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¿Por qué somos maestros?

Por Carlos Santos Henao
Magisterio
23/11/2017 - 10:45
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Foto de pressfoto. Tomada de Freepik

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá

¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.

Eduardo Galeano

Recuerdo de manera muy graciosa la interpelación de algunos familiares diciendo frases que creo que todos escuchamos cuando tomamos la decisión de ser maestros: “pero por qué educador, para aguantarse niños”; “pero si les pagan muy mal”; peros y más peros. Simplemente elegí este camino porque en mi cabeza se afianzaba la idea de tener que cambiar el mundo de alguna manera.

Definitivamente la idea de poder transformar la realidad de los demás no se ausenta de mis metas, para ser maestros hay que tener una dosis de soñador, de artista, de improvisador, de actor y comediante. Hay que reírse de la tragedia, la educación en el contexto actual puede entenderse como la parábola de una sociedad enferma de ignorancia y que se ufana de la misma.

Siempre es difícil poner en contexto algo que vivimos diciendo y que en realidad nunca problematizamos, los maestros no somos los únicos involucrados en el proceso educativo de los estudiantes, las familias y la sociedad en general deben aportar elementos para construir así la realidad que todos deseamos.

A diario vemos cómo la figura del maestro se difumina y pierde los matices que en algún momento caracterizaron la figura del docente. Con esto no quiero decir que nuestra labor tiene que ver con la vocación unívocamente, creo fehacientemente que la educación necesita profesionales comprometidos, que sientan que su labor está logrando cambios significativos.

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La frustración es un fantasma que acecha constantemente al maestro, las jornadas laborales - que no son medio tiempo -, las retribuciones económicas - pírricas en la mayoría de los casos-, el desconocimiento paulatino de su trabajo, en ocasiones pintan un escenario sombrío donde al parecer no se logra nada.

Pero profes nos queda todo por hacer  y esta es una invitación a recordar por qué llegamos hasta aquí, maestros de primera infancia, universitarios, de barrio, de escuela, de hogar. Ser docente implica una actitud frente a la vida, una visión que nos permite llevar al aula cualquier situación, ser pacientes, asertivos, afectuosos y sobre todo soñadores.

Inyectar esperanza, de eso se trata la vida del maestro, reconocer en la dificultad las oportunidades, motivar y motivar al que no encuentra salidas. De eso se trata colegas de enseñarle a los chicos que no hay imposibles, que deben soñar con una sola cosa: ser felices y en el camino entender que los demás también deben serlo y que ese estadío de plenitud depende de una armónica convivencia con los demás.

Entonces la próxima vez que abra la puerta de su salón de clase y vea a niños corriendo para sentarse en sus sillas, recuerde que usted es la persona que les va a mostrar el mundo y les va a enseñar a soñar con otra realidad posible.

+Video El sentido de ser maestro

Foto de pressfoto. Tomada de Freepik