 2005).

3 Esta sentencia se conoce también como «el caso Browers contra Hardwick», tras el cual se condenó toda práctica sodomita homosexual entre adultos.

4 El 1990 nació la organización Queer Nation en Nueva York, ligada a ACT UP (Aids Coaliation To Unleash Power), dedicada a su vez a la prevención y la lucha contra el sida. Sexualidad, cultura y educación (Barcelona, Graó, 2005). La pro­ducción de teoría en los campos sexuales no normativos y hasta qué punto los investigadores de la teoría GLBT (Gays, Lesbianas, Bisexuales y Transexuales) toman parte activa en estos movi­mientos o simplemente son investigadores interesados en temas fronterizos, transgresores o contestatarios. 

Una posible respuesta se encuentra en el hecho que las estruc­turas universitarias, por lo menos en los aspectos relacionados con la pedagogía, son espacios hiperregulados en los que, de forma «invisible», existen espacios de censura en la producción de cono­cimiento y la selección de los temas de interés para las investiga­ciones. A esta causa, más centrada en aspectos institucionales, se le puede añadir otra que propone Bourcier: «algunos profesores, próximos a los intelectuales mediáticos, permanecen sordos y cie­gos a los puntos de vista de estudiantes, de minorías, de sus subal­ternos, ejerciendo un poder de inercia en el cual la persona ignora las capacidades» (2002). Pero escucharse a los demás y plantearse nuevos objetos de estudio, otros temas de interés y nuevas episte­mologías, y hacerlo con la intención de desestabilizar determinadas construcciones binarias de la realidad comporta el peligro que la academia considere al investigador, al pedagogo y/o al profesor como pensador naïf, en contraposición con la madurez de aquellos que se centran en temes más formales.

Título tomado del libro: Pedagogías transgénero. Autor: Jordi Planella y Asun Pié. pp. 15-17

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