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Piratas educativos

Por Alfredo Hernando Calvo
Magisterio
29/08/2018 - 16:15
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Steven Libralon on Unsplash
Unos pantalones para aquaman
«La historia debe comenzar con mi padre, un famoso explorador submarino −si yo dijera su nombre, tú lo reconocerías». 
Lejos de la India y Bangladés, en el número 372 de la Quinta Avenida de Brooklyn, en Nueva York, leo el párrafo que narra el origen del superhéroe Aquaman. Estoy ante el primer número de una serie de cómics sobre el nacimiento de su protagonista. En esta calle vienen a mi mente imágenes de tigres nadando en las inundaciones de otra Atlántida, más selvática y más viva. Imagino las barcas de Shidhulai patrullando disfrazadas de escuelas. ¿Cómo utilizarán los superpoderes eléctricos que les aportan sus huertos solares? Este supertransporte navega por los canales siempre alerta, en misión educativa. ¿Cómo serían las aventuras de Aquaman de haberse criado en el delta de Bengala? 
Estoy en la Tienda de suministros para superhéroes de Brooklyn. La única tienda del mundo donde puedes consultar el mapa que señala las guaridas secretas de los peores supervillanos de la historia y, después, terminar los deberes en la trastienda. 
Un cañón de aire, un láser de partículas, el kit básico para crear tu identidad secreta, ventosas trepaedificios −«la solución definitiva para los superhéroes que no pueden volar»−, un inductor de truenos, una pistola de protones, pirañas cibernéticas, aletas, guantes mutantes, fluido para clonar, antifaces, capas de todo tipo de largos y cortes −siguiendo las tendencias de esta temporada−, muñequeras metálicas, antimateria, antigravedad, una botella de caos e, incluso, kriptonita. Todo esto, y mucho más, se expone en las estanterías de esta tienda, el único lugar del mundo donde los superhéroes hacen sus compras. «Aquaman consigue aquí sus pantalones», me asegura el dependiente con una sonrisa. 
Una joven mamá ojea la sección de mapas secretos. A su lado, un adolescente se prueba varios antifaces. Mirándose en el espejo, un hombre misterioso pretende pasar desapercibido posando con la pistola de neutrones... ¿Qué superhéroes se esconderán bajo esas falsas identidades? ¿Estaré junto a la mujer maravilla, el hombre araña o un agente secreto? Los ruidos en la gran sala de la trastienda alejan mis pensamientos de los sospechosos compradores. 
En la misma tienda donde los X-Men tienen descuento como organización, decenas de niños acuden a participar en un programa único de tutorización personalizada durante todo el día. Voluntarios de todas las edades tienen una cita con aprendices, uno por uno, para completar juntos las tareas de la escuela. Aquí aprenden a escribir su propia novela o a descubrir cuáles son sus talentos, esto es, sus superpoderes. Absorto en el ambiente mágico de esta singular tienda-escuela, me pregunto cuáles serán los superpoderes de su creador.
Hará unos diez años, el escritor Dave Eggers tuvo la disparatada idea de abrir una tienda para piratas en San Francisco. En realidad, la tienda de suministros para piratas era solo una tapadera. El objetivo de Dave era ayudar en los estudios a todos aquellos niños más vulnerables del barrio. Quería asegurarse de que no desperdiciaran una de las mejores oportunidades de su vida. Pero que lo hicieran siendo ellos mismos y descubriendo su talento. 
En un principio, Dave dispuso de un gran espacio en la parte trasera de su local. Con esmero adecuó mesas, sillas y otros utensilios académicos. Creó un equipo de voluntarios compuesto en gran parte por escritores y artistas y, después de otros preparativos, esperaron a que los niños aparecieran. La sorpresa fue que los niños no acudieron. Algo incomprensible... ¡con lo motivados que estaban! 
 A su lado, un adolescente se prueba varios antifaces. Mirándose en el espejo, un hombre misterioso pretende pasar desapercibido posando con la pistola de neutrones... ¿Qué superhéroes se esconderán bajo esas falsas identidades? ¿Estaré junto a la mujer maravilla, el hombre araña o un agente secreto?
Eggers y su grupo de amigos se preguntaron qué podía haber ocurrido. Miraron a su alrededor y no tardaron en descubrir que se encontraban en un local bastante convencional. Un espacio, al fin y al cabo, ideal para adultos, pero poco apropiado para que un niño se sintiera atraído por el escaparate. Además, no querían que los niños acudieran obligados por los adultos. Ese debía ser un lugar para crear y experimentar, un lugar para aprender como no podían hacerlo en ningún otro sitio. 
No fue hasta unas semanas después que cayeron en la cuenta de que necesitarían algo más que una tienda común para conectar con los chicos del barrio. Tenían que saber quiénes eran, qué podía gustarles, cómo atraerles, cómo usar el espacio de un modo más llamativo e inteligente, cómo organizar actividades que les permitieran aprender divirtiéndose... Debían motivar a los niños con el espacio. 
Alguien habló de una vieja tienda de suministros náuticos, otro dijo aventura, otro creatividad, y aquel dijo: «¡Piratas! ¡Eureka! ¡Piratas!». El equipo de Eggers dio en la diana con una tienda diferente, nueva, única... además, en esos momentos seguían con las manos vacías. ¿Qué podían perder arriesgándose a diseñar un proyecto educativo lleno de cacharros marinos? 
Unos meses más tarde, la singular tienda de suministros para piratas rebosaba de niños. Tenía lugar un proyecto educativo de atención personalizada único en todo el mundo. También había ojos de cristal, parches, gabanes, mapas del tesoro, palas, botellas de ron −sin alcohol− y recambios de patas de palo a diferentes alturas. Todos estos elementos, además de ser imprescindibles para convertirse en el peor pirata posible, componían la escena de una eficaz tapadera para el aprendizaje. Una tapadera que funcionó con gran éxito ante los incrédulos ojos de los estudiantes más desmotivados. Los niños del barrio no podían rendirse al encanto de ir a pasar la tarde y, de paso, aprender en una tienda para piratas. 
Tras esta primera idea, años más tarde la propuesta de Eggers dio origen a cientos de espacios diferentes en la mejora de la educación pasa por la mejora de las escuelas: necesitamos cambiar su estructura más básica, los pilares que hacen de ella la institución educativa del siglo xxi todo el mundo. Tapaderas educativas de toda índole como la Tienda de suministros para superhéroes en Brooklyn. El propio Eggers lo relata en la emocionante A Heartbreaking Work of Staggering Genius. Un proyecto educativo que aglutina las experiencias de la organización 826 Valencia, con cientos de espacios educativos pintorescos, pero fundamentados y eficaces. Experiencias que, lejos de la India y Bangladés, recuerdan las historias de otras escuelas diferentes, escuelas nocturnas y escuelas-barca. 
De Brooklyn a Bangladés, en la India y en cientos de lugares por todo el mundo, existen experiencias educativas que están creando un nuevo modelo de escuela. Un modelo que crece, innova y se transforma acorde con el sentir de sus protagonistas, de la ciencia, de su entorno y de su tiempo. 
Aprender es una de las experiencias más emocionantes de nuestra vida. Este libro trata del porqué y de cómo lograrlo. La mejora de la educación pasa por la mejora de las escuelas: necesitamos cambiar su estructura más básica, los pilares que hacen de ella la institución educativa del siglo xxi. Pero este cambio nace de las conversaciones, de los horarios, de la evaluación, de la metodología... en definitiva, de las acciones cotidianas del día a día. Podemos impulsar cambios sencillos basándonos en la investigación y en las experiencias de éxito. La transformación de la escuela en el presente es imprescindible para la prosperidad de nuestro futuro. Sin embargo, ¿cuánto hace que estuviste en una escuela del siglo XXI?
Para leer más relatos inspiradores consulte la versión completa del libro Viaje a la escuela del siglo XXI.  Así trabajan los colegios más innovadores del mundo. 
Tomado de: Viaje a la escuela del siglo XXI.  Así trabajan los colegios más innovadores del mundo. Alfredo Hernan Calvo. 2015 Madrid. España. pp 18-20
Alfredo Hernando Calvo - Fundación Telefónica. 
Photo by Steven Libralon on Unsplash
 
 
 
 
 
 

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