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¿Por qué mindfulness en la educación?

Magisterio
05/02/2020 - 15:45
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Solemos decirle a los estudiantes: ¡Pongan atención! ¿Les estamos enseñando a los estudiantes a prestar atención? Queremos que los salones de clase sean lugares donde se respire un ambiente de aprendizaje. ¿Les hemos enseñado a los estudiantes a respirar adecuadamente? Queremos que los estudiantes estén más centrados y sean menos reactivos. ¿Les hemos enseñado a centrarse y cómo responder? Queremos que los estudiantes se respeten a sí mismos y a los demás ¿Les estamos enseñando a conocer su ser interior? Aspiramos a que los estudiantes no pasen el día conectados a los aparatos electrónicos. ¿Les estamos enseñado a conectar consigo mismo?  

Todos los profesores tenemos las mismas aspiraciones y expectativas comunes sobre nuestros estudiantes. Lo que tenemos que entrar a evaluar es: ¿qué tanto estamos siendo partícipes y promotores de estos procesos de auto-regulación?  

Como resultado nos encontramos con estudiantes o seres poco concentrados, inquietos, ansiosos y, en muchas ocasiones, incapaces de manejar las propias emociones.

Mi experiencia como docente comenzó desde el año 1995 en el área del teatro; inicialmente en el ámbito extracurricular y luego dirigiendo y enseñando un programa del MYP del sistema IB (International Baccalaureate), como parte del pensum escolar. Tras años de experiencia bajo el dominio de la creación, del trabajo corporal, de la exposición de los sentimientos, de las ideas, de la voz y de las palabras, llegué a una conclusión: los niños y adolescentes quieren y necesitan respirar, meditar, parar, lo están pidiendo a gritos y nadie los está escuchando.  

¿Por qué sucede esto? Porque ni siquiera los mismos estudiantes están siendo conscientes de sus necesidades. Y ahí es donde entra el mindfulness a ser una excelente herramienta de auto-conocimiento e introspección dirigida hacia la auto-regulación. 

El mindfulness es una práctica que conduce hacia ese proceso de observación atenta y ecuánime sobre los diferentes fenómenos antes mencionados que se presentan en nuestro interior, así como la relación consciente con el entorno que nos rodea, a través de los sentidos.

Todos los seres humanos albergamos en nuestro interior una serie de acontecimientos que están sucediendo momento a momento tales como: emociones, pensamientos, sensaciones corporales agradables, desagradables, neutras; de los cuales no nos damos cuenta la mayoría de las veces. 

En ocasiones nuestros pensamientos inconscientes, desordenados, eclécticos pueden estar generando ciertas emociones, a su vez cargadas de una serie de sensaciones corporales difíciles de contener, por ende, de comprender y por lo tanto de gestionar. 

Toda esta amalgama de fenómenos inconscientes son el caldo perfecto para desajustar el sistema nervioso, perturbar la corteza pre-frontal, activar nuestra amígdala cerebral. Como resultado nos encontramos con estudiantes o seres poco concentrados, inquietos, ansiosos y, en muchas ocasiones, incapaces de manejar las propias emociones. Esto, por no hablar de nosotros los adultos. 

El mindfulness es una práctica que conduce hacia ese proceso de observación atenta y ecuánime sobre los diferentes fenómenos antes mencionados que se presentan en nuestro interior, así como la relación consciente con el entorno que nos rodea, a través de los sentidos. La respiración, termina siendo el termómetro que indica cómo lo está asumiendo o asimilando la mente, el cuerpo y el espíritu.  

Una vez se obtiene la capacidad de conectar de forma consciente con la respiración, se logra intervenir sutilmente sobre el sistema nervioso, le ayuda a la mente a enfocarse y eventualmente permite estabilizar procesos emocionales que se estén manifestando en el cuerpo.  

El mindfulness es una herramienta que interviene directamente sobre el sistema nervioso generando calma y bienestar. Ayuda a generar procesos de introspección, permitiendo la identificación de emociones y sensaciones más concretas.  

Este es el primer paso para la auto-regulación: el reconocimiento. No se puede intervenir, cambiar o modificar algo que no se ha hecho evidente.  

En ese sentido, el mindfulness es estar en el presente, aquí y ahora, generando consciencia.  

En la medida en que se va fomentado e incrementando esa capacidad de dirigir la atención, se va fortaleciendo la corteza pre-frontal, responsable de las funciones ejecutivas, de la concentración y en gran parte de la regulación emocional. 

A medida que la vida va pasando y se van acumulando experiencias y vivencias, la personalidad se va construyendo, esto incluye la incorporación de hábitos, muchos constructivos; otros, no tanto. 

Desde la infancia y/o adolescencia se puede generar una consciencia de la aparición o enraizamiento de algunos hábitos no saludables: malas posturas, distracción constante, estímulos recurrentes, comportamientos erráticos, falta de auto-control, entre otros. 

Como respuesta a estos estudiantes en los que reconocí desde hace años la necesidad de querer y necesitar tomar una pausa por un momento, de recogerse en sí mismos, de respirar, de calmarse, de mirar hacia adentro, de conectar con sus más profundas emociones y sentimientos, de ser capaces de hacerse cargo de sus hábitos, comencé a implementar hace algunos años un programa de Mindfulness para la educación: “¿Cómo es tu mundo?” de Enteconsciente. 

Este programa busca facilitar al estudiante tanto en el salón de clase como fuera, oportunidades para observar, identificar y generar respuestas conscientes y más oportunas para lograr un mejor desempeño en el ámbito académico y personal dentro de un marco de empatía. 

El programa se divide en dos partes: El básico y el programa “Comprendo Mejor”. El programa básico permite que el niño o niña logre comprender más quién es y cómo funciona: hay una mente con unos pensamientos, del pasado, del presente, del futuro o imaginación. Estos pensamientos producen ciertas emociones, las cuales se manifiestan en el cuerpo a través de sensaciones. Estas sensaciones pueden ser agradables o desagradables. Las desagradables se aceptan, no se evaden, pero no se alimentan. Las emociones agradables se pueden cultivar (Heartfulness). La atención y la respiración se pueden ver afectadas por todos esos fenómenos que suceden constantemente. Si el estudiante logra observar e identificar, puede entrar con más consciencia a participar de su propia auto-regulación. 

¿Cómo regular por ejemplo la atención? Hay que aprender a identificar los estímulos (internos y externos), así como de las distracciones que desvían la atención. A los estímulos se les da un manejo pertinente y a las distracciones se les hace filtración. 

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En este programa básico se introduce y cultiva el “Momento MIndful”. Este es un espacio de quietud y silencio en que se enfocan (sonido instrumento/cuenco), se centran y se conectan a través de una respiración ancla (abdominal) consciente, logrando más foco, claridad y eventualmente calma. 

Una vez los estudiantes adquieren más conocimientos sobre sí mismos, se profundiza en cada una de las áreas a través del programa “Comprendo Mejor”. 

“Comprendo Mejor”, busca proporcionar más herramientas tanto teóricas como prácticas de cada una de las áreas. Año tras año, dependiendo de la etapa de desarrollo del niño, se va incorporando nueva información, en el siguiente orden: 

1) Sentidos: generan consciencia y están presentes en cada uno de los cinco sentidos. Agradecimiento por su tenencia.  

2) La mente y su relación directa con el cerebro. Cómo en esa simbiosis se pueden producir cambios en mi cerebro, en mis pensamientos y por ende en mi atención y concentración.  

3) El cuerpo y el sistema nervioso: cómo funciona el sistema nervioso autónomo (sistema simpático y para-simpático) para un mayor balance y tonificación del sistema.  

4) Las emociones: cómo promover el equilibrio emocional, gestionando emociones difíciles. Cómo comunico y respondo ante una emoción.  

Y, por último: 5) Bienestar: Cuáles son esos valores y decisiones con los que construyo mis acciones para lograr una vida plena en el ámbito físico, psicológico, emocional, social, espiritual y material.  

Más allá de entrar en números y estadísticas, donde hay muy buenos resultados, considero que lo importante de la experiencia es ser testigo de la necesidad de introducir en el ámbito educativo conocimientos y metodologías para desarrollar y fomentar las competencias socio-emocionales que puedan fortalecer valores, brindar contextos de autogestión que permitan una mejor calidad en las relaciones intro e interpersonales. 

¿Es este un proceso fácil? No, lo fácil es quedarse en el modus operandi habitual. Por lo tanto se generan resistencias ante el cambio y ante el hecho de entrar a abrir la puerta a un mundo interior desconocido pero que se está manifestando constantemente en nuestras acciones y comportamientos.   

Pero este mundo necesita de seres empáticos, capaces de resolver ecuaciones no sólo matemáticas sino de carácter humano.   

Estas generaciones van a ser las encargadas de afrontar los nuevos retos que nos está planteando este nuevo mundo de tecnologías, de inteligencias artificiales, de desechos tóxicos con complejos desafíos sociales. Serán los rescatistas de un planeta que necesita que se genere más consciencia, desde lo personal, lo social y lo ambiental. Donde el bien común prevalezca sobre el individual. Para esto se necesita fortalecer la auto-confianza.  

Y para ello, lo primero que hay que tener claro es quién eres, cómo eres, cómo funcionas y cómo es tu relación con el mundo al que perteneces y que te rodea. 

Es indispensable participar en la construcción de entornos más saludables para el aprendizaje en el salón de clase. Procurar que el cuerpo estudiantil esté más receptivo a la adquisición de variados y nuevos conocimientos de las diversas materias.  

Es fundamental facultar espacios donde se cultive el auto-conocimiento, la auto-consciencia e invitarlos a ser más responsables de sus capacidades de auto-gestión. Entregarles herramientas socioemocionales concretas que conlleven a la población infantil y juvenil a interactuar con consciencia y generar vínculos más sanos consigo mismos y con los demás. Al final, cada uno es responsable de construir su propia felicidad, así como de permitirle a los otros de encontrarla. 

María José Rentería. Directora de Enteconsciente y programa de Mindfulness para la educación: ¿Cómo es tu mundo?  www.enteconsciente.com 

Este artículo pertenece a la Revista Internacional Magisterio No.100 Educación para la felicidad   

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